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La chica mostró una sonrisa mientras lo tenía tan cerca, su calor corporal era más notable que el de una persona normal, pero su rostro era frío contra su hombro, como si pudiera cambiar y ser lo que ella le pidiera, estaba allí para cumplir sus sueños, para ser todo lo que alguna vez había pedido en una persona.
Alguna vez soñó con él, o tal vez solo era un recuerdo alterado producto de su presencia dentro de su mente cuando la curó de su enfermedad, pero en ese sueño él había estado en cada momento en que alguna vez necesitó de una mano amiga: estuvo presente cuando tuvo su primera visita al hospital, cuando el dolor se hacía insoportable en pleno salón de clases y también lo estuvo cuando fue a ver su primer recital de balé.
-Sé que es extraño… no quiero hacerte sentir incomoda.
-Nada de lo que hagas me hará sentir incomoda, te prometo que también me gusta nuestro primer abrazo de amigos.
-confesó la chica mientras pasaba una mano suavemente por su cabello carmesí-
-Cuando me preguntaste si tengo algún amigo te dije que no tenía ninguno, pero ahora que estás conmigo no me quiero separar de ti jamás.
-al decirlo apartó la cabeza para mirarla directamente a los ojos demostrando que hablaba en serio, mientras su dulce sonrisa de niño daba peso a sus palabras de corazón-.
Cassandra, quiero que siempre estés en mi vida.
La chica no pudo evitar ruborizarse, pero intentó mantener su actitud despreocupada a pesar de que en el fondo estaba profundamente conmovida y entusiasmada por escuchar esas palabras del chico por el que comenzaba a desarrollar sentimientos.
-Bueno, tontito, solo debes seguir siendo tan gentil y caballeroso como eres, jamás me perderás.
Él también mostró la misma sonrisa, la expresión que los conectaba con una profundidad indescriptible, no hacía falta palabras para saber que ambos sentían lo mismo en ese momento, ni siquiera Arthur necesitaba usar de sus poderes para saber que había un deseo en su mirada, Cassandra concebía una idea bastante peculiar que nunca se habría atrevido a decir en voz alta porque temía que pudiera equivocarse, pero en ese breve instante en que intercambiaron miradas sabían exactamente lo que realmente querían.
Sus ojos carmesíes estuvieron conectados con sus ojos castaños, eran tan parecidos a pesar de las diferencias, junto a ella realmente se sentía más humano que nunca, porque los latidos de su corazón delataban que había mucho más por lo cual vivir, no solo era un niño amando a un padre, también podía ser un chico amando a una chica: Arthur podía ser como cualquier persona, enamorado de la vida, anhelando cada instante que parecía escaparse de entre sus manos cuando creía que lo había perdido todo.
Cassandra era realmente hermosa, sabía que jamás podría hallar una chica tan preciosa como ella, ni siquiera la supuesta perfección de su hermana podía equipararse a la ternura en la figura de la chica humana recostada por debajo de él, envolviéndolo con sus brazos mientras el rubor se apoderaba de sus mejillas cuando el deseo se hizo más evidente al relamerse los labios.
Él movió un mechón de su cabello para descubrir aún más su precioso rostro, y se sintió afortunado por sentir su abrazo tan cálido como el atardecer.
Ella estuvo a punto de decir algo, no obstante, en ese preciso instante Aurora hizo acto de presencia abriendo la puerta con un tazón de galletas en la mano mientras con la otra sostenía el picaporte.
-Cassandra, cara mia, les traje un aperitivo.
-anunció mientras bajaba la mirada hasta el suelo en donde los halló de una forma muy comprometedora-
Su hija estaba debajo de los brazos de Arthur, envueltos en lo que parecía un abrazo demasiado íntimo como para considerar que apenas se conocían, y ambos estaban bastante ruborizados como si los hubiera atrapado en el acto.
Inmediatamente Cassandra se cubrió el rostro, avergonzada por ser descubierta por su madre, temiendo que pudiera alterarse como se esperaría al hallar a su hija entre los brazos de un muchacho bajo el techo de su propia casa.
Aurora tan solo suspiró y mostró una sonrisa indulgente mientras se inclinaba para dejar el tazón en el suelo, esperando no haberles hecho pasar demasiada vergüenza, los adolescentes ya tenían suficiente con sus propios pensamientos como para que otros se los recordaran.
-Ah, el amor joven, siempre tan precoz y descuidado.
-destacó al retirarse-
“¿El amor joven? ¿Es eso lo que sentimos?”
se cuestionó el chico mientras retiraba sus brazos para permitir que su amiga se deslizara para escapar con una velocidad excepcional producto de un momento de suma vergüenza.
- ¡Mamá, toca antes de entrar! -exclamó la chica mientras se levantaba y se sentaba nuevamente en la cama, demasiado ruborizada como para ocultarlo con sus manos, mientras Arthur también se levantaba con su ropa del laboratorio ondeando al hacerlo-
-Lo siento, creo que me excedí con el abrazo.
