El fantasma carmesí 14
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- ¿Muchachos? Traje pizza, de su favorita.

-llamó con un tono bastante agridulce, aún extrañaba a Frank a pesar de su adicción al juego, pero intentaba ocultar su melancolía detrás de la felicidad proferida por sus hijos-

Pero nadie respondió a su llamado, la casa se hizo espeluznante como un mausoleo, había algo extraño, una madre soltera sabía que el silencio era lo más extraño que podía esperar al regresar a casa, era la cosa más aterradora que podía percibir después de una vida tan ruidosa.

Entonces dejó la pizza en el comedor antes de subir por las escaleras directamente a las habitaciones de sus hijos, sabía que no podía esperar algo bueno, quizás habían hecho algún desastre en el baño o la cocina, pudieron invitar a algunos de sus amigos sin permiso, pero en ese momento todo posible enojo que pudiera surgir se veía sepultado por la preocupación que el silencio representaba para su vida.

Cuando una madre conocía muy bien a sus hijos podía saber cuándo algo malo había sucedido aún sin necesidad de tenerlos de frente, quizás era un sexto sentido natural que solo existía con ellos, porque cuando eran tan jóvenes el ruido era casi una sinfonía de vida para ella, un recordatorio de que seguían juntos como una familia de tres desde que su esposo desapareció.

Había algo importante en su unión, en el recordatorio de que siempre se tendrían el uno al otro a pesar de la adversidad, por eso quería verlos, escucharlos, saber que a pesar del silencio sepulcral que albergaba su pequeña casa aún estaban con vida.

Primero fue con su hijo mayor, un chico de dieciséis años que se destacaba en las clases de literatura y tenía tendencias a escribir muchos poemas e historias cortas en sus ratos libres, según sus profesores tenía potencial para convertirse en un escritor al nivel de Stephen King si se lo proponía.

El muchacho yacía dormido en su cama como de costumbre, con su franela de manga larga por el frío del otoño, e incluso su tenue respiración salía en pequeñas nubecillas blancas, era un gran alivio para su madre quien cerró la puerta con delicadeza para dejarle descansar para luego marchar a la habitación de su hija.

La niña tenía ciertos rasgos físicos parecidos a su madre, estaba encaminada a convertirse en una señorita muy atractiva sin los bosquejos de vejez que clamaban el rostro de la mujer, era algo que admiraba de su hija porque no tenía las mismas cicatrices emocionales que ella, por eso era una pequeña tan hermosa a sus trece años; destacándose en la música y el arte, sería alguien talentosa desde su juventud, y nada le faltaría porque su madre estaría para ella.

“Duerman bien, mis tesoros”

pensó con una sonrisa agradecida por tener a sus hijos por otro día, eran su motor y combustible para seguir adelante, sobre todo en esas noches cuando creía que ya no podía más.

Suspiró y cerró la puerta antes de volver sobre sus pasos, la puerta principal estaba abierta, fue lo primero que captó su atención en cuanto recorrió con la mirada todo aquello que podía ver en la misma sala gélida… Recordaba perfectamente haber cerrado con llave, siempre lo hacía, la precaución de una madre soltera superaba con creces el cansancio de un turno de doce horas y una pésima noche de sueño de menos de seis horas, pero siempre había una primera vez hasta para los accidentes, por lo que simplemente se limitó a cerrar la puerta nuevamente.

-Creo que será una noche de pizza para uno, me serviría apartar algunas rebanadas para el desayuno de mañana.

-suspiró para sí misma, tomando asiento para cenar sola-.

Brindo por otra noche sin ti, Frank, donde quiera que estés, espero que estés bien… Te extraño.

Dicho eso disfrutó de una rebanada por sí misma, no era su sabor favorito a diferencia de sus hijos, pero el estómago vacío no tenía preferencias y cualquier sabor la despojaría de la amargura con la que lidiaba al revivir esos días en los que eran una familia completa, jamás pensó en cuán difícil era seguir adelante sin el apoyo de alguien que la amaba, era difícil siquiera considerar la idea de ser vulnerable delante de los niños, tenía que ser fuerte por ellos.

Pero Frank era comprensivo, le permitía llorar cuando lo necesitaba, podía mostrar su debilidad sin miedo a que la juzgara, quizás tuvo ese defecto de malgastar dinero de vez en cuando, sin embargo, sabía que su corazón estaba con ellos, siempre actuaba como si fueran lo mejor que les había pasado en la vida y estaba agradecida por ello… Esos momentos eran cuando lo extrañaba más que nunca, y deseaba volver a verlo una última vez para preguntarle qué había sucedido realmente, quería escuchar su historia.

