El fantasma carmesí 17 #2
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17 #2

No me importa conocer a nadie más, no me importan muchas personas además de ti… Porque eres alguien a quien quiero mucho.

Ella también lo miró a los ojos, había mucha luz en esos rubíes, como siempre él hablaba con bastante sinceridad, era como un niño en muchos aspectos y nunca podía desprenderse de esa actitud, la misma que le había hecho amarlo por ser tan honesto.

-Yo… no sé qué decir.

-confesó, con una pequeña sonrisa tímida-.

Gracias, Arthur.

-Te quiero mucho, Cassandra… Creo que puedo decir que de verdad te quiero con todo mi corazón.

-era un instante de fragilidad, el miedo a compartir sus propios sentimientos se desvanecía un poco, pero no por ello dejaba de temblar al sostener sus manos-.

Me atrevería a decir que voy un poco más allá… Realmente me importas y siento que eres todo para mí, mucho más de lo que puedes imaginar, hasta algo mucho más profundo que eso.

La respiración de la chica se aceleraba ante su declaración, podía entender lo que intentaba decir, no había necesidad de sentir sus caricias ni sus besos para saber qué era lo que sentía, conforme hablaba él se iba acercando en su asiento, temblando y tartamudeando, para demostrarle que hablaba en serio.

-Yo… te amo, Cassandra.

-finalmente lo había dicho, y eso habría bastado para ella, pero no para él, quien realmente sentía algo genuino que era difícil de explicar para los humanos-.

Lo que trato de decir es que te amo demasiado como para solo desear besarte, como hacen las parejas o lo que sea que hacen los humanos cuando aman; te amo de una manera en que una persona puede amar a otra porque no puede imaginar su vida sin ella.

Cassandra le mostró una tierna sonrisa tal y como se la había enseñado, dejó escapar sus lágrimas y dejó caer su cabeza contra su pecho.

-Yo también te amo, Arthur…

La envolvió con sus brazos antes de continuar, y la sostuvo como si tuviera miedo de perderla.

-Tú le das propósito a mi vida, y quizás eso debería ayudar, porque es el mejor regalo que un amigo le puede dar a otro.

-Gracias, de verdad.

-finalmente ella sentía que alguien había tomado su mano para escapar de las garras del pensamiento, ella pudo ver la luz al final de esa oscuridad, y en ella descubrió el rostro de su amado amigo-

“Arthur, tú eres mi luz carmesí”

pensó en el rojo de su cabello y sus ojos, el rojo del amor y la pasión, algo indescriptible se cernía en su corazón después de haber tenido esa conversación y sabía que jamás podría olvidarlo, era algo tan hermoso que solo un ser tan humano como el chico podía hacerle sentir.

Ella se acurrucó contra su pecho mientras se abrazaban en medio del salón y sentían la soledad que alguna vez plagó sus corazones marchitándose por su compañía, jamás podrían haber pensado que se hallarían mutuamente, dos almas gemelas, de una forma tan peculiar, y Cassandra no pudo evitar preguntarse cómo sería darle su primer beso.

-Oye, ¿Qué dices si comemos algunos bocadillos juntos? -ofreció la chica, en su mente era como una especie de brindis entre ellos por su unión reforzada-

-Eso me encantaría.

-respondió el chico con una sonrisa, y entonces ambos se levantaron y se tomaron de las manos, listos para partir, mientras se miraban el uno al otro, y en sus ojos podían ver claras intenciones de dar el siguiente paso a su relación-

En ese instante fueron interrumpidos por los pasos de los tres adultos que entraron al salón principal, lo único que descubrieron en ese momento fue a los jóvenes que se tomaban de la mano como un par de niños enamorados, estaban ruborizados al verse sorprendidos en un acto tan tierno e íntimo para ellos.

Cassandra se cubrió el rostro con la otra mano, pero no se atrevió a soltar a Arthur quien le devolvía la mirada a los Fiore al soltar pequeñas carcajadas junto a Sullivan, los tres adultos estaban genuinamente conmovidos por la muestra de afecto que la joven pareja se demostraba con tratos tiernos, a ellos les agradaba que a diferencia de muchos chicos Arthur no pensaba en excederse con su hija, para él tomar su mano ya era suficiente intimidad.

-Creo que los muchachos necesitan algo de privacidad.

-comentó Paulo, con las manos aflojando su corbata-

-Bueno, el amor joven es bastante apresurado hoy en día, solo espero que sigan tomándolo con calma, a menos que seas un caballero y le pongas un anillo a Cassandra y le pidas la bendición a sus padres.

-agregó Sullivan, logrando sacarle carcajadas a los Fiore-

- ¡P-Papá! -Arthur estaba tan avergonzado que su rubor se mezclaba bien con su cabello, también escondió su rostro detrás de su mano, pero nunca soltó a Cassandra-

Ambos comenzaron a caminar para salir del salón, los adultos se quedarían probablemente para disfrutar de su tarde de té mientras ellos marchaban a la habitación de la chica a pasar el rato como era costumbre para ellos.

Seguían avergonzados mientras iban de la mano, Cassandra liderando el paso hasta que cruzaron frente a los adultos, entonces Aurora llamó la atención de su hija antes de que se fueran por el pasillo.

