El fantasma carmesí 9 #3
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Phantom comprendió sus intenciones, aunque le desagradaba enormemente sentía que no tenía otra opción, probó la carne a regañadientes y se unió a ellos en la cena perversa, observado por sonrisas que escondían malas intenciones y anhelos que solo él podía cumplir, Sullivan era el único que lo compadecía, pero ni siquiera él podía hacer algo en ese momento de gran incomodidad: Phantom entendía, pero no por eso significaba que lo apreciaba, que esa era su vida, era lo único que podía conocer como su hogar, una situación perversa en la que aquellos ojos lo observaban y lo manejaban como la marioneta con hilos que era, la marioneta que nunca sería un niño real… Y con esa sensación devoró cada pedazo de carne, hasta la última migaja, bajo las miradas perversas.

Una vez acabada la cena incomoda, los gemelos se dirigieron fuera de la mansión para volver a subir al camión, fueron despedidos por el hombre que insistía en estrechar sus manos y palmear sus espaldas solo como una excusa para tocarlos, algo que Crane sabía perfectamente, pero nunca dijo nada por falta de interés, y Sullivan tampoco dijo algo debido a las ataduras que lo mantenían como el simple acompañante de los hermanos.

Phantom sentía mucho asco solo con ser tocado por el hombre, mientras que Ruby simplemente se limitaba a corresponder el apretón de manos cada vez con más fuerza hasta marcar la mano del millonario, demostrando con ese simple gesto que a ella no le gustaba ser igual de compasiva que su hermano, no le importaba quien era ni cuanta influencia tuviera en el mundo, para la niña no era más que otro simio lampiño.

Una vez en el camión, de vuelta en las sombras como un par de productos con garantía de devolución, y Phantom presenció el instante en que la oscuridad consumió al mundo en un instante, los sirvientes de la mansión se desvanecieron mientras sacudían sus manos en el aire para despedirlos, y la luz del otoño simplemente se disipó.

No obstante, no estaba a salvo porque Ruby seguía allí esperando que dejara de contemplar la puerta como si fuera a abrirse en cualquier momento, la luz no regresaría por varias horas y él debía aceptarlo, aunque sabía perfectamente que lo único que quería era volver a sentir la fresca brisa del otoño sobre su cuerpo.

- ¿Acaso ver sus recuerdos fue demasiado para ti, hermano mayor? -intuyó Ruby mientras esperaba sentada en el colchón que les servía de cama-

Phantom guardó silencio mientras le daba la espalda, no quería pensar en esas imágenes que lo habían recorrido, ni mucho menos en los gritos, las voces y las súplicas de inocentes que sirvieron para cumplir los enfermizos deseos del hombre y de otros tantos que podían permitirse pagar para poseer una vida humana, había sido demasiado como para siquiera hablar de ello con la única que podía entenderlo.

De pronto presintió la amargura de una garra deslizándose por su cuello, era fría y larga, lo suficiente como para dejar una pequeña cicatriz que jamás desaparecería al igual que las demás, sabía de qué se trataba, pero no tenía el valor para mirar hacia atrás y encarar el rostro que sabía perfectamente a quien pertenecía, o, mejor dicho, la máscara de niña que ocultaba su verdadero rostro.

-Sucedió lo mismo con tu primera paciente, seguramente viste cosas muy bonitas que te hicieron creer que todos tendrían la misma clase de recuerdos, seguramente pensaste que todos, incluso tu amado Sullivan, tienen pensamientos bonitos.

-continuó hablando con la misma seducción mortal que era capaz de poseer cuando quería, su garra alargada seguía acariciando su nuca mientras los movimientos del camión indicaban que ya se encontraban en una carretera-

-No quiero hablar de eso.

-confesó Phantom, su collar había pasado de verde a amarillo, una pequeña descarga recorrió su cuerpo, pero ni se inmutó-

- ¿Qué sucede? No te estoy mintiendo, hermano mayor, tú ya sabes lo que pienso de estos simios, tú ya sabes que nunca seremos iguales a ellos; nosotros somos perfectos, no tenemos que cuestionarnos nuestro propósito en el universo a diferencia de los humanos y por ende no necesitamos herirnos mutuamente para entenderlo, ellos son la peste y nosotros la cura.

-dicho eso ella abrazó a Phantom por la espalda, envolviéndolo con delicadeza-

Phantom sintió deseos de lastimarla, esa parte de sí mismo que prefería mantener oculta, un resplandor de oscuridad que le pedía saciar su sed de sangre al igual que un vampiro, le susurraba que convirtiera sus manos en garras y despedazara la cara bonita de Ruby para hacerle pagar por las cicatrices que le había dejado… Pero él seguía conteniéndose, no quería ser un monstruo a diferencia de su hermana, no quería ser el arma que los científicos esperaban que fuera, porque al final ella era lo único que realmente perduraba.

