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-mencionó Sullivan al poner frente a la cajera un paquete de cigarrillos, unas mentas, otras dos barras de chocolate en cuanto Phantom se acercó, y se dispuso a pagar por todos los artículos-
-Oh, está bien.
-confesó la cajera, sin poder quitarle la mirada de encima al niño que también la miraba y le mostraba una sonrisa que conseguía atontarla un poco-.
Disculpe si sueno entrometida, pero ¿Ese es su cabello real? ¿Es alguna clase de cosplay?
Sullivan intentó buscar una respuesta que lo justificara, estaba la opción de decir que era por nacimiento, o apegarse a la suposición de la chica, cual fuera el caso ya había pensado en qué responder, no obstante, el mismo Phantom se encargó de contestar con la misma sonrisa.
-Así nací, señorita.
-Oh, que buenos modales tienes, no es muy común hoy en día con las cosas que ven los niños sin supervisión.
-halagó ella devolviéndole la sonrisa, era extraño que lo hiciera porque a esas horas normalmente ya estaba de mal humor por lidiar con tantos clientes frustrados, pero ese pequeño de cabello carmesí había hecho que fuera más agradable estar allí y no en otra parte, y mientras pasaba los productos por el escáner reveló por accidente una pequeña herida en su muñeca-
Phantom notó inmediatamente la herida: era un acceso en su piel que revelaba sus músculos carcomidos, apenas cubierto torpemente por unas vendas sucias con su propia sangre.
Lo que él no sabía todavía era que la chica sufría por una bacteria come carne, su piel simplemente se deshacía revelando esos pequeños accesos de carne rojiza, era algo que el chico no podía imaginar, aunque era la primera vez que lo había visto sabía perfectamente que era como cualquier enfermedad, virus o malestar, algo que podía tratarse, aunque en ocasiones resultaba bastante complicado o incluso imposible para la mayoría que no contaba con los recursos suficientes.
Ella notó su interés en la herida y volvió a cubrirla con su manga, mientras Sullivan sacaba el dinero de su billetera el niño no dudó en devolverle la mirada a la cajera algo avergonzada de sí misma.
Por algún motivo pensó nuevamente en el hombre millonario, él había sido curado de su enfermedad porque podía pagar por sus servicios, era capaz de costear lo que fuera necesario para tratar su enfermedad y heridas, pero esa chica frente a él, así como muchos otros en el mundo, trabajaba día tras día en lugares como ese cuyas ganancias apenas les permitirían sobrevivir con un alquiler o con la comida para un mes… Aunque ella sufriera por esa bacteria, o por cualquier otra enfermedad, difícilmente podría pagar por un tratamiento, se limitaría a ir cada cierto tiempo con un médico que le recetaría pastillas que solo estarían prolongando el dolor.
-…Sería todo, gracias.
-confesó Sullivan al pagar la cantidad mostrada en la caja registradora-
-Vuelvan pronto.
-despidió siguiendo el guion de siempre con los clientes-
Phantom sabía que ya era momento de irse, pero no quería hacerlo como si nada después de haber divisado esas heridas tan feas, probablemente se estarían extendiendo por todo su cuerpo, cubiertas por el uniforme de la tienda y por las mangas largas que vestía debajo del mismo, su corazón le decía que la ayudara aunque su mente le recriminaba que probablemente sería el castigo que merecía por las maldades que había cometido hacia otros; se preguntó qué sería lo correcto, ¿Fingir que no había visto nada o intentar arriesgarse y ayudar a la chica que seguramente no volvería a ver? No sabía por qué, pero su corazón consiguió ganar la batalla en ese dilema, aunque probablemente llegaría a arrepentirse.
Entonces el chico volvió a quitarse sus guantes, aunque sabía que lo tenía prohibido, y Sullivan sintió escalofríos cuando él ofreció estrechar la mano de la chica, algo que ella vio con cierta confusión porque no acostumbraba que los clientes le agradecieran de esa manera.
Sin embargo, accedió debido a que Phantom seguía siendo un niño bastante perfecto físicamente que inspiraba esa confianza y cariño genuinos que solo el doctor había conocido, le inspiró el mismo sentimiento a pesar de ser extraños y finalmente tomó su mano, pudiendo sentir algo extraño por todo su cuerpo como si él tuviera algún efecto al simple contacto con su piel.
Pudo ver sus recuerdos por un momento, todo sucedió en la brevedad de unos segundos para los presentes, pero para Phantom hubo tiempo suficiente para ver dentro de sus memorias y conocerla un poco mejor, caminó por el pasillo de sus memorias y abrió las puertas para presenciar su pasado, esperando en un principio ver peleas, abusos y otras cosas horrorosas; en su lugar halló todo lo contrario, una luz blanca, como la de una estrella, lo recibió para enseñarle que la vida de esa chica estaba llena de esfuerzos, promesas y logros tras los cuales mantenía la esperanza de llegar a cumplir todos sus sueños.