Era en esos momentos donde creía imaginar la presencia de Frank, podía sentir como la miraba desde las sombras como solía hacerlo antes de ir con ella para consolarla, esperando la oportunidad perfecta para apoyarla.

Era normal que su mente la engañara con una ilusión de las cosas que anhelaba, solía jugarle esas bromas tan crueles, aunque en el fondo sabía que era bastante masoquista seguir viéndolo en las sombras, él no estaba allí, esa figura tan alta como un árbol y fornida como una roca no podía ser real, solo era su melancolía convirtiéndola en una mujer bastante lamentable.

Se preguntó si esa condición iría empeorando hasta volverla una anciana senil que le seguía llorando a un hombre que nunca volvería a ver, y siempre se cuestionaría si acaso se había ido por algo que dijo o hizo, tristemente, jamás sabría que su esposo se había ido por falsas promesas de pagar sus deudas y darle dinero a su familia, y para cuando llegara el día de su muerte seguiría pensando que hizo algo para provocar que se fuera de casa: moriría sintiéndose culpable por su esposo, culpable por no hacer más por sus hijos.

Sin embargo, el sentimiento de ser observada no se desvaneció, perduró e incrementó hasta que tuvo la certeza de que él estaba allí… Esa sombra alta y fornida no era producto de su imaginación, su esposo estaba mirándola desde la cocina con sus ojos de color café oscuro, inmediatamente se levantó de su silla anonadada e incapaz de decir algo después de tanto tiempo.

-Frank… -su voz era casi una súplica ahogada, estaba rogando que fuera real y no producto de su imaginación desesperada por su pareja y amigo-

No respondió, pero sabía que la había escuchado porque dio un pequeño paso hacia delante, las sombras aún cubrían casi todo su cuerpo de modo que su rostro seguía siendo un misterio.

-Frank… -repitió su nombre, pero esta voz no suplicaba, sino que acentuaba con alegría, convenciéndose a sí misma de que finalmente había vuelto aquel que amaba-.

¡Volviste!

“Sí, querida, él volvió”

alguien susurró desde la oscuridad, era la voz de una niña, pero no pudo siquiera pensar de quien podría tratarse porque Frank, o lo que ella había confundido con su esposo, dio otro paso para revelarse bajo la tenue luz de la luna que se filtraba a través de las ventanas, y todo el alivio que la invadió quedó sepultado para convertirse en terror absoluto.

El hombre estaba desnudo, pero ya no poseía órganos sexuales, era como ver un maniquí teñido por una capa de costras blancas que se expandían y resquebrajaban con cada paso, en lugar de dedos tenía garras y en lugar de boca había un hocico infestado por dientes alargados como navajas que sobresalían de los espacios vacíos sin labios, por alguna razón pensó en la vieja película de Nosferatu: ese vampiro nada tradicional en el concepto de lo atractivo que muchas películas hacían creer a la gente, este vampiro era nauseabundo, con ojos rojizos como poseídos por un fuego infernal, con colmillos torcidos como navajas oxidadas y garras largas como las de un oso perezoso.

Hubo silencio por un instante mientras la criatura, que tenía apenas un vago rastro de hombre, y un todavía más vago rastro de Frank Parker en sus facciones, emitió un sonido que se parecía al horrido graznido, si es que le podía llamar así, de un casuario; la mujer inmediatamente dejó salir un alarido de terror por la criatura frente a ella e inmediatamente retrocedió hacia la mesa y levantó una de las silla sobre su cabeza para arrojarla a la criatura, pero destrozó la superficie con un simple golpe de sus garras antes de arrastrarse por el suelo incrustando sus garras con rapidez, moviéndose con una velocidad excepcional a pesar de su tamaño.

Pensó en el arma que Frank solía guardar, un revólver que siempre tenía balas en sus cilindros, pero ella había vendido esa arma cuando él desapareció, sus hijos debían comer y aún no había conseguido ningún empleo, ahora comenzaba a arrepentirse por despreciar las armas de fuego.

Pateaba y golpeaba, le lanzaba todo lo que estuviera a su alcance aprovechando que podía notar que la criatura estaba jugando con ella, cualquiera que fueran sus intenciones, si comerla o matarla a secas, se divertía en el proceso.

No tardó mucho para caer, arrastrada por las garras que se envolvieron e incrustaron en su tobillo, destrozando el hueso con gran facilidad, y su grito inundó la casa; se sostuvo del mantel de la mesa, la deliciosa pizza para el desayuno de sus hijos cayó desparramada sobre el suelo, la criatura usó aún más sus garras para tirar de la mujer hasta tenerla bajo su merced.

- ¡No, por favor! -rogó mientras tomaba la pata de madera que había quedado después del golpe, y la usó para evitar que la criatura la mordiera con sus colmillos-.

¡Por favor, no, por mis hijos!