18
-mencionó con un tono juguetón, sacando la lengua como un cachorro sediento-.
Quiero una invitación para estar contigo.
-Ay bueno… -confesó Arthur, intentando sonar condescendiente a pesar de que sabía su respuesta-.
Tengo una idea, una noche de películas y palomitas, solos tú y yo como aquella vez, y te dejaré recostarte en mi pecho.
Ruby mostró otra sonrisa, esta vez parecía bastante tímida y alegre, sus mejillas se ruborizaron un poco mientras se recogía un mechón del cabello, la idea de pasar tiempo juntos le gustaba mucho, pero también le desagradaba el hecho de que él estaría a solas con Cassandra… Haría lo que fuera necesario para conservarlo, pero al mismo tiempo usaría esa oportunidad para realizar un último experimento, en cualquier caso, saldría ganando.
-Disfruta tu primera fiesta, hermano mayor.
-sentenció Ruby, su tono gentil y tímido había cambiado a uno más amenazante, no era nada parecido a la niña que conocía hasta ese momento, más que una frase agradable era algo frío y profundo-
Así como apareció de la nada también se desvaneció, convirtiéndose en una con el viento, la niña carmesí ya no estaba allí y dejó a Arthur con ese frío sentimiento de que cualquier cosa podía suceder en la fiesta, tanto para bien como para mal, y lo único que podía hacer al respecto era esperar y conocer la intensidad de lo que fuera que el destino tenía preparado para él.
Una vez disipada en el gélido aire del invierno, Sullivan llegó con el traje alquilado para la fiesta de esa noche.
De vuelta en el presente ese recuerdo seguía intacto, no saber lo que podría suceder lo tenía muy nervioso, pero quería pensar que Ruby realmente esperaría a que él regresara para tener una noche juntos, incluso estaba dispuesto a permitirle que lo usara como acostumbraba para darle esa enferma tranquilidad que a ella tanto le gustaba, todo con tal de que por una noche él pudiera sentir la alegría de un cumpleaños.
Entonces puso su mejor cara, bien peinado y arreglado, estaba listo para impresionar a Cassandra y darle el mejor cumpleaños de su vida, su felicidad lo era todo para él y se aseguraría de que el recuerdo de esa noche perdurara por el resto de su vida.
Aurora lo recibió en la puerta como acostumbraba, la palabra belleza no le hacía justicia, ella estaba tan bien arreglada como siempre, pero los pequeños toques como su cabello planchado y su maquillaje, levemente aplicado sobre su rostro, resaltaban la belleza que le había hecho ganadora de concursos en su juventud.
Inmediatamente lo envolvió en un abrazo que él correspondió, podía percibir lo maternal que era como siempre, cuanto apreciaba su compañía y disfrutaba de tenerlo cerca al punto de que tampoco se imaginaba sin la presencia del jovencito.
-Estás muy guapo, bambino.
-confesó, permitiéndole el paso-
-Lo agradezco, Aurora, y usted sigue hermosa como siempre.
El halago era bien recibido porque sabía que lo decía con sinceridad, asintió con gratitud y luego caminó a su lado para escoltarlo hasta el gran salón.
-Ella espera por ti, bambino.
-confesó con un susurro para animarlo tras entrar al salón con decenas de invitados bien vestidos-
Los ojos se fijaron en él, las luces de los candelabros hacían resaltar el color de su cabello, y todos quedaron impresionados por la inmensidad de su belleza, para Arthur llegaba a ser atosigante que lo miraran como si fuera su día, no quería robarle la atención a Cassandra en su propio cumpleaños.
Siguió caminando al lado de Aurora, pero ni siquiera la belleza natural de la mujer podía competir contra la perfección del chico, su rostro y figura conseguían atrapar las miradas, estaban tan enfocados en él que los susurros no tardaron en presentarse, cuestionando su identidad y relación con los Fiore, aunque no le gustaba también comprendía que era inevitable que las personas hablaran: era su naturaleza.
Alguna que otra chica presente quedó pasmada con su belleza, él se limitaba a saludar cordialmente sacudiendo su mano mientras avanzaba, dedicando su sonrisa amable a todos los presentes con quienes cruzaba miradas.
Cassandra estaba tan emocionada por verlo llegar desde la distancia, era como ser una princesa teniendo la oportunidad de presenciar la llegada de su caballero, inmediatamente le pidió a su padre que pusiera la música que había elegido especialmente para bailar con Arthur, aunque no era una elección convencional la había escogido porque era la favorita del muchacho, así todos los presentes verían que él era su amigo más íntimo.
Los globos colgaban de los candelabros, creando sombras traslucidas de distintos colores, era como un carnaval, aunque Arthur nunca había ido a uno, el letrero de feliz cumpleaños se extendía por todo el techo, las mesas con manteles blancos se dispersaban en todas partes con copas y botellas de gaseosas, ni una sola gota de alcohol para no estropear la fiesta de Cassandra.
