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Phantom entonces le regresó la mirada, con esos hermosos ojos carmesíes que brillaban como los de un felino entre las sombras, y pudo hacerle ver que para él no había mucho que perdonar más allá de su último encuentro, para el niño no había fallo en Sullivan, no había fracasado como tanto creía incluso si las cicatrices en su cuerpo decían lo contrario, pues él nunca dejó de amarlo de esa forma tan especial que el hombre creía haber perdido hacía mucho tiempo… Pero allí estaba ese chico, dispuesto a amarlo y verlo como el padre que nunca tuvo.
-Pero yo pude encontrarlo, ¿Verdad? -confesó, dejando caer la cabeza contra el hombro de Sullivan, sintiendo la calidez que emanaba de su cabello-
Sullivan dejó escapar un suspiro, no estaba listo para aceptarlo, pero no creía que hubiera otro momento para estarlo, nadie podía prepararlo para ser padre dos veces en una vida, el hombre naturalmente dudó en volver a abrir su corazón, pero al final solo había una respuesta correcta después de todo lo que había aprendido al lado del niño.
Él cerró sus ojos y lo abrazó, envolviendo a Phantom entre sus brazos, y apreció la ternura de un corazón tan puro como el suyo, no le tuvo miedo al contacto con el niño y cumplió su sueño de ser abrazado sin percibir nada más que cariño en su corazón, era algo que jamás olvidaría y se prometió ayudar a Sullivan sin importar si eso llegaba a costarle la vida.
En un momento un recuerdo llegó a su mente, sobre una de las tantas cosas que hablaron en el laboratorio, y eso le dibujó una tenue sonrisa mientras palmeaba suavemente la cabeza de Phantom y se aseguraba de que lo escuchara.
-Aún no olvido que prometí pensar en un nombre para ti, creo que el que tienes ahora no es muy apropiado, y creo que tengo el nombre ideal.
-confesó el doctor, manteniendo la misma sonrisa mientras Phantom se retiraba y lo miraba con bastante emoción-.
¿Quieres que te lo diga y me dices si te gusta tu nuevo nombre?
Phantom asintió repetidas veces con gran entusiasmo y una sonrisa bastante dulce, entonces Sullivan se acercó y le susurró un nombre maravilloso que siempre atesoraría.
“Todo lo que existe tiene una identidad, tiene un nombre, y es importante llamar a todo lo que existe por su nombre”
pensó Phantom conforme escuchaba la voz de Sullivan que parecía hacerse joven a su lado y recobrar la alegría solo con estar presente, y eso también le ayudó a creer realmente en sus palabras, a sonreír con sinceridad, porque había conseguido que él lo aceptara en su corazón finalmente.
Cuando menos se lo esperaron el conductor ya había llenado el tanque de gasolina, era momento de partir, y aunque Sullivan parecía preocupado porque conocía las condiciones en las que el niño viajaba a este no parecía importarle demasiado, Ruby seguía profundamente dormida por lo que no le asustaba estar a solas con ella, tenía un recuerdo muy hermoso que le ayudaba a conciliar el sueño hasta que arribaran a su próxima parada.
El muchacho descansó, pensando en el hermoso nombre con el que Sullivan lo había bautizado, le ayudaba a dejar de pensar un poco en el secreto que Ruby le había susurrado, tener ambos polos le ayudaban a ver que siempre habría un camino, tenía elecciones como todos y el libro albedrio para elegir la que quisiera
Un nuevo sendero les esperaba, cruzando por las carreteras desoladas por la noche, extendiéndose más allá de la gran ciudad hasta alcanzar el exterior, en ese lugar no quedaba nada salvo el dominio de las sombras donde los pensamientos se alzaban con formas monstruosas, y Phantom pudo sentir las vibraciones del camión como la prueba irrefutable de que ya no se hallaban en el mundo de los hombres.
Usó el poder que Ruby le había enseñado y observó el exterior a través de los ojos de las cigarras que se adherían a los árboles, pudo ver que el camión era el único que se hallaba presente esa noche, había algo de melancolía en el ambiente porque la noche era más profunda que cualquier otra, y en la lejanía la ciudad se alzaba con torres sin misericordia de un castillo abandonado.
Había algunos animales que observaron al camión con cierta curiosidad, alguna que otra criatura desconocida por los hombres también rondaba por el bosque observando la ruidosa carcasa que se desplazaba por el camino hacia lo desconocido, pero en cuanto presentían a Phantom observándolos, devolviéndoles la misma mirada curiosa, las criaturas desaparecían en el bosque con gran temor.
La noche prosiguió hasta que alcanzaron su destino, Phantom permaneció observando el exterior poco antes de que Ruby pudiera despertar; se hallaban más allá de todo rastro de la ciudad, a las afueras de una gran mansión de proporciones siniestras que se alzaba frente a una enorme hectárea de bosques, desde ese lugar el amanecer se alzaba con gran vehemencia dominando todo cuanto podía mirar hasta perderse en el horizonte donde los misterios se cernían en torno a su ignorancia.
