El fantasma carmesí 11 #2
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La chica tenía un aspecto más saludable, aún le faltaba asearse y arreglarse, pero sin duda poseía una belleza bastante notable que iría incrementando con el tiempo, era algo que el chico apenas descubría como el despertar de su interés por una persona del sexo opuesto, un atractivo que se veía en su madurez mental.

-Oye, ¿Y cuantos años tienes? -preguntó Cassandra, buscando conversación con él-

-Tengo dos años.

-confesó con la misma sonrisa sincera-

Cassandra soltó una pequeña carcajada bastante dulce, Arthur no entendió la causa y Ruby simplemente desvió la mirada, mostrándose desinteresada mientras jugaba con las patatas de su comida, pero secretamente los miraba y sentía una punzada en su pecho.

-Oh, eres muy gracioso, Arthur.

-confesó nuevamente la chica, acariciando el cabello del chico-.

Te ves de unos diecisiete para mí… Vaya, tu cabello es muy lindo y suave.

Él simplemente asintió y compartió su leve carcajada, sabía que no tenía sentido confesar que estaba diciendo la verdad, probablemente ella no entendía plenamente los factores que rodeaban su creación y como su crecimiento había sido acelerado para tener el aspecto que poseía en ese momento, el de un chico en plena adolescencia al igual que ella, aunque para él su mente apenas lograba comprender las mismas cosas, lo más novedoso era sentirse muy confundido a su lado.

Cassandra no pudo escapar del hipnótico sentimiento que la poseía cuando tocaba el cabello de Phantom, estar a su lado de esa manera era una experiencia diferente, era como estar en contacto con una criatura que ni siquiera la ciencia conocía, un descubrimiento que hacía latir su corazón… Tener frente a ella a la persona que le salvó la vida solo con tomar sus mejillas, como si fuera un verdadero milagro, le hacía sentir una gratitud indescriptible, realmente podían decirle que era un ángel y ella no lo dudaría, tenía la belleza y los poderes de uno, además de que su actitud tan gentil le hizo pensar que realmente había algo de verdad en ese pensamiento.

Ruby comenzó a patear las patas de la silla al ver como la chica tocaba el cabello de su hermano, pensaba que no era digna de tener contacto con ellos, ni siquiera merecía que Phantom la hubiera salvado, le molestaba que se presentara con ellos con un nombre humano tan vulgar; pero la niña no sabía qué hacer, no sabía cómo lidiar con esos sentimientos que la confundían profundamente, todo lo que quería era que él dejara de enfocarse en esa humana para volver a su lado, deseaba que la cena acabara para regresar cuanto antes al camino donde podría volver a tenerlo para sí misma… Sin embargo, ellos no se apresuraban en absoluto, mientras tenían con quienes hablar Ruby no tenía a nadie, y por eso decidió que apresuraría las cosas, sin que ellos la notaran cuando se levantó de la silla y caminó un poco.

-Cassandra, es de mala educación hacer eso durante la comida.

-corrigió su madre al verla acariciando el cabello de Arthur como si fuera un cachorro-

-Está bien, señora Fiore, de hecho, es agradable.

-confesó el chico, permitiendo que ella siguiera acariciándolo-

Realmente era como un cachorro que ha sufrido muchos maltratos, conocer el amor le permitía descansar y suspirar aliviado después de tanto tiempo, era la primera vez que se sentía así con alguien además de Sullivan, era la primera vez que no intentaban controlarlo o marcarlo como una propiedad.

Arthur le devolvió una sonrisa bastante agradable, un pequeño pensamiento se deslizó por su mente, el recuerdo de que eso también terminaría, la sensación de que eso no era más que un breve descanso antes de regresar a la realidad donde su nombre seguía siendo Phantom y todavía era visto como un arma biológica, aunque quisiera eludir el pensamiento este siempre terminaba por encontrarlo y acorralarlo dentro de su mente.

“No, no pienses eso, no pienses nada, solo… quédate aquí”

quería pensarlo, que una voz más agradable resonara dentro de su cabeza para ayudarlo a recordar que ni siquiera él podía controlar el tiempo, no podía hacer que nada fuera duradero; pero el sentimiento sería lo único que podría perdurar en su corazón, podría seguir apreciando su compañía por el tiempo que fuera necesario.

-Quédate… -pidió sin percatarse, sacándole una sonrisa a Cassandra quien siguió acariciando suavemente su cabello-

La imagen del chico cerrando los ojos y bajando la cabeza ante la caricia le recordó mucho a una de sus primeras interacciones con Sullivan, cuando le había secado la sangre de su cabeza, la expresión que había esbozado al contacto de la toalla que lo acariciaba era la misma que tenía en ese momento, la de una criatura que, a pesar de sus poderes, seguía siendo un niño indefenso sin un padre o una madre, un niño sin amor… Pero al ver como con Cassandra podía dejar de estar a la defensiva, al igual que lo hacía con él, pensaba que quizás podía llegar a haber algo más que su mente no captaba en el momento, había algo que solo los chicos de su edad podían entender en la flor de la juventud antes de que las amarguras de la vida adulta los acobijaran.

