El fantasma carmesí 18 #2
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- ¡Que perfectos se vieron, como un par de ángeles! -exclamó Aurora con amor en sus palabras-.

¡No pude contener las lágrimas!

Paulo se inclinó a su altura y los miró con bastante dulzura, a pesar de su aspecto de hombre estricto era bastante gentil y comprensivo cuando se trataba de su hija, y ahora también lo era cuando se trataba de Arthur, lamentaba no haber tenido mucho tiempo de convivir con el muchacho debido a su trabajo, pero sin duda podía ver que se comportaba tal y como lo describían su esposa e hija.

-Muchacho, no podría estar más feliz de tenerte aquí… Cuando nos conocimos usaste tus habilidades para darme calma en un momento de intranquilidad, ahora sé que haber contactado con los laboratorios fue la mejor decisión, te juro por mi vida que lucharé para liberarte de ese lugar y darte un hogar, a ti y a tu padre si es necesario, porque le has dado la felicidad a mi hija y eso te hace mi mejor amigo.

-dicho eso palmeó el hombro de Arthur, notando la luz en su mirada dichosa por sus palabras-.

Y si realmente lo pides, te daré mi bendición para que desposes a mi hija.

Paulo soltó una pequeña carcajada, pero obviamente hablaba en serio, Cassandra estaba sumamente sonrojada y no refutó la idea de su padre, después de todo, lo quería más que nadie, y Arthur respondió con una sonrisa porque también lo deseaba, aunque para eso aún faltaba mucho tiempo.

-Paulo, Aurora… Las palabras no alcanzan para expresarles mi gratitud por permitirme estar aquí, por querer que esté aquí por ustedes y por Cassandra, he vivido tanto tiempo solo y con dolor, pensé que solo mi papá me ayudaría, pero luego los conocí a ustedes y aprendí lo que es amar a otras personas: con ustedes sentí amor, y jamás podré pagarles lo que han hecho por mí, y quería decirlo antes.

Aurora parecía algo confundida por su última palabra.

- ¿Antes de qué?

-Antes de este momento, quería decirlo porque nunca sabemos el tiempo que tenemos con las personas.

El mañana es un misterio, pero el hoy es un regalo que compartimos y… -él tuvo que reunir valor para decirlo, conteniéndose el llanto en el tono de su voz antes de finalizar-: ustedes son un regalo.

Estaban conmovidos por sus palabras, sus pensamientos y expresiones eran mucho más maduras de lo que aparentaba, pero su forma de hablar era tan inocente y honesta que no podían evitar sentirse felices con su presencia.

Cassandra se lo llevó tomando su mano porque quería enseñarle algo, pero ellos lo miraron en todo momento sintiéndose agradecidos por tener la compañía de alguien tan puro y gentil como Arthur Sullivan… Poco sabían que esa sería la última vez que lo verían, pero al menos se quedarían con el mejor recuerdo de él.

Cuando alguien tocaba el corazón de una persona era imposible de olvidar, y el chico carmesí había entrado a sus corazones como si fuera su hogar.

Cassandra quería hacer algo con Arthur, algo que los mantendría alejados del salón de baile, y ella lo llevó hasta su habitación una vez más para enseñarle lo que había considerado con mucho detenimiento antes de decidir compartirlo por el significado que tendría en su relación.

Él estaba desconcertado porque se estaban alejando de la fiesta, pero haría lo que quisiera siendo ella la cumpleañera, además, podía notar que estaba nerviosa porque sus manos temblaban y ocasionalmente le dedicaba una mirada preocupada sobre su hombro.

Ella tenía miedo de que él pudiera rechazarla, incluso después de todas las pistas que había visto hasta ese momento no dejaba de dudar de sí misma, dudaba de la posibilidad de que sintiera lo mismo porque nada estaba garantizado.

No sabía que Arthur también tenía miedo de su posible rechazo, pero a diferencia de ella él prefería callar sus sentimientos hasta que se desvanecieran o que los olvidara cuando ya tuviera que regresar al laboratorio.

Una vez en su habitación notó por primera vez cuan oscura era, la nieve en el exterior ocultaba al mundo real, parecían un par de supervivientes refugiándose en la noche más fría del mundo, apenas unas cuantas luces a través de la puerta conseguían descubrir sus cuerpos.

Estaba segura de que ningún adulto los había seguido, estaban alejados de todo el bullicio de la fiesta a la que ella no le vería ningún sentido si no fuera por Arthur, y él estaba de acuerdo con seguirla para hacer lo que tuviera en mente.

- ¿Por qué me trajiste a tu cuarto?

Ella dejó escapar un largo suspiro antes de responder, dejando atrás sus miedos.

-Quería estar a solas contigo, lo que quiero hacer no podemos hacerlo en público.

-confesó con una sonrisa mientras se acercaba a él y lo envolvía con sus brazos alrededor de su cuello-.

Sé que es mi cumpleaños, pero quiero darte un regalo a ti.

