14 #6
En cuanto la puerta del cuarto se abrió Arthur tensó sus manos, casi se convertían en garras, porque realmente pensaba que sería Ruby quien estaría del otro lado, con el cuerpo del gato entre sus manos para ofrecérselo mientras dedicaba a Cassandra esa sonrisa retorcida que revelaba la oscuridad que había en su corazón, realmente eso era lo que imaginaba y lo que más le aterraba era la posibilidad de que el collar lo inmovilizara mientras era forzado a mirar como ella se inclinaba sobre su amiga para devorar su carne; el chico no podía hacer más que sentir miedo y angustia, soñando despierto con los horrores que lo atormentaban cada vez que desviaba la mirada.
Pero no fue así, quien abrió la puerta de ese misterio que solo existía en la cabeza paranoica de Arthur no fue su hermana, sino un trío peculiar de dos chicas y un chico, con vestimentas negras e inclinaciones a verse rudos al igual que Cassandra, era interesante ver que había otros que podían compartir los mismos intereses, y en cuanto cruzaron miradas ellos se sintieron absortos por la fascinante criatura que yacía sentada al lado de su amiga; inmediatamente lo que notaron al principio fue el color de sus ojos tan peculiar, como un par de rubies tan intenso como la sangre, al igual que su cabello revelándose como una cascada debajo de su gorro negro.
- ¡Sorpresa, amiga! -saludó una de las chicas, de cabello castaño y adornos de calaveras en sus muñecas y cuello-
Cassandra abrió los ojos de par en par, se levantó y se dirigió con ellos para recibirlos, dejando atrás a Arthur.
- ¡No puede ser, han sido siglos sin verlos! -confesó mientras abrazaba a cada uno, en sus miradas hubo gestos de sorpresa demasiado notables para ignorarlos, demostraban al chico cuanto había cambiado gracias a su salud para las personas que la conocían desde antes.
Más allá de solo vestir como quería y tener el cabello teñido, ella realmente era como otra persona para ellos-
Se saludaron, se pusieron al día de las clases y lo aburridas que eran para ellos, pero en cuanto Cassandra abrazó al chico con una familiaridad bastante íntima Arthur no pudo evitar sentir algo extraño en su pecho; se parecía al calor que albergaba cuando él la abrazaba o cuando bailaban, cuando pensaba en ella ese calor crecía en su pecho en el lugar en que estaría su corazón, sin embargo, era diferente en esa ocasión, cuando la veía abrazando a ese otro chico él se sentía como si algo le doliera por dentro, no le gustaba como se sentía e incluso si volteaba la mirada el sentimiento seguía allí… Sabía que ella estaba abrazando a alguien que no era él, y eso le molestaba, aunque no entendía por qué.
-Te ves mejor que nunca, Cass.
-le dijo el chico abreviando su nombre, demostrando que se conocían de hace mucho tiempo-
-Oh, bueno, ya no estoy enferma, nunca me he sentido mejor.
-confesó, y entonces se alejó para volver a sentarse en el suelo al lado de Arthur, recostando suavemente la cabeza en su hombro-.
Y todo se lo debo a mi ángel, Arthur Sullivan.
Sus mejillas enrojecieron en cuanto ella tuvo contacto con él, controló su respiración para que el collar no le diera una descarga eléctrica, e inmediatamente notó que las miradas de los invitados se tornaron sorprendidas, confusas y ligeramente asustadas por escuchar que alguien había conseguido curarla cuando ellos ya la daban por muerta desde antes.
Se unieron a ella cuando los invitó a sentarse y formaron un pequeño circulo en el suelo, Cassandra nunca se apartó del lado de Arthur a pesar de que a ellos los conocía desde hacía muchos años.
-Entonces realmente estás curada, eso es increíble, amiga.
-confesó la chica con adornos de calavera, y dirigió su mirada a Arthur, lo analizó de pies a cabeza con unos pensamientos inapropiados-.
Hola guapo, me llamo Karen.
-Mucho gusto, soy Arthur.
-correspondió con la misma sonrisa cálida de siempre, fascinando a los invitados- -Tienes una linda sonrisa.
-destacó la otra chica, se presentó fugazmente como Daniela, no quería durar mucho en las presentaciones-
Arthur se sintió extraño por recibir halagos y miradas interesadas, era algo extraño, pero no desagradable, mientras Cassandra a su lado sonreía con cierto orgullo, el mismo que tendría alguien a quien halagan por poseer algo invaluable, y no pudo negar que el chico realmente tenía la sonrisa más hermosa que jamás había visto, y pensar que ni siquiera sabían cuan especial era al punto en que no podía dejar de soñar con él.
Sin embargo, el otro muchacho no parecía del todo admirador del chico carmesí, en su mirada no había algo positivo a diferencia de sus compañeras, él parecía ligeramente disgustado con su aspecto y su comportamiento tan tímido, era como si no tuviera ni idea de cómo socializar, más que una persona parecía un cachorro que se esconde bajo el manto de su dueña, era como el perro cobarde.
Pero, había algo extraño en él, no le convencía con ese comportamiento tan tímido, era común que las personas así escondieran algo oscuro y toxico, algo como un amigo posesivo que no tolera ver a esa única amiga con otras personas.
O quizás la realidad que él se negaba a ver era que estaba reflejando su propia personalidad en Arthur, porque no le gustaba ver cuan cercana era Cassandra con él, no le gustaba ver cuanto había cambiado por un muchacho que decía ser su salvador, ¿Por qué había dejado que alguien así se acercara y no él, a quien conocía desde hacía tantos años? Eran preguntas que hacían que su visión del muchacho carmesí fuera despreciable, ni siquiera lo conocía, pero ya le caía mal, y todo a causa de sus propias inseguridades.
-Entonces… tú curaste a Cassandra.