13 #3
Observaron el gran reloj de la ciudad, así era como a Arthur le gustaba decirle a esa enorme torre que se parecía a la de un castillo, le devolvió la mirada a Sullivan mientras tomaba fotografías para el recuerdo… Pensó que el lugar no era tan importante, los monumentos históricos y culturales pasaban a segundo plano cuando realmente disfrutaba estar allí por la compañía de alguien que lo amaba, él era quien hacía que algo que era ordinaria fuera especial, porque él deseaba más que nadie que estuvieran allí, deseaba tanto compartirlo con el niño que al final terminaba por convertirse en una ocasión especial y no en un simple recorrido.
Todo lo que hacía por él lo hacía porque lo amaba, porque deseaba estar a su lado, podía sentir como su corazón latía por el amor que sentía; con eso en mente, Arthur volvió a tomar su mano y recostó la cabeza contra su brazo, a pesar de su altura y sus habilidades él solo era un niño sin amor, al menos eso era lo que solía ser.
“Hasta que me encontraste…”
pensó mientras descansaba la cabeza contra Sullivan y suspiraba con alivio, revelando una tierna sonrisa mientras el hombre le devolvía la mirada y acariciaba su cabello, pues incluso si tenía poderes que ningún humano poseía seguía siendo un niño que deseaba ser cuidado por alguien, y finalmente podía estar para él, podía darle lo que todo hijo deseaba.
Faltaba muy poco para llegar, a las afueras de la gran ciudad las hectáreas de bosque se extendían al igual que antes, en esa ocasión ya no estaba dentro de un camión por lo que podía ver con sus propios ojos el resplandor esmeralda de las hierbas y los árboles que se levantaban con tanta vehemencia frente a ellos, y era bastante diferente a tener que usar sus poderes para ver el exterior, usar sus propios ojos le permitía disfrutar con mayor claridad de todo lo que la naturaleza tenía para ofrecerle.
Verlo todo como si fuera un niño normal le hacía desear que fuera eterno, que pudieran perdurar allí por más tiempo para disfrutar de todo el color de un mundo tan basto y hermoso, ignorando los peligros que aún le resultaban desconocidos para ese punto, ya había experimentado ese sentimiento antes: estaba enamorado.
Arthur se había enamorado del planeta, de su naturaleza, de las criaturas que lo habitaban y las maravillas que tenían para ofrecerle, era algo indescriptible, pero pensaba que era algo que todos experimentaban todos los días en todas partes, al menos eso deseaba para que así todos pudieran sentirse como él… Para que él fuera parte de todos al mismo tiempo.
-Ya llegamos… -confesó Sullivan al detener el auto frente a la gran mansión, la cual conservaba aquel aire siniestro que el chico había percibido la primera vez, como si algo se escondiera en sus muros-
- ¡Por fin, podré ver a Cassandra! -saltaba de la emoción mientras llevaba la mano a la puerta-
-Espera, hijo.
La voz de Sullivan parecía una advertencia, preocupado por algo que aún no podía ver, e inmediatamente le regresó la mirada antes de que pudiera bajar del auto.
-Escucha, sé que estás emocionado por entrar, y ellos apenas saben lo que eres en verdad, pero debes intentar controlar tus poderes… Si ellos llegan a ver de lo que eres capaz podrían alterarse.
Arthur arqueó las cejas un tanto confundido por su petición.
- ¿Teme que yo pueda hacerles algo?
-No, hijo, no digo que seas un peligro para ellos, al menos no intencionalmente, no eres como Ruby.
-aseguró, disipando un posible malentendido-.
Lo que digo es que las personas no siempre están listan para conocer algo diferente a ellas, además, no sé cómo reaccionarían si ven que tu collar te produce cierta… molestia, quiero que disfrutes el tiempo que estaremos aquí.
Ahora comprendía mejor, y admitía que Sullivan tenía razón, no quería que pensaran que era un fenómeno y mucho menos que le temieran, no quería hacer las mismas atrocidades que Ruby, pero sabía que las personas se asustaban con facilidad con cualquier suceso fuera de su comprensión, era algo que no podían controlar por su temor a lo desconocido.
Dicho eso, le prometió que no usaría sus poderes, y se prometió a sí mismo disfrutar de su estancia como un chico normal, sus días estarían acompañados por su amor y sus noches por su padre, por primera vez tendría en todo momento la compañía de las personas a las que apreciaba sin la depravada interrupción de Ruby ni la cruel intervención de los científicos, no sabía cómo podría lidiar con tanto amor al mismo tiempo, solo debía avanzar y aprender.
Una vez frente a la puerta, Arthur comenzó a temblar, las dudas lo azotaron y se preguntó si sería lo correcto aceptar esa invitación, era la primera vez que estaría con otros de forma amistosa y no como una visita médica, ¿Y si no les gustaba su forma de pensar o su pobre vestimenta como rata de laboratorio? ¿Y si él no les agradaba como individuo? Eran temores infantiles que jamás desaparecían ni siquiera en la adultez, le preocupaba que las personas no lo quisieran, y esas dudas amenazaron con cambiar el verde de su collar para volverlo un pútrido amarillo como el pus, una descarga eléctrica estaba a punto de castigarlo.
