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Sus padres habían notado que el sentimiento era mutuo, no tenían el corazón para negarles algo tan hermoso y genuino, sobre todo cuando en esos tiempos ver algo tan sincero entre dos personas era sumamente extraño, algo novedoso para una época en que muchos no sabían lo que querían, y cuando lo sabían se lastimaban a sí mismos y a otros para conseguirlo… Pero ellos no eran así, eran jóvenes y sabían lo que querían realmente.
-Adiós a todos, fue un gusto conocerlos.
-se despidió recuperando su sonrisa para ellos, alegrándose genuinamente por haberlos conocido y por entregarle el sentimiento de lo que significaba tener una familia, pero, sobre todo, por haber encontrado algo tan inigualable como el amor-
“Claro que nos volveremos a ver…”
pensó Cassandra al verlos marchar de vuelta al camión en el que habían llegado, y en todo momento Arthur miraba sobre su hombro para hallar a Cassandra sacudiendo su mano en el aire para despedirlo con la misma sonrisa gentil, acompañada por sus padres que se dedicarían a apreciar cada momento de esa nueva etapa de sus vidas con una segunda oportunidad que se encargarían de apreciar hasta el fin.
Una vez en el camión, ni siquiera la oscuridad tras la puerta consiguió arrebatarle la calidez de sus sentimientos, se sentía envuelto en un manto que nunca había imaginado, no sabía que podía existir algo así que haría latir su pecho con la certeza de que había algo más que solo dolor y miedo en su vida.
Arthur se recostó en el mismo colchón donde Ruby lo esperaba para acurrucarse a su lado, pero su mente no estaba allí, estaba en el exterior con las aves y las criaturas misteriosas, estaba en el interior de la mansión donde la familia Fiore se reunía, aún no podían creer que un milagro había sucedido y eran testigos, cada vez que se abrazaban tenían la prueba que necesitaban de que esa era su nueva realidad después de tanto tiempo.
Su mente le permitió sentir que estaba con ellos y con Sullivan, eran la familia que siempre quiso tener, no le importaba lo que Ruby hiciera con su cuerpo mientras su mente disociaba en el exterior y disfrutaba de la posibilidad de volver con ellos, por más fantasiosa que pareciera esa idea, era el mejor consuelo que podía conseguir para la clase de vida que tenía.
Habiendo abandonado las hectáreas pertenecientes a los Fiore el sentimiento se hizo cada vez más distante, pero nunca fue olvidado, para él siempre estuvo presente en su corazón la certeza de que había personas que lo querían con sinceridad, y no por su cuerpo o por las cosas que podía hacer como arma, sino por lo que podía llegar a ser si le daban la oportunidad de crecer.
“Claro que nos volveremos a ver…”
fueron los pensamientos de Cassandra antes y después de que él se marchara, no había dejado de pensar en Arthur en ningún momento, también se había convertido en el centro de sus pensamientos como la luz que despeja un campo plagado de oscuridad, el portador de la enfermedad se había convertido en el portador de la vida ante los ojos de la chica; él no pudo evitar emocionarse tanto que su cuerpo, aún en el camión mientras su mente estaba en el exterior, se había contorsionado atrapando a Ruby en un abrazo mientras le sonreía, aunque ella estaba lejos de ser el motivo.
Y se sintió envuelto en la calidez que ese amor le profería, la misma clase de amor que le hacía soñar despierto con regresar con su primera amiga.
Cuando su mente regresó a su cuerpo se hallaba envuelto en los brazos de Ruby, la niña tenía su rostro contra el cuello de Phantom, suspirando un aire caliente como el de una fiera sobre su presa, no había notado que ya había vuelto en sí mientras ella aún murmuraba sus propios pensamientos.
-Con que Arthur Sullivan… Que nombre más horrible, el nombre de un ser humano.
-se dijo a sí misma, acentuando su desprecio por cualquier parentesco que tuvieran con las personas-.
Mi hermano mayor no puede tener un nombre tan horrible, no eres hijo del doctor, no somos los hijos de nadie.
El comentario irritó un poco a Phantom, quien recobraba sus pensamientos e identidad original cuando estaba a solas con Ruby, y despreció completamente lo que había dicho al punto de desprenderse de su abrazo para concentrarse en sí mismo y sus propios pensamientos.
El acto produjo la misma irritación en Ruby, quien intentó volver a atraparlo con un abrazo posesivo después de lo que había hecho con él mientras no estaba presente, no quería volver a sentirse desplazada o ignorada como había sucedido en la cena, se decía a sí misma que eran sentimientos humanos que le hacían sentirse débil, no entendía por qué necesitaba tanto la atención de Phantom al punto de hacer lo que había hecho solo para que dejaran esa maldita mansión con hedor a simio lampiño.
“El gato sabía horrible, no es igual al sabor de las personas, pero fue necesario para salir de allí, esos simios nos estaban engañando, queriendo hacernos sentir humanos”
pensó Ruby, y arrojó ese pensamiento como una bola al aire que solo el chico podía atrapar con facilidad, pero el mensaje lo recibió como una bala, una nueva advertencia de que realmente no dudaba al momento de cometer atrocidades con tal de poseerlo como algo de su propiedad.
