18 #4
La forma monstruosa fue reemplazada por lo que Arthur y Cassandra solo podían describir como una araña hecha de carne y articulaciones, una criatura abominable con un rostro desencajado que apenas tenía un pequeño parecido a la niña de antes, y ella trepó por el techo hasta salir por la ventana, dándoles la espalda formada por los rostros de sus víctimas, entre ellos una niña y un niño junto a su madre.
La abominable criatura se desvaneció cuando la ventisca se intensificó en el exterior a través de la ventana abierta, ambos amantes quedaron estupefactos porque las bombillas del techo estallaron antes de iluminar la habitación por un microsegundo, dejando entrever en un instante un presagio de la oscuridad que sepultaba la escasa luz del alivio.
La chica temblaba en los brazos de Arthur, de pronto un instante de lucidez sobrevino advirtiendo que esa niña macabra era un monstruo que estaba más allá de su entendimiento, era lo que en otras culturas habría sido considerado como la bestia del juicio final porque no conocía la bondad.
Ella pudo haberlos matado en ese lugar, al menos, pudo haber matado a Cassandra si lo hubiera querido, no comprendía por qué no lo había hecho si a ella sole le interesaba y estaba obsesionada con su hermano mayor, pero cualquiera que fuera el motivo, como todo lo demás, no podía esperar que fuera algo bueno en absoluto.
Ella había mencionado el salón de baile, con todos esos invitados humanos incluyendo a los padres de Cassandra, y el miedo se apoderó de la chica como nunca, entendió que se refería a hacer algo malo que incluía llenarse las manos, o lo que fuera que tuviera esa bestia como extremidades, con la sangre de los inocentes.
No había motivo, impulso o meta que la llevara a hacerlo, lo haría porque podía y le causaba placer, para ella hacerlo era lo mismo que para las personas hacer un deporte o ir a un banquete, ni siquiera los niños conocían su piedad a juzgar por los rostros adheridos a su torso.
- ¡Arthur, tenemos que hacer algo, mis padres están en el salón! -exclamó, saliendo de la cama para vestirse rápidamente-
No hizo falta decir nada, estaba de acuerdo con ella, tampoco podía permitir que Ruby los asesinara a sangre fría sin hacer algo al respecto, sus intenciones eran claras y en ese salón había decenas de inocentes disfrutando del ambiente sin dañar a nadie.
Arthur no podía permitir que hiciera algo así en la fiesta de su amada, aunque le preocupaba hacerle frente a Ruby estaba seguro de que era lo que su corazón quería.
Pronto ambos estuvieron vestidos, Cassandra reemplazó sus tacones con unos zapatos deportivos para conveniencia, retiró la tabla del suelo donde escondía la caja de zapatos y tomó el revólver con la caja de balas, en antaño había considerado usar esa arma para quitarse la vida como lo hizo su hermano, pero ahora había un nuevo propósito para ella, ahora podía usarla con el objetivo de salvar las vidas de aquellos a los que amaba.
-Cassandra, no… no creo que deberías ir, es peligroso para ti, yo me puedo regenerar, pero tú no.
-confesó Arthur, temiendo que su única forma de defenderse era un arma, pero la suya era su propio cuerpo-
-No me quedaré de brazos cruzados, estamos hablando de mis padres y de mi fiesta de cumpleaños, además, tampoco es seguro quedarme aquí, en lo que a mí concierne estoy más segura contigo.
-contestó con firmeza, no le interesaba si estaba lidiando con un monstruo de Cronenberg, para ella se trataba de salvarle la vida a sus padres-
No había forma de llevarle la contraria cuando hablaba de esa manera, estaba segura de lo que decía y él podía saberlo sin necesidad de leer su mente, Arthur se limitó a asentir mientras ella portaba el arma en su mano con los cilindros cargados y el resto de las balas en su bolsillo, no le temblaba el pulso cuando se trataba de pelear contra el monstruo que también asustaba al chico… Ambos pelearían contra ese demonio carmesí para salvar la vida de los inocentes, y el solo pensamiento despertaba más confianza en el corazón del muchacho, despertaba las ansias de pelear contra su agresora.
-Por cierto… -llamó, y justo cuando le dirigió la mirada ella le robó un beso mientras acariciaba su cuello, luego se separó y agregó-: para la buena suerte, mi amor.
Él se ruborizó y asintió, sus cuerpos aún exhalaban calor por la actividad reciente, entonces se marcharon para abandonar los aposentos donde Arthur le había salvado la vida, donde se habían besado y habían hecho el amor por primera vez.
La mansión se sentía lúgubre y fría, las luces de pronto eran amarillas y el ambiente pesado, todo lo que había en su interior se sentía nuevo, como ver algo por primera vez en sus vidas, y ellos bajaron al primer piso con rapidez, Cassandra por las escaleras y Arthur saltando sin sufrir ningún rasguño al aterrizar, sus brazos se convirtieron en garras tan largas que casi rozaban el piso.
