14 #2
Ese comentario pareció tirar de un gatillo en la mente de la criatura, había algo importante que comenzaba a recordar con el corazón mientras que su mente parecía haberlo olvidado por completo; antes había estado allí, cuando la miró de esa manera desde las sombras la última vez lo hizo para emerger hacia la luz a su lado, para ayudarla en sus momentos más difíciles, y también estuvo encima de ella, pero no la estaba lastimando como en esa ocasión, en aquella lejana juventud en que hicieron el amor por primera vez se sintió conectado a ella en un nivel tan íntimo e importante que jamás se le habría pasado por la cabeza el querer lastimarla.
Sus movimientos descendieron hasta quedarse inmóvil, su hocico aún sostenía el trozo de madera que había salvado a su mujer de una muerte horripilante, y sus lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas… Lloraba sangre como un recordatorio de lo que se había convertido, pero peor que eso, como un recordatorio de que estaba lastimando a su propia esposa y si no se controlaba les haría lo mismo a sus hijos.
“¿Por qué hago esto? ¿Cuándo volví a casa?”
se cuestionó a sí mismo mientras liberaba el trozo de madera que se interponía entre él y su mujer, a pesar de ser un monstruo recordaba cómo se sentía ser humano.
Retrocedió, soltó la madera y dio un paso atrás mientras le regresaba la mirada a la mujer que, en un impulso de terror y dolor se echó hacia atrás y se recostó contra la pared, el tobillo se le desangraba, el hueso expuesto, inmediatamente notó que había lastimado profundamente a la mujer que amaba.
Parecía un cachorro que sabía que había hecho algo malo contra su dueño, y con mucha vergüenza se acercó a ella con pasos calmados aunque temblorosos, temblaba porque tenía miedo de ceder a sus impulsos primitivos y volver a lastimarla, no era un monstruo… Solo buscó ayuda con esos científicos que le prometieron saldar sus deudas y darle dinero a su familia, pero por lo que podía ver no habían cumplido su parte del trato porque ellos se habían mudado a una casa más pequeña, la vergüenza y el arrepentimiento comenzaron a apoderarse de él mientras se cubría el rostro con sus garras.
-Frank… ¿Realmente eres tú? -le cuestionó la mujer, llevando sus manos a los pálidos hombros de su esposo-.
Dios mio, ¿Qué te hicieron?
Desvió su rostro vampírico, seguía demasiado avergonzado de su aspecto y acciones como para devolverle la mirada, aunque podía notar el miedo en ella también había una profunda compasión por su estado actual… A pesar del daño, del dolor y la confusión, aún había amor en su mirada porque nunca lo odió, ahora veía la complejidad del daño en su cuerpo que parecía tan irremediable, pero en su mirada aún había humanidad.
-Te prometo que, aunque no entiendo qué te ha pasado, no te voy a abandonar, lo superaremos… -dicho eso ella tomó su rostro con delicadeza-: estaremos juntos, amor.
Y Frank sonrió, sus colmillos resaltaron mientras sus lágrimas de sangre aún caían por sus mejillas, y lo último que vio de su esposa fue la hermosa sonrisa con la que intentaría recordarla toda su vida… justo antes de que su creadora, su diosa, se desligara de las sombras con su disfraz de niña.
“Es ella, es la niña”
pensó y gritó, maulló, suplicó e hizo todo lo posible para decirle a su esposa que fuera a por los niños y huyeran tan lejos como pudieran, pero todo lo que ella escuchó fueron aullidos de un casuario enfermo, era como escuchar a un animal agonizante intentando comunicarse penosamente con ella.
-Que terrible decepción me provocas, mascota.
-suspiró la niña de ojos y cabello carmesíes, con una fea vestimenta que le hacía parecer que había salido de un hospital psiquiátrico, su rostro y aspecto eran hermosos, una perfección bien pronunciada a pesar de lo peculiar de su apariencia-.
Pero, bueno, por eso es por lo que hacemos experimentos… Debo ver qué necesito cambiar en los próximos sujetos para que no me salgan sentimentalistas.
La mujer quedó paralizada por la belleza de esa criatura, pero en su expresión había una insensibilidad indescriptible, no parecía ni perturbada ni inquieta, estaba tan inmersa en sus pensamientos que poco le importaba si realmente alguno de ellos notaba su presencia… Pero ella supo que algo no estaba bien porque Frank estaba alterado, su piel pálida se erizó, el frío de la habitación que se había percibido antes ahora incrementaba a niveles inhumanos, la presencia de la niña bastaba para que todo se congelara como si al dar sus pasos la tierra sollozara.
Sus brazos estaban envueltos en la criatura en la que se había convertido su esposo, no era necesario ser un genio para darse cuenta de que esa pequeña, que aparentaba ser apenas un poco mayor que su hija, tenía algo que ver con la metamorfosis del hombre.
- ¿Quién eres? -cuestionó con una voz ronca por el miedo-
Ruby desvió la mirada hacia la mujer, sin sonreír o mostrarle alguna expresión porque creía que no lo merecía, y habló con una voz profunda que hizo eco en todas partes:
-Soy tu diosa, bolsa de sangre.
