El fantasma carmesí II La noche prolongada #8
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II La noche prolongada #8

Alguna vez fue el respetado director del proyecto Phantom, a quien se le había confiado crear un arma biológica que pudiera combatir la posibilidad de un ataque por parte de los ángeles, y de ser posible que fuera también un instrumento comercial entre las naciones, pero tres años después de la creación del sujeto de pruebas, y de quien se le catalogó como su hermana gemela, Crane no era más que un despojo de lo que solía ser, su cuerpo ahora invertebrado colgaba de las garras de la niña, las cuencas vacías le permitía ponerse su piel como un disfraz cada vez que necesitaba salir al exterior, disfrazada como investigador y vocero, pues para ese punto no era más que una marioneta que en vida se enorgullecía de sus hilos.

-Si no puedes encontrar a mi hermano, no sirves para mucho.

-confesó la araña, gruñendo mientras caminaba de un lado a otro para desahogarse, hacía días en los que intentaba establecer una conexión psíquica con Arthur, pero solo había interferencia, captaba casi todo en el mundo, incluso las conversaciones de los ángeles, pero nada que le ayudara a saber dónde estaba él-

Hablaba sola, lo reconocía, pero eso le ayudaba a desahogarse, sus creaciones no tenían nada valioso que decir, no le interesaba conectar con ningún humano, por lo que hablarle a su marioneta y fingir que esta le respondía, era lo único que realmente conseguía calmarla.

- ¡Obviamente ya consideré buscarlo yo misma! Pero no quiero salir y arriesgarme a que me hiera, ya me dejo estas cicatrices y él ya no tiene su collar, así como yo puedo lastimarlo él puede lastimarme… Necesito que mis rastreadores lo ubiquen y yo lo buscaré cuando duerma, le quitaré las extremidades y así me aseguraré de controlarlo.

La solución de Ruby para evitar ser herida era demasiado drástica, pero tenía sentido, pues las heridas en su cuerpo aún no sanaban, y no importaba si cambiaba de forma o si se bañaba en la sangre de sus presas como un método para relajarse, esas cicatrices nunca se iban tal y como las que ella había dejado en Arthur no lo harían.

Podía estar ciego de un ojo, pero él seguía siendo igual de peligroso para Ruby, su afirmación de ser los únicos capaces de dañarse e incluso matarse se le hizo en contra, después de todo, su frustración no se debía solo a la idea de que estaba sola, sino también porque la única persona que le quitaba ese sentimiento era la única que podía herirla de gravedad… La marioneta no tenía permitido pensar mucho por sí misma, pero cuando tenía oportunidades para hacerlo tenía pensamientos muy reveladores, entre esos pensamientos llegaba a una conclusión bastante desconcertante: Ruby tenía miedo por primera vez en su vida.

Tenía miedo de enfrentarse a su hermano y conocer el resentimiento que le tenía, que esto pudiera conducirlo a asesinarla porque no sabía el alcance de su ira, por primera vez no sabía realmente lo que podría suceder si sus planes no salían tal y como esperaba.

Antes tenía a Sullivan y Cassandra como posibles rehenes, podía usarlos en su contra si llegaba a sentirse acorralada, pero una estaba muerta y el otro se había ido, ya no tenía nada, su única oportunidad era dejarlo fuera de combate permanentemente, de lo contrario su miedo a morir se haría realidad.

Ruby llevó el cuerpo frente a su rostro, mirándolo fijamente como a una presa, con aires de superioridad y desprecio, los ojos de la araña eran profundos y malévolos, demostrando su dolor de no tener a su hermano junto a ella, pero también percibía sus anhelos de controlarlo, su voluntad para desmembrarlo si llegaba a enfadarla al punto de no retorno.

- ¿En serio crees que tengo miedo? Yo superé a la muerte misma, no vivo como ustedes los humanos, y jamás conoceré el final de mi existencia.

-suspiró, aunque en el fondo le molestaba mucho que la marioneta, que no era más que una extensión de sí misma, pudiera ver sus verdaderos sentimientos-.

¿Una alternativa? Sí, hay mucho aquí que puede serme útil.

La niña volvió a su forma humanoide de siempre, hermoso cabello y ojos carmesíes, pero su expresión rebosaba de irritación, sin necesidad de palabras se llevó a su marioneta en una mano mientras buscaba uno de los tantos experimentos.

Caminó hasta lo que anteriormente eran las salas de pruebas, un sendero compuesto de escombros y sangre congelada, con restos devorados de los científicos y algún que otro rastro del incendio que se produjo; la marioneta le recordó brevemente que, antes de su llegada, estaban experimentando con la sangre de Phantom para darle diversos usos, además de inyectarla en los sujetos de prueba que posteriormente se convirtieron en las criaturas conocidas como merodeadores, también la usaban en otros ámbitos como la alteración de la firma genética del sujeto.

Habían descubierto que la sangre tenía efecto sobre el tejido muerto, lo alteraba y tenía efectos secundarios que, dicho de una forma vulgar, convertía los cadáveres en masas conscientes, como una baba que regurgitaba.

Ruby procesó este conocimiento con calma para pensar en cuan productivo podía ser, luego recordó que dicha baba estaba formada por la muestra genética de Phantom, lo que significaba que estaba conectada a él con más profundidad que los propios merodeadores, se atrevía a pensar que era similar a su propia existencia… Y quizás esa misma criatura podría guiarla hasta su hermano.

-Muy bien, primero te daremos forma antes de liberarte.

-ordenó, mostrando una sonrisa siniestra para luego abrazarse a sí misma-.

El hermano mayor será mío y volveré a sentirlo.