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La confesión del paradero del director se le hizo muy extraña a Sullivan, no había ningún rastro de que estuviera mintiendo, suponía que lo más seguro era que Crane estaría recibiendo un nuevo encargo del próximo paciente, no esperaba que sucediera tan pronto, al menos así ya no tendrían que estar encerrados con Ruby en el mismo lugar, solo con verla ya le incomodaba demasiado como para tolerarla.
Terminó de preparar las panquecas para la niña, sirvió un poco más a Arthur en cuanto se lo pidió, y luego se dedicó a comer al otro lado de la mesa donde ambos hermanos disfrutaban del desayuno con sentimientos encontrados por su propia compañía, no era la clase de silencio que disfrutaba, pero al menos se veían tranquilos.
El doctor los observó con detenimiento mientras comían, realmente eran bastante parecidos físicamente, eso explicaba por qué Ruby había decidido verlo como hermano y no como pareja como los científicos esperaban que hiciera, su cercanía al muchacho, no obstante, caía en lo posesivo y enfermizo, demostrando que para ella esos no eran más que conceptos vacíos que no la ataban a ningún comportamiento moral.
-Oye, hermano mayor, tengo ropa nueva, ¿Te gustaría que la modelara para ti? -confesó Ruby con una sonrisa-
-Tal vez en otra ocasión… -respondió, prefiriendo guardar silencio para disfrutar de su comida-
Sullivan estuvo a punto de cuestionar de dónde había sacado esa ropa, probablemente del mismo lugar del que había sacado ese pijama, pero la voz de Crane que lo llamaba lo interrumpió, sabía que lo mejor era ir a ver qué deseaba, aunque habría preferido quedarse a comer con Arthur antes que dejarlo a solas con ese monstruo.
Se levantó, les pidió educadamente que lo disculparan, y entonces marchó fuera de la cocina hacia la habitación donde Crane había pasado la noche con Ruby, y el director estaba sentado frente al escritorio donde había colocado su portátil y leía con detenimiento un correo electrónico que había precedido a la llamada en la que estuvo por tres horas como dijo la niña.
El director le pidió que se acercara y leyera el correo que había recibido, su contenido resumiría muy bien lo que había atendido en la llamada, Sullivan sintió curiosidad y se acercó sin dudarlo, empezando con el asunto del correo “Petición de suma importancia”
que dejaba un tanto desconcertado al doctor cuando descubrió que el remitente era el mismísimo Paulo Fiore:
“Excelentísimo director Crane, aunque me temo que no tuvimos la oportunidad de conocernos en persona me presento ante usted como el padre de Cassandra Fiore, quien fue atendida por su socio el doctor Sullivan y su hijo, Arthur Sullivan.
Quiero ratificar que la salud de mi hija ha mejorado tanto que lo consideramos un milagro desde su visita, nuestra gratitud no conoce límites para lo que sentimos por haber recuperado a nuestra bambina, no obstante, el contenido de este correo no es solo para agradecer, sino para realizar otra petición: deseamos que Arthur vuelva con nosotros, no para curar una enfermedad, sino para propósitos de convivencia social, deseamos agradecerle brindándole nuestra hospitalidad, al menos hasta el cumpleaños de nuestra hija, quien también desea contar con su compañía.
Estaremos atentos a su respuesta”
-Firmado por Paulo Fiore, primer ministro de Italia.
-finalizó Sullivan tras leer todo el contenido de la carta, sumamente impresionado, a falta de otra palabra que pudiera describir cuan conmovido, asustado, feliz y melancólico se sentía por las intenciones de la familia-.
¿Acaso quieren tenerlo cerca por el simple hecho de tenerlo? Es… difícil de creer.
-Lo es, pero si al mago más grande de las vegas le pagan por estar en una fiesta de cinco años, el mago no pondrá quejas.
-confesó Crane, estirando sus extremidades mientras se recostaba en el espaldar de la silla y daba vistazo a su teléfono que registraba las tres horas con catorce minutos de llamada-
- ¿Qué quiere decir con eso?
-Quiere decir que el señor Fiore, para asegurarse de que realmente cumpliremos con su petición, nos acaba de transferir la misma cantidad de dinero que envió la primera vez para curar a su hija.
-contestó con una sonrisa victoriosa, como si se tratara de un accidente feliz-
Sullivan abrió bien los ojos mientras retrocedía y tomaba asiento en el borde de la cama, demasiado impresionado como para permanecer de pie, no podía creer que la familia estaría tan dispuesta en tener a Arthur con ellos como para pagar tantos millones solo por el mero hecho de apreciar su compañía, se cuestionó si acaso la chica habría tenido algo que ver en la decisión de sus padres, como un capricho de niña consentida, o si todo fue por iniciativa de ellos mismos al notar el sentimiento que había en el momento en el que se despidieron.
