12 #4
Al encender la luz se encontró con la amarga sorpresa de que Ruby estaba sentada en el pequeño comedor, la niña vestía un pijama que en otras circunstancias le habría hecho verse bastante adorable, pero en su lugar solo causaba repulsión en Sullivan al conocer su naturaleza, y este no le dio el gusto de dirigirle la palabra mientras iba a la nevera.
-Que falta de educación, no saludar a una jovencita como yo.
-mencionó Ruby con tono burlón mientras se limpiaba las garras-
- ¿Acaso no estabas en la otra habitación con Crane?
-Oh, por supuesto, pero mi perro está bien, durmiendo plácidamente después de lamerme los pies como siempre.
-suspiró la niña con bastante desdén-.
¿Por qué ustedes los humanos desean tanto lo carnal? Me darían escalofríos si no me dieran tantas nauseas.
Sullivan encorvó los hombros mientras hervía la leche en la cocina.
-No sé de qué te quejas, tú sabías a quien elegias como marioneta, no hables como si no pudieras ver lo que hay en el corazón de las personas.
-contradijo Sullivan mientras sentía la fría mirada de Ruby en su espalda-
-Ustedes los humanos son todos iguales… egoístas, despiadados, insensibles, imperfectos y malévolos.
-confesó la niña con una carcajada-
- ¿Estás segura de que describes a los humanos y no a ti misma? Fuiste creada en un laboratorio humano después de todo, así que en cierto sentido solo eres un reflejo de nosotros, si nos odias tanto es porque ves todo eso en ti misma y, en otras palabras, te odias a ti misma.
Que Sullivan intentara usar sus habilidades psicológicas con ella se le hacía bastante irritante, Ruby no podía evitar sentir un rastro de ira en su corazón al escucharlo, tenía pensado darle un susto solo con su presencia aprovechando que su hermano mayor seguía dormido, pero ahora sentía deseos de destriparlo si eso no la pusiera en una mala posición con Phantom, al menos, se dijo a sí misma, podría darle una advertencia para que no volviera a meterse con su mente.
-Creo que olvida que mi hermano mayor no puede protegerlo si yo deseara lastimarlo, la única razón por la que no le he hecho algo es porque no quiero dañar sus juguetes, él se enojaría conmigo y sería más difícil convencerlo de que ustedes son la verdadera escoria.
En lugar de sentirse amenazado, Sullivan soltó un pequeño suspiro de cansancio, la leche apenas comenzaba a hervir, el fuego lento ayudaba a concentrarla, recordó que la última vez que lo había hecho era cuando su hija solo era una bebé que necesitaba de su cuidado todo el día; el pensamiento vino sin previo aviso, realmente no le importaba tanto la presencia de Ruby como para sentir pánico y dejar de pensar en las personas a las que quería, era como si hubiese perdido todo rastro de miedo hacia la niña y en su lugar solo quedara repulsión por su forma de ser.
- ¿Qué es lo que realmente deseas, Ruby? Ambos sabemos que tú podrías controlar mi mente y hacer que meta la cabeza en agua hirviente, o destrozar el laboratorio con una mano mientras con la otra le haces lo que quieras a Arthur, sin embargo, sigues instrucciones, nos sigues a todas partes, ¿Acaso también buscas una familia donde encajar?
La carcajada de Ruby fue más siniestra que de costumbre, como la de una anciana cascarrabias, era una risa profunda y carente de juventud, si Sullivan cerraba los ojos pensaría que se trataba de una vieja bruja con sed de sangre, una vampiresa con un aura siniestra que ni siquiera el humano más malvado podría igualar.
- ¿Una familia? Solo tengo al hermano mayor, él es todo lo que me complementa para sentirme menos desdichada por pisar la misma tierra que ustedes.
Esa confesión se le hizo agridulce en cierto sentido, pero cualquier pequeño rastro de compasión quedó sepultado en cuanto Ruby interrumpió sus pensamientos para seguir compartiendo un pequeño rastro de lo que había en su corazón realmente.
-Cuando el hermano mayor se lleve una terrible decepción por la humanidad a través de usted, su ventana al mundo real y a las personas que lo habitan, cuando él vea que, hasta su ángel de la guarda, su amado padre Geppetto, no es más que otro humano con fallas, entonces él verá las cosas de la misma forma en que yo las veo.
-confesó Ruby, finalmente logrando consternar a Sullivan, golpeando el último clavo con esas palabras-: lo abandonarás, le fallarás del mismo modo que le fallaste a tu verdadera familia.
-Eso no lo puedes garantizar, ni siquiera tú, niña malcriada.