Todo cuanto miraba le recordaba cuan perfecto y hermoso podía llegar a ser un cumpleaños, él nunca había celebrado los suyos, ni siquiera sabía cuándo había nacido como para establecer un día especifico, muy seguramente ese día había sido víctima de los crueles experimentos de los científicos, llorando y agonizando mientras su carne se regeneraba.
No quiso pensar en ello, el consuelo para todas sus tragedias se hallaba frente a él en la forma de esa hermosa chica que se acercó al centro de la pista con su elegancia digna de una princesa, usando un hermoso vestido negro con tintes góticos y unos tacones que resonaban en todo el salón.
Aurora se alejó para dejar a los jóvenes disfrutar de su tiempo y espacio, serían la pareja que inaugurarían la pista con su danza antes de que cualquiera pudiera mover siquiera un musculo; el chico estaba nervioso, atrapado por la belleza de Cassandra, al mismo tiempo que ella parecía encantada por su buena elección en prendas, por su peinado y todo su ser… Todo de él ya era lo suficientemente perfecto, pero él añadió algo más al entregarle un regalo.
-Es un collar de Queen, la primera banda que conocí y quería darte algo que amo porque lo conocí gracias a ti.
-confesó con nervios-
-Lo amaré con todo mi corazón… Pero ya tengo todo lo que quiero contigo.
Arthur sonrió con timidez mientras se ruborizaba, y poco después los ritmos de under pressure inundaron el salón, una sinfonía de rock que muchos consideraron como una elección extraña para un cumpleaños, pero si así lo quería Cassandra poco podían opinar al respecto, además, por la expresión del muchacho carmesí era evidente que ambos estaban más que encantados de bailar juntos esa canción.
Para ellos no era simplemente otra melodía, tampoco otra de las tantas canciones que cabrían en la lista escogida por la cumpleañera, para los jóvenes amantes era un recuerdo del momento en que se hicieron amigos, era un reflejo de sus propios corazones cuando ella le enseñó a ver la vida de otra manera.
Con una mano contra la suya y la otra en la cintura de la chica, Arthur demostró haber aprendido bastante en sus días con Cassandra, maravilló a los invitados por la destreza con la que bailaba, estaban sincronizados al ritmo de la canción, sintieron con profundidad las letras de la melodía y se conectaron de una forma más íntima solo con intercambiar miradas.
“Porque el amor es una palabra tan anticuada, y el amor nos desafía a preocuparnos: por las personas al borde de la noche.
El amor nos desafía a cambiar nuestra manera de preocuparnos por nosotros mismos.
Este es nuestro último baile. Esto somos nosotros, bajo presión”
las palabras iban y venían, pero los sentimientos se quedaban, ignoraban al mundo que seguía girando a su alrededor, pues ellos eran todo lo que importaba en sus corazones en ese momento… Si aquel era un sueño ninguno quería despertar.
Más allá de la realidad estaban los pensamientos, los anhelos, y en su interior ellos eran todo lo que poblaba sus corazones, eran toda su alegría después de todas las tristezas que los habían dominado.
-Todos nos están viendo… -confesó Arthur con una sonrisa mientras seguían danzando en la pista, sin despojar su mirada de la chica-
- ¿Y qué importa que lo hagan? Quiero que vean lo que siento por ti, Arthur Sullivan, que vean cuanto te deseo en mi vida.
Sus palabras le llegaban al corazón, esa conexión tan genuina era todo lo que siempre había deseado, se sentía humano al lado de Cassandra y no quería perder la oportunidad de demostrarle al mundo que, a pesar del collar de perro en su cuello, él era tan humano como cualquiera.
Ella jamás dudó de que fuera así, cuando miraba sus ojos hallaba las fábulas de la melancolía y el amor, pensaba en él como ese amor con el que siempre soñó, lo vio en sus recuerdos cuando no había consuelo, lo vio en sus momentos más tristes y llenos de dolor, entonces recordó que también estuvo en su presente y estaría en su futuro… Más que ser un amigo él se había convertido en el amor de su vida, con quien tendría su primer y último baile, el único al que daría todo lo que tenía.
“Y así termina nuestro baile, deseando que no sea el último”
pensó Arthur en cuanto la canción llegó a su final, presentando así la sinceridad de su unión.
Los invitados aplaudieron al unísono, Paulo y Aurora se tomaron de la mano y no pudieron evitar derramar algunas lágrimas de felicidad por ver a su hija ahora sana perdidamente enamorada de alguien que le correspondía con la misma intensidad, amar y ser amado era un milagro para los tiempos en los que vivían, y aún lo era la lealtad que se demostraban desde ese momento.
-Estuviste increíble, guapo.
-confesó, sonriendo como una chiquilla y tirando de su mano para llevarlo con sus padres mientras todos los invitados se amontonaban para bailar-
-Y tú estuviste asombrosa.
-respondió poco antes de llegar con los Fiore quienes los recibieron con los brazos extendidos-
Aurora los recibió con su típica calidez, inundando sus rostros de besos mientras Paulo se limitaba a sonreír y palmear las cabezas de los jóvenes enamorados, con cuidado de no despeinarlos.