El fantasma carmesí 2 #7
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Ella lo admiró, nunca imaginó que su belleza radicara en su facultad para mostrar bondad y para superar la adversidad de seguir con vida, pero allí estaba, brindándole todo lo que podía a pesar de que ni él mismo estaba seguro de llegar a sentir alegría… Y eso fue suficiente para saber que merecía su compañía, pues era el mejor regalo que le podía dar por su amabilidad.

-Entonces, en lugar de acompañarte, simplemente iré a donde tú vayas, pero por mi cuenta.

-respondió Hazel, colocando una mano en el hombro del chico, llamando su atención-.

Vayamos a ninguna parte… juntos.

El único ojo de Arthur se iluminó con esperanza, hacía mucho que su rostro apagado no albergaba la misma calidez de antes, quizás un año o dos desde que se despidió del zorro y los turpiales, quizás unos años desde que Cassandra dejó ese mundo, ¿O solo habían sido semanas? Ya no lo recordaba correctamente, pero eso no importaba en ese momento, porque la sonrisa de Hazel y la afirmación de estar con él en su solitario viaje hacía que todo se sintiera diferente, la idea de tener a alguien más a su lado le resultaba bastante gratificante.

No sabía que aún podía sentir los latidos de su corazón, esa sensación regresaba con la intensidad de un joven enamorado, saber que alguien lo quería, que deseaba estar a su lado por el simple hecho de que podía hacerlo, evocaba ilusiones de una vida feliz… A pesar de que intentaba no hacerlo, no podía evitar ilusionarse con su compañía, despertando sentimientos que creía olvidados.

Correspondió con su sonrisa serena y asintió, confiando en que su falta de lazos con otros, y el extraño parentesco que la ciencia les había otorgado, la convertirían en la compañera ideal para un tonto inmortal como él.

Como respuesta a su afirmación, Hazel se le arrojó encima para abrazarlo, logrando despertar en el muchacho un vago recuerdo de como él poseía la misma emoción por todo lo que le rodeaba en el pasado, antes hasta la luz del sol podía despertar su entusiasmo, podía convertir hasta el más triste de los pensamientos en una sinfonía de color, y él simplemente palmeó su cabeza en lugar de corresponder el gesto, intentando no abrazar la bella ilusión en forma de chica.

“Padre, Cassandra, espero que mi nueva compañera haga de este viaje sin destino algo que pueda tolerar, que tal vez exista en ella una pequeña pizca del calor que ustedes me solían dar.

Tal vez no tenga sentido volver a creer, pero quiero hacerlo porque algo en mí me dice que aún puede haber esperanza de que el universo se apiade de alguien que nunca pidió nacer”

pensaba Arthur conforme caminaban, habían encontrado una casa de campo donde una familia estaba almorzando, y en el tendedero colgaban prendas que servirían para vestir a Hazel, no le gustaba la idea de robar, pero tampoco quería que ella estuviera desnuda.

-Robar es malo, ¿Entiendes? -le enseñó tras haber tomado unas prendas para ella, adornándola con un hermoso vestido de campo, era cómodo y abrigaba su pálida figura-.

Esto solo es una excepción.

- ¡Es tan bonito! ¿Verdad que sí?

-Sí, te ves muy bonita.

-confesó, suspirando al notar su entusiasmo, pasando por alto sus consejos, pero no le dio mucha importancia porque la chica ya era feliz y eso bastaba para él-

No era como si hubiera aceptado completamente su presencia, ni se había acostumbrado a tener compañía, al principio incluso le molestaba un poco cuando le insistía que tenía hambre, aunque él le recordaba que no les hacía falta comer ni beber, pero ella insistía igual que una niña quejumbrosa.

No tuvo más remedio que recolectar algunos frutos y peces de río, satisfaciendo a su nueva compañera, observándola llenando su boca con el mismo entusiasmo de una niña que prueba algo por primera vez en su vida, fue un primer día ajetreado y algo molesto, pero al final del día todo valía la pena cuando miraba a la chica durmiendo a su lado, abrazándolo debajo de las sombras de los árboles, abrigándose del frío con su calor cuando la noche caía y lo único que quedaba del mundo eran las estrellas.

Sabía que el frío era solo una excusa para acercarse, había comprobado que ella tampoco tenía calor corporal definido al igual que él, pero eso no le molestaba, para él era grato volver a tener a alguien con quien descansar en aquel punto solitario.

No durmió por precaución, pero en toda la noche ella se mantuvo en paz, llena de tranquilidad y amor por el muchacho que le hizo compañía cuando más lo necesitaba, fue feliz por el simple hecho de tenerlo y Arthur no podría haber pedido nada mejor que eso, porque era la primera vez en toda su vida que pudo descansar con alguien que no lo quería lastimar.