- ¿Quieres que te cuente un secretito acerca de nuestro origen? ¿Quieres saber por qué todos nuestros dones derivan de la sangre? -con su voz era fácil quedar hipnotizado, pero el único efecto que tenía en Phantom era despertar su curiosidad, intrigado por lo que quería compartir con él, lo cual era nuevo porque ella solía ser muy recelosa con su conocimiento-

Phantom simplemente se limitó a asentir, entonces sintió las dulces caricias sobre su pecho a la vez que ella acercaba su boca a su oreja para susurrar esa revelación en medio de las sombras, un secreto que le resultaba bastante intrigante como para quedarse en un simple pensamiento y se convertía en un origen escalofriante, en algo que le hacía palidecer y perder control de su cuerpo, convirtiéndose enteramente en su juguete durante otra fracción de tiempo en que perdió noción de sí mismo y el conocimiento se disipó hasta que pudiera recobrar una vez más la percepción del mundo.

“Y aún no lo puedo creer…”

pensó el chico antes de desvanecerse en su propia cabeza, perdiendo total conocimiento de su entorno, todo lo que pudo sentir fue dolor en su cuerpo mientras Ruby hacía lo que quisiera hasta que llegara la hora de volver a despertar.

No faltó mucho para que volvieran a abrir la puerta del camión, era de noche y Ruby aún dormía en el pecho de Phantom cuando eso sucedió, en cambio él seguía sin dormir y había descubierto a Sullivan con sus ojos brillando como los de un felino, esperaba que el chico estuviera despierto y agradeció que así fuera en cuanto abrió aquella puerta maligna; él se mostró aliviado dejando escapar un gran suspiro tras descubrir que la niña estaba dormida, por lo que se limitó hacer un ademán para invitar a Phantom a salir del camión.

Naturalmente dudó en hacerlo, pero tras haber sido el juguete de los demás estaba cansado y necesitaba de un respiro, sobre todo después de recibir el toque violento de la niña; con mucho cuidado se deslizó de sus brazos, dejándola descansar a solas en el colchón y ofreciendo su almohada en su lugar para que no se despertara, algo que había notado era que su único parecido con las personas era que disfrutaba dormir, para ella se había convertido en un placer secundario porque era capaz de soñar con lo que quisiera cuando quisiera, era algo que el chico comprendía porque también disfrutaba tener buenos sueños.

Una vez fuera notó que era casi medianoche, las estrellas brillaban con bastante intensidad en esa parte del país, era un camino largo a las afueras de la capital, se hallaban en una estación de servicio donde el chofer se había bajado para llenar el tanque del camión, tardarían un poco debido a que estaba casi vacío por lo que Sullivan había aprovechado para tener algo de espacio con Phantom.

-No hay casi nadie a estas horas, no te preocupes, chico.

-confesó el doctor mientras estiraba los brazos-

Phantom lo imitó inconscientemente, estiró sus brazos y piernas después de haber estado acostado tanto tiempo, el hombre notó esto inmediatamente, se le hizo algo bastante dulce saber que era tan importante para él como para imitarlo de esa manera que solo un niño lo haría.

Tras eso, caminó hasta la tienda de conveniencia y lo invitó a seguirlo, era un pequeño local luminoso abierto las 24 horas del día, por lo que tras el mostrador se hallaba una chica algo somnolienta lista para atenderlos con la misma indiferencia y desaliento que muchos trabajadores nocturnos poseían, algo común cuando lidiaban con clientes molestos en tan altas horas de la noche.

Sullivan le dijo que podía escoger lo que quisiera, mientras el hombre pedía un paquete de cigarrillos y una caja de mentas, Phantom recorrió el pasillo de los dulces debido a los hermosos colores de aquellos paquetes tan llamativos, era algo sumamente atractivo para sus ojos acostumbrados a los pasillos monocromáticos de los laboratorios.

Había una barra de chocolate cuyo empaque atractivo pertenecía a una marca alemana, era lo que más le atraía y no dudó en sacarlo de su bolsita para probar una de las barras, el sabor se disolvió en su paladar de una forma tan única que no pudo evitar ruborizarse por el asombro, la maravilla del sabor iluminó sus ojos y no dudó en saborear esa única barrita dentro de su boca para fundirlo con su lengua.

-Niño, tienes que pagar por eso primero.

-llamó la chica encargada detrás de la caja-

Phantom se giró a mirarla, aún con la barrita dentro de su boca, le dedicó su mirada llena de curiosidad que fue suficiente para anonadar a la chica por la peculiaridad de su apariencia, cualquiera podría haber quedado entumecido por el aspecto de Phantom en ese instante; con camisa y pantalones blancos como salidos de un hospital, con cabello y ojos carmesíes bastante llamativos por el tenue resplandor que emitían, aunque posiblemente no fueran más que un efecto de las bombillas blancas de la tienda, pero a pesar de sus prendas su apariencia era sumamente atractiva, no había ninguna imperfección, apenas unas pequeñas cicatrices se asomaban por su cuello, pero ni siquiera eso conseguían despojar al niño de su pulcritud y su expresión tan curiosa como la de un cachorro.

-Lo siento, viene conmigo, pagaremos por todo esto.