13 #2
Cuando su pensamiento se convirtió en algo lejano, como la voz ahogada por la estática en una radio bastante vieja, Arthur supo que estaba a salvo, al menos por un tiempo, y podía hablar con tranquilidad sin sentirse vigilado por la perpetua mirada de la niña que nunca lo perdía de vista, no estaba seguro de que realmente estuvieran a salvo, pero esa distancia le hacía sentirse mucho mejor que antes.
- ¿Es verdad lo que me dijo Ruby? ¿Nosotros no iremos con ellos? -cuestionó Arthur, obteniendo la curiosidad del doctor inmediatamente-
-Sí, es correcto, ¿Eso fue lo que ella te dijo cuando te estaba mirando directamente en la cocina?
El chico asintió, confirmando las sospechas de Sullivan de que ellos podían hablar telepáticamente si así lo querían, una prueba más de cuan complejos y sorprendentes podían ser sus poderes.
-Ya veo… -suspiró mientras miraba a través de la ventanilla todo ese paisaje que iban dejando atrás-.
La verdad me sorprende que ella me dejara ir, no es alguien que lo haga con tanta facilidad cuando quiere algo, y me apena decirlo, pero yo soy lo que ella más quiere además de probar que es superior a todos.
-Eso parece explicar su comportamiento contigo, pero no justifica la forma en que te trata ni cómo se expresa de ti.
-era inevitable que su conversación le recordara al encuentro que tuvo con Ruby la noche anterior, el terror de ese momento contrastaba con la tranquilidad del presente-.
¿Qué más te ha dicho?
Arthur tomó un momento para responder, sabía perfectamente que Sullivan podía hallar aterrador lo que tenía que decir, no lo culparía si llegaba a pensar que estar a su lado se estaba haciendo cada vez más peligroso, hasta él mismo lo consideraría si no fuera porque realmente tenía esperanza de que algo podría llegar a cambiar para bien finalmente.
-Me dijo que las personas atrapadas en capullos en el primer piso del laboratorio serán libres muy prontos, serán purificados tras haber recibido nuestra sangre, y los torturadores se volverán torturados.
-confesó, sorbiendo un trago de saliva por el amargo sabor que tenía al entremezclarse con su sangre tras haber mordido sus labios-.
No sé lo que significa, gran parte de las cosas que me dice ni siquiera quiero entenderlas, porque en el fondo hay algo en mí que me tienta a ser como ella.
Esa última afirmación casi hacía que Sullivan perdiera el control del auto, era una frase demasiado aterradora como para pasarla por alto por lo catastróficas que podían llegar a ser las consecuencias, tan solo con imaginar que había dos iguales a Ruby ya era más que suficiente para producirle pesadillas vívidas; pensó en que todo su esfuerzo para cultivar algo bueno en Arthur podría haber sido para nada si él permitía que esos pensamientos lo hicieran sucumbir para convertirse en lo que siempre intentaba evitar, porque si la tentación ya existía significaba que no estaba lejos de aceptar esa realidad, ¿Y si después de tanto tiempo su corazón comenzaba a agotarse de la bondad y veía virtud en la maldad como Ruby lo hacía? La sola posibilidad hacía temblar a Sullivan, era igual a ver a un hijo convirtiéndose en un asesino o probando las drogas por primera vez.
-Arthur…
-Lo siento, sé que debería completar lo que pienso al respecto y no dejarlo en el aire con esa incógnita… -confesó, suspirando antes de recobrar una sonrisa-.
Pero luego pienso en que la vida es más compleja de lo que ella dice, no es como si todos los humanos fueran malos o buenos, no puedo simplemente comenzar a pensar que es una buena idea matar porque me resulta fácil, creo que una habilidad que yo poseo, pero de la que Ruby carece, es que yo sé que siempre puedo elegir a pesar de todo.
Era una conclusión acertada, y que él mismo consiguiera llegar a ella era más que suficiente para tranquilizarlo, esa montaña rusa de emociones resultaba bastante caótica para su corazón, no podía manejarla como cuando era más joven; la carcajada que salió fue más de alivio que de humor, el mismo Arthur lo entendió y compartió el mismo sonido con su dulce voz mientras el viaje continuaba.
“No se preocupe, yo no quiero lastimar a las personas”
confesó mientras se permitía disociar frente a la inmensidad de la travesía que aún les esperaba antes de arribar a su destino.
Por un instante pensó en la conversación que había tenido con Ruby la noche anterior, esa pequeña charla en que la niña le recordó que la decepción llevaba a las personas al dolor, y el dolor al odio que conducía siempre a la destrucción, todo lo que hacía por Arthur solo incrementaría exponencialmente el resultado de ese dolor y le preocupaba que su destino ya estuviera sellado, ¿Y si ella llegaba a tener razón? ¿Y si en alguno de esos días tomaba una mala decisión que terminaría por afectar gravemente al muchacho y así convertirlo en el reflejo de su hermana? Era un pensamiento detestable al tratarse de su hijo, y por eso se sacudió la cabeza antes de volver a sonreír y concentrarse en manejar.