Era la primera vez que lo veía usando sus poderes para atacar y no para sanar, sus piernas también se doblaron como las de un fauno para mayor velocidad, sus instintos eran como los de un animal, solo le faltaba andar a cuatro patas para convertir la impresión de Cassandra en verdadera consternación, no le asustaba en absoluto, pero su interés se fijaba de vez en cuando en el muchacho y su forma, no tenía un parecido a Ruby porque él no se identificaba como un monstruo a diferencia de ella.
Ella solo tenía el revólver y sus capacidades humanas para defenderse, aunque confiaba plenamente en que él estaría allí para defenderla, y conforme avanzaban por el alargado pasillo, que se sentía estirado por una fuerza sobrenatural, podían escuchar el retumbante rugido que se parecía mucho al de un casuario, era un sonido horripilante que se dividió alrededor de la mansión, tanto fuera como por dentro.
Arthur se detuvo un momento para olfatear como un cazador, reconocía el hedor alrededor de la mansión como el de su propia sangre, solo Ruby olía así, estaba confundido por reconocer ese olor en todas partes al mismo tiempo, algo no se sentía bien cuando lo reconoció, había algo extraño en el ambiente porque el hedor de los humanos comenzaba a disiparse, y para Arthur todo se hizo oscuro.
“En el sueño me siento atrapado por una marea, es una sensación extraña donde soy absorbido por el abismo, me veo sumergido en esta fosa de las marianas donde las bestias me atrapan con sus garras e intentan matarme, pero no puedo morir, no reconocen que no quiero unirme a su horrible alabanza hacia la criatura tiránica que clama mi compañía junto a su trono”
pensó Arthur en cuanto los rastros de sueño comenzaron a disiparse, no recordaba nada después de entrar al salón con Cassandra, aún recordaba cómo era tomar su mano por ese alargado pasillo, ni siquiera tenía idea de cómo había llegado a la habitación blanca de toda la vida.
Las paredes estaban pulidas, el televisor lleno de polvo en su sitio de siempre junto a sus películas de VHS, todo estaba tal y como recordaba en medio de las sombras que plagaban los laboratorios, pero lo único que no podía comprender era el bozal que cubría su boca como un animal salvaje, ¿Como había llegado eso ahí? Las cosas eran confusas, pero aún más confuso resultaba descubrir que ahora vestía las ropas que Cassandra le había obsequiado, desde el gorro, la chaqueta de cuero, los pantalones y las botas, estaba seguro de que alguien lo había vestido mientras estaba inconsciente.
- ¡Cassandra! -llamó, y a causa de su lengua dormida era algo difícil de vocalizar-.
¿Señor Sullivan?
Pero nadie respondió, de vuelta en Genexis Sciences él estaba completamente solo, entonces se levantó, intentó quitarse el bozal, pero estaba sellado con una cerradura, y decidió que primero investigaría antes de decidir romperlo.
Caminó hacia la puerta, el collar seguía parpadeando con luz verde, pero los remanentes de electricidad en su cuerpo le indicaban que había estado brillando en rojo por bastante tiempo antes de despertar, era la primera vez que algo así le sucedía y quería saber qué estaba sucediendo, algo así no era normal en absoluto como el resto de su vida.
La puerta cedió fácilmente a su toque, la oscuridad despojaba los pasillos de su espesura blanca, no había nada que le resultara familiar fuera de su habitación, pero una parte de él juraba escuchar a los niños imperfectos jugando en su habitación, justo como lo hacían antes de que Ruby los asesinara, dentro de esos corredores podía escuchar y observar las almas incapaces de descansar en paz.
Arthur no creía que fuera una ilusión y mucho menos una memoria, porque él sabía que podía ver más allá de lo evidente a diferencia de las personas, eso le hacía lamentarse por sus pobres hermanos imperfectos que siempre morían con el paso de los días porque estaban atrapados por siempre en esa cárcel de ciencia.
De pronto la luz del ascensor se encendió, como una señal o un llamado de parte de alguien, era la primera vez que podía ir allí por sí mismo por lo que se adelantó hasta la plataforma con bastante precaución y presionó el botón del piso superior donde todos los científicos siempre permanecían trabajando en distintos experimentos gracias a su sangre.
Las luces eran intermitentes, el sonido de la plataforma constante y la sensación bastante incomoda, estar en el laboratorio producía un sentimiento profundo de kenopsia a pesar de vivir acostumbrado a la soledad, y el ascensor no era la excepción en absoluto.
Arthur pensó que ya no tenía sentido seguir usando el bozal, por lo que rompió el candado con facilidad al apretarlo un poco y se quitó esa mascarilla que le hacía sentirse como un animal, no tenía sentido que se lo hubieran puesto, pensaba que el collar ya era suficiente para tenerlo adiestrado.
-Buscaré al señor Sullivan, él debe saber qué me pasó… -se dijo a sí mismo, acariciando el anillo con el rubí en su dedo-.
Debo saber si logramos detener a Ruby.