-entonces levantó su mano para rozar su mejilla-
Al principio no parecía haber hecho más que tocarla, quizás solo le interesaba intimidarle con su toque, pero de pronto la piel de la mujer comenzó a enrojecer y arder, había fuego debajo de su carne y entre sus músculos; solo fue una molestia que rápidamente fue escalando hasta convertirse en un dolor indescriptible, miró directamente a Frank, y sus ojos se estaban llenando de sangre al punto en que se volvieron dos esferas flameantes.
Él maulló y gimoteó, pero las suplicas pasaron inadvertidas mientras Ruby se inclinaba para tomar una rebanada de pizza del suelo y comérsela mientras la mujer a sus espaldas comenzaba un proceso que le gustaba considerar como una pequeña implosión; los músculos se contrajeron hasta aplastarse unos contra otros, los huesos se fracturaron en pequeños fragmentos que atravesaron su propia piel, y sus pulmones se llenaron de sangre que rápidamente comenzó a brotar por su nariz y boca, convirtiéndola en esa bolsa de sangre que Ruby le había llamado, poco a poco la piel se le abrió en pequeños agujeros que se parecían a la lepra.
Dejó escapar un horrido grito de dolor antes de sucumbir en los brazos de su esposo, sus globos oculares estallaron y en su lugar solo quedó un vacío carmesí, era como ver al abismo y que este les devolviera la mirada, de alguna manera el hombre pudo entender que era una visión del alma de la niña frente a ellos, o, mejor dicho, de la aberración que intentaba parecer un alma humana.
Esa parodia agonizante de la mujer, cuyas cuerdas vocales fueron destrozadas, se convirtió en una amalgama de pura carne y sangre, no era más que un trozo listo para el asador devorada por cientos de parásitos que la niña propagó por su cuerpo.
Sollozaba con lágrimas de sangre, pero la muerte no la proclamó inmediatamente a pesar de todo el dolor por el que pasaba, su esposo podía ver que la niña había prolongado su vida solo lo suficiente para hacerla sufrir como si mereciera ese castigo, no entendía por qué la odiaba tanto como si le hubiera hecho algo, todo lo que pudo entender era que la odiaba a pesar de ser su creadora y no podía dejar que siquiera considerara hacerles lo mismo a sus hijos.
-F-Frank… -suspiró lo que quedaba de la voz agónica de su esposa-. Me duele…
Frank aprovechó sus nuevas habilidades, se dijo que, si tenía que ser un monstruo al menos intentaría atacar a un monstruo mucho más despiadado, e intentó arrojarse sobre la niña que había terminado de comer su rebanada de pizza, pero sus esfuerzos se vieron interrumpidos cuando ella tocó su cabeza y deshizo la piel del hombre como si fuera un disfraz.
Despellejado y humillado, el hombre fue convertido en una simple bolsa de carne que respiraba con gran dificultad, cada tacto se volvió un infierno y hasta la fría brisa de la noche que cruzaba por la casa lo torturaba, la niña se regocijaba, pero rápidamente parecía decepcionada una vez más.
-Es una pena, pero solo eras el sujeto número uno después de todo, quizás si extirpo el sistema límbico en los siguientes ya no serán tan sentimentales, debo seguir haciendo pruebas.
-dicho eso miró nuevamente a la mujer-.
¿Sigues viva? ¿Por qué no mueres de una vez? Iré a jugar un poco con sus hijos, quizás sea algo divertido usarlos para mis próximas pruebas.
Dicho eso ella se desvaneció tras subir por las escaleras dirigiéndose a las habitaciones, buscaría cualquier cosa que pudiera saciar su curiosidad y calmar su decepción.
El hombre se había convertido en una bestia, pero ni siquiera así tenía el poder suficiente para hacer un cambio, sus esfuerzos para salvar a su familia de sus propios errores terminaron por convertirse en su condena, después de atraer a un depredador letal e insensible como esa niña no había duda de que los demonios eran reales y podían ser tan hermosos como los ángeles.
Había muchas cosas que jamás entenderían en la vida, algo que jamás podrían controlar por su incapacidad humana, una de esas cosas era por qué las personas inocentes llegaban a sufrir las peores consecuencias, Frank había atraído la atención de un monstruo solo porque lo habían contactado con falsas promesas de salvación… Se suponía que solo debía ser una pequeña prueba de sangre, ¿Como había terminado convirtiéndose en el asesino de su propia familia?
Dejó caer la cabeza a un lado, viendo el rostro demacrado de su esposa que seguía llorando lágrimas de sangre, no lo volvería a ver y él no podría volver a tocarla, el llanto de sus hijos impregnaría la casa en los últimos segundos de vida de sus padres, y Frank moriría sabiendo que él los había abandonado, pensando que todo había sido su culpa por atraer a una bestia sanguinaria con rostro de niña.
-Lo siento… -pudo susurrar, recuperando por un momento su voz humana-