El fantasma carmesí 2 #6
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Las facciones de la chica eran hermosas, su expresión, incluso dormida, era de fascinación, y su cuerpo parecía no alcanzar la madurez en su totalidad al igual que el suyo, pero la gran diferencia era su cabello: blanco como la nieve, cayendo sobre su cuerpo desnudo, como una recién nacida, no había indicios de que hubiera caminado o arrastrado por la tierra, era como si hubiera aparecido durante la noche.

Lo primero que consideró era que podía tratarse de otra de las alimañas creadas por Ruby, pero no era posible sabiendo cuan posesiva y enferma era, no obstante, tampoco se confiaba enteramente, creía que debía tratarse de una amenaza.

Arthur intentó levantarse, pero eso solo produjo que el agarre de la chica se hiciera más fuerte, no se quería despertar, si esa era una trampa debía ser demasiado elaborada como para usar a una chica como ella para eso, era una criatura tan extraña que por primera vez sintió lo mismo que los científicos habían sentido con él: desdén por una criatura desconocida.

-Oye tú, despiértate.

-clamó Arthur, sacudiendo los hombros de la desconocida-

La chica empezó a abrir los parpados lentamente, revelando sus iris carmesíes, y al ver directamente el color de sus ojos con profundidad Arthur pudo descubrir algo aterrador que le hizo levantarse inmediatamente, empujando a la chica hacia la cama de hierbajos mientras se alejaba de ella: la chica, o mejor dicho, la criatura con forma de chica, compartía su código genético, una muestra de su sangre la definía con un parentesco casi similar al de Ruby, convirtiéndola, aunque fuera por muy poco a diferencia de los merodeadores, en parte de sí mismo.

Convirtió sus brazos en extremidades poderosas y gigantes, como las de un monstruo, y estuvo listo para atacar… Pero la chica no hizo nada en absoluto, ella permaneció sentada con las piernas cruzadas, sin ser consciente de su desnudez, y lo miró con una curiosidad infantil mientras él permanecía listo para atacarla, no bajó la guardia a pesar de todo.

Miró con detalle a la chica, ella no tenía ninguna cicatriz, ninguna marca o algo que pudiera indicarle que había sido alterada por Ruby, en su lugar solo observó la hermosa figura que yacía frente a él con un rostro precioso cargado de fascinación, algo que él había perdido hacía mucho tiempo.

Comparado con él, que tenía cicatrices y le faltaba un ojo, ella seguía intacta, ninguna herida en su tez, casi como un reflejo de su alma sin pecados ni errores, y eso le produjo cierta nostalgia al muchacho conforme la chica le sonreía.

- ¿Quién eres?

-No sé.

-respondió inmediatamente, manteniendo su sonrisa-.

No tengo nombre, nací anoche.

-Eso no tiene sentido, puedo oler que tienes una muestra de mi sangre, tienes una parte de mí en ti.

-agregó el chico, volviendo sus brazos a la normalidad-.

Así que eres extraña, como yo.

La chica inclinó la cabeza, confundida, y notó que él mantenía una expresión serena e indiferente, pero en su interior los sentimientos eran demasiado volátiles, como un huracán, Arthur raramente sonreía y al hacerlo era apenas una pequeña curva en sus labios.

Ella gateó para acercarse, él retrocedió un poco, entonces se detuvo y decidió que respetaría su espacio hasta que pudiera ganarse su confianza, no quería hacerlo sentir más incómodo de lo que ya estaba, entonces simplemente permaneció sentada y contó su verdad.

-Tal vez no me recuerdes, porque esta no fue siempre mi verdadera forma, yo estaba en el laboratorio contigo cuando aún eras Phantom.

Dejó que ella siguiera hablando, estaba intrigado al hablar de su verdadera forma.

-Entre los experimentos que hicieron contigo debes recordar cuando tomaron una muestra de sangre para crear vida en tejido muerto… Yo fui una de esas muestras, fui consciente de mi existencia desde que nací, me debes recordar mejor si piensas en una sustancia viscosa que se movía dentro de un cubo de vidrio.

-contó su relato con tranquilidad, conservando su sonrisa-

-Eres el proyecto nueva vida… -dedujo Arthur, sorprendido ante el asentimiento de la chica que comenzaba a enervarse de felicidad-

-Sí, evolucioné y escapé de lo que quedaba del laboratorio, sabía que si había alguien en quien pudiera confiar eras tú, la fuente de mi vida.

El muchacho quedó atónito, por supuesto, ese sentimiento se fue desvaneciendo para dar lugar al entendimiento, las consecuencias de los experimentos se revelaban ante él, no solo como un desfile de maldades, sino como un recordatorio del poder que lo recorría, incluso la habilidad de dar un nuevo propósito a la muerte y traer de ella a nuevas criaturas.