-Tranquilo, todo estará bien.
-lo alivió Sullivan mientras palmeaba su cabeza, consiguiendo calmarlo con su tacto al igual que un cachorro en un nuevo hogar-
Arthur soltó un profundo suspiro, cerró los ojos y buscó la calma antes de hacer cualquier cosa, su rostro adquirió una nueva emoción bastante placida que reflejaba su tranquilidad, el collar volvió a brillar con el color verde antes de llevar su mano a la puerta para golpearla con suavidad.
Casi como si hubiese estado esperando al otro lado, la señora Fiore abrió la puerta inmediatamente para recibir al hombre y a su hijo, si antes era hermosa ese día era indescriptible, como una reencarnación de afrodita, su vestido rojo resplandecía bajo el sol como si estuviera lista para ir a una fiesta de gala, aunque en realidad era un vestido de tela bastante cómodo que podía usar en casa, su belleza resultaba sorprendente porque apenas habían podido notar que la última vez, si bien era muy atractiva, el rastro de tristeza que la impregnaba arrebataba cualquier rastro de tranquilidad, la condición de su hija le había quitado años de belleza, pero tras su encuentro con Phantom ahora podía deslumbrarlos con su verdadero atractivo gracias a la felicidad propiciada por el estado de su hija.
Un pensamiento bastante inapropiado se asomó por la mente de Sullivan, pero rápidamente luchó por disiparlo al admitir que no era correcto ver con esos ojos a una mujer casada y fuera de su liga, además, pensó que era demasiado joven para él incluso si fuera soltera.
Sin embargo, eso no le impidió apreciar la belleza de la mujer y reconocer que era sumamente atractiva, sin duda era una persona que sabía cuidarse muy bien incluso después de tener una hija, era algo que siempre admiraría de las mujeres cuando realmente se querían a sí mismas y buscaban maneras de preservar su belleza natural.
-Señora Fiore, es un gusto verla de nuevo… -saludó Arthur con la misma cordialidad y educación de la primera vez, ofreciendo su mano, pero inmediatamente fue interrumpido cuando ella lo tomó entre sus brazos, levantándolo ligeramente del suelo, para abrazarlo-
La mujer no dudó en mostrarle su afecto, no después de lo que había hecho por ellos.
- ¡Arthur, mio bambino! -saludó la mujer con una familiaridad y un calor indescriptible mientras apretaba al muchacho con su gentil abrazo-.
¿Como estuvo tu viaje? ¿Quieres comer algo?
-Estoy bien, señora Fiore…
-Por favor, puedes llamarme Aurora, tampoco puedo aceptar tanta cordialidad después de todo lo que hiciste.
-confesó mientras palmeaba su cabeza, luego dirigió la mirada a Sullivan-.
Doctore, es un gusto volver a verlo también, me causa placer que vinieran, por un momento pensé que solo iban a donde había un paciente.
Ambos entraron a la mansión cuando Aurora les permitió el paso, mientras Sullivan le aseguraba que no había ningún problema, mostrándose algo apenado por ser tan cordial, después de todo estaban allí porque Crane había recibido un pago y no tanto por la bondad de su corazón, la mujer le indicó a Arthur que podía ir a la habitación de Cassandra si quería, la chica ya estaba vestida desde temprano.
Arthur consideró en seguir su recomendación, no sin antes mirar a Sullivan pidiéndole permiso, y en cuanto este se lo dio no dudó en avanzar hasta las escaleras que lo llevarían a la habitación de la chica, conocía el camino por la última vez, pero en esa ocasión un vago sentimiento de nostalgia se apoderó de él, porque era curioso pensar que la última vez que estuvo allí fue para curar una enfermedad terminal y no había podido disfrutar verdaderamente de todo lo componía aquella mansión cargada con los pasatiempos de Cassandra como los cuadros de copias renacentistas alteradas para tener más componentes de la cultura popular, pero también había dibujos hechos en papel tradicional adheridos a las paredes, tenían una estética bastante expresiva como de una caricatura demostrando el talento de la chica para el arte.
Una vez frente a la puerta las mismas dudas lo azotaron, pensó si realmente era correcto tocar esa puerta, abrirse a la posibilidad de tener una amiga tal y como ella lo había mencionado, o si acaso lo mejor sería solo sentarse en el suelo y esperar a la hora de irse… Solo con pensar en sentarse en el suelo, a un lado de la puerta cerrada, era mejor que tener que enfrentar la posibilidad de ser rechazado porque no era normal, tal vez se burlaría del color de su cabello o de su ropa de rata de laboratorio, tal vez solo quería tener alguien diferente de quien burlarse ahora que se había curado de su enfermedad.
Ese autodesprecio influenciado por todo lo que le habían dicho y hecho no podía deshacerse, era algo con lo que debía aprender a convivir por cada pequeña cosa que hiciera.
-Tal vez… esto fue un error.
-se dijo a sí mismo mientras retiraba la mano de la puerta-.