El fantasma carmesí 17 #3
57%

17 #3

No, no lo hizo, él es demasiado sentimental para hacer lo que le digo, sobre todo cuando está enamorado de su mascota humana.

Cassandra esperaba que Arthur reaccionara y reprendiera a la chica, si acaso tenían un mínimo parecido con los humanos entonces él debía tener cierta autoridad sobre ella, incluso si tenía que llegar a los golpes, esperaba que pudiera ponerse firme con Ruby… Pero nunca hubo pelea, él no se defendió ni la apartó, a pesar de que se le notaba profundamente incomodo y disgustado porque ella estaba lamiendo su cuello por encima de su collar, dejando una marca horrenda que encajaba a la perfección con las marcas en su cuerpo, entonces comprendió que esa chica carmesí había hecho muchas cosas nefastas con el cuerpo de Arthur.

El collar amenazaba con pasar de verde a amarillo en cualquier momento, él ya no podía seguir soportando los abusos de Ruby, estaba tan cansado que si no fuera por el collar ya habría dejado que sus emociones lo dominaran para volver a atacarla, intentaría retomar esa pelea que habían tenido en el camión como animales salvajes, pero sabía que era inútil si las descargas eléctricas se lo impedían… Era la primera vez que Cassandra lo veía sintiendo tanto miedo, era normal verlo siendo tan tímido, pero el terror era la única emoción que lo despojaba de su belleza natural.

- ¿Ahora me ves como una mujer, hermano mayor? Te puedo dar lo que me pidas, tuve éxito en mis experimentos, ya podemos irnos de aquí.

-confesó, dejando de lamer cuando su lengua hizo contacto con su oreja-

Arthur estaba temblando bajo sus manos, su toque era suficiente para inducirlo en un estado de terror puro que le recordaba a la crueldad de esas noches en las que estaban solos, noches en las que raramente había calma, solo aquellos momentos en los que se durmieron viendo películas y despertaron abrazados eran los únicos en los que realmente se alegraba de tenerla a su lado, de resto solo el miedo persistía en su mente atiborrada de ideas nefastas.

Arthur habría dado lo que fuera para que así fuera su relación con Ruby, una de afecto genuino en que sus habilidades no tenían que ser lo único que compartían, habría amado tener la posibilidad de que su hermana fuera la misma dulce niña que pensó que era cuando se conocieron… El miedo y la frustración de ser perseguido por alguien como ella eran suficientes para paralizar su voz en ese momento.

“Se siente fría… no es igual que antes, su cuerpo está congelado, la falta de un alma es peor que cualquier cosa, solo siento su maldad, puedo ver todo lo que les ha hecho a los inocentes mientras no estuve”

pensó, reconociendo que ese vestido y botas que llevaba no eran el regalo de algún paciente y mucho menos una prueba de la muestra de afecto que alguien le dio, así como le pasó con Cassandra, sino que ella se lo había quitado a una de las tantas víctimas de su hambre vampírica.

De no ser por Cassandra, que también era la luz que le recordaba que se hallaba fuera de los laboratorios y también podía estar lejos de las garras de Ruby, él habría olvidado que realmente tenía más opción que solo ser el juguete para las perversiones de la chica.

Su amiga lo tomó por ambos brazos y lo alejó de las garras de la criatura cruel y enferma, dejándolos a ambos sorprendidos por su acción tan repentina, e inmediatamente envolvió la cintura de Arthur con intenciones de sobreprotegerlo para demostrar que no lo dejaría solo contra el demonio en forma de niña.

-Escucha, ¿Por qué mejor no te vas antes de que te demos una paliza? No quisiera tener que dañarte ese lindo vestido cuando te patee el culo.

- ¡Exclamó el simio lampiño! -se burló Ruby para no admitir que estaba sorprendida-.

Niña, te aseguro que no podrías tocarme, aunque quisieras, ¿Por qué no eres una buena mascota y te sientas en una esquina?

Le irritaba que siguiera expresándose de esa manera tan egocéntrica, no podía entender cómo es que Arthur podía estar relacionado a alguien así mientras que él se mantenía tan gentil y bondadoso, comenzaba a apreciar mucho más la profundidad de su humanidad porque era capaz de seguir siendo como era a pesar de estar forzado a convivir con una criatura tan cruel e insensible como Ruby.

-Es cierto… Si eres al menos una misera parte de lo que Arthur es, sé que debería temerte, pero no dejaré que te metas con el chico al que amo solo porque estás enferma.

-confrontó Cassandra, sosteniendo el brazo de su amigo mientras lo apartaba de Ruby, inmediatamente la sonrisa de esta última se desvaneció con esas palabras dejando en su lugar un ceño fruncido con intensidad-

-Tú, miserable criatura, ¿Como te atreves a hablarme así? -pronunció Ruby, dando un paso con el que consiguió agrietar el suelo, sus manos se habían convertido en pinzas que Cassandra comparó con las de un escorpión-.

¿Te atreves a hablarle así a tu diosa?