La luz rociaba la tierra revelando ese mar de oscuridad en que la mansión flotaba como los campos verdes que lograban maravillarlo por su belleza, el viento mecía las hierbas altas, convirtiendo todo en dominio del sol.
La gran diferencia que notó con la primera mansión que había visto era que ningún sirviente los esperaba para recibirlos, se hallaban totalmente solos en la entrada de modo que lo único que había para admirar era la figura titánica de aquel hogar donde solo tres personas residían en el interior, solo tres almas que aguardaban con un mismo deseo.
Phantom entonces regresó en sí, miró a la pequeña niña a su lado que lentamente comenzaba a despertar, pero él no había dormido en toda la noche por pensar con tanto detalle en el nombre que Sullivan le había otorgado, y no podía esperar por la oportunidad de presentarse frente a los pacientes, incluso si ellos no lo apreciaban, él solo quería decir su propio nombre en voz alta.
-Buenos días, hermano mayor, ¿Te despertaste temprano? -saludó la niña mientras se aferraba a él, el cual se limitó a asentir-.
Entonces te emociona mucho ayudar a los simios, que tierno eres, es como verte emocionado por ayudar a un perro callejero.
Phantom simplemente negó con la cabeza, sin deseos de querer discutir con ella después de escuchar su terrible secreto el día anterior, sentía mucha alegría en su corazón como para darle importancia a las palabras de Ruby.
Poco después las puertas volvieron a abrirse, la luz del alba emergió entre el claroscuro de un nuevo amanecer, revelando a los gemelos carmesíes que fueron espectados por los ojos cansados de Sullivan que le permitieron un vistazo de aquellos duendecillos que emergieron para ser recibidos por el mundo nuevamente, no sabían lo que les esperaba y mucho menos cuanto impactaría en sus vidas a partir de ese momento, algo que aguardaba susurrando el verdadero nombre de Phantom.
El camino de piedra zigzagueaba entre el jardín delantero, en esa ocasión Crane no se presentó inmediatamente a diferencia de la primera vez, su limusina se había atrasado y tardaría en llegar, pero no hacía falta que estuviera presente para continuar con su trabajo.
Phantom admiró los alrededores, aquel lugar se le hacía familiar a pesar de nunca haber estado allí, probablemente también lo había soñado como la mayoría de las cosas que conocía, lo había visto y no lo recordaba del todo… Lo único que persistía era la belleza de aquel instante en que sus pasos lo guiaron hasta la entrada principal, solo que en el sueño Ruby no estaba allí, todo lo demás sí, pero la niña era una invasora al ver como todo lo que había soñado se hacía realidad frente a sus ojos.
El viento mecía las hierbas, las tejas de la mansión resonaban con crujidos oxidados, sus grandes ventanales eran ojos con un apetito voraz y sus puertas dientes que lo amenazaban por la profundidad que había detrás de ellas, se sintió vigilado por una presencia invisible que sabía perfectamente de lo que era capaz sin conocerlo, pero quería devorarlo; algo dentro de la mansión le hacía sentirse vulnerable del mismo modo que se sentía cuando dormía a solas con Ruby, y, sin embargo, sus piernas lo traicionaban y nunca se detuvieron a pesar del terror silencioso que le evocaba aquella visión como si los ecos del futuro intentaran advertirle de algo que aún no comprendía.
Al tocar el timbre de la mansión, con Sullivan como su guía a pesar de que era obvio que estaba tan perdido como él, un sonido crepitante escaló las paredes e hizo eco en los pasillos carentes de vida, como una afirmación a las sospechas de Phantom de que ese hogar cargaba con un aura de tristeza profunda, comprendiendo así que lo más seguro era que su paciente, quienquiera que fuera, estaba demasiado herido y resignado a su destino como para intentar tratar su propia enfermedad… No quería usar sus poderes para saber cuál de las tres personas era la víctima de un asesino silencioso, prefería conocerla personalmente antes de estrechar su mano y posiblemente llevarse una decepción.
Escuchó los pasos de alguien que se acercaba al otro lado de la gran puerta de madera, se preguntó si sería un sirviente o directamente la persona a tratar, y mientras el cerrojo se descorría llegó a pensar en Sharon, la chica que atendía la tienda de conveniencia y en cómo sus esfuerzos para sobrellevar su propia vida a la vez que cuidaba de su hermano lo habían conmovido al curar su enfermedad, pensó en que era un contraste demasiado notable con el hombre millonario al que había tratado, ambas personas pertenecían a la misma especie y sin embargo no compartían nada más en común, eran tan distintos tanto en decisiones como en posibilidades que eran muy ajenos uno del otro; ¿Qué clase de persona sería su nuevo paciente? ¿Acaso un hombre o mujer carentes de toda empatía hacia sus semejantes? O, por el contrario, alguien que aún conservaba un poco de decencia humana.