El fantasma carmesí 15 #3
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-Eso está mejor, quédate allí, perro malo.

-clamó, acercándose para comenzar a patearlo-.

¡¿Ahora qué harás?!

Karen y Daniela no podían creer el despliegue de violencia por parte de Kevin, jamás habrían pensado que el chico tendría esa clase de rabia en su interior, sabían que a él le gustaba Cassandra y haría cualquier cosa por gustarle, pero ni siquiera eliminar a su competencia de esa manera era algo que podían esperar de él.

“Ruby, ¿Es esto lo que querías decir con que ellos no valen la pena? Pero, si yo ni siquiera hice nada malo, intenté ser bueno, ¿Por qué me siguen golpeando? No es justo… esto no es justo”

pensó para sí mismo mientras era golpeado por Kevin al mismo tiempo que las descargas eléctricas lo mantenían preso en su propio cuerpo, era un sentimiento frustrante, como volver a ser víctima de los crueles experimentos de los laboratorios, la impotencia que sentía era tan profunda que jamás se habría atrevido a tener amigos si ellos lo tratarían así.

La tentación de aceptar la visión de un mundo sin humanos que Ruby le ofrecía se hacía presente, en su mente se presentó esa niña carmesí de intenciones malvadas, que jamás sufrió los mismos abusos que él y mucho menos la condena de llevar un collar que le recordaba que les pertenecía a todos, y por un instante vaciló en sus propios ideales para sentir la necesidad de alzarse nuevamente para matarlos como alimañas.

“Pero… Cassandra no es así, ella realmente me quiere como soy, no puedo juzgarlos al igual que a ella, porque yo también la quiero”

pensó, inmediatamente contradiciendo los pensamientos influenciados por Ruby, no había manera en que pudiera sucumbir ante ella y su ideología, sin importar si seguía siendo abusado de múltiples formas, esas heridas volverían a sanar y él sería capaz de continuar como lo había hecho hasta ese momento.

Entonces la puerta se abrió nuevamente, como si los recuerdos almacenados en su cabeza finalmente se revelaran ante él, y de ella emergió la hermosa figura de Cassandra, con la bebida en su brazo como su compañero había pedido, pero su expresión relajada producto de la hierba se había esfumado en cuanto halló la escena en que Kevin pateaba e insultaba a Arthur quien yacía en el suelo preso de una descarga eléctrica.

- ¡¿Qué diablos crees que haces, imbécil?! -reclamó inmediatamente-

Ella le arrojó la bebida directamente a la cabeza, el impacto consiguió desorientarlo un poco, el tiempo suficiente para que Cassandra se acercara a Arthur y su compañía le bastara para calmarse, la electricidad dejó de recorrerlo al mismo tiempo que sus manos tomaron suavemente las suyas y lo ayudaron a levantarse, percibiendo la consternación en su mirada, se dedicaba a recuperarse del instante en que toda alegría se había desvanecido si no fuera por ella.

- ¿Estás bien? -le cuestionó, asiendo a un lado un mechón de su cabello-

-Ahora lo estoy… -confesó, sonriéndole con dulzura-

En cuanto ella estuvo segura de que realmente lo estaba se dio la vuelta para encarar al muchacho que había atacado a Arthur junto a las chicas que no se habían atrevido a hacer nada al respecto, a pesar de conocerlos por muchos años en ese momento los vio como un trio de extraños que habían invadido su casa, sus rostros no les resultaba familiares, su voces era anormales y su existencia desconcertante; era impresionante como las personas que creía amigos se volvían desconocidos, no podía creer que solía relacionarse con gente capaz de hacerle daño a alguien por el simple hecho de lucir y actuar diferente a ellos.

Se imaginó a sí misma como una tercera persona, una chica enferma que apenas podía moverse sin ayuda, lidiando con el suicidio de su hermano y haciéndose a la idea de que podría morir en cualquier momento, y se dio cuenta de que sintió mucha lástima por esa chica; seguramente eso era lo que ellos sintieron cuando la conocieron, realmente no había forma en que su amistad pudiera surgir de otra manera, porque si fueran tan buenos como le habían hecho creer no habrían lastimado a su salvador.

-Cass, no es lo que parece… -intentó explicar Kevin-

-No me llames Cass, lárgate de aquí.

-interrumpió con un rostro frío y determinado, por primera vez entendía que al estar en su casa tenía una autoridad casi religiosa con ellos-

-No lo entiendes, estábamos jugando, ¿Cierto, Arturo?

Arthur negó con la cabeza, ni siquiera se había atrevido a decir su nombre correctamente, pero Cassandra seguía hablando en su lugar.

-No me importan las excusas, y no me importa si yo te gusto, Kevin.

-confesó, atrapando la atención de los tres invitados-: ¿Qué? ¿Acaso creíste que lo ocultabas muy bien? Esto no era una competencia, pero te aseguro que si lo fuera habrías perdido por ser tan imbécil… Arthur es el doble, no, es diez veces lo que tú no eres y sinceramente prefiero quedarme sola con él antes que contigo.

La expresión de Kevin mostraba que sus palabras le habían dolido bastante, era algo que jamás habría esperado oír de Cassandra, sin duda le había roto el corazón.

-Lárguense de mi casa, todos.

-entonces miró a las chicas detrás de Kevin-.

No se molesten en venir a mi cumpleaños, no tolero a la gente que deja pasar las injusticias, ya conocen la salida.

Dicho eso ella se dio la vuelta y abrazó a Arthur, sus brazos alrededor de su pecho lo envolvieron como a su posesión más preciada, y él correspondió el abrazo con una sonrisa llena de alivio mientras sus ojos carmesíes brillaban con un gesto bastante posesivo, sintiéndose grato por haberla recuperado después de sentir dudas al respecto cuando saludó a Kevin… Ahora estaba más seguro de que ella lo quería, y él no dejaría que se la arrebataran, tuvo que controlar esa felicidad tan posesiva para que el collar no volviera a soltar una descarga eléctrica.

-Como quieras… quédate con ese fenómeno, pero uno siempre acaba mal con gente como él.

-confesó, como si hablara por ambas chicas, quienes parecían más ofendidas que dolidas por las palabras de Cassandra, y entonces los tres salieron de la habitación-

Aunque a Arthur tampoco le gustaba Kevin en absoluto esa última afirmación que hizo le dolió bastante por la preocupación que le causaba la posibilidad de lastimar a Cassandra, esperó a que ellos se fueran y estuviera seguro de que hubieran dejado la mansión con aquel sentimiento tan amargo que profería la soledad después de romper una amistad falsa… Y mientras se iban él seguía presionando a la chica contra su cuerpo en el abrazo tan íntimo que compartieron, demostrando así que no tenía miedo en expresar sus sentimientos con el contacto físico, estaban en el momento y lugar correcto después de todo.

“Ya se han marchado, puedo verlos refunfuñando y quejándose por haber perdido a su amiga que eligió a un fenómeno… Ya estamos solos ella y yo, solo seremos ella y yo por siempre”

pensó para sí mismo con esa naturaleza posesiva presentándose incluso cuando estaba a solas con la voz en su cabeza, pudiendo ver más allá de lo evidente la forma en que se marchaban a secas.