Cassandra tembló inmediatamente, no había medido el alcance de sus palabras hasta que vio esas pinzas acercándose a su rostro, supo que apuntaba a sus ojos por la posición en la que se hallaban esas extensiones carnosas cubiertas de membranas de sangre, un recordatorio de dónde surgía el poder que poseían ambos hermanos.

Su agarre al brazo de Arthur se hizo mucho más fuerte, eso fue suficiente para hacerlo reaccionar, si no actuaba en ese momento Ruby no se detendría con sus ojos, y por si fuera poco también debía pensar en Sullivan y los Fiore en el piso inferior, nadie excepto él podría sobrevivir a las crueles intenciones de su hermana cuando estaba furiosa; entonces sus manos se convirtieron en garras y sujetaron firmemente las pinzas para alejarlas del rostro de su amiga.

Ambas chicas lo miraban estupefactas, Arthur se mostraba más frío e imponente de lo que nunca había sido, supo mantener la calma a pesar del miedo que sentía, sabía que si el collar cambiaba de color sería presa de las descargas eléctricas, no se podía permitir caer sin defender a los que quería de quien se había convertido en su única amenaza.

-Suficiente, Ruby…

-Hermano mayor, déjame encargarme de esto y luego podemos tener nuestra sesión en la cama.

-pidió con una sonrisa gentil que escondía su perversidad y enojo-

-No habrá ninguna sesión.

-acentuó el muchacho, acercándose para susurrar con la misma profundidad de la que ella era capaz-.

Aléjate de Cassandra u olvidaré que eres mi hermana.

Ruby abrió sus ojos con bastante incredulidad, era la primera vez que él admitía en voz alta que era su hermana, siempre la había llamado por su nombre, y que esa primera vez fuera para amenazarla rompía su corazón; ella jamás olvidaría la mirada en su rostro, no era igual a la furia que sintió en el camión cuando pelearon ni el terror tras ver como había masacrado a los niños imperfectos, tampoco se parecía en nada al pánico cuando ella lo usó para sus placeres carnales… No, el sentimiento en su rostro era más parecido a la seguridad, estaba determinado en cumplir su palabra si era necesario, hablaba con propiedad, le aterraba porque hablaba igual que ella lo hacía cuando quería algo.

Entonces volvió sus manos a la normalidad y asintió, ligeramente sumisa ante él, y retrocedió un par de pasos antes de dirigir su mirada a Cassandra, la humana estaba orgullosa de ver como Arthur se levantaba con firmeza para defenderse de su abusadora, también bastante feliz por ver como la protegía como su caballero de brillante armadura… Y él la envolvía con un brazo sobre su hombro, acariciándola con dulzura mientras ella se acobijaba contra su pecho como una niñita enamorada, Ruby no dudó en leer su mente y se llevó una amarga sorpresa al comprender sus sentimientos de amor puro, aunque para ella no fuera más que una pobre imitación de lo que el amor debía ser entre seres perfectos como ellos.

Ella comenzó a gruñir como un perro rabioso, con una respiración entrecortada, parecía padecer de rabia, debía controlarse para no perder la compostura, no era conveniente pasar a su verdadera forma o de lo contrario comenzaría una pelea insensata con Arthur… Pero resultaba casi imposible no ceder a sus impulsos y desatar su furia contra la humana, preguntándose como se atrevía a robarle la atención de su hermano mayor solo por actuar como un cachorro indefenso rogando por su cuidado.

La próxima vez que decidiera poner sus experimentos en marcha ya sabía quién sería el nuevo conejillo de indias, pero no se limitaría allí, después de todo, debía recordarle a su hermano mayor que ella era la única que podía poseerlo de esa manera; no obstante, a un lado de la rabia había otro sentimiento que no se permitió mostrar frente a ellos, cuando le dieron la espalda ella ya no se hallaba en esa habitación dentro de la mansión alejada de la ciudad, había regresado a la residencia donde descansaba con Crane cuando ya habían hecho sus visitas a los pacientes.

Las lágrimas surcaron el rostro de Ruby, seguía temblando, pero ya no lo hacía por rabia, sino por la impotencia, sentía un dolor que sus garras no podían extirpar a pesar de que las incrustara en su pecho: ella estaba muy triste para admitirlo, no fue capaz de mostrarlo frente a su hermano mayor, estaba triste porque él sentía la conexión que ella tanto deseaba, pero con alguien más.

-No es justo… ni siquiera dijiste algo de mi vestido, ¿Por qué nunca me miras?

- ¿Ya volviste, Ruby? -llamó la voz de Crane al emerger de la cocina, su esquelética figura enfermaba a la chica por lo imperfecto que era, había perdido mucho peso desde que decidió hacerle compañía en sus próximas visitas, haciéndose adicto a las visiones del futuro que ella le compartía para asegurar su descanso-.

¡Dios mío, Ruby!

Ella lo miró con desdén cuando se acercó para examinar la herida que se había hecho a sí misma en el pecho, su garra seguía escarbando como si buscara algo, no podía entender qué era lo que buscaba con tanto afán como para abrir un enorme agujero en ese espacio.