El fantasma carmesí 13 #8
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Eso también le alegró mucho al doctor, quien encendió el estéreo del coche para escuchar juntos melodías relajantes de jazz para sobrellevar el camino que les deparaba.

“Oye, hermano mayor, hoy llevaré mis experimentos a cabo, te haré sentir orgulloso”

fue el comentario que Arthur eligió ignorar, el mismo que vino a su mente al mismo tiempo en que la descarga eléctrica azotó su cuerpo, la voz de Ruby que le susurraba al oído a pesar de la enorme distancia que había entre ellos; mientras que la luz llenaba el corazón y la mente del muchacho para la niña no había más que oscuridad, una maldad tan antigua como la humanidad con un toque de posesividad que giraba en torno a su figura.

Ruby se hallaba en los laboratorios, aunque nadie lo sabía ni la veía, caminó entre los pasillos dando pequeños saltos mientras tarareaba una melodía infantil y miraba en todas partes a esos hombres de batas blancas que seguían experimentando con la sangre que habían sacado del sujeto I.

Le desagradaba mucho ver como usaban la sangre de su hermano para sus propios fines, buscaban crear antídotos y curas para las enfermedades para en un futuro no tener que depender de ellos nunca más, también buscaban crear armas biológicas sin emociones para ya no tener que depender de los sollozos y las dudas del mismo sujeto, todo lo que veía giraba en torno a lo que su hermano podía darles, algo ligeramente irritante para Ruby.

No obstante, nada de eso le importaba realmente, había algo más en los laboratorios, algo que clamaba por ella porque estaban listos para salir, se habían estado preservando como huevos incubados por una araña, y ansiaban salir para hacer todo para lo que habían sido creados.

Ruby recorrió el primer piso de los laboratorios, donde los voluntarios solían descansar para las pruebas a las que eran sometidos con falsas promesas de ser sacados de la pobreza o ser curados de sus enfermedades, su hermano tenía una mente muy pequeña cuando se trataba de los laboratorios, él creía que eran el centro de todo desde el principio, pero la niña sabía la verdad, había algo más que ni siquiera los eruditos podían comprender, y se hallaba en esas salas secretas monitoreadas todo el tiempo.

Cuando ella cruzó como un fantasma intangible la gruesa puerta de hierro se halló de cara con uno de los capullos de carne que se incrustaban en el suelo, con membranas de sangre que se extendían a lo largo del suelo, cuando ella caminó sobre ellas la sangre obedecía a su reina y abrían pequeños espacios donde podía andar sin mancharse en absoluto.

Ruby se acercó hasta ese capullo, se aseguró de producir estática para que las cámaras de vigilancia no la captaran mientras tanteaba sus dedos sobre la superficie de carne, explorando y estudiando con su tacto todo lo que albergaba su interior.

Había alguien dentro, pero no era una persona en absoluto, lo que solía llamarse con el nombre de Frank Parker no era más que una carcasa de su antiguo yo, esa criatura ya no era humana, no tenía memorias de su pasado y mucho menos un pequeñísimo rastro de lo que fue en su momento antes de entrar a ese laboratorio maldito.

Ruby se había asegurado de entrar en sus recuerdos para purgar al débil humano que había allí; un hombre que redondeaba los cuarenta años, consumido por las deudas de su vida, cubierto en desgracias por decisiones terribles, no existía más que la palabra para recordar todo lo que fue, porque ahora había algo diferente… algo superior.

Ruby sonrió cuando observó una enorme garra que se posicionó al otro lado de la pared de carne, tocando el punto exacto en el que ella dejó caer su mano con suavidad, y se aseguró de alimentarlo con su sangre para que siguiera creciendo, orgullosa de lo que su hermano había creado indirectamente mientras ella se encargaba de preservar esa creación.

Podía sentirlo, la criatura con nueva vida tenía mucha hambre de carne, quería salir de su encierro al igual que sus hermanos para comerse a los científicos, Ruby no supo ver si tenían el vago recuerdo del dolor que habían pasado en sus vidas humanos y eso impulsaba su odio, o si solo era producto de su nueva naturaleza, pero podía sentir cuanto caos deseaban desatar en el mundo.

