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“Todo va a estar bien”
Cassandra pudo sentarse en su cama por primera vez en mucho tiempo, su cuerpo parecía renovado, había recobrado el color y el brillo arrebatados por una enfermedad que se había esfumado como si nunca hubiera estado allí, y sus lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas, tampoco hubo dolor detrás de sus ojos como solía ser, no había fuego en su cabeza al permitirse llorar.
Fue entonces que sus padres vinieron a toda prisa hasta su regazo, la elegancia del matrimonio se esfumó en cuanto se arrodillaron frente a la chica, acariciaron su rostro y sus brazos, no había ningún indicio de la enfermedad, su piel lechosa recobró su color natural, sus huesos ya no eran visibles y ya no sufría al contacto cuando ellos la tocaron… Cassandra parecía una niña normal por primera vez en toda su vida, como recién despertada de un mal sueño, les mostró una sonrisa agradable y un rubor que nunca había conocido, sus padres llenaron su rostro de besos antes de envolverla con un abrazo al mismo tiempo.
-Papá, mamá, por fin puedo abrazarlos también.
-respondió al gesto con sus propios brazos, sintiendo la calidez de su unión sin tener cuidado alguno-
Phantom también sonrió, devolvió la mirada a Sullivan y Ruby, el hombre permanecía de pie mostrándose orgulloso por su hazaña, se estaba convirtiendo en una buena persona, le alegraba ver que sus instrucciones conseguían servir de algo para el chico, no dudaba de que esa había sido otra prueba de que estaba en el camino correcto y había tomado una buena decisión al quedarse con él; Ruby, por otra parte, parecía algo irritada, pero a ese sentimiento se le sumó una extraña sensación de sentirse apartada, como si no formara parte de lo que fuera que su hermano estaba logrando más allá de solo curar a otro simio lampiño, se le hizo un nudo en la garganta y no pensó en nada más, no entendía el sentimiento y más tarde intentaría descubrir por sí misma a qué se debía.
Su trabajo estaba hecho, como con los otros pacientes, probablemente lo mejor era dejar a la familia reunida atesorar la bendición que la ciencia les había otorgado, no obstante, en cuanto estuvo a punto de levantarse mientras se colocaba sus guantes, sintió las manos de ambos padres que lo sostuvieron para impedir que se marchara, ellos lo miraban con una fascinación indescriptible y un color que no estaba antes de su llegada.
-Por favor, dinos tu nombre, nuestra bambina te debe su vida.
-confesó el padre, sonriendo a través de sus lágrimas de felicidad-
-Claro, señor Fiore… -confesó el chico tartamudeando un poco-
El hombre meneó la cabeza, aún estaba demasiado conmovido como para no temblar.
-Por favor, dime Paolo, no puedo permitir tanta formalidad después de que salvaras a mi hija.
Phantom regresó un momento la mirada a Sullivan, sabía perfectamente lo que iba a decir, no ese feo nombre para bautizar un proyecto tan insensible que lo vio nacer para usarlo como un arma y para capitalizar una cura, sino su verdadero nombre, el mismo que el doctor le había otorgado la noche anterior bajo el tenue brillo de las estrellas.
Pensó por un instante que se le hizo eterno por la inmersión de su propia reflexión, en lo que significaba compartir con otros cuanto significaba para él ese nombre cargado de belleza, no podía negar que se le hacía emocionante algo tan simple como eso porque no había cosa que apreciara más que tener una identidad, tener un nombre con el que ser llamado.
“Pensé mucho en ello, nunca imaginé que llegaría a conocer una criatura como tú; eres bueno, pequeño, eres más humano que muchos que he conocido, en el fondo de tu corazón sabes que es verdad, pero eres muy humilde para admitirlo.
Por eso creo que debes tener el nombre de una buena persona”
fueron las palabras de Sullivan en ese momento, antes de compartirlo, le había explicado cómo llegó a esa conclusión y por qué creía que sería el nombre perfecto para él, no dudaba que era verdad que podía empatizar con otros y tenía el deseo de comprenderlos, podía sentirse conmovido por los demás, no quería lastimar ni ser un arma: solo quería amar y ser amado, tener un padre y una madre, ser un niño de verdad.
Entonces soltó un largo suspiro, se despidió de ese nombre tan amargo que lo había clamado en sus dos años de existencia y se preparó para compartir el nombre que Sullivan le había puesto, porque era una buena persona y era el nombre que habría usado si hubiera tenido un hijo en lugar de una hija:
-Mi nombre es Arthur… Arthur Sullivan.
El doctor se quedó sin palabras al escuchar como Phantom se presentó a sí mismo, añadiendo su apellido a su identidad, un pequeño rastro de melancolía se asomó por su cabeza, pero fue sepultada por una alegría indescriptible que le producía lágrimas en cuanto observó que la familia Fiore también abrió sus brazos para él, ofreciéndole al niño ese gesto que siempre lo conmovía… Lo recibieron en un abrazo familiar al que no se podría haber negado, y observó la felicidad del pequeño como algo conmovedor después de todo por lo que había pasado, y que finalmente obtuviera amor después del dolor era algo maravilloso.
