El fantasma carmesí 10 #5
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-Lo único que debes saber es que te voy a salvar.

Estaba a punto de agregar algo más, pero él la interrumpió cuando llevó sus manos hacia su rostro y tomó sus mejillas con la misma delicadeza que tendría con una muñeca de porcelana, le había prometido ayudarla y pensaba cumplir con su palabra; el tacto era frío, no se parecía en nada a la señora Potter o al hombre perverso, la enfermedad que poblaba el cuerpo de Cassandra Fiore era sumamente extraña, en lugar de ser un monstruo era un dragón, solo así podría definir lo que Phantom veía cuando cerraba los ojos para concentrarse y combatir el mal que estaba devorando el cuerpo de su paciente.

El dragón se extendía por todo su cuerpo, se alimentaba de ella, todo lo que podía hacer estaba limitado, vivía atrapada dentro de sí misma, observando desde la distancia que todos podían correr, podían jugar, salían y hacían cosas que ella no, siempre atrapada en su habitación o en un cuarto de hospital, no hacía más que esperar a que ese dragón finalmente decidiera comerse su corazón.

Phantom vio todas esas horas de su vida en que miraba a su alrededor como si fuera un animal enjaulado, todos eran libres y dueños de su propio cuerpo, podían vivir como desearan porque no había nada que se lo impidiera, a diferencia de Cassandra, que había nacido para vivir limitadamente; no había razón para esa enfermedad, ningún error o significado, solo era una pobre niña que había tenido la desgracia de nacer con defectos.

Cuando caminó por el pasillo de la memoria lo primero que notó fue que su mente era mucho más opaca que la de los demás, tenía ideas que ocultaba dentro de un cofre con llave, por respeto a su intimidad no vio dentro de él, y luego miró las puertas desgastadas con recuerdos de su fragilidad donde miraba a los otros niños caminando con normalidad mientras que ella necesitaba una silla de ruedas, observaba los almuerzos extravagantes de sus compañeros de clases mientras que ella debía limitarse a porciones pequeñas junto a sus medicamentos, era como estar encadenada a una misma cosa toda su vida… Era una vida triste, sin sabor y pocas cosas que realmente hacían que valiera la pena creer que algún día algo cambiaría.

Sin embargo, decir que eso era lo único que había en su mente sería mentirse a sí mismo, porque había cosas que ni siquiera el dragón de la enfermedad podía alterar, cosas que nada en el mundo podría arrebatarle.

La chica tenía muchos recuerdos hermosos en compañía de sus padres, recuerdos en los que, a pesar de estar encerrada en su casa, podía disfrutar de su vida como una niña en normal en ciertos aspectos; hubieron noches de películas, fiestas de cumpleaños en que las luces de las velas le devolvían el brillo a su rostro, podían ir a los recitales de balé donde ella, apenas moviendo sus manos, sentía que bailaba al compás de las melodías de aquel escenario irradiado por luces celestiales… Estaba entre la vida y la muerte en todo momento, a veces escuchaba unas voces en el cielo que le pedían dejar de resistirse, le pedían descansar de todo el dolor, pero su voluntad por vivir un día más le ayudaba a aferrarse a un nuevo día.

No, no era una bailarina, pero deseaba serlo, deseaba sentir su cuerpo deslizándose por el escenario de la vida, deseaba sentir la luz sobre su rostro sonriente, admirada por sus padres y amigos, admirada por el mundo que aplaudía a su libertad; lo que Phantom miraba era su recuerdo, y al mismo tiempo un sueño, miró dentro de su corazón que a pesar de todos los años de sufrimiento aún había espacio para el amor y la música de una vida que luchaba por seguir adelante.

Eso fue suficiente para hallar la fuerza para enfrentarse al dragón, como un caballero rescatando a una damisela en apuros, el muchacho combatió la enfermedad por ella, tomó su mano y le ayudó a encarar a su propio monstruo, Cassandra Fiore consiguió superar la enfermedad con ayuda del ángel que tomó su mano y amó su recuerdo.

“Cassandra, gracias por ser tan valiente, mereces seguir con vida”

le susurró antes de abandonar el pasillo de los recuerdos, tal vez no recordara lo que le había dicho cuando despertara, pero al menos dejaría sembrada una parte de sí mismo, así como ella había dejado algo especial en él tras haber visto los recuerdos más hermosos que podría haber visto en una persona.

En cuanto volvió en sí misma se percató de ese hermoso rostro angelical que la recibió con una sonrisa, era como volver a nacer: la luz entraba en sus ojos después de un periodo de oscuridad, la calidez de su cama impregnó todo su cuerpo, se sentía tan ligera como una pluma y no había dolor por ninguna parte, sus sentidos se hicieron un poco más agudos, aunque solo por un momento, y pudo escuchar el canto de los pájaros en los bosques que rodeaban la mansión, así como también escuchó el sollozo de sus padres… Pero nada de eso se podía comparar con el rostro que la recibió con una dulce sonrisa, no hacía falta hablar para saber lo que le decía con esa mirada tan gentil carente de malicia: