13 #4
¿Qué estoy haciendo? Debería irme… es lo mejor.
Sin embargo, fuera casualidad o parte del incierto destino de Arthur, la puerta se abrió y una chica con una vestimenta urbana, muy moderna a su parecer, pero bastante atractiva, se presentó mientras cepillaba su cabello corto; tenía algunos mechones teñidos de rojo, la misma tonalidad del chico frente a ella.
Llevaba un par de cadenas que colgaban del collar negro de su cuello y brazaletes en ambas muñecas que se conectaban a los anillos que portaba; su estilo, más que parecer sobrecargado por tantos accesorios y un suéter de cuadros rojos envolviendo su cintura, era lo suficientemente perfecto para resaltar su belleza y juventud, era alguien completamente diferente de la chica enferma a la que había conocido, no había un solo rastro de dolor o amargura en su rostro, era tanto así que incluso llegó a pensar que no era Cassandra.
-Perdóneme por molestarla, me equivoqué de habitación.
-se disculpó inclinando levemente la cabeza con sumisión-
La chica contuvo una leve carcajada mientras tomaba su mano y lo traía dentro de su cuarto.
-Arthur, no seas tonto, soy Cassandra, no hay otra chica aquí.
-saludó en cuanto lo metió a su habitación y cerró la puerta detrás de ellos-.
Estoy tan feliz de volver a verte, justo como deseamos, ¿Verdad?
Él simplemente asintió mientras desviaba la mirada para ocultar su rubor, admitiendo que ahora que estaba tan cerca de ella las dudas comenzaban a disiparse, su mente se aclaraba ante el calor de su compañía y podía apreciar que ella hubiera tomado la iniciativa para ayudarlo a aceptar que realmente eso era lo que necesitaba, la compañía de alguien a quien amaba en secreto.
-Muy bien, entonces estaremos los dos juntos todos los días por las próximas semanas, incluso estarás en mi fiesta de cumpleaños, ¡Estoy tan emocionada de pasar el tiempo contigo!
-Sí, yo también lo estoy, es la primera vez que haré algo así.
-confesó el chico con entusiasmo que supo controlar para no sufrir otra descarga eléctrica, entonces miró todo a su alrededor, hallando en la habitación un ambiente de tranquilidad mucho más palpable a diferencia de la fría tristeza que la albergaba cuando ella permanecía en su lecho-
Cassandra lo invitó a jugar videojuegos mientras comían bocadillos, él admitió que no tenía idea de cómo jugar, pero lo intentaría para pasar el rato con ella mientras ordenaba comida por su teléfono.
La chica lucía tan hermosa con sus prendas y su nuevo color de cabello, se preguntó para qué se habría preparado con tanta dedicación, ¿Acaso ella quería impresionarlo? Dudaba que así fuera, porque no entendería la razón, pero sin duda alguna lo estaba por la tremenda belleza que poseía con tanta naturalidad, verla encender su televisor y consola eran gestos tan simples que de alguna manera conseguían entrar en su corazón.
Sentados en el piso con el televisor frente a ellos, disfrutaron de jugar varios videojuegos cooperativos, por fortuna Arthur podía aprender muy rápido cualquier cosa que se propusiera y pudo alcanzar el mismo nivel de la chica, dejándola impresionada por lo rápido que podía aprender a manejar los controles a pesar de nunca haber tomado uno en su vida.
Estaban jugando Mortal Kombat, el videojuego favorito de Cassandra, poder compartir algo tan personal que amaba hacer, y que antes jugaba sola cuando su cuerpo no le dolía tanto, sobre todo que fuera con Arthur, hacía que fuera algo muy especial.
También comieron varios bocadillos, cuando descansaron sus ojos de la pantalla solo pasaron el tiempo conversando, mejor dicho, Arthur escuchaba todo lo que Cassandra tenía para compartir.
-Una vez, cuando tenía como siete años, un compañero de clases estaba patinando en los pasillos de la escuela, entonces por estar distraído el muy baboso chocó con el equipo de las animadoras.
-Cassandra se moría de la risa mientras sacaba su teléfono y se lo mostraba al chico-.
¡Mira, tengo el video y todo!
En el video, había un chico en su patineta, Cassandra lo grababa desde su silla de ruedas porque ese día la enfermedad ya había consumido parcialmente su cuerpo, el chico hizo una pirueta sobre un barandal y no pudo saltar a tiempo por lo que terminó cayendo encima de un grupo de chicas que estaban practicando su coreografía en el campo de futbol.
- ¡Ese idiota se creía Tony Hawk!
Cassandra soltó una carcajada bastante contagiosa que Arthur también imitó, no le parecía demasiado gracioso el suceso, pero que sí lo fuera para ella era suficiente para que pudiera reír de la misma manera, era bastante entretenido poder compartir algo que tanto le gustaba.
Inmediatamente después sintió como ella dejaba caer la cabeza en su hombro mientras aún reía, recostándose suavemente en él mientras disfrutaba de su propia risa, eso le produjo nervios suficientes para ruborizarse nuevamente mientras ella se calmaba.
