19 #3
¡Estúpido niño, te dije que hagas algo, no te quedes ahí llorando!
Sus palabras habían surtido efecto, aunque le dolía decir eso en voz alta, el muchacho había dejado de sucumbir a sus emociones, el impacto de tan desgarradora actitud por parte del hombre que veía como un padre había conseguido traerlo de vuelta al mundo racional.
Arthur no podía creer lo que escuchaba ni lo que veía, el rostro de Sullivan expresaba mucho desprecio y dolor, el anciano era todo lo contrario a lo que había sido en sus últimos encuentros, era como volver a ver al hombre que levantó la mano amenazando con golpearlo, su desprecio se comparaba con la incredulidad de ambos niños carmesíes.
-Papá, ¿Qué dices?
- ¡Por segunda vez, imbécil, no soy tu papá! ¡Fuiste un error de la ciencia, y yo cometí un error por haber venido aquí a conocerte! ¡Desearía que estuvieras muerto, yo no tendría que estar aquí contigo! -exclamó con desprecio y dolor, odiando cada segundo que pasaba teniendo que fingir ese sentimiento para que Ruby quedara sorprendida-
- ¡Señor Sullivan, por favor, no diga eso! -rogó Arthur, llorando, con su collar pasando a amarillo nuevamente-
Ruby se reía, las criaturas imitaban a su reina, no podía controlar la euforia que le provocaba dicho evento, sin saber que eso solo estaba distrayéndola.
- ¡Mira en lo que nos metiste! ¡Cassandra y su familia seguiría viva si no fuera por ti! ¡Ojalá nunca hubieras nacido, Phantom!
Que lo llamara por ese horrible nombre de rata de laboratorio era más que suficiente para penetrar en su corazón, la mención de Cassandra dio el clavo al ataúd, Arthur dejó escapar sus lágrimas, todo el odio quedó sepultado por el dolor que sentía para ese punto, la locura que se asomaba por su cabeza se desvaneció y en su lugar quedó una profunda depresión que le impidió ver el momento en que Sullivan deslizó la llavecita por el suelo hasta su dirección… Luego observó la llave, pero no supo cómo llegó allí, para él siempre sería un misterio como fue que obtuvo el instrumento que lo liberaría de sus cadenas.
- ¡Es tal como lo dije, son patéticos e imperfectos! ¡Él juró nunca romperte el corazón ni decepcionarte, y míralo ahí, haciendo lo que sea para salvar su pellejo! -clamó Ruby, perdida en su momento de euforia-.
¡Te dije que los humanos nos odian por ser superiores! ¡¿Ahora sí te unirás a mí voluntariamente, hermano mayor?!
Pero lo único que recibió como respuesta fue un gruñido ensordecedor, era una bestia despertando de un largo letargo, un ancla se caía para liberar al verdadero monstruo, ella movió la cabeza en esa dirección solo para ver como sus criaturas se retiraban atemorizados como niños al ver la cosa que se irguió en sus dos piernas para encarar a Ruby.
Con su ropa desgastada, su cabello cayendo como una cascada carmesí y su rostro ensombrecido ocultando el cuello desnudo… En una de sus garras colgaba el collar ahora abierto, sin luces, Arthur se había desatado de su última cadena para encarar con dolor a Ruby, sus lágrimas seguían cayendo por sus mejillas y entonces arrojó lejos el collar para que esa vil maquina nunca volviera a tocar su cuello que finalmente pudo sanar.
-No me importa si me odia, el señor Sullivan fue el primero que me trató como humano, me cuidó, me enseñó todo lo que sabe… Me quitaste a Cassandra, pero no dejaré que me quites al señor Sullivan.
-confesó, levantando su rostro convertido en el rostro de un monstruo, no era parecido al de ningún animal o insecto, lleno de costras y cartílagos, la miró con profundidad enseñando sus dientes y sus ojos humanos en contraste con su forma de bestia-: ¡Haré lo que haga falta para salvarlo, aunque tenga que convertirme en un monstruo!
Ruby no tuvo tiempo ni de reaccionar cuando Arthur se abalanzó sobre ella, todo su cuerpo había cambiado para cubrirse con costras que eran tan fuertes como el metal, la atacó con sus garras y arrancó trozos de carne de su cuerpo, ese seductor cuerpo de chica que usaba solo para sus beneficios no era más que un disfraz, la araña detrás de la máscara reía y se regocijaba por ver todo el potencial de su hermano.
Ambos retomaron su batalla, destrozando el antes pulcro laboratorio, destrozando los cadáveres de los científicos y aniquilando a sus criaturas en el camino, la niña siempre contraatacó, pero ahora contaba con la desventaja de que Arthur ya no se contenía en absoluto, ya no había límites a su poder, podían convertirse en monstruos para tener las mismas capacidades.
Sullivan no tardó en ponerse de pie y correr entre los escritorios destrozados, había cientos de fórmulas y químicos esparcidos junto a las muestras de sangre, tenía algunas heridas superficiales con las que no tenía problemas, pero su edad le impedía moverse con naturalidad como habría querido, en su lugar decidió tomar algunos químicos mientras los dos monstruos seguían peleando.