Phantom intentó apartarla de su espacio personal, a lo que ella se lo impidió acentuando su abrazo como una serpiente aplastando a un ratón, y para Ruby esa imagen le parecía adecuada para describir a su hermano mayor, no era más que un dulce ratón al que se le apetecía devorar de vez en cuando para recordarle que eran iguales, pero también le pertenecía solo a ella.
-Suéltame, Ruby.
-ordenó Phantom, careciendo de todo miedo que antes lo había definido-
- ¿O qué, perrito faldero? -contestó la niña con la misma sonrisa maquiavélica-.
¿Me vas a provocar una enfermedad terminal? Oh, claro, lo olvidaba, tú te rehúsas a hacer otra cosa que no sea curar enfermedades.
Phantom gruñó entre dientes, intentando nuevamente apartarla con una mano, pero entonces la niña se lo impidió, sujetó sus muñecas y lo inmovilizó contra el suelo, sentándose en su regazo para aprisionarlo con su peso.
La determinación en los ojos de Ruby era bastante oscura, el chico podía ver que era una mezcla extraña entre rabia y celos al punto en que su sonrisa se había desvanecido dejando únicamente una expresión fría, capaz de reafirmar el miedo que le tenía.
-Te has estado portando mal conmigo últimamente, desafiándome, haciéndome sentir que no valgo para ti, ¿De dónde viene este valor? ¿Es por esa chica que conociste? Solo es otra paciente más en su lista…
- ¡Se llama Cassandra! -Phantom necesitaba aclarar que era importante para él, gruñendo nuevamente como un perro, produciendo cierto deleite en Ruby al punto de esbozar la misma sonrisa-
-No es más que otra cliente para hombres como Sullivan, el doctor que solo te ve como su segunda opción.
-continuó después de la interrupción-: son tan inútiles por sí mismos que necesitan del dinero para cualquier cosa, en cambio tú y yo somos el siguiente paso de la evolución, solo nos necesitamos el uno al otro.
-dicho eso ella se acercó para lamer su mejilla lentamente para marcarlo-. Pero si quieres tener a esa perra para ti, te la puedo conseguir, puedo conseguirte todas las perras que quieras.
Estaba cansado de sus insultos, de su autoproclamada superioridad y de la forma de la que se expresaba de lo poco que tenía por amar, que ella amenazara con arrebatárselo, con quitarle el sentido a su vida, era algo que no podía tolerar, no importaba cuanto se parecieran ni cuan valiosa fuera que ella sería la única que realmente podría entenderlo, a Phantom, bautizado como Arthur Sullivan, le causaba mucho disgusto tener que convivir con una criatura tan malvada, y por primera vez cedió a sus propios impulsos.
Su cabeza se abalanzó casi por instinto sobre el cuello de Ruby le clavó sus colmillos, como un vampiro sediento, el monstruo se apoderó de él y comenzó a devorarla, al principio tomándola por sorpresa, pero sus propios instintos la controlaron para defenderse de su ataque; así, ambos niños con rostros y cuerpos angelicales actuaron como bestias desenfrenadas, desinteresados en su parentesco, enfocados únicamente en matarse el uno al otro por un instinto de vulnerabilidad en la que Phantom demostraba que era tan sádico y sanguinario como Ruby, probando su sangre y lastimándola con sus garras.
Eran como hienas, atacándose, emitiendo ruidos abominables que más parecían rugidos y risas, manchando las paredes con su sangre, dejando caer algunos fragmentos de su carne que se evaporaban inmediatamente en el aire, y cuando uno creía que la pelea había acabado el otro se abalanzaba nuevamente para mordisquear sus hombros, devorando y lastimando, perdiendo todo rastro de raciocinio para ese instante… Entonces Ruby comenzó a reírse, lamiendo la sangre de su mentón cuando la pelea había terminado con Phantom inmovilizado debajo de ella, a su merced, a causa del collar eléctrico que cobraba el color rojo y las descargas eléctricas lo paralizaron otorgándole la ventaja a la niña.
-Es una pena, no puedes pelear más que esto por ese collar, perrito.
-mencionó, acariciando sus mejillas-.
Lo admito, si no lo tuvieras probablemente me habrías puesto las cosas muy difíciles, por eso aún no te lo he quitado.
Y mientras lo decía ella comenzaba a quitarle su ropa para revisar las marcas que le había dejado, todas esas cicatrices con la forma de su boca y sus garras eran el recuerdo perpetuo de que él le pertenecía en todos los sentidos posibles y jamás podría hacer algo al respecto, su apetito había despertado después de tan intensa pelea, necesitaba saciarlo con Phantom antes de que el collar volviera a su estado neutral de siempre.
-Como intentaste desafiarme debería lastimarte, pero al mismo tiempo me impresionaste, me recordaste por qué somos hermanos y que realmente haremos grandes cosas juntos, así que no te castigaré, pero sí te recordaré que solo me perteneces a mí.