-Por cierto, hija, recuerda no dejar encendido tu equipo de sonido si no lo estás usando, tu música sigue sonando bastante fuerte.

Arthur pensó que Cassandra se había descuidado antes de adornar el salón, pero al ver a la chica pudo ver que estaba perpleja, no hizo falta leerle la mente para saber que estaba confundida porque ella no había encendido el equipo de sonido todavía, y sabía que sus padres no lo habían hecho porque no solían tocar sus cosas y mucho menos dejar su música sonando… Era una de esas situaciones extrañas en que nada parecía real a menos que fuera ella misma a investigar, por suerte contaba con la compañía de su amado amigo para que ese pequeño misterio no fuera más que un suceso extraño que pasaría desapercibido después.

Ambos continuaron por el pasillo, siempre tomados de la mano, y luego subieron por las escaleras en dirección a la habitación de Cassandra, la gran puerta estaba entreabierta, aunque no tendría que estarlo según ella… Y era verdad, una de sus canciones favoritas sonaba en el interior a todo volumen, Do the evolution se mantenía en el ambiente, con sus ritmos agresivos y sus letras cargadas de un significado nefasto cuando pensaba en ese video lleno de violencia, masacre, diferentes épocas que desembocaban en la destrucción del mundo como lo conocían, y la muerte danzaba todo el tiempo como el único ser verdaderamente feliz.

Al abrir la puerta ambos se encontraron con una imagen desconcertante, aunque para Cassandra era solo una sorpresa bastante extraña para Arthur se convirtió en una razón para temer y temblar, agradeció que era mucho más maduro y controlaba bien su cuerpo, porque de haber sido igual que antes su cabeza habría comenzado a sangrar como una prueba de sus nervios; su mano comenzó a sacudirse, compartiendo ese temor con su amiga que no entendía completamente lo que sucedía, y sin embargo quedó fascinada por la imagen de la visita indeseada en su habitación.

Ruby estaba bailando, mantenía una sonrisa llena de malicia y éxtasis mientras lo hacía al ritmo del rock, pero ya no se parecía mucho a la niña que Arthur había conocido: esa chica de cabello y ojos carmesíes ya no llevaba las viejas prendas del laboratorio, en su lugar portaba un atrevido vestido corto, negro como la noche, resaltaba su figura, con un escote abierto mostrando una pequeña porción de la línea que dividía sus pechos, y al deslizar sus manos por sus piernas en medio de su danza reveló las botas negras que llegaban por debajo de sus rodillas.

Por alguna razón Arthur pensó que algunas secciones de la canción representaban muy bien la enfermiza mentalidad de su hermana, sobre todo una estrofa que ella misma cantó con su hermosa voz:

“Admírame, admira mi hogar, admira a mi hijo, es mi clon.

Esta tierra es mía, esta tierra es libre.

Haré lo que quiera, pero irresponsablemente. Es evolución, nena”

A Cassandra ya le molestaba la intensidad de la música por lo que terminó por acercarse al equipo de sonido para desconectarlo, Arthur estaba angustiado por la posibilidad de que Ruby se le abalanzara encima a su amiga como la fiera que era cuando algo no salía como quería, esperaba ver a la bestia que había cometido una carnicería contra sus hermanos imperfectos… Pero en su lugar mantuvo su sonrisa mientras llevaba una mano a su cintura y encaraba a Cassandra, era increíble pensar que días atrás era mucho más baja, y ahora aparentaba tener la misma edad que la humana frente a ella.

-Entonces tú eres la mascota, ya veo por qué le gustas al hermano mayor.

-su voz seguía siendo la misma, siempre cargando malicia-

- ¿Mascota? ¿Hermano mayor? -repitió Cassandra sumamente confundida-.

Espera, yo te recuerdo, estuviste en la cena aquel día… Pero no hablaste.

-Correcto, pequeña.

-confesó y sostuvo la barbilla de Cassandra-.

Eres tan inteligente que casi olvido que solo eres otro simio lampiño.

Inmediatamente al ver como la tocaba se interpuso, no era por alguna especie de preocupación por lo que pudiera hacerle, sino un acto de posesión al no poder tolerar que nadie más la tocara, mucho menos al tratarse de Ruby quien lo estudió de pies a cabeza al verlo con esa ropa.

-Solo mírate, hermano mayor, tal vez no me guste que uses ropa de simio lampiño, pero tú eres lo único bueno en ese conjunto… Sin duda resalta todo tu cuerpo perfecto.

-confesó, rodeando al muchacho mientras lo miraba-.

Tan perfecto y mío.

-Siento nauseas solo por escucharte.

-confesó Cassandra, porque notaba el parecido entre ambos a pesar de tener comportamientos tan disparejos, y si en verdad eran hermanos como ella proclamaba entonces Ruby debía ser la más enferma de todas las hermanas del planeta-

El comentario irritó a Ruby, quien no dudó en envolver a Arthur con sus brazos y frotar su mejilla contra su cuello.

- ¿Y quién te crees para opinar, simio? ¿Acaso el hermano mayor no te dijo que deberías adorarnos como tus dioses? -regañó la chica con su típico comportamiento posesivo sobre Arthur-.