Estuvo a punto de cuestionarle lo que pretendía, pero entonces ella lo interrumpió con un beso; estaba concentrada en saborear ese dulce momento, su boca era tan moldeable como su cabello, podía sentir como sus labios parecían ajustarse a los suyos para satisfacer su necesidad de probarlos.

Estaba sorprendido al principio, tal y como lo pensó en su momento, besarla era una experiencia única que distaba por mucho de las horribles experiencias que Ruby había forzado en él, porque en esa ocasión el deseo era mutuo, el sabor de sus labios humanos era algo seductor que despertaba su apetito por la sangre… Pero supo controlarse solo para satisfacer ese deseo carnal de sentir sus besos.

Cassandra lo besaba con gentileza, ambos eran inexpertos, pero usaban las películas que habían visto como guías para su primera vez, por lo que ella comenzó a mordisquearlo entre algunos besos y suspiros que no calmaban su anhelo en absoluto.

En cierto momento descansaron para recuperar el aliento, dejando caer sus frentes una contra otra, para luego retomar el proceso con ese mismo amor que habían estado conteniendo hasta ese punto.

-Arthur, te amo.

-confesó entre besos-

-Y yo a ti, Cassandra.

-respondió con la misma intensidad, su corazón latía a mil por segundo y su collar amenazaba con brillar de color amarillo, no podía negar que el calor corporal comenzaba a subir y dejaba en evidencia su excitación-.

Le das sentido a mi vida.

Sentía que estaban a punto de pasar al siguiente nivel, no estaba seguro de poder controlarse después de haber experimentado la amargura de ese nivel con Ruby, esta vez quería asegurarse de disfrutarlo con Cassandra si llegaba a suceder, podía sentir que ella también lo deseaba: quería tener su primera vez con Arthur, quería derramar esa sangre especial que solo las chicas tienen cuando lo hacían con un chico, podía sentir como el cuerpo de la chica clamaba por él con la misma ansiedad de un animal en celo, y él también deseaba aparearse con ella, ya deseaba darle sus crías.

“Siento esta parte de mí despertando, mi cuerpo desea ser uno con Cassandra, desea tener descendencia con ella”

pensó sin poder controlarse, teniendo que aferrarse a sus pensamientos más humanos para no dejar que el deseo se apoderara de él.

Sin embargo, Cassandra se detuvo de improvisto antes de dar ese paso, había algo más en su mente que no podía dejar pasar sin importar cuanto deseara ignorarlo para saltar directamente a la cama junto a su amado, entonces ella se separó dejando un poco confundido al muchacho.

-Espera, eso solo era la mitad de mi regalo, aún necesito darte lo que compré para nosotros.

-confesó, acercándose al primer cajón de su gabinete, sacando dos pequeñas cajitas que sostuvo en cada palma-

- ¿Qué compraste, mi amor?

El nuevo apodo hacía que Cassandra se mordiera el labio, los escalofríos recorrieron su espalda con la certeza de que él se había vuelto su pareja, no podía tener mejor regalo que ese.

-Algo que te ayudará a recordar que yo soy tu único amor.

-confesó, llevando ambas cajitas ahora abiertas para revelar un par de anillos de compromiso con pequeños rubies de la misma tonalidad de los ojos carmesíes de Arthur-.

Son anillos de compromiso.

Él se quedó sin palabras, permitió que ella tomara su mano mientras le colocaba el anillo, ella hizo lo mismo con su propia mano para luego tomar la suya nuevamente, ambas manos entrelazadas con los anillos conectados por un significado mucho más profundo del que podría imaginar a simple vista.

Estaba sonrojada, él también lo estaba, demostrando así que su conexión era tan genuina que sentían lo mismo por aquello que tan dulcemente acababan de compartir.

-Es una promesa, cuando tengamos edad suficiente me volveré tu esposa, eres mío y yo soy tuya.

-confesó, acercándose nuevamente hasta que sus cuerpos estuvieron conectados-.

¿Qué me dices, mi amor?

-Yo… ¡Acepto, seré tu esposo! -exclamó con entusiasmo, cargándola entre sus brazos-

Ella soltó un pequeño jadeo en cuanto fue cargada, dejó escapar una risilla mientras Arthur giraba y la llevaba entre sus brazos como si fuera el tesoro más grande que pudo descubrir, su felicidad era semejante a la de un niño que fue premiado por su esfuerzo, Cassandra se sostenía de sus hombros para mayor equilibrio mientras él aún danzaba de alegría.

- ¡Vas a hacer que me maree, guapo! -confesó con la misma carcajada hasta que finalmente se detuvo cuando él se recostó en la cama y permitió que se sentara en su regazo-.

¿Eres feliz, Arthur?

Había lágrimas de sangre en su rostro, aunque la sonrisa se mantenía, Cassandra limpiaba sus mejillas con sus caricias, pero él seguía llorando de alegría tras haber confesado sus sentimientos por la chica.