Sabía que podía convertir los cadáveres en monstruos, traerlos no como ellos mismos, sino como lo que él deseara, pero nunca había imaginado que esa misma habilidad podría desembocar en algo como eso; la chica, que rebosaba de vitalidad, energía y personalidad, era un contraste esperanzador comparado con los merodeadores creados por Ruby, que carecían de voluntad alguna para convertirse en bestias desalmadas, no todo lo que salía de su sangre estaba hecho para castigar y despojar a los humanos de sus vidas, también podía hacer algo maravilloso por ellos… Esa revelación le hizo merecedor de una pequeña sonrisa dudosa.

- ¿Y yo puedo confiar en ti? -cuestionó, debatiéndose si ceder nuevamente a esa sensación tan cálida o mantenerse en guardia-

-Por supuesto que puedes.

-Entonces, si eras consciente, debes saber quién es Ruby…

Ante la afirmación ella quedó en silencio, sabía perfectamente de quién se trataba, por primera vez su sonrisa se desvaneció y desvió la mirada llena de pavor, la chica sin nombre solo confirmó las sospechas de Arthur de que ella también le tenía miedo a la niña carmesí, después de todo, solo era una fracción de su sangre y no tenía tanto poder como él hubiera esperado, y quizás esa era una bendición para ella sin saberlo.

-Claro que sé quién es… La detesto tanto como tú, es un monstruo, vi cómo te trataba y las cosas que le hizo a los científicos.

-confesó, recordando la intensidad de la batalla que habían tenido, ese instante en que todos los sucesos desembocaban en el odio que él sentía por su propia sangre-

-Bien, supongo que eso debe bastar por ahora.

-finalmente hubo un motivo para sentarse frente a ella, con las piernas cruzadas mientras le devolvía la mirada, sin importarle que la chica seguía desnuda-.

Creo que sería apropiado ponerte un nombre entonces.

La chica esperó mientras Arthur reflexionaba, pensaba mucho en todo lo que ella le había dicho, una parte, la que aún conservaba un rastro de quien solía ser, le decía que confiara en ella, que se atreviera a creer en la posibilidad de preservar su compañía porque no era Ruby, podía tener lo que siempre había deseado en alguien con quien compartía la sangre, la hermandad con la que solo había soñado.

Además, no podía escuchar sus pensamientos, cuando lo intentaba era como arrojarse de cabeza a un estanque, solo era una sustancia deslizándose por su cuerpo brindándole de su calor, le abría el paso, pero no había nada que no pudiera descubrir por sí mismo en su expresión inocente.

La otra parte de sí mismo, la que siempre estaba triste y enojado con el mundo, le reclamaba que ella solo le haría perder el tiempo, no merecía estar a su lado sin importar todo lo que le había contado.

Esa parte era la misma que le hacía vagar sin rumbo, entre ciudades y bosques frondosos, sobre el mar y la tierra, porque le repetía que había nacido maldito… Y como él, la existencia de esa chica era un error que no se debía repetir, no podía permitir que alguien así existiera para seguir propagando el dolor, pero él se negó a la idea de arrebatarle la vida, aunque habría sido muy fácil hacerlo porque ella era inocente.

No podía atreverse a compararla con él o con Ruby, no la conocía, no podía descifrar sus intenciones, aunque lo intentara, se dijo a sí mismo que la forma en que comprendía el mundo no podía ser la misma con la que todos lo harían, cada persona era un mundo diferente, poseía una versión de los conceptos que él también poseía, era como verse reflejado en todo lo que le rodeaba.

Cuando la chica lo miraba era igual que él, con sus ojos cargados con una inocencia peculiar, deseosa de conocer el mundo que le rodeaba, de experimentar el amor que nunca había conocido, con tantas preguntas en su cabecita que ni siquiera sabía por dónde empezar… Al menos, era como solía ser en aquel lejano año en que se vio reflejado en el espejo por primera vez, y se compadeció de ella, porque era curiosa y hermosa, como un pequeño roedor lleno de curiosidad.

-Creo que te llamaré Hazel.

-suspiró el chico, palmeando su cabeza suavemente, pensando en un cachorro-

-Hazel… -repitió, probando la forma en que las palabras salían de sus labios-.

Me gusta, Arthur y Hazel como compañeros de viaje.

-Sobre lo de compañeros de viaje no estoy muy seguro, no estoy yendo a ninguna parte.

-confesó nuevamente, cruzándose de brazos-.

Solo estoy caminando, sin más, no hay destino a dónde ir y… simplemente no me imagino con alguien más.

Hazel inclinó un poco la cabeza, esta vez fue ella quien se dedicó a reflexionar un poco, nuevamente inspirada por la indiferencia en la voz de Arthur, como si empleara todo su poder para mantenerse en pie, lo cual ya le resultaba difícil, y su cuerpo con cicatrices era un reflejo de cuanta falta le hacía la energía que alguna vez pudo tener… En ese instante solo era una sombra del niño que quería aprender de Sullivan, no tenía ningún parecido con el joven amante que era junto a Cassandra, solo era el muchacho herido que temía ser abandonado otra vez.

No obstante, a pesar de la miseria que poseía en su expresión, Hazel solo podía entender la belleza de aquel rostro, las heridas parecían una muestra de cuan fuerte había sido, demostrando una resiliencia que ni él mismo parecía aceptar.