El fantasma carmesí 17 #5
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Paulo y Aurora estaban tan encantados con Arthur por el regalo que les había dado, además de su gentileza y caballerosidad bien aprendida en el transcurso de los días, que realmente esperaban ansiosos que ambos se confesaran sus sentimientos para darles su bendición de tomar la mano de su hija, aunque era muy pronto para eso, en cuanto ambos tuvieran edad suficiente estarían más que emocionados de asistir a su boda.

Cassandra estaba arreglando los últimos toques de su cabello, sus aretes de rosas resaltaban con los mechones teñidos de su cabello, su vestido negro con tintes góticos llegaba hasta sus rodillas, luego sus hermosas piernas delgadas se extendían hasta alcanzar sus tacones.

Se sentía hermosa, y en verdad lo era, sobre todo porque Arthur siempre hacía que se sintiera más bella de lo normal, siempre la miraba con ojos de amor como si fuera la primera chica con la que había tenido contacto en su mundo, ella era Eva en el mundo de ese dulce Adán pelirrojo, y hacer esa comparación hizo que se ruborizará completamente por la idea que se había asomado por su mente.

- ¡No puedo esperar, ya quiero ver a mi chico! -exclamó con emoción, mientras terminaba su maquillaje-

Pasadas las horas, la noche se arrastraba por el mundo hasta convertirlo en penumbra, tal era la profundidad de la noche que las luces en la mansión Fiore parecían ser las únicas sobre la tierra.

Los invitados se dirigieron inmediatamente al gran salón, la fiesta no empezaría hasta que la cumpleañera no diera su primer baile, y sabía exactamente a quien le daría ese honor, mientras todos tomaban asiento y se dedicaban a hacer fila para felicitarla su atención se dirigía constantemente a la entrada donde esperaba ver a su amado amigo llegar con su regalo, aunque ni siquiera le importaba si no tenía ningún obsequió, su presencia era más que suficiente para ella.

Aunque muchos de los chicos presentes eran atractivos y educados, ofreciendo ser su primer baile, ninguno demostraba siquiera una pequeña pizca de la conexión que ya tenía con Arthur, eso era algo que nadie más podría darle sin importar todo lo que hicieran; los colegas de sus padres preguntaron quién era el misterioso chico por el que ella esperaba, pero ni ellos se atrevieron a revelar el secreto, preferían que ella los dejara impresionados con su baile, estaban seguros de que todos los invitados quedarían sumamente maravillados cuando conocieran al joven Arthur como el futuro consorte de su hija.

Arthur se hallaba frente a la puerta de la mansión, Sullivan lo había despedido haciendo sonar la bocina del auto hasta que su coche desapareció en el horizonte donde el sol se ocultaba hasta no ser más que una pequeña sombra.

El chico estaba listo para entrar, pero aún sentía nervios, no solo porque estaba a punto de verse rodeado por cientos de invitados que lo verían bailar con la chica que amaba, sino porque no dejaba de pensar en su encuentro más reciente con Ruby, quien le había hecho una visita en la habitación donde descansaba cuando Sullivan salió para alquilar el traje.

Se había presentado como un espectro salido de la nada, solo le bastó de parpadear para que apareciera en el lugar donde antes solo hubo una ventana abierta en un cuarto piso, lucía tan atractiva y maliciosa como siempre… Pero en su rostro había un rastro de tristeza y sumisión, casi como si hubiera adoptado la antigua actitud de su hermano mayor, poseyendo al menos una pequeña parte de él.

Arthur estaba listo para alguna clase de confrontación, pero sorprendentemente lo único que hizo fue sentarse en la cama, avergonzada por alguna razón, y devolverle una mirada bastante tímida como si estuviera guardando una petición que le causaba mucho miedo decirla en voz alta.

-Te ves nervioso, hermano mayor.

-confesó, sonriendo-.

Tal vez yo podría ir a la fiesta contigo.

-No creo que estés invitada, pequeña.

-respondió, a pesar de que conocía su actitud cruel no podía evitar tratarla bien y con cariño, era su naturaleza, y el recuerdo de la noche que compartieron cuando ella se mostró vulnerable le ayudaba a seguir viéndola como su hermana-.

Además, sé que prefieres estar conmigo a solas.

Ella se movió en la cama para sentarse en su regazo y cruzar sus piernas alrededor de él, no lo hizo con las mismas intenciones de siempre, sino con cariño, con su extraña forma de expresarlo, solo quería estar cerca de su hermano mayor.

-Sé que ella no me quiere ahí, ¿Tú tampoco?

-Sabes perfectamente qué es lo que me preocupa… -suspiró, e inmediatamente fue interceptado por su mirada de cachorro-.

Oye, no me pongas esos ojos de perrito, sabes que no me puedo resistir.

Ruby soltó una pequeña risita que realmente la hacía verse como una niña, sus habilidades le permitían poseer los ojos de un perrito tal y como eran, a pesar de su pasado juntos realmente parecían disfrutar de esa pequeña interacción haciendo uso de sus habilidades, Arthur convirtió sus manos en patas que acarició suavemente contras las mejillas de la niña provocando más carcajadas en ambos.

Nunca se le opuso, ni peleó o intentó lastimarlo, a pesar de sus roces y las peleas de fieras ellos actuaban como un par de hermanos normales… Si tan solo Ruby sintiera la misma satisfacción que él con esos pequeños instantes, ningún mal recuerdo seguiría presente, nadie le tendría miedo ni pensaría que era un pequeño monstruo.

-Soy tan traviesa.