19
Imitó Ruby, burlándose mientras sus marionetas seguían matando a los invitados que gritaban e intentaban defenderse, inútilmente, ya que las garras cortaban sus manos y escarbaban su cuerpo, entonces agregó: “el hermano mayor no te va a ayudar, él realmente se negó a creer que yo soy su mejor opción, lo puedo controlar mejor que tú”
Dicho eso ella empalideció cuando sintió las frías garras sobre sus hombros, Arthur había convertido sus dientes en colmillos que deslizó por su cuello hasta clavarlos y dejarle una profunda herida.
Los ojos poseídos en el profundo color carmesí delataban, tal y como había pensado, que él ya no tenía control de su propio cuerpo, el collar brillaba de color rojo, pero la corriente no lo detenía en absoluto, Ruby estaba llevando sus capacidades al límite para controlar esa marioneta a pesar del collar en el cuello de su hermano.
Forzó a Arthur a moverse para acorralar a Cassandra, a pesar de que ella le disparaba a la araña para liberarlo de su control esto no surtía ningún efecto, el muchacho fue forzado a atacarla con sus garras, destrozando el vestido, así como la carne debajo de este, lo forzó a romperle una muñeca que le hizo exhalar un grito que se entremezclaba con el sufrimiento de los invitados.
“¡Arthur, despierta! ¡Reacciona, amor!”
Gritó mientras las lágrimas salían y mordía sus labios para contener el llanto al punto en que lo hizo con tanta fuerza que comenzó a sangrar.
“No, tu amor no está, solo mi dulce hermano mayor.
Él es tan perfecto, tan mío y de nadie más”
confesó Ruby, siempre detrás de ellos para presenciar la horrida escena en que forzaba a Arthur a despedazar a la chica, usando la punta de sus garras para rasgar su ojo dejando en su lugar el remanente de una llaga de sangre, como un globo después de estallar.
Cassandra gritaba, sollozaba y convulsionaba por el dolor, solo le quedaba su ojo izquierdo para ver con claridad todo lo que sucedía, el revólver se resbaló de sus manos y quedó en el suelo como la inútil herramienta que era para enfrentarse a esas criaturas… Y una de ellas era el chico al que amaba, forzado a herirla en contra de su voluntad, forzando a su vez a Cassandra para que viera como Aurora y Paul eran despedazados por un par de criaturas, siendo empalados por las bestias que bebieron su sangre cuando se deslizaba por sus extremidades hasta su boca como un manantial.
Las luz amarilla se hizo carmesí cuando la sangre salpicó las bombillas, la fiesta de cumpleaños se convirtió en una masacre donde los monstruos se alimentaron de los humanos, las criaturas humanoides no atacaban como simples depredadores, en sus acciones había cierta malicia por la forma en que torturaban a sus víctimas cortando cada uno de sus dedos, dejándolos sin extremidades y rasgando sus pieles; Ruby había extirpado sus emociones, pero intensificó su maldad, por lo que todos eran un vil reflejo de ella y sus propias intenciones con los humanos.
Cassandra supo que nunca hubo sentido en intentar pelear contra una bestia como Ruby, ella le hizo experimentar su control sin precedentes, y lo sería aún más con las nuevas adiciones a su colección de bestias abominables, para humillarla y hacerle saber que nunca tuvo la más mínima oportunidad, ni siquiera estando aliada con el propio Arthur.
“¡Arthur! ¡Por favor, reacciona!”
llamó, insistiendo aun cuando su rostro estaba manchado con la sangre de la chica, poseído por Ruby, y sus garras se deslizaban por su rostro, arrancando pedazos de piel.
Pero no había nada, Ruby era todo lo que habitaba sus pensamientos en su rostro poseído por su maldad.
En sus últimos momentos solo rogaba y lloraba por una reacción, despreciando que Ruby usara el cuerpo de su salvador para matarla, conocía la ironía y le excitaba la idea de que Arthur fuera quien lo hiciera, pero como sabía que él carecía de su mismo desprecio por los humanos tenía que usarlo, lo usaría para hacerle ver que ella era la única que estaba para él, sería la única que viviría más que cualquier chica que conociera, ¿Por qué no simplemente se rendía a su voluntad? Le susurró esas palabras, asegurándose de que Cassandra escuchara cada una de ellas, para arrebatarle no solo la esperanza de sobrevivir, sino también la única alegría que había obtenido en su vida.
“¡Arthur, por favor, no quiero morir!”
suplicó antes de que él finalmente desgarrara su cuello, y lo último que ella vio mientras la sangre se filtraba y todo se hacía oscuro fue el rostro de su amado, cubierto con su sangre, poseído por un ser impiadoso mientras la oscuridad se hacía sobre el mundo habitado por una bestia como aquella.
Sus últimos suspiros antes de caer muerta al suelo fueron para su amado, aunque ni siquiera pudo terminar la frase, no dejaba de pensar en Arthur a pesar de lo que había hecho, jamás lo culpó ni se arrepintió de haberse enamorado de él, lo único que sintió fue una profunda pena y dolor al saber que estaba condenado por tener a una bestia como esa atada a sus espaldas, él nunca estuvo maldito por haber nacido en el laboratorio, fue maldito el día en que Ruby llegó a esa habitación blanca donde la conoció y ella lo adoptó como su hermano mayor; el muchacho no podía llorar por ella en ese momento, era incapaz de sentir algo que no fuera lo que la bestia detrás de él le permitiera sentir, y cuando el cadáver cayó de sus brazos no significó nada para Arthur quien no era consciente de lo que hacía.
