El fantasma carmesí 11 #5
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Su tacto era un poco más frío de lo normal, podía sentir como temblaba por lo que fuera que hubiera visto, solo lo había conocido tan aterrado aquel día en que casi lo abofeteaba, pero la diferencia era que ahora él había dejado de ser la razón para su miedo… Había algo mucho más aterrador que los científicos o los abusos, y ese algo era lo suficientemente grande y malo como para perturbar de ese modo a un niño que sabía perfectamente que no podía morir con nada.

- ¿Podemos irnos?

Su petición lo tomó por sorpresa, ni siquiera se lo había pedido cuando curaron al hombre cuyos actos habían conseguido ganar el repudio del muchacho, a Sullivan le sorprendió grandemente porque pensaba que al chico le habría gustado pasar más tiempo rodeado de personas que lo trataban bien a diferencia de aquellos que lo vieron crecer tras unas cámaras por dos años, pensó que le gustaría pasar tiempo con Cassandra quien mostraba una atracción muy evidente hacia él.

-Por favor… -volvió a pedir, esta vez casi rogando con una voz quebradiza que supo esconder de los Fiore-

-Claro… -respondió sin saber qué más decirle para calmarlo-.

Nos iremos de inmediato, busca a Ruby para irnos.

Con la mención de ese nombre su cuerpo volvió a temblar por los escalofríos que lo recorrieron, no había forma de ocultarle sus sentimientos al hombre que podía leerlo como un libro abierto, y él se limitó a asentir antes de apartarse y caminar por el lúgubre pasillo donde Cassandra también venía de paso e intentó conversar con él, pero Arthur simplemente avanzó en busca de un monstruo al que tentaba con explotar en cualquier momento.

“Los puedo lastimar en cualquier momento, y sabes tan bien como yo que ninguno puede sanar de sus heridas como nosotros, ninguno sobrevivirá si los desmiembro con mis garras, hermano mayor”

Ruby le envió ese pensamiento como un mensaje, una premonición de que realmente tenía el poder con el que los humanos apenas podrían soñar, y al arribar él se encargó de limpiar la sangre después de que ella devorara el cadáver; la niña yacía de rodillas peinando su cabello mientras su hermano se encargaba de deshacerse del desastre antes de que alguien lo notara, no podía tolerar que los descubrieran y detectaran la malicia de la niña, así como tampoco podía tolerar romperle el corazón a Cassandra por la pérdida de su mascota.

Poco despues, en la entrada principal, la familia Fiore permanecía en la puerta despidiendo con gratitud a sus invitados, los ojos de Paulo y su esposa todavía contenían rastros de las lágrimas que los habían invadido tras ver a su hija ser salvada, sus rostros habían recobrado el color que creían perdido al igual que Cassandra, quien ahora volvía a parecer una jovencita llena de vida capaz de avanzar sin miedo alguno a la fragilidad de su cuerpo; su rostro también enrojecía, pero por motivos diferentes, mientras le devolvía la mirada a Arthur, el cual permanecía cabizbaja demostrando estar avergonzado de sí mismo, aunque ella no entendía la razón, pues él no se sentía digno de verla a los ojos después de lo sucedido, incluso si ella desconocía la realidad.

En cambio, Ruby no se había detenido para escucharlos agradecer una y otra vez, estaba cansada de estar rodeada por los simios lampiños, no pretendió ocultar su desdén al marcharse directamente al camión donde iría a esperar a que ellos también decidieran irse… La actitud de la niña distaba mucho de su aspecto tan gentil, Arthur era el único que sabía que lo estaba llamando igual que a un perro, con un sonido que solo ellos podían captar, le estaba advirtiendo que su paciencia se acababa, no podía seguir tolerando que se quedaran tan cerca de esa familia.

-Muy bien, estoy seguro de que el señor Crane nos perdonará por irnos tan pronto, una vez más, apreciamos que nos invitaran a comer.

-agradeció Sullivan tomando su última palabra-

-Es lo menos que podemos hacer, Signore.

-al hablar, la mujer se inclinó a la altura de Arthur-: ¿También te gustó la cena, bambino?

Él se limitó a asentir repetidas veces, aún cabizbaja y avergonzado de sí mismo.

- ¿Por qué tan tímido, pequeño? Después de lo que hiciste por nosotros no hace falta que estés nervioso, en tanto sigamos aquí siempre serás bienvenido en nuestra familia.

-agregó Paulo, carcajeando levemente y apreciando que, a pesar de todo, tuviera tan buenos modales-

Cassandra se acercó y tomó sus mejillas con delicadeza, ayudándolo a levantar la cabeza con más confianza, al hallar su mirada ella lo recibió con una sonrisa gentil, la misma que él solía esbozar; Cassandra pensaba que él le había enseñado a sonreír de una manera especial, le había demostrado que sí había esperanza, no podía olvidar esa forma tan hermosa de sonreírle a la vida tras un encuentro tan maravilloso que se quedó grabado en todos sus recuerdos.

No volvió a pensar ni por un momento en la razón por la que había pedido que se fueran, en ese instante ni siquiera la fría mirada que Ruby le dedicaba desde el camión podía arrebatarle ese sentimiento tan extraño en su corazón; era cálido, sentir las caricias de Cassandra sobre sus mejillas y su mirada de color castaño en sus ojos carmesíes era como estar en su habitación mirando sus películas preferidas hasta el atardecer, pero ni siquiera eso se le parecía a lo que sentía en ese momento, pues tener la certeza de que ella creía que era especial, sin sentirse desplazada como los otros humanos, sino que creía que podía entenderlo y ser parte de su vida, era como si pudiera saber que era algo más que un arma… Eran sentimientos extraños que hacían palpitar su corazón artificial con velocidad, eran sentimientos que nunca había tenido con nadie, se sentía a salvo y amado, le hacía desear quedarse a su lado y tener más tiempo juntos.

Se imaginó a sí mismo teniendo una noche de películas con la chica, compartir algo que amaba con alguien especial le hacía anhelar mucho más cuando cruzaba miradas con Cassandra, lentamente se estaba convirtiendo en todo en lo que él podía y quería ser; con tanto calor en su corazón también colocó sus manos encima de las suyas, y entrelazó suavemente sus dedos mientras la chica aún acariciaba sus mejillas, no hizo falta usar sus poderes para ver dentro de su corazón y saber que ella también apreciaba su compañía, pues si el destino había hecho que se conocieran cuando más lo necesitaban debía ser por alguna razón.

-Deseo volver a verte… -pronunció en voz alta, cautivando a la familia- Las mejillas de Cassandra también se sonrojaron por las palabras de Arthur, y su sonrisa se alargó un poco más antes de retirar sus manos, también deseaba lo mismo que él, pero sabía perfectamente que esa decisión no le correspondía por más que lo quisiera, lo único que podía hacer era esperar y ver si el tiempo así lo quería.