13 #6
Pero, sabes, esa fea ropa no resalta lo bonito que eres, necesitas algo más de tu estilo, pareces salido de un manicomio.
No supo qué responder, siempre había tenido esa ropa, solo se la quitaba cuando se bañaba o cuando Ruby lo forzaba a hacerlo, no es como si tuviera sentido de la moda o de vestimentas apropiadas para ciertas ocasiones.
No hizo falta decirlo en voz alta, Cassandra estudió su figura de pies a cabeza para pensar en qué estilo podría servirle, con su cabello carmesí natural tenía un aspecto bastante peculiar, era un color vibrante que podía resaltar hasta en la oscuridad, debería usar ropas oscuras para contrastar ambos polos de la profundidad de esas tonalidades.
-Creo que en el armario de mi hermano debe haber algunas prendas que puedan servirte, no creo que a mis padres les moleste regalarte algo, tienen cara de querer adoptarte si pudieran hacerlo.
-confesó con una sonrisa bastante pícara por la loca posibilidad de tenerlo como hermanastro-
- ¿Tienes un hermano? -cuestionó impresionado-
La expresión de Cassandra pareció tornarse un poco melancólica con su pregunta, supo inmediatamente que no era algo que podía hablar con tranquilidad, su propia respuesta era algo que la inquietaba profundamente por los malos recuerdos que no siempre estaban ligados a su propia enfermedad, había otras situaciones que despertaban esa extraña tristeza que el chico percibía en su hermoso rostro; ella se limitó a asentir mientras intentaba superar el sentimiento que quedaba cuando algo malo pasaba por su mente y se iba con la misma velocidad con la que venía, era la clase de sentimiento que casi siempre poblaba la mente de Arthur.
-Lo tuve… -confesó finalmente, pero inmediatamente sacudió su cabeza antes de recuperar su sonrisa de siempre, aunque se notaba algo forzada-.
Pero, no te preocupes, estoy segura de que podré conseguirte algo de ropa para mañana, primero debo hablar con mis padres y elegir el conjunto correcto para ti, me pasaré toda la noche escogiendo la mejor ropa si es necesario.
El comentario no pasaría desapercibido por Arthur, ya tendría otra oportunidad para preguntarle, sentía demasiada curiosidad como para ignorarlo porque la expresión de Cassandra estaba lejos de parecerse al disgusto y al temor que el chico siempre sentía cuando se trataba de Ruby, a diferencia de él, en ella sí podía notar cierta tristeza al referirse a su hermano en tiempo pasado, como si realmente lo extrañara en lugar de aborrecer el recuerdo de su presencia; había algo que aún no estaba lista para compartir, pero sin duda habría un momento en que realmente quisiera decir lo que guardaba en su corazón, después de todo eran amigos y ellos tendrían la confianza necesaria para decir lo que realmente sentían.
-Por ahora, ¿Quieres hacer algo diferente? -preguntó con el mismo optimismo de antes-
-Creo que solo quiero seguir escuchar música contigo, me gustan esos ritmos.
A Arthur también le gustaba el rock, era bastante sorprendente tomando en cuenta la actitud pasiva del muchacho y como parecía decantarse por los ritmos suaves, pero él los disfrutaba ambos con sinceridad, era como verse reflejado en el contraste entre la calma y la agresividad que se debatían en su interior, ninguna podía existir sin la otra conviviendo eternamente en una danza de armonía y desprecio.
Arthur cerraba sus ojos mientras disfrutaba de cada canción de cada banda que Cassandra compartió con él, era algo tan íntimo para ella poder abrir su corazón con él para mostrarle todo lo que le gustaba hacer y escuchar, sobre todo porque correspondía sus hobbies en lugar de juzgarlos.
Se vio a sí mismo bailando entre la calma y la violencia que los ritmos producían en su corazón, a veces en la calma encontraba cosas aterradoras y en la violencia encontraba la belleza del caos, como si pudiera verse en medio de una batalla de proporciones épicas por ganarse su corazón; también pensó en Ruby, ella era bastante calmada, pero tan aterradora como el demonio más cruel y ni siquiera su enfermizo amor por él podía sosegar esa malicia en su corazón, su desprecio por la humanidad como criaturas inferiores, su deseo de poseer a Phantom como una especie de mascota para engendrar seres horripilantes como ella; ella era el jazz, porque era calmada y profunda, era sumamente inteligente, pero malévola.
Cassandra por otra parte era enérgica, bastante expresiva e impulsiva desde que se había curado, todo lo que hacía era con entusiasmo y alegría como si fuera el último día de su vida; ella era el rock, enérgica y vivaz, con sus ritmos acelerados, pero tan significativos que en varias ocasiones se dedicaba al amor y la unión, a una realidad que él también podía conocer a través de la energía que los instrumentos y las voces le transmitían.
“Su alma es música, y canta para mí”
pensó conforme el tiempo avanzaban y disfrutaban de la música juntos, bailando y disfrutando, cantando un dueto mientras comían galletas y bebían jugos de naranja.