Fue un día ajetreado… pero fue una noche pacifica, llena de calor, compartiendo la calma de alguien que estaba allí porque lo quería y no porque podía obtener algo de él.

Anduvieron por muchas zonas inexploradas, bosques convertidos en centros de superstición, la primera vez que se encontraron con algunos críptidos Hazel sintió mucho miedo, pero Arthur la hizo sentir segura tomándola de la mano mientras seguían avanzando, dejando a las criaturas extrañas atrás mientras consideraban a esos jóvenes tan extraños que ni siquiera ellos conocían su propia naturaleza.

-Tranquila, la mayoría ni siquiera se deja ver por los humanos, no les importa interactuar con nadie… Viven y dejan vivir.

-confesó el chico al cruzar a un lado de las criaturas que seguían siendo parte de la mitología del hombre, habían aprendido que la humanidad no merecía el tacto de su conocimiento, la experiencia de distintas especies extintas, y que corrían ese riesgo, les había enseñado que había interacciones que era mejor que nunca sucedieran, y su propia existencia era una prueba que había incógnitas que la ciencia nunca debería responder-.

Ojalá los humanos fueran un poco como ellos.

Desde ese momento Hazel comenzó a sentir las mismas dudas una y otra vez: ¿Como sería interactuar con los humanos? Siempre había visto a los científicos cuando solo era una sustancia en su respectiva capsula, nunca había podido hablar o interactuar con ellos, nunca pudo ver qué personas había más allá de los confines del laboratorio oscuro.

Como una niña en la senda del aprendizaje, comenzaba a desarrollar sus preguntas, se cuestionaba por los resultados, por el significado de cada cosa, por las experiencias que podría vivir si tan solo tuviera la oportunidad de encontrar aquello que despertaba su imaginación… Estaba emocionada por conocer y experimentar, por probar cosas nuevas que hacían brillar sus ojos con emoción.

Aunque ella insistía en conocerlos, Arthur siempre se negaba a interactuar con los humanos más allá de un simple saludo indiferente, él decía que no valía la pena intentar ser su amigo porque al final los lastimaban, pero tampoco quería herirlos, prefería mantenerse al margen dejando un mal sabor en Hazel durante sus viajes, sin entender por qué permitía que su curiosidad se viera obstaculizada.

- ¿Como sabes que los humanos solo te van a lastimar? -le cuestionó en su segunda noche juntos, iluminados por la fogata donde cocinaban pescado-

-Así son los humanos, no lo entiendo, pero es lo que he conocido en todo este tiempo.

-confesó el chico, comiendo-

-Pero, Sullivan era tu papá, y él era humano, así que no todos pueden ser malos, ¿Verdad?

Su argumento se basaba en la lógica y lo poco que había podido presenciar de su relación, Arthur no tuvo nada que responder porque sabía que era verdad, también estaba la existencia de los Fiore como prueba de que no todos eran tan malos… Pero, aun así, se negó a seguir esa conversación y prefirió cenar, esa noche había sido algo que prefería no recordar tanto.

Aunque Hazel no estaba contenta con esa conclusión, él pretendía que ella aceptara su verdad como algo absoluto, como si no pudiera haber más de lo que él ya había experimentado, cosa que ella negaba rotundamente porque sabía que, en la inmensidad del universo, y del mundo que ni siquiera conocían en su totalidad, aún había espacio para la bondad y el amor, porque eso era lo que hallaba en su mirada fragmentada.

En el primer amanecer Arthur despertó antes, ya estaba acostumbrado a hacerlo, y lo primero que notó era que su cuerpo estaba muy pegado al de Hazel, un acto que lo dejó perplejo porque se había asegurado de que ambos tuvieran sus propios espacios antes de dormir; sus piernas estaban entrelazadas, se tomaban de las manos y sus rostros estaban demasiado cerca al punto de que podía sentir su respiración, era como un animal buscándolo, deseando su compañía instintivamente.

Se le hizo muy natural, en su mente sabía que no era normal que sus cuerpos se unieran tanto, pero su instinto le decía que no había nada más natural que desear esa cercanía… Intentó leer sus pensamientos, pero era inútil, seguía siendo como nadar en medio de la nada, era algo indescifrable por más que lo intentara.

Hazel seguía dormida, pero su cuerpo también reaccionaba, como un par de animales, sin que realmente lo quisieran, se estaban frotando mutuamente, entrelazándose de tal manera que podía sentir como aumentaba su calor corporal voluntariamente, atrayéndolo con su magnetismo para sentirlo tan cerca como pudiese… Y se sintió tentado a probar sus labios por el mismo instinto que lo controlaba.

En ese instante, ella despertó lentamente, los rastros del sueño seguían sobre su rostro, por lo que no pudo captar plenamente como se alejó inmediatamente.