Ruby soltó otra risa de ultratumba antes de proseguir, en esa niña no había nada más que una maldad posesiva digna de un demonio, obsesionada con su propio hermano mayor y con el hecho de ser los únicos verdaderamente dignos de heredar la tierra, y la peor parte era saber que no había nada que justificara sus deseos, mientras Sullivan iba desentrañando en sus comportamientos y los analizaba más iba descubriendo que no había causa justa para ella; capa tras capa, solo había maldad y crueldad, un comportamiento obsesivo-posesivo impulsado por una megalomanía incuestionable, el monstruo con rostro de niña le devolvió la mirada a Sullivan porque sabía exactamente en lo que estaba pensando mientras su silencio perduraba.
-No me importa si usted no me cree, yo sé la verdad de los corazones, a diferencia del hermano mayor a mí no me preocupa lo que piensen de mí, por eso puedo ver dentro de las almas, puedo ver sus deseos y sus miedos… Es tan intoxicante, es nuestra comida preferida además de la carne.
-confesó la niña, acariciando la zona de su vientre-.
Y debo decirle, doctor, que mientras más alimente a su hijo con su amor, más fuerte será su decepción cuando conozca su verdadera cara.
>Ni siquiera necesito de mis poderes para saber que no importa cuánto amor le dediques a las personas, terminarán decepcionándote y rompiendo tu corazón, usted debería saberlo, señor Sullivan, después de todo hasta la muerte de su hija lo decepcionó y le quitó todas las ganas de vivir.
-en su sonrisa no había ternura, la única persona que podría hallar algo más que miedo y desprecio en aquella expresión era Arthur, e incluso él admitía que Ruby era siniestra-.
¿Qué sucede, doctor? ¿Acaso toqué un nervio?
Sullivan apretó los puños, el mismo sentimiento de impotencia que percibió frente a Crane volvió a presentarse ante Ruby, sabía que no podía hacer nada sin salir herido, no podría defender su orgullo porque había entendido que ahora se hallaba en un mundo donde los hombres adultos debían temer a los niños, un lugar en el espacio y el tiempo distorsionado por los horrores que esa muestra en un tubo de ensayo había desatado cierto día en un lúgubre laboratorio en el interior de la tierra; maldijo la sangre de aquel ser sin nombre ni rostro de la cual había nacido esa bestia con cuerpo de niña, de no ser por la existencia de Arthur habría considerado que cada experimento había sido un error, y Ruby era la madre de todos los errores que la ciencia había traído consigo.
-No sé por qué se esmera en hacer todo por él, no es su hijo, no viene de su semilla, no tiene por qué cambiarle su nombre.
-su sonrisa permanecía maquiavélica, pero un pequeño rastro de dudas se asomó por su rostro al ver que Sullivan suspiró y recobró una expresión estoica mientras ella hablaba-.
¿Quiere saber cómo lo llamarán cuando se convierta en un asesino como yo?
Sullivan dejó escapar un largo suspiro en que sus pensamientos y miedos se perdían en el aire, arrastrados por esa vieja forma de pensar en la que siempre estaría solo, ya no tenía sentido apartar a los demás de sí mismo, no tenía sentido crear barreras para alejar peligros que inevitablemente conocería, esa era la condición de vivir como decía Arthur, el dolor era la cúspide del amor y no había nada que pudieran hacer para cambiarlo.
Aceptar la primavera significaba correr el riesgo del invierno, amar a su hijo significaba enfrentar todos los peligros que el mundo tenía que ofrecerle, por eso, el doctor que en antaño habría escapado decidió afrontar su propio miedo para volver al lado de su hijo, decidió mirar a los ojos del demonio para decirle lo que realmente sentía a pesar de la triste profecía que compartía:
-Yo ya sé cómo llamarle: hijo.
La tranquilidad de Sullivan redujo en gran parte la oscuridad en el rostro de Ruby, había algo en su expresión que le hacía pensar al hombre que quizás una parte de ella, bastante profunda y bien escondida por la maldad, deseaba tener lo mismo que Arthur tenía con el doctor, deseaba tener una familia normal y en su búsqueda por algo parecido su mente trastornada tomaba a su hermano mayor como el ejemplo perfecto para construir esa familia que jamás obtendría de los demás… Sullivan pensó que si no fuera un monstruo sería muy sencillo para ella tener esa conexión tan deseada que todo niño, por más destruido que estuviera en el interior por la vida que no habían pedido tener, deseaba sentir.
-Buenas noches.
-despidió, manteniéndose imperturbable al dejarla con la palabra en la boca-
Se sirvió el vaso de leche tibia, se dio la vuelta y caminó fuera de la cocina, antes de salir sintió la fría mirada de una criatura abominable; las luces parpadearon, la oscuridad se hizo sobre toda la cocina en solo unos segundos, y el vago reflejo del vaso le permitió ver el monstruo que emergía del cadáver de una niña del mismo modo que una mariposa emergería de su capullo.
Cuando la luz volvió sobre la habitación percibió algo horroroso e indescriptible, aquella cosa, porque ni siquiera podía creer que era un ser vivo en verdad, era una criatura inenarrable a la que su imaginación apenas podía sostenerse a las vagas descripciones que haría un niño atrapado en una pesadilla eterna.