Esos, sin saberlo todavía, se convertirían en los mejores momentos en la vida de Arthur, momentos que atesoraría de por vida mientras aún no supiera cuanto podría vivir realmente a través de sus propias habilidades, amando cada instante que pasaba junto a su amada Cassandra.
El día transcurrió y Arthur amó cada segundo que convivieron, amando estar allí para Cassandra y ella para él; para cuando llegara el momento de partir lo haría con una sonrisa porque siempre tendrían el mañana, quizás el tiempo podía ser traicionero cuando llegara el momento de decir adiós definitivamente… Pero eso no tenía que pasar todavía, ese momento llegaría como todo en la vida, hasta entonces tendrían mucho por disfrutar.
“Siempre estarás en mis recuerdos, aún si no estás en mi presente”
pensó en el momento en que la vio reír por sus propias anécdotas, y cuando lo hacía su rostro se iluminaba enormemente a diferencia de la palidez que lo poblaba cuando la enfermedad lo invadía, y esa sería por siempre la expresión con la que recordaría a Cassandra cuando ya no estuviera con él.
Cuando Sullivan lo llamó para irse él se levantó sin rechistar, pero inmediatamente fue interrumpido por la chica quien lo envolvió con sus brazos antes de que pudiera marcharse.
Su abrazo estaba cargado de alegría, parecía complementarse cuando estaba con él, envolviéndolo de una manera que podía pensar que realmente no había nada más en el mundo para ella, excepto Arthur, él era todo lo que siempre había querido y se había convertido en lo más preciado para soportar una carga que todavía no podía expresar, era aquel ángel que la visitaba en sus sueños más inquietos para traer calma.
-Volveré mañana.
-aseguró con una sonrisa-
-Lo sé, y te extrañaré cada segundo hasta que vuelvas.
-confesó con un suspiro mientras lo dejaba ir, y parecía que quería decirle algo más, pero Cassandra sabía que no era bueno apresurar las cosas, se tomaría el tiempo para disfrutar de su compañía y decirle lo que sentía-
“Y yo a ti…”
susurró, y el sonido llegó a ella, jamás podría negar que sus palabras, por más cortas y tímidas que fueran, lograban tener impacto en su corazón por todo lo que representaban para Cassandra, lo que significaba tener a alguien tan puro a su lado.
Arthur le sonrió, no tomó demasiado porque sabía que tendrían más días para estar juntos, más días para escuchar la música de su alma cantando para él, su hermosa amiga de ojos castaños como las hojas del otoño, y volvería a sonreír cuando escuchara el sonido de su voz pronunciando su nombre una vez más.
Incluso tras cerrar la puerta de su habitación siempre intercambiaron miradas, se sintieron conectados más allá del nivel de un abrazo o un beso, estaban más allá de todo eso, él podía sentir la profundidad de cada sentimiento resoplando entre sus pensamientos, y en el centro estaba Cassandra suspirando su nombre de una manera tan especial que no podía dejar de sentir calor en sus mejillas y su pecho.
En la puerta principal Aurora Fiore aguardaba junto a Sullivan, ambos adultos esperaban mientras hacían conversación.
- ¡Papá! -saludó mientras bajaba los escalones e iba corriendo a los brazos de Sullivan para abrazarlo-
-Hola, pequeñín, ¿Te divertiste? -preguntó mientras sacudía su cabello-
- ¡Escuchamos mucho a Queen! ¡Papá, me encanta el rock, quiero ser una estrella de rock como Cassandra! -exclamó con entusiasmo-
Sus palabras hicieron reír a ambos adultos por la emoción con la que lo decía, Sullivan ya sabía que la chica era bastante ruda y se decantaba por los géneros más pesados, Aurora y él habían compartido bastante mientras tomaban su hora del té para conversar sobre cosas triviales, entre los temas discutidos tomó mucha relevancia su capacidad paternal y cuanto debían aceptar de sus hijos a pesar de no siempre estar de acuerdo con todo, entre todo eso era la dedicación de Cassandra por convertirse en estrella a pesar de que no era algo muy apropiado para una jovencita según su propia madre, pero lo aceptaba porque la amaba.
-Bueno, estoy seguro de que tendrías mucha destreza con la música, ya veremos con qué instrumento podrías empezar.
-confesó el hombre con una sonrisa amigable, aunque en el fondo no sentía que pudiera ayudarlo con ese deseo infantil-
-Entonces podrías practicar seguido con Cassandra y formar una banda, quien sabe lo lejos que puedas llegar, bambino.
-agregó Aurora mientras se inclinaba a su altura para despedirlo con un pequeño abrazo-
Poco después Sullivan y Arthur ya se encaminaban al auto que aguardaba en la entrada de la mansión, se despidieron con gestos amistosos de Aurora quien se había quedado en la puerta, el doctor pensó que era extraño que Cassandra no bajara a despedirse del chico, pero lo atribuyó a que probablemente ella estaba haciendo otras cosas en su habitación después de que se marchara, sin tener la menor idea de lo que ella planeaba hacer para sorprender a su amigo cuando se volvieran a ver al día siguiente.