Al mismo tiempo, Cassandra no negó que verlo de esa forma tan vulnerable después de reconocer todo de lo que era capaz era extraño, le ayudaba a ver que, a pesar de su naturaleza tan misteriosa, Arthur realmente solo era un niño al que vestían como el paciente de un asilo mental, debajo de la peculiaridad de su aspecto y su forma de ser solo era una persona sumamente lastimada.

-Hija, ¿Por qué no van a la sala principal? Quizás a Arthur le gusten los gatos, nosotros nos quedaremos aquí.

-agregó Paulo al ver como había cierta conexión entre ellos-.

Bueno, solo si eso no es un problema para ustedes.

Ambos rostros se iluminaron, Arthur con el carmesí de sus iris y Cassandra con el hermoso color castaño de las suyas, estaban ansiosos por la respuesta de Sullivan con gran entusiasmo para tener un momento juntos, sobre todo el chico quien no podía negar que tener más tiempo con ella significaba más tiempo para experimentar con el sentimiento.

-Está bien… El señor Crane aún no llega, así que podemos quedarnos un poco más.

-respondió el doctor, aunque sabía perfectamente que era una mentira y podían irse cuando quisieran, pero la hospitalidad de la familia se le hacía el motivo perfecto para quedarse un poco más si eso conseguía alegrar a su hijo-.

Pórtate bien, Arthur.

El chico asintió repetidas veces antes de levantarse casi al mismo tiempo que Cassandra, ella tomó su mano y lo llevó fuera de la sala del comedor con gentileza, para irse juntos a la sala principal donde podrían conversar como el par de adolescentes que eran tras haberse conocidos de una forma tan peculiar, formando una pequeña amistad, a pesar de que seguramente no tendrían mucho de qué hablar por la falta de habilidades sociales de Arthur.

No tomó demasiado para perderlos de vista al recorrer el pasillo hacia la sala principal, entonces los adultos quedaron a solas para hablar realmente de lo que llevaba a los padres a sentir cierto temor.

-Doctor Sullivan, ¿Arthur es realmente su hijo? -cuestionó Paulo, sosteniendo la mano de su esposa-

-Es… algo complicado de decir.

-admitió, llevando una mano a su cuello como signo de nervios-.

Supongo que lo dicen porque se nota que heredó mi color de ojos.

Su intento de chiste para aliviar la complejidad del tema resultaba bastante pobre, no había forma en que pudiera explicar todo desde un principio, desde el nacimiento tan cruel de Phantom, el supuesto origen de la muestra de sangre de la cual había surgido, así como todos los elementos que componían el proyecto que le había dado a luz.

Además, no había forma sencilla de explicar que él era lo más parecido a un padre, que no tenía a nadie más, y que la niña que los acompañaba más que ser su hermana legitima era la criatura que abusaba de su poder e influencia sobre él, que lo maltrataba y marcaba como si fuera de su propiedad, había una larga historia por detrás que no estaba seguro de que ellos pudieran llegar a creerle, pero haría su mejor esfuerzo.

Todo lo que ellos debían saber era que Arthur no era humano, jamás lo sería, contó acerca de sus habilidades y lo que habían construido en torno a eso, omitió las partes de las torturas y los experimentos inhumanos en él o en los supuestos voluntarios que albergaban todavía atrapados en crisálidas en los pisos superiores del laboratorio, todo lo que podrían llegar a considerar una amenaza para el niño o para su propia hija tras haber tenido contacto con él.

Sullivan notó que sus expresiones se iban tornando cada vez más indulgentes de modo que era fácil analizar que estaban sintiendo empatía por el muchacho, se sentían conmovidos por saber que a pesar de no tener ningún lazo con la humanidad tenía cierta afinidad por ellos.

-Cuando me hicieron firmar ese contrato de confidencialidad imaginé que estaría frente a algo bastante extraño… -su mano temblaba mientras sujetaba la de su esposa, la cual había comenzado a sudar por saber que una criatura así existía y que se hallaba bajo el mismo techo en ese momento-: pero jamás imaginé que conocería algo así, esto es casi impensable, ahora que ya pasamos la alegría del momento por nuestra hija, no puedo dejar de sentirme desplazado por ese niño.

-Sentí lo mismo la primera vez que lo vi curando el cáncer de una mujer, todos los científicos sintieron lo mismo… No me malinterpreten, me alegra mucho que alguien como él exista para salvarle la vida a otras personas, como sucedió con su hija, pero, no puedo evitar sentir que verlo directamente es como ver hacia un mundo al que nunca podremos cruzar.

-Sullivan suspiró tras compartir esa vieja reflexión que tenía guardada desde ese día, había algo en esa ocasión que le decía que podía confiarles ese pensamiento-: no sé, siento que probablemente es lo mismo que sintió el último homo erectus ante la presencia del primer homo sapiens.