“Bien hecho, hermano mayor, ahora acabemos con todo, esto no es más que un sueño del que nunca despertarás, mi amor”
Una vez que esa malvada película terminó, su único espectador yacía en el suelo llorando y temblando, las lágrimas seguían siendo sangre como siempre, mientras acariciaba el anillo en su dedo pensaba en todo lo que había perdido, y peor aún, lo que estuvo forzado a hacer… Probar la sangre de quien amaba, saborearla hasta que no hubiera nada, todo eso estaba en su cuerpo, digiriendo hasta la última gota por deseo de Ruby quien seguía acurrucándose junto a él, usando la horrida máscara como un recordatorio de las cosas horribles que habían hecho juntos.
-No llores, hermano mayor, lo disfrutamos mucho.
-confesó, lamiendo su mejilla con un gesto posesivo-.
Y eso es todo, no más laboratorios, no más humanos… No más límites para nosotros, y si te portas bien de ahora en adelante te quitaré ese collar.
- ¡Eres una maldita, no debiste haber nacido! -exclamó Arthur, intentando ponerse en pie a pesar de que el dolor se lo impedía-
Ruby frunció el ceño detrás de la máscara.
-No te atrevas a hablarme así en presencia de nuestro primogénito.
-confesó, acariciando la superficie de su vientre-.
¿Por qué me ves así? ¿Acaso pensaste que nuestros juegos no tendrían consecuencias imprevistas?
Cada vez que ella hablaba solo le daba más razones para enloquecer, la ira lo consumía y ni siquiera el collar que pasó de verde a amarillo consiguió detenerlo, podía sentir esa malicia natural que compartían tomando control de gran parte de su mente, estaba listo para desatarse y pelear contra ella por todos los horrores que había hecho y los que estaban por venir.
-No le pegarías a una embarazada, eres demasiado bueno para eso.
-se burló y sostuvo su barbilla-.
Además, ¿Qué le harán al señor Sullivan si me haces algo?
Dicho eso, de las plataformas superiores donde se hallaban las habitaciones, otras dos sombras comenzaron a descender por las escaleras, aunque una de ellas cojeaba al hacerlo.
Crane sostenía un revólver contra la cabeza de Sullivan, el doctor había sido herido, aunque no de gravedad para su fortuna, pero esa última reunión con el director que le había mencionado a su hijo fue tan solo una trampa, ahora estaba a merced de Crane tanto como Arthur lo estaba para Ruby, padre e hijo eran prisioneros del monstruo y su sirviente del mal.
-Mira, Ruby, hice lo que me pediste… Por favor, dame más visiones de mi futuro contigo.
-rogó Crane, su aspecto desalineado y su rostro enloquecido delataban que ya no era él mismo, jamás volvería a serlo, pero a pesar de su aparente descoordinación era mejor no tentarlo a disparar-
-Ahora no, mascota, ¿No ves que estoy con mi hermano mayor? -respondió con repudio-.
¿Ves cómo son realmente? Les das un poco de placer y ya dependen de lo que sean, los humanos son seres frágiles e imperfectos, les cortas un dedo y no se regeneran, les das una droga y su sistema enloquece, viven solo unas cuantas décadas si no es que sucumben al fuego o las enfermedades… Son inferiores.
Arthur sentía que la respiración se le entrecortaba, intercambiaba miradas con el señor Sullivan, el hombre se sentía profundamente adolorido, ya había escuchado de lo ocurrido en la fiesta y las cosas horrendas que Ruby lo forzó a hacer, pero en lugar de culparlo se le notaba profundamente consternado, tenía miedo de perder a su hijo.
El hombre no podía hacer más que ver como sucedían las cosas para ellos, y si llegaba a perder la vida sabía perfectamente a quien culpar, no quería morir dejándole esa carga por algo que nunca pidió.
-Tú y yo no pertenecemos aquí, por eso hice todo esto, nuestra sangre viene de las estrellas, ni siquiera somos ángeles como ellos creen… Hermano mayor, nuestro destino es estar juntos y tomar esta tierra para nuestra especie, viviremos por toda la eternidad hasta que el universo perezca.
-confesó con una expresión sincera detrás de la máscara, no había mentiras ni otras intenciones en esa verdad-.
Y nuestra descendencia será perfecta, no necesitaremos cazar para comer, ni talar para cubrirnos del frío, las especies no humanas serán libres del peso de la extinción porque no las necesitaremos, y eso no nos hace malos como piensas: solo es evolución.
Sus caricias eran crueles y perversas, podía sentir cuan posesiva era, realmente se creía sus propias palabras, su visión de un mundo perfecto significaba ser la única además de él… Para ella solo existían dos seres que realmente valían la pena en el universo, solo dos que procrearían y traerían a la nueva especie dominante.