Podía ver a Arthur desgarrando la piel de Ruby, en cierto momento ella tomó las riendas de la pelea y comenzó a mordisquear el ahora libre cuello del chico, una zona sin marcar todavía por lo que no dudó en clavarle sus garras y colmillos para marcar su territorio.
Sullivan tomó los químicos que podía reconocer de sus frascos, cloro y amoníaco para una reacción explosiva, y al mezclarlos arrojó el envase directamente a la niña carmesí, consiguiendo que estallara contra su rostro liberando así a Arthur.
Era lo único que podía hacer para ayudar, del resto tendría que encargarse por sí mismo, el fuego entre los químicos se esparcía gracias a la muestra de sangre, ni los rociadores de agua del techo podían hacer algo para ayudar, en cuestión de minutos todo se convertiría en un infierno, tanto por los males que allí albergaban como por el calor que sucumbiría en los laboratorios.
Genexis Sciences se convirtió en el pandemónium, las llamas abrasadoras parecían cobrar vida, los rostros de las víctimas y los voluntarios se asomaban entre el fuego, los científicos agonizaban por las garras de las criaturas que se escondían como perros sarnosos, la bestia con forma de niña maldecía con un chillido de harpía mientras el muchacho rugía y usaba todo en su poder para matarla.
Las garras de la araña se cobraron uno de sus ojos y lo devoró inmediatamente para impedir que lo volviera a conectar a su cuerpo, la carne y la sangre dieron vida a la muerte, ellos no eran más que un par de monstruos lejos de todo concepto humano, el fuego era su nido y las criaturas innombrables sus descendientes imperfectos, Arthur se aseguró de que si ese tenía que ser el fin al menos se iría junto a su abusadora.
“Mira de lo que somos capaces cuando peleamos, solo imagina lo que haríamos si fuéramos uno solo”
susurraba Ruby en ciertos momentos de la pelea, justo cuando Arthur se sostenía la cuenca vacía para sanar, pero ese ojo lo había perdido para siempre cuando ella lo engulló con dicha, la araña intentaba abrazarlo, pero él la apartaba exhalando su sangre como acido para ella.
Sullivan tomó el ascensor para escapar a la superficie, luego escuchó una explosión que lo hizo sacudirse como si estuviera atrapado en una lata, entonces perdió el conocimiento y ese anciano doctor quedó a merced de lo que la bestia vencedora pudiera hacerle en su letargo.
Crane despertó después de unos minutos, sentía mucho dolor en su mentón, Sullivan tenía un buen gancho a pesar de su edad.
Buscó a Ruby con la mirada, pero no se hallaba por ninguna parte, no obstante, la búsqueda finalizó cuando descubrió el horror que habitaba el laboratorio, aquel que le hacía revivir a detalle la visión que la niña le había compartido tiempo atrás, observó todo justo como lo recordaba.
“Los científicos habían sido mutilados, criaturas horrendas devoraban sus cuerpos, era la mayor tragedia científica que podía imaginar.
El destino era mucho peor de lo que imaginaba y Ruby no tuvo decoro al mostrarle con lujo de detalle cómo sería, y al verlo pudo entender que la realidad siempre era peor cuando tenía que enfrentarla”
Todo era igual a como lo recordaba, la imagen se había hecho más clara que en la visión porque en esa ocasión lo estaba viviendo en carne propia.
Cuando tuvo aquella visión no había entendido por qué eligió quitarse la vida, no podía ni imaginar qué lo llevaría a tomar esa decisión como si no hubiera otras alternativas, pero al estar allí, rodeado por el fuego, las bestias, los cadáveres y el caos, pudo entender que todo en lo que había trabajado no tenía sentido, nada lo tenía; todo su esfuerzo por controlar las enfermedades, por superar la debilidad humana y la dependencia a otras criaturas fueron en vano… Al pensarlo de cierta manera, él había sido el culpable de traer la bestia del juicio a la tierra, y ya ni siquiera había pensado en su propia madre como lo había hecho originalmente al iniciar el proyecto.
Sin sentido en su vida, habiendo traicionado sus propias convicciones, Crane entendió que la única salida del laboratorio, del que ni siquiera había escapatoria por las condiciones en las que se hallaba, era a través del revólver que se había quedado atrás.
Subió a su oficina lentamente, observó por última vez todo el laboratorio y tomó asiento detrás de su escritorio, al menos podría seguir sentado sobre la ilusión de estar a cargo del proyecto que se suponía debía salvar vidas… En cambio, terminó por destruir todo en lo que alguna vez creyó, al menos, con el revólver contra su cabeza, sintió que seguía teniendo control sobre algo.
Era diciembre, era un mes sumamente frío, ese año no hubo tormentas ni accidentes, fue un invierno pacífico en muchos sentidos para las personas normales, los villancicos anunciaban la santidad de la festividad porvenir, los niños esperaban ansiosos por sus regalos mientras se abrigaban en sus prendas más gruesas.