18 #6
Y ahora podemos estar juntos, ni los científicos se meterán en nuestro camino, volveremos a ser ángeles.
- ¡No, estás enferma, no te creo nada!
Ruby inclinó la cabeza como un cachorro curioso antes de responder, sus ojos carmesíes brillaban dentro de los orificios de la máscara.
- ¿Como? ¿No me crees? Hermano mayor, pero si yo no hice nada, tú fuiste el que mató a la humana.
La revelación que fácilmente pudo ser una mentira no pasó desapercibida en su cabeza, no podía entender a qué se refería, él nunca sería capaz de lastimar ni a Sullivan ni a Cassandra, al ver el rostro de la chica pudo detectar que por primera vez en su vida ella no estaba mintiendo sobre algo así.
-Siempre eres tan frágil y lindo, dispuesto a probar nuevas experiencias, hermano mayor.
-mencionó mientras se acercaba y lo abrazaba, otorgándole la bendición de los recuerdos como si fuera el espectador de una de sus viejas películas, en la que él era el protagonista-
En el gran salón la fiesta continuaba, ninguno se extrañaba por la ausencia de la cumpleañera que se había marchado con su pareja por casi media hora, los padres sabían perfectamente qué significaba eso para los jóvenes, pero como ni los mismísimos Fiore parecían darle importancia nadie comentaba nada al respecto, el baile proseguía y las conversaciones se reanudaban cuando había tiempo.
Las luces eran amarillas, lo habían atribuido a una falla eléctrica, el frío del ambiente aumentó hasta soltar bocanadas de aire en forma de nubecillas, y todos comenzaron a sentirse intimidados en cuanto los aullidos de casuarios resonaron en el exterior.
Las luces se apagaron por un instante, solo eso se necesitaba para que, al regresar, perturbados por la enorme sombra que se proyectaba sobre el suelo a causa de los candelabros, observaran con temor y pavor a la horripilante criatura gigante parecida a una araña formada por huesos, cartílagos y sangre, además de rostros humanos adheridos a su torso; su cara era la de una niña deforme que sonreía de forma perversa, revelando un espacio vacío en el que deberían estar sus dientes, demostrando que en su interior no había más que oscuridad.
“Han comido bien, pero ahora es mi turno”
suspiró sin mover la boca deforme, con su voz haciendo eco en todas partes.
Estaban a punto de huir hasta la única salida, pero esto se vio interrumpido cuando la puerta fue abierta de una patada, y tanto la araña confundida como los invitados horrorizados observaron a la cumpleañera portando un revólver en ambas manos, apuntando directamente a la criatura en la cima del candelabro, pero sobre todo, presenciaron al extraño invitado al que le había dado su primer baile; sus garras y piernas revelaban su condición de no humano, andaba a cuatro patas como un animal y rugía mientras miraba a la araña con la que parecía compartir un vínculo que nadie entendía, era más que evidente que cualquiera que fuera su naturaleza ellos estaban conectados.
“¡Es hora de que te largues de mi fiesta, maldito monstruo!”
exclamó Cassandra, disparándole a la araña.
Cuando las balas impactaron en el cuerpo de Ruby derramó un poco de sangre, pero ella ni se inmutó y miró la sangre que caía como si no fuera nada.
“Oh, Cassandra, solo quiero que recuerdes algo: no tendrías que haber venido aquí”
confesó, deslizándose con una membrana de sangre como si fuera una telaraña hasta alcanzar el piso, y demostró ser mucho más grande que un humano, alrededor de tres metros de altura.
De pronto las luces se volvieron a apagar, no hubo nada más que el resplandor carmesí que emanaba la araña y el cabello de Arthur, Cassandra miró hacia atrás solo para ver que el muchacho había cerrado la puerta con cerrojo, estaba cabizbaja y su mirada se ocultaba detrás de su cabello, no reveló hasta poco después que su mueca estaba desencajada y sus ojos poseídos enteramente por un color rojo profundo, ya no poseía pupilas, era como si su alma fuera invadida por su propia sangre dejando entrever que en realidad ya no era él mismo.
Luego las ventanas se rompieron, los intrusos que emitían sonidos de casuarios se habían infiltrado: decenas de criaturas que anteriormente fueron humanos, despojados de sus órganos sexuales y con pieles tan blancas como la nieve, poseían hocicos alargados y garras pesadas que los obligaban a andar en cuatro patas, las varices brillaban por todo su cuerpo con un tono carmesí, esas decenas de bestias humanoides de colmillos y ojos rojizos eran un vago recuerdo de los voluntarios que fueron engañados para participar en los experimentos de Genexis Sciences.
Ruby había cumplido su objetivo de extirpar las emociones de sus cerebros, no sucedería lo mismo que con la familia Parker, y el éxito de ese objetivo se vio reflejado cuando una de las criaturas tomó a un niño en sus garras y mordió su cuello sin piedad, arrancando su nuez de adán de un solo movimiento ante la mirada horrorizada del padre y el grito agónico de la madre.
“¡No, no! ¡Arthur, ayúdame!”
exclamó Cassandra, disparando a las bestias que tampoco se inmutaron ante sus intentos de defenderse.
“¡Arthur, ayúdame!”