El fantasma carmesí 12 #2
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Lo que siguió para Phantom no fueron más que recuerdos horribles, sensaciones indescriptibles de sumisión e impotencia mientras Ruby se desnudaba encima de su regazo para aparearse con él, y para huir de ese instante su mente volvió a abandonar su cuerpo para explorar el exterior, pero nada de lo que hiciera o pensara podría eludir la trágica realidad de que Ruby lo usaba para complacerse a sí misma sin importarle sus sentimientos.

Ella gemía y susurraba que le pertenecía, que siempre estarían juntos y no necesitaría de nadie más, a pesar de ser malvada le rogaba que la amara, le pedía ser todo lo que él realmente quería para sentirse completo, cuando Phantom dijera cuanto la quería tendría todo lo que necesitaba para ser feliz, pero nunca lo hizo porque su mente seguía en el exterior intentando disociar.

“Nunca podrás librarte de mí, estaremos juntos por siempre”

confesó entre sus gemidos, lamiendo las heridas que había dejado en su cuerpo, forzándolo a lamer las que él había dejado en ella, y así remarcó el control que tenía sobre Phantom, aprovechando la descarga eléctrica que lo tenía inmovilizado por debajo de ella, y esa tortura para el chico se prolongaría por casi toda la noche.

En el amanecer del nuevo día, una vez que el camión se detuvo en la siguiente parada, un alojamiento privado alquilado por Genexis Sciences, Sullivan notó que la limusina de Crane se hallaba en el estacionamiento como el único vehículo presente, sabía que el hombre los esperaba para escuchar la confirmación de éxito de la última paciente para luego asignar las habitaciones, pero no esperaba en absoluto lo que el director tenía en mente.

Se bajó del camión junto al chofer, el cual se limitó a apartarse para fumar un cigarrillo mientras Crane y Sullivan se encontraban para saludarse con un apretón de manos como era costumbre, aunque el doctor siempre sentía repulsión por ello, y se dedicaron a charlar acerca de cómo el camino había sido algo ajetreado debido al tránsito por las manifestaciones de las personas que no soportaban la existencia de los ángeles, sin duda seguía siendo tema de controversia, pero nada de eso podía frenar el avance de Genexis Sciences y sus involucrados.

-Entonces fue otro caso de éxito con los Fiore… -repitió Crane tras escuchar todo el relato de principio a fin-

-Ni siquiera esa enfermedad degenerativa fue obstáculo para Arthur.

- ¿Arthur?

Sullivan entonces notó que había hablado de más al revelar el nombre que le había puesto al mismo chico al que Crane solo se refería como sujeto de pruebas, pero ya no había forma de negarlo, a pesar de que el director aún fuera demasiado insensible como para importarle los sentimientos del primer sujeto.

-Sí, es que pensé que Phantom no era un nombre muy apropiado para un niño, quise ayudarlo para que tuviera su propia identidad, así como Ruby.

-La cosa es diferente con Ruby, señor Sullivan, ella sí tiene privilegios por ser un éxito seguro, no tiene que demostrarlo.

El comentario se le hizo bastante cruel e indiferente como para pasarlo por alto, después de todo no creía que Crane tuviera derecho a opinar después de saber todo por lo que el chico había pasado, mientras que Ruby había recibido el mejor trato desde que llegó a los laboratorios, sin ser usada para los experimentos y mucho menos para ser maltratada a diferencia de su hermano.

Él sí merecía tener un nombre, una vida normal, una familia que lo quisiera incondicionalmente y no por lo que podía darles, a diferencia de los científicos que se habían hecho pasar por sus familiares con sus trajes que les hacían parecer fantasmas, la irritación era bastante notable y no creía seguir tolerando que insultaran a su hijo.

-Con el poco respeto que me queda, Crane.

-mencionó, dejando su formalidad de lado-.

Arthur ha hecho más en estos dos días de lo que ha hecho Ruby desde que llegó al laboratorio, no he visto que haga uso de sus poderes y mucho menos que haga algo para curar a las personas, y estoy más que seguro de que él merece un mejor trato que Ruby.

Crane esbozó una pequeña sonrisa burlona, mostró una leve carcajada por el comentario, no podía negar que la idea de que Phantom se pareciera a Ruby le resultaba algo absurda, además, sabía perfectamente que Sullivan solo estaba actuando de esa manera porque el doctor se había encariñado con su paciente, no podía esperar que un hombre que había perdido a su familia no sintiera algo así por un niño sin padres, no obstante, una parte de él había esperado con sinceridad que el doctor se mantuviera profesional en todo momento… Entonces entendió que no era posible, no todos compartían su misma visión de un mundo perfecto sin enfermedades, no todos compartían la misma epifanía que Ruby le había otorgado aquel día en el cuarto blanco.