-Sí, bebé, sé que ya quieres salir, pero aún debo hacer pruebas para estar segura de que me servirán.

-confesó la chica mientras acariciaba el capullo de carne-.

La experimentación es la madre del éxito, después de todo, ¿Qué sería de mí si no hubieran experimentado con el hermano mayor?

Su mente divagaba en las posibilidades una vez que encontraran el escenario perfecto para probar a sus mascotas, un escenario donde pudiera poner a prueba la letalidad de su naturaleza, así como la insensibilidad de su corazón frente a las víctimas más inocentes, no quería tener mascotas desobedientes que dudaran en hacerle daño a las personas que más amaban… Por eso, una idea llegó a su mente, y el viejo Frank Parker le ayudaría a concretarla.

El invierno comenzaba, pero el otoño aún no acababa, el viento era frío al arrastrar las hojas teñidas de café como el recordatorio de que el tiempo no se detenía para nadie, no había forma de parar esa marcha letal en que los seres amados abandonaban la tierra para partir a un lugar misterioso, muchos querían seguir creyendo que había un paraíso después de la muerte, un consuelo por todo lo que había sucedido en sus vidas mortales.

Después de todo, la presencia de los ángeles había hecho que la Fe se reforzara para la mayoría, había más razones para creer y no para flaquear su voluntad frente a los crueles acontecimientos que les hacían cuestionarse si habían hecho algo para merecer la miseria.

La familia Parker se había visto sacudida con la desaparición del padre de familia, su esposa y dos hijos habían carecido de mucho a causa de su adicción al juego, intentaba ser bueno, pero su inmadurez financiera se lo impedía plenamente.

Cuando desapareció no tardaron mucho en reportarlo como tal, después de todo estaban acostumbrados a que fuera el único sustento de su hogar, era lo más común para una familia tradicional, pero esa misma dependencia les había costado mucho cuando ya no estuvo para ellos, el padre desamparó a sus hijos y nunca supieron la razón… Fue como si de un día para otro la tierra se lo hubiera tragado, jamás supieron de su postulación secreta a cierto laboratorio que lo había usado como a otros tantos para diferentes pruebas genéticas.

Sin embargo, en la adversidad se aprendía mucho de sí mismos y sus capacidades, en la escasez el ser humano buscaba alternativas para sobrevivir, y así lograban todo lo que se proponían para seguir adelante y triunfar.

La mujer aprendió diversos oficios para cuidar de sus hijos, ahora como madre soltera tenía otras oportunidades y ayudas que nunca habría imaginado cuando estaba con Frank, algunos oficios más desagradables que otros, pero sin duda le ayudaban a poner el pan sobre la mesa casa noche y enviarlos al colegio en días de clases, pero las vacaciones eran su época favorita porque podía pasar más tiempo con ellos después de haber sido sobreexplotada.

Era una noche preciosa para pasar el tiempo juntos, una de esas noches otoñales en que los niños deseaban que su padre siguiera con ellos, después de pasar varios días sintiéndose culpables por su desaparición tener un momento de paz en que había calma y silencio era una bendición para todos.

La madre había comprado una pizza para cenar, pollo con champiñones, la favorita de sus hijos, y esperaba comer mientras miraban alguna película, tal vez estaba muy cansada para seguir despierta toda la noche, pero no lo suficiente para dejar pasar la oportunidad de escucharlos.

La casa estaba más fría y solitaria de lo normal, era muy extraño tomando en cuenta lo ruidosos y unidos que llegaban a ser los chicos con sus videojuegos, no era algo común pues ya acostumbraban a recibirla despiertos, aunque llegara tan tarde por la noche.

Una vez dentro los buscó con la mirada, pero no halló nada más que oscuridad, de pronto el otoño se convirtió en invierno por el frío tremebundo que la casa parecía albergar con cada paso que daba, cada respiro emanaba como un brote de hielo, estaba tan cansada que jadeaba constantemente y dejaba escapar su alma en pequeños fragmentos.