Ambos disfrutaron de su compañía, escucharon música en la radio que hizo de su viaje mucho más entretenido por descubrir que el chico tenía cierta preferencia por los ritmos relajantes del jazz, ocasionalmente se detenían frente a las tiendas de conveniencia para comprar algunos bocadillos.
Era mucho más sencillo viajar en un auto, en lugar de ser transportado como un artículo Arthur tenía el privilegio de ir en el asiento de copiloto, y en gran parte del camino iba con la cabeza asomada por la ventanilla para sentir el viento sobre su piel, y su cabello carmesí se levantaba como las llamas de un fénix en pleno vuelo.
Algunos viajeros como ellos que cruzaban a su lado quedaban hipnotizados por la belleza de su figura y su aspecto tan peculiar, al principio pensaban que se trataba de un cachorro por la forma en que se asomaba por la ventanilla, pero al acercarse notaban que se trataba de un chico de extraordinaria belleza que sonreía ante la fuerza del viento y les devolvía a todos un saludo amistoso, consiguiendo llamar la atención con suma facilidad por todas sus características fácilmente confundidas con las de uno de los ángeles que habían entrado en el conocimiento humano.
-Realmente creo que tendrías suerte con las chicas si fueras al colegio, muchacho.
-confesó Sullivan con una carcajada-.
Apuesto a que serías el típico chico que recibe todas las cartas de amor en su casillero.
-Oh, cielos, no sé qué haría en ese caso.
-confesó, ruborizándose levemente por imaginarse en esa situación-.
No sé si podría elegir a alguien y correr el riesgo de romper sus corazones.
Sullivan tomó esa plática como una oportunidad para indagar en sus sentimientos.
- ¿Ni siquiera si se tratara de la joven Cassandra?
El rostro de Arthur adquirió un profundo color rojizo, creía que era bastante atrevido hablar de la chica después de recordar lo que había provocado en él, pensar en ella hacía que su corazón latiera con fuerza y sus extremidades se hicieran de gelatina, estaba demasiado nervioso incluso si ella no estaba presente porque recordaba con claridad su hermoso rostro y su figura tan atractivos.
-Sinceramente no sé si podría hacer algo, estaría muy nervioso para hablarle, tal vez yo ni siquiera le gustaría… -confesó, jugando con un mechón de su cabello-
-En ese caso tendremos que descubrirlo, porque aparentemente no te mencioné que nos dirigimos con ella nuevamente.
-al decirlo notó que había captado la atención del muchacho como nunca, su rostro admitía la alegría que sentía a pesar de que su voz temblorosa dijera lo contrario, y Sullivan también sonrió por ver su entusiasmo-.
Su familia hizo todo lo posible para volver a verte, no solo pasarás estas dos semanas conviviendo con Cassandra y sus padres, sino que también estarás en su fiesta de cumpleaños.
El muchacho no pudo contener su entusiasmo, saltaba en su asiento suavemente mientras sonreía y movía sus manos en el aire como un símbolo de victoria, la satisfacción de reconocer que volvería a estar cerca de personas que le habían mostrado tanto cariño era demasiada como para contenerla, no sabía qué habían hecho exactamente para lograr su reencuentro, pero ya apreciaba sus esfuerzos con toda sinceridad.
Arthur abrazó al doctor sin importarle si aún estaba concentrado en conducir, pero él no le dijo nada, le devolvió una sonrisa mientras avanzaban y apreciaba cada instante que compartían juntos en el viaje, ver a su hijo emocionado por un viaje suavizaba su corazón, era como una caricia al alma cuando lo veía feliz.
El viaje fue bastante largo, pero nada tedioso, hicieron algunas paradas para que Arthur conociera un poco más del país que lo había concebido, para él era más interesante fijarse en los monumentos que hallaban juntos, ver con gran detalle todo lo que apenas había visto en libros de historia; también había descubierto alguno que otro detalle como estatuas del rey Arturo de las leyendas, con quien compartía nombre.
Había tanto por ver, y tan poco tiempo, pensó mientras viajaban y observaba en la distancia cuantas cosas aún quedaban por descubrir en la inmensidad del mundo, aunque a pesar de que su libertad seguía siendo limitada no dudaba en admirar cada pequeña cosa que había por conocer.
Quizás algún día, se dijo a sí mismo, podría ver lo que había más allá de un único país, podría ver las maravillas que todo el planeta tenía que ofrecer y contar para conservar el dulce recuerdo de que vivía en un lugar maravilloso, ese era su hogar, era todo lo que iba a conocer y tenía a alguien especial con quien compartirlo.