-confesó el chico con una sonrisa apenada, a pesar de que estaba tan avergonzado como Cassandra él no se arrepentía en absoluto de haber estado tan cerca de ella-
Rápidamente el ceño fruncido se convirtió en una dulce sonrisa cuando él lo mencionó, no le había desagradado en absoluto haber estado tan cerca del chico que le gustaba, además, su contacto era sumamente conmovedor, sentía que necesitaba volver abrazarlo para sentir como llenaba con luz los lugares más oscuros de su mente y corazón.
Pero, eso tendría que esperar, se había prometido que le haría tener un gran primer día ahora que estaban juntos como amigos, por lo que poco después recogió su control remoto mientras lo meneaba suavemente y le devolvía la mirada a Arthur.
Pensó detenidamente en lo que podrían hacer para olvidar ese momento tan vergonzoso, no quería hablar de esa pequeña chispa que ambos habían percibido, como una pequeña descarga eléctrica, aunque esa definición probablemente sería aborrecida por Arthur y en su lugar prefería verla como una conexión más profunda que la carne y la sangre; entonces Cassandra halló el equipo situado justo por debajo de su consola de videojuegos, si había algo que disfrutaba más que jugar era bailar y cantar, sobre todo aquellas canciones que le hicieron compañía en sus días más oscuros.
- ¿Qué tal si bailamos una de las canciones que pediré que usen para mi cumpleaños? -la sugerencia era más una petición para evadir una conversación que podría hacer que su corazón latiera a mil por segundo-
Arthur simplemente asintió, superficialmente le daba igual lo que hicieran siempre y cuando lo hicieran juntos, pasar el tiempo con Cassandra ya compensaba más de la mitad de su vida hasta ese momento.
Entonces vio cómo se levantó frente a él, maravillándolo solo con su presencia conforme el equipo de sonido se hacía presente debajo de su televisor, al ritmo de voces angelicales e instrumentos encantadores.
Eran melodías del pasado que resonaban con grandeza hasta el futuro más lejano, Cassandra bailaba al ritmo, pero también hacía gestos con sus manos para invitarlo a unirse, era una danza bastante personal para ella, algo en lo que sentía que su alma estaba desnuda y solo aquellos que estaban en su corazón podían verla, y no es como si hubiera demasiadas personas además de sus padres, por lo cual Arthur era la persona más importante para ella.
- ¿Sabes quiénes son Queen y David Bowie? -le preguntó, y obtuvo su respuesta al ver su expresión confundida como la de un cachorro al que amenazan con una piedra invisible-: bueno, los estás escuchando ahora mismo, esa canción es mi favorita de toda la vida, me ayudaba en mis momentos más difíciles; under pressure es una canción esperanzadora acerca de que el amor siempre va a ser la solución a todas las cosas horrorosas que vivimos.
La enseñanza se quedaría grabada en la mente del chico a la vez que se levantaba de la cama para acompañar a Cassandra en su danza, era un poco torpe al principio, y ella le recomendó solo dejar que su cuerpo reaccionara al ritmo sin pensarlo demasiado, la música era uno de esos elementos intangibles que al mismo tiempo los podía tocar, era una hermosa ironía que solo debía sentirse con el corazón.
Estaban allí juntos, el amor existía sin necesidad de expresarlo con palabras, era más de lo que podrían decir porque estaba más allá de sus capacidades, ni siquiera el mismísimo Arthur comprendería la profundidad del amor de no ser porque la música y la danza con Cassandra podían compartirle un poco más aquello que siempre había escaseado en su vida.
“Porque el amor es una palabra tan anticuada, y el amor nos desafía a preocuparnos por las personas al borde de la noche.
El amor nos desafía a cambiar nuestra manera de preocuparnos por nosotros mismos.
Este es nuestro último baile. Esto somos nosotros, bajo presión”
las letras llegaban a él, podía sentirlas resonando en su cabeza y pecho, a pesar de que una estrofa se desvanecía y daba paso a una diferente cada una tenía un impacto inigualable, no podía olvidar ni una sola palabra mientras su cuerpo comprendía lo que su mente apenas se esforzaba por aceptar.
Cassandra le sonrió en cuanto notó que él también comenzaba a bailar al ritmo de la canción, estaban en sintonía, parecían uno solo al disfrutar de ese instante como un par de adolescentes enamorándose lentamente de todo lo que podían hacer juntos, eran más de lo que jamás podrían haber imaginado en sus vidas cuando eran individuos diferentes.
En cuanto la música finalizó ambos se tomaron un respiro tomando asiento en la cama una vez más.
-Nada mal para ser tu primer baile, guapo.
-confesó con un ligero suspiro-
- ¿En serio lo crees? -su sonrisa era tan genuina que conmovía a su amiga, de verdad parecía tan esperanzado con la idea de impresionarla que le hacía preguntarse si era porque realmente valoraba su opinión-
-Por supuesto.
-en su voz se notaba el coqueteo, pero Arthur seguía sin captarlo en absoluto y simplemente se limitaba a ser feliz con su respuesta, como si hubiese hecho todo lo posible por su aprobación-.