No supo qué responder, nunca había visto o escuchado de algo parecido, normalmente cuando los pacientes son curados de sus males lo menos que quieren es tener algo que ver con hospitales, clínicas o doctores, casi siempre preferían evitar dichos encuentros y disfrutar de su salud renovada, era algo que incluso solía suceder en su consultorio cuando había logrado ayudarlos a sanar de sus problemas; entonces, que quisieran volver a ver a Arthur, a pesar de ser un recuerdo ambulante de la enfermedad de su hija, era algo sumamente extraño incluso para las mejores personas, pero no importaba lo que sintiera, porque conocía esa mirada en el rostro de Crane, el hombre ya había tomado una decisión.
-Creo que podríamos hacer lo siguiente: recibí una notificación de nuestro próximo paciente, convenceré a Ruby de ser quien lo atienda esta vez, en cambio, usted y el sujeto irán de vuelta con los Fiore, les dejaré el dinero suficiente para sus necesidades, estarán allí al menos hasta que terminé el cumpleaños de la niña, será algo bastante peculiar antes de que termine el año.
Sullivan le devolvió la mirada, no supo ocultar su alegría al expresarla con una sonrisa sincera mientras asentía, no es como si pudiera estar en desacuerdo, pero al menos así le demostraría que le agradaba mucho la idea, sobre todo por el hecho de estar bastante alejados de la niña malvada mientras pasaban el tiempo juntos y le ayudaba a socializar con otras personas.
-Iré a empacar inmediatamente.
-confesó Sullivan, levantándose para salir de la habitación-
-Recuerde que esto solo será hasta que termine la fiesta de la niña, no se acostumbren mucho a su compañía, no quiero que luego el sujeto vuelva con sentimientos encontrados y quiera escapar o algo parecido.
-confesó Crane con la misma fría indiferencia que dirigía a Arthur-.
Los Fiore no lo están liberando, solo lo están rentando para el entretenimiento de su hija, no lo olvide.
“No hacía falta recalcarlo, imbécil”
pensó Sullivan, aunque en su expresión mantenía la misma sonrisa de gratitud antes de retirarse completamente de la habitación, marchando a la cocina donde Ruby permanecía sentada en el regazo de Arthur después de desayunar, no le hacía nada, simplemente lo miraba fijamente a los ojos como si quisiera hacerle algo.
La niña causaba demasiada incomodidad incluso al único que se parecía a ella, su mirada permanecía fría e inmutable, no sonreía y ni siquiera parecía respirar, simplemente estaba allí, mirándolo fijamente con los ojos de una vampiresa, como si estuvieran hablando con la mente.
Sullivan se preguntó si acaso estarían hablando de sus acompañantes o de algo diferente, no había forma de saberlo porque sus expresiones no le daban ninguna pista, solo podía imaginar que habría algo muy interesante y privado de lo que hablar como para usar sus poderes antes que sus voces, por ello simplemente los dejó continuar hasta que tuviera la oportunidad de decirle a Arthur que debían empacar.
Pasó unos cuantos minutos a solas, nuevamente cambiándose de ropa y preparándose para partir, hasta que Arthur entró en la habitación a solas portando una expresión bastante tranquila y aliviada, casi parecía que se había desprendido de un peso invisible mientras se acercaba a Sullivan.
- ¿Ya nos vamos? -preguntó mientras sonreía, como si nada hubiera sucedido entre Ruby y él-
-Así es, mi niño, está vez iremos en un auto normal, no más camión.
-confesó, sacudiendo suavemente el cabello de Arthur-
Sabía que el chico ocultaba algo, no parecía algo negativo en absoluto por la tranquilidad con la que se expresaba, pero sin duda intentaba esconder lo que había conversado telepáticamente con Ruby.
Se guardaría esa pregunta para cuando estuviera seguro de que se habían alejado lo suficiente del hospedaje, lejos del alcance de Ruby por primera vez, entonces tendría vía libre para hablar a gusto con Arthur todo lo que quisiera sin la interrupción de esa pequeña vampiresa, ya tendrían tiempo para estar juntos mientras le ayudaba a convivir con personas que habían hecho lo impensable con tal de tenerlo cerca, esa era la prueba definitiva de que incluso un niño como él podía ser amado.
Crane y Ruby los despidieron en la entrada del alojamiento, el hombre parecía bastante indiferente por su partida, pero la expresión de Ruby, en un giro desconcertante de su propia naturaleza, parecía sumamente dolida por ver a su hermano mayor irse de esa manera, algo en su falta de expresión le hacía ver que no toleraba la idea de tener que separarse, al menos por un tiempo indefinido, verlo partir era como ver una parte de sí misma perderse más allá del horizonte donde la luz del alba aún no llegaba, y en todo momento Arthur escuchó la voz de Ruby en su cabeza pidiéndole que la esperara, prometiéndole que terminaría sus propios experimentos para volver a estar juntos como debía ser.