Pensó mucho en sus palabras de la noche anterior, sin duda verlo sentir un poco de alivio después de tanta soledad y dolor traía mucha tranquilidad a Sullivan, no negó ni por un segundo que era igual a ver que un hijo finalmente dejaba de sentirse mal consigo mismo y obtenía lo que merecía para ser feliz; Sullivan supo inmediatamente como se llamaba ese sentimiento, lo que sentía por el recién bautizado Arthur, era una mezcla de orgullo y felicidad por su hijo.
Cuando llegó el momento de partir el señor Fiore les ofreció quedarse a comer, al igual que su último paciente, pero a diferencia de aquel hombre cruel Phantom ahora sí tenía deseos de quedarse y probar lo que estuvieran por compartirle, además, la insistencia de Cassandra para que él se quedara era algo entrañable, lo suficiente como para que decidiera hacerles compañía un poco más.
En todo momento estuvo sentado junto a la chica, sus ojos brillaban con una felicidad que parecía olvidada mientras lo observaba con detenimiento, siempre sonriente al verlo probar la comida como si fuera la primera vez que comía algo tan delicioso, hacía gestos muy curiosos para su edad, y raramente le devolvía la mirada a alguno de los presentes.
Ruby notaba ese interés creciente por parte de Cassandra, no podía quitarle los ojos de encima, como todos seguramente solo estaba fascinada por su belleza inmutable y el color de sus ojos, no sería de extrañar, pero el sentimiento que llegaba a su corazón era muy diferente a lo que estaba acostumbrada, era el mismo sentimiento que había conocido por primera vez cuando él se negó a abrazarla después de su encuentro con su primer paciente… Su corazón latía con fuerza, al menos esa cosa que ella creía que se parecía a un corazón, pero dolía mucho al hacerlo, como si en cualquier momento se fuera a salir de su cuerpo, y no podía comprender por qué era incapaz de sonreír o hablar a causa de ello.
Sullivan notó que Ruby estaba muy callada al otro lado de la mesa, y comía con bastante tranquilidad, no molestaba a Phantom quien parecía inmerso en disfrutar de su comida mientras Cassandra lo admiraba tanto, no era propio de la niña carmesí quedarse callada por tanto tiempo, le preocupaba que estuviera planeando algo en ese momento, por lo que el doctor se propuso a tener un tema de conversación durante la cena.
-Señor Fiore, si me permite preguntar, ¿Qué tienen planeado ahora que su hija se ha curado?
-Oh, Signore, estoy seguro de que Cassandra querrá empezar a salir, hacer deportes o alguna actividad que le plazca ahora que no tiene que estar en cama, pero si le soy sincero, querremos disfrutar de su compañía todo lo que podamos.
-confesó el político, sosteniendo suavemente la mano de su esposa sentada a su lado-
Sullivan asintió, admitía que recuperar el tiempo perdido que no pudieron disfrutar era una de las cosas que todo padre querría compartir con su hija, estaba de acuerdo y apreciaba que ellos supieran ver el valor de esa unión familiar.
-Estoy segura de que sus amigos querrán venir a visitarla, probablemente se prepararán para su cumpleaños, no puedo creer que nuestra bambina ya va a cumplir diecisiete años; y gracias a su hijo, señor Sullivan, ella llegará a ser toda una adulta… -la mujer, por su parte, no pudo contener su emoción y un par de lágrimas se resbalaron por su mejilla, tomó el pañuelo que su esposo le ofrecía siempre que eso sucedía y continuó hablando-: agradecemos todo lo que hicieron por nosotros.
Sullivan no creía merecer su gratitud, no solo porque no fue él quien hizo algo, sino porque ese encuentro no había sucedido por la bondad del corazón humano, se trataba de un negocio como cualquiera, Crane y los inversionistas no habían sido tan generosos con los Fiore sin antes recibir el pago que el padre les había efectuado, quizás a ellos poco les importaba la cantidad si con eso podían salvar la vida de su hija, pero Sullivan sabía perfectamente la verdad… Sabía que solo habían sido otro ingreso para Genexis Sciences, la salud de su hija no era algo realmente importante para personas como Crane, y por eso el doctor simplemente se limitó a asentir, sintiéndose sucio por ser parte de algo tan amargo e insensible.
“Creo que Phantom es el único que realmente lo hace de corazón…”
pensó para sí mismo mientras evaluaba que todas las personas tendían a ser egoístas y hacer algo por los demás a cambio de otra cosa, no era la primera ni última vez que sucedía, además de no ser nada sorprendente, pero la presencia del muchacho acentuaba esa realidad como algo extraño.
Cassandra seguía admirando a Arthur, era verdad que la peculiaridad de su perfección era algo que la mantenía hipnotizada, pero no se trataba de eso, sino que también lo había visto en sus recuerdos, caminando por un alargado pasillo en que él tomaba su mano mientras avanzaban, como si siempre hubiese estado allí para ella.