“Un día a la vez, mamá, estoy cuidando bien de mi hermano como lo pediste”
susurraba a una tumba donde dejaba flores cada domingo, pero en su rostro no había tristeza, sino melancolía, tenía la esperanza de llegar a cumplir todo aquello por lo que se esforzaba, después de todo, ella trabajaba y estudiaba al mismo tiempo, cuidaba de un pequeño niño que supuso se trataba de su hermano, hacía todo lo posible para que tuvieran una buena vida después de haberse quedado huérfanos.
No tenían muchos lujos, pero vivían bien, paseaban, jugaban videojuegos, tenían lo necesario y nunca se acostaban sin cenar, no era la mejor vida, pero sin duda era una buena, y Phantom sintió alivio de saber que al menos esa chica disfrutaba de ella y veía el valor de estar con aquellos a los que amaba, de recordarle cuán importante era para ella.
No tuvo que esperar que una enfermedad le hiciera cambiar su forma de ver la vida, era feliz con lo que era y lo que tenía, por lo que ella, sin ninguna duda, merecía ser salvada; el hormigueo que recorrió el brazo de la chica no fue nada incomodo, fue como si masajearan su cuerpo desde el interior, era algo indescriptible y no dudó en pensar que ese breve instante fue gracias al niño de cabello rojo, algo que si decía en voz alta seguramente le dirían que estaba loca, por lo que se lo guardaría para ella.
-Fue un gusto conocerte, Sharon.
-susurró Phantom antes de soltar su mano y caminar nuevamente al lado de Sullivan, poniéndose sus guantes-
La cajera quedó pasmada, la sensación se había desvanecido y en su lugar quedó un gran alivio, el niño peculiar y el anciano se desvanecieron en la oscuridad de la medianoche fuera de la tienda, en dirección al camión que aún no se llenaba del todo, y ella acarició su mano con la calidez que había quedado en ella.
Se miró a sí misma y pudo ver algo que contaría en el internet en completo anonimato, como muchos hacían al hacer preguntas que podrían pasar por estúpidas; ¿Era normal que sus venas brillaran con un tenue tono carmesí antes de desvanecerse y volver a la normalidad? Posteriormente sintió comezón en sus heridas como era costumbre, pero al revisar sus brazos descubrió algo sorprendente: sus heridas se habían cerrado, ni siquiera quedaban marcas, y al regresar a casa descubriría que lo mismo sucedió en el resto de su cuerpo.
La chica miró nuevamente a la puerta automática tras la cual la noche consumía todo a su paso, ni siquiera ella podía ver los edificios que se levantaban en medio de la nada, solo las ventanas iluminadas como los ojos de cientos de arañas que la observaban podían demostrar que el mundo aún existía fuera de los confines de esa tienda de conveniencia; pensó en criaturas misteriosas más allá del entendimiento humano, como los supuestos ángeles de Japón o los rumores de seres extraterrestres, pensó que había sido como uno de esos encuentros de los que nadie tiene evidencia y siempre rondaban por el internet, pero sobre todo, pensó en el niño de ojos carmesíes y en lo que había hecho por ella sin pedir nada a cambio
-Nunca te dije mi nombre… -susurró para sí misma mientras aún acariciaba su palma con la calidez que nunca podría olvidar-
El cielo era oscuro, las estrellas no eran más que luciérnagas incrustadas en el firmamento interrumpiendo el lecho de la tierra, contempladas con cierta melancolía, descritas con bastante amor a pesar de no ser más que viejas fotografías de cuerpos celestiales que habían ardido hacía mucho tiempo.
Phantom las admiraba ignorando todo lo que sabía, sin que su conocimiento arrebatara la belleza de lo que representaban para él cuando alzaba la mirada, con el sabor del chocolate en su boca, con el doctor para hacerle compañía, era encantador estar presente para presenciarlo mientras disfrutaba de ese instante, sentados en una banca al otro lado de la estación de servicio a la espera de que el camión llenara su tanque.
Sullivan fumaba un cigarrillo con bastante calma, sabía que era malo a su edad, pero no era algo a lo que le diera mucha importancia en ese punto, lo único que le importaba era pasar un momento agradable sin la amarga presencia de Crane o la siniestra compañía de Ruby.
Ellos dos parecían ser los únicos que realmente disfrutaban de estar sentados dejando que el tiempo pasara mientras las estrellas seguían deslizándose por aquel manto de oscuridad perpetua.
Mientras el hombre disfrutaba de ese pequeño palillo entre sus labios que exhalaba tanto humo, el niño era feliz solo con el deleite del chocolate en su paladar, siendo la primera vez que lo probaba era inevitable que dejara salir pequeños suspiros de placer.
-Come lento para que puedas saborearlo, así se disfruta el chocolate.
-aconsejó Sullivan, palmeando suavemente su espalda, notando que estaba temblando ligeramente por los nervios que siempre lo recorrían-