-Oh, viejo, sin duda será increíble volver al colegio para seguir riéndome de sus tonterías, ese chico es bastante gracioso.
-confesó, mientras se apartaba al notar que había dejado la cabeza en su hombro-
-Es… ¿Alguien importante para ti? -cuestionó Arthur, dudando de su propia pregunta-
-Bueno, no lo llamaría alguien importante, al igual que los demás, son solo las personas con las que me junto, no es como si realmente seamos amigos muy unidos de toda la vida.
-sus palabras eran sinceras, Cassandra admitió que nunca tuvo demasiados amigos debido a su condición, su incapacidad para asistir a citas o reuniones le costaba muchas horas de interacción social-
Arthur suspiró con cierto alivio, pensar que había alguien más para la chica podía llegar a decepcionarlo, ella notó el gesto y no pudo evitar sonreír, era evidente que a pesar de no crecer como un chico ordinario seguía teniendo las mismas virtudes y defectos que la mayoría, entre ellos que era muy lento para captar las indirectas, además de que su timidez no le ayudaba en absoluto.
- ¿Hay algo más que te gustaría hacer? -preguntó Cassandra con cierto tono seductor que Arthur realmente no lograba captar-
- ¿Podríamos ver una película? Me gustan mucho.
-pidió con cierta timidez-
Cassandra dudó por un momento con una expresión pícara antes de proseguir.
-Yo me refería algo más que pudiéramos hacer juntos… -dicho eso ella dejó caer suavemente su mano sobre la suya, provocando que él se ruborizara-
Lo meditó por un segundo, había algo en su tacto que le causaba escalofríos, su corazón palpitaba con una profundidad semejante al miedo de las noches en que convivía con Ruby, pero ni siquiera el miedo se parecía a lo que sentía en ese momento, que era algo más positivo y cálido, algo que jamás había sentido.
-Podría… ¿Darte un abrazo? -pidió con cierta vergüenza-
- ¿Solo un abrazo? ¿Eso quieres de mí? -ella parecía genuinamente confundida, realmente esperaba que él quisiera algo más porque podía ver el sentimiento en su expresión, algo indescriptible, y esperaba que con mostrarle que sentía lo mismo pudiera dar el primer paso, no obstante, su deseo iba más allá de lo que ella pensaba-
-Es que… no siempre he podido abrazar a las personas, todos me han tenido miedo desde que nací y… estos guantes no me dejan sentir la piel de los demás a menos que sea para curarlos.
-confesó, acariciando la yema de sus dedos enguantados-.
A veces me da miedo lastimar, aunque no quiero hacerlo, pero un abrazo es todo lo que pido.
Ahora ella lo entendía, la conexión entre las personas era diferente para cada uno, podía ver que para el chico no existía tal cosa como dar un paso, al menos no por el momento, todo lo que él anhelaba era sentirse como alguien más, algo que todos daban por hecho era cuan bendecidos estaban de tener la capacidad de conectar con otros, aunque no siempre tuvieran la intención.
Para Arthur ese era un paisaje que solo podía observar de lejos, pero con el que jamás podía interactuar; un abrazo era todo lo que pedía para saber que podía ser algo más que solo un instrumento capaz de sanar la más nefasta de las enfermedades, no lo vio como un tonto por no querer hacer algo más, algo en lo que cualquier otro chico habría tomado la iniciativa incluso sin que ella le diera permiso… No, en lugar de pensar que era infantil por pedirle un abrazo pensó que era lo más genuino que le habían pedido en la vida.
-Quítate los guantes.
-le pidió con gentileza, y cuando le devolvió la mirada confundida soltó una pequeña y dulce carcajada-: ya me oíste, quítate tus guantes y dame un abrazo, guapo.
Arthur sonrió levemente antes de proceder a mover una mano sobre la otra, quitándose sus guantes con ayuda de Cassandra, con ambas manos tan suaves como la seda se sintió desnudo pues era la primera vez que las revelaba para hacer algo más que solo curar a un paciente.
-Ahora ven aquí, prometo que no te soltaré hasta que tu corazón esté satisfecho.
E inmediatamente, como si hubiera estado esperando para escuchar su permiso, él se arrojó sobre ella con cuidado de no lastimarla y la envolvió con sus brazos, ambos estaban en el suelo, era la primera vez que sentía algo parecido, el sentimiento solo se equiparaba a la felicidad que sentía cuando Sullivan lo protegía, ambos eran su lugar seguro en un mundo oscuro, su protección en medio de una tierra inestable.
Sus manos se sostuvieron de la espalda de Cassandra como si temiera perderla, era lo más preciado que tenía en ese preciso instante y no hizo falta usar sus poderes para leer su mente y saber que ella sentía lo mismo, pues sus manos también repasaron suavemente su espalda para sostenerlo con ternura.
“Es como una gran bestia majestuosa, tiene tanto poder, pero por dentro es solo un cachorrito que necesita de un hogar”
pensó, viendo en él algo tan humano, tan puro y precioso, que era indescriptible en todo sentido, era como ver una criatura salida del país de las maravillas, con sus peculiaridades.