Por alguna razón, la forma de su sonrisa se le hizo muy similar a Ruby, porque ella era maquiavélica y atraía a hombres igual de maquiavélicos para controlar, no era una expresión que alguien normal pudiera esbozar, la influencia de la niña sobre el director era más que evidente, todo lo que hacía y decía era en su nombre, su gesto y acciones eran todo lo que ella podría esperar de una marioneta de carne.

Entonces Sullivan comprendió que era inútil intentar llevarle la contraria, no porque tuviera dinero y poder, al menos dentro de los conceptos humanos, sino porque tenía de su lado a una criatura poderosa que, a diferencia de Arthur por su collar eléctrico, no tenía límite alguno para hacer realidad sus deseos más perversos.

Crane simplemente palmeó suavemente el hombro de Sullivan, tal y como lo haría un viejo amigo, pero en su tacto no había amistad ni mucho menos algo como la gentileza, era el frío tacto de una amenaza, una advertencia de que el despido de su posición era el menor de sus problemas al lidiar con criaturas que estaban más allá de su comprensión.

Poco sabía Sullivan que quien hablaba con esos gestos tan sencillos, pero tan profundos, no era Crane, sino la niña que estaba controlando cada una de sus acciones, en sus ojos había maldad y deseo, un hombre que se había convertido en el perro de una criatura infernal.

-Y con todo el respeto que nunca le tuve, querido doctor, ¿Por qué mejor no se enfoca en seguir llenando ese vacío que dejaron su esposa e hija? -pronunció con total indiferencia, apartándolo sin delicadeza o respeto alguno, pues nunca lo hubo entre ellos-

Impotente y dominado, Sullivan se limitó a cerrar los puños mientras temblaba, nunca en su vida se había sentido tan humillado y acorralado, a sabiendas de que escapar ni siquiera era una opción para él, pues no tenía el corazón para abandonar a Arthur a esas alturas, además que sabía que no tenía opción pues Ruby y su marioneta podrían cazarlo, se sentía entre la espada y la pared para todo lo que realmente deseaba.

Crane simplemente lo apartó del camino para avanzar hasta el camión donde los hermanos descansaban, dejando detrás al doctor con aquel peso en su corazón que le impedía pensar con claridad, no podía dejar de sentirse humillado por todo el poder que tenían sobre él, rodeado por criaturas abominables, forzado a ver como despreciaban a su hijo por no ser tan cruel como ellos.

“Me siento violado.

Perdóname, Arthur, creo que tu padre no te puede proteger de la gente mala…”

pensó para sus adentros con bastante dolor, incapaz de mirar hacia algún lugar sin sentir el peso de la situación en la que se hallaban, sin saber que era algo más que compartía con el chico.

Una vez que la puerta se abrió, revelando a una Ruby con un gesto complacido y animado, junto a un Arthur con expresión decadente y sombría, entristecido por algo que todos ignoraban, pero su cuerpo recordaba, los cuatro integrantes ingresaron en el alojamiento como los únicos residentes en busca de descanso.

Ruby solicitó personalmente hospedarse en la misma habitación que Crane, según ella, quería darle espacio a su hermano mayor después de un viaje tan largo conviviendo juntos, y la sonrisa inocente con la que lo dijo escondía algo demasiado siniestra que se conectaba al gesto tan silencioso y decadente de Arthur, sin deseos de hablar demasiado con ella presente; la idea fue aprobada por el director con un ademán bastante profesional, pero en ese gesto se escondía un deseo carnal incuestionable por la malicia natural de los hombres crueles hacia las niñas atractivas.

Una vez hospedado en su habitación, Arthur finalmente pudo soltar un largo suspiro que venía cargando desde la noche anterior cuando Ruby se unió a él en un acto que prefería no recordar, su expresión se aligeró un poco y sus pensamientos volvieron a girar en torno a la dulce figura de Cassandra cuando le devolvía la misma sonrisa gentil que él le había enseñado.

-Parece que aún no sabremos quién será el próximo paciente, así que por ahora podrás descansar.

-confesó Sullivan tras sentarse en la cama donde dejó salir un profundo respiro de relajación, los huesos del hombre dolían de vez en cuando-.

Ya no puedo aguantar tanto tiempo de pie como antes, supongo que me iría mal como vendedor de puerta en puerta.

Su intento de humor no pasó desapercibido por Arthur quien carcajeó levemente antes de caminar alrededor de la habitación para conocerla mejor, era mucho más espaciosa que su habitación del laboratorio, las dos camas mucho más grandes y las ventanas le daba un hermoso vistazo al exterior, todo parecía tan irreal para él que tuvo que controlar sus emociones para que el collar no le diera otra descarga eléctrica, aún estaba demasiado sensible por la noche anterior por lo que cualquier otra emoción lo dejaría noqueado.

- ¿Te gusta la habitación? -cuestionó el hombre mientras sacaba otro cigarrillo de su caja, y Arthur no tardó en asentir repetidas veces mientras se quitaba los guantes para tocar la alfombra del suelo-: es bastante linda, no la mejor en la que he estado, pero supongo que no estaría mal si pudieras tener una habitación así para ti.