El fantasma carmesí 10 #4
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pensó mientras le devolvía la mirada a esos ojos poseídos por la tristeza, era algo sumamente doloroso, recordar lo llevaba a esos pasillos alargados con puertas extensas y monocromáticas, lo llevaba hacia un lugar peligroso que no le gustaba tener dentro de su memoria; se compadeció del señor Fiore en lugar de disgustarse por su comportamiento, porque sabía que no era rabia lo que sentía, solo un profundo vacío en el lugar en que estaba su corazón, era algo que no podría haber calmado sin importar que truco psicológico o que palabras usara, porque era un lugar del que él ni siquiera había salido realmente.

Sin embargo, antes de que esa confrontación pudiera escalar a la violencia física, Phantom se acercó a ambos hombres y tomó suavemente el brazo del político, era un tacto gentil y firme al mismo tiempo, podía percibir y comprender sus sentimientos, pero al mismo tiempo no dejaría que atosigara a Sullivan.

No llevaba sus guantes, con el tacto de su piel era mucho más fácil influir en las personas, y al tocar al padre afligido pudo ayudarlo a calmarse un poco, no sabía la razón, pero el señor Fiore comenzó a sentirse relajado, como si todos sus pesares se desvanecieran arrastrados por el viento, la calma que le produjo la compañía del niño era algo indescriptible que nunca en su vida, ni siquiera en su niñez, había sentido.

Ambos hombres le devolvieron la mirada, las manos tensadas de Fiore se volvieron cada vez más relajadas, poco a poco fue recobrando la compostura hasta llegar al punto de dejar ir a Sullivan, mientras era observado por su esposa anonadada por ver como se calmaba gradualmente sin razón aparente; nadie, a excepción de Ruby, podían ver realmente lo que sucedía, pues la verdad era que Phantom le estaba transmitiendo su calma, compartía con el hombre sus propias emociones para ayudarlo, esa sumisión tan agridulce que le ayudaba a sobrellevar sus propios pesares permitieron que el hombre entendiera que sí había esperanza a la cual aferrarse.

“Entonces le daré razones para creer”

fue la respuesta que Phantom envió a su hermana, y su mirada bastaba para hacerles ver a todos que incluso si ellos no tenían esperanzas él buscaría la forma de ayudarlos, no dudaba en que quizás vería cosas desagradables, pero tal y como le había dicho a Sullivan, todo eso formaba parte de las condiciones de seguir con vida, la calma de la noche anterior en que fue bautizado le ayudó mucho más a canalizar esa paz que había escaseado en sus vidas desde el nacimiento de su hija.

-Le haré una promesa, señor Fiore… -confesó Phantom, hablando con el mismo tono angelical que se le había conferido, mirando con profundidad dentro de su alma gracias al carmesí de sus ojos que lograba fascinar a todos a quienes le devolvían la mirada-: su hija no va a morir.

Todos los sentimientos de dolor desembocaban en ese punto, con el delicado tacto de un niño con rostro de ángel, con las palabras que hacían que su dolor no se viera como un castigo por sus acciones, con la seguridad de que en un mundo de estafas y mentiras aquel niño era el único honesto.

No conocía las mentiras, no le gustaban, así como tampoco apreciaba el sufrimiento, su sonrisa tan cálida le hacía pensar que decían la verdad después de todo, e incluso si no podía salvarla, imaginar que ese rostro sería el último que su hija vería le daba cierta satisfacción, le alegraba mucho que estuviera allí después de haberle compartido todos esos sentimientos solo con permitirse tomar su brazo que también fue aflojando su agarre.

En cuanto Phantom lo soltó él hizo lo mismo con Sullivan, ya comenzaba a extrañar la sensación de calma que le había transmitido, comenzaba a extrañar su compañía, pero sabía que daría lo mejor de sí mismo para cumplir con su promesa conforme se dirigía lentamente hacia el lecho de la niña enferma.

Phantom sonrió al doctor al mirar sobre su hombro, y este le devolvió el gesto con gratitud al ver que realmente había logrado adquirir compasión por otros, le alegraba que no fuera nada parecido a Ruby, al mismo tiempo, ella contenía su irritación detrás de su rostro aparentemente gentil y hermoso porque Phantom le había llevado la contraria, no lo castigaría, porque detrás de eso se sentía ignorada por su hermano.

La niña, que realmente era una adolescente por definición, era bastante hermosa, pero la enfermedad había demacrado todo su cuerpo tras tantos años; su cabello negro parecía un nido de cuervos, su piel lechosa parecía papel, se podían ver sus huesos como siluetas detrás de ella, tan delgada y sin energías que casi parecía una muñeca de porcelana que podría romperse con facilidad si llegaba a tocarla, a Phantom le preocupaba que ni siquiera podría resistir su toque cuando intentara curarla.

Luego estaban sus ojos, eran un par de canicas de color castaño claro, hundidos en sus cuencas bordeadas por un profundo color negro a causa de la falta de sueño, no podía dormir por el dolor a no ser que tuviera anestesia para aliviarse, además, la falta de color había hecho que sus labios fueran grises y resecos, era más un cadáver que una persona viva.

Entonces ella volvió a abrir sus parpados con lentitud, se habían cerrado involuntariamente a causa del cansancio, ni siquiera el pequeño pleito que casi formaba su padre conseguía mantenerla despierta… Era una imagen lamentable, porque realmente era hermosa, incluso más que la señora Fiore, pero nacer enferma había sido el único error que le arrebataba su belleza.

- ¿Quien… eres? -cuestionó con una voz muy distante, casi un suspiro por el que Phantom tuvo que inclinarse para escucharla correctamente-

-Todo estará bien, te voy a curar.

-confesó el chico, quitándose su otro guante para acercar ambas manos lentamente a su rostro-

-No, por favor, no más medicinas, no más inyecciones… -rogó, moviendo la cabeza sobre su almohadón-

Phantom notó esto, los brazos de la chica tenían muchas marcas de inyecciones, diferentes residuos de fármacos albergaban su cuerpo, pero todo había sido inútil siquiera para aliviar el dolor físico, podía sentirse reflejado, ella podía entender lo que él sentía al ser víctima de tantos experimentos crueles que probaban formulas químicas con su cuerpo e inyecciones que no hacían más que incrementar el pesar… Aunque era algo desagradable volver a viajar por el pasillo de sus memorias aquella chica era el detonante para pensar en algo como eso.

Entonces se limitó a mostrar la misma sonrisa melancólica que casi siempre esbozaba, y tomó suavemente su mano por encima de la manta que la cubría, logrando que ella le devolviera la mirada antes de hablar.

-No te preocupes, Cassandra, haré que el dolor se detenga.

-prometió con la misma sonrisa, logrando que la chica abriera los ojos con impresión-

- ¿Como sabes mi nombre? -cuestionó, cautivada por el color de sus ojos y cabello-