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El hombre era un adicto a los menores de edad, a usar su riqueza para satisfacer sus enfermizos deseos sin sufrir las consecuencias de sus actos, en un bosque de árboles tan altos como el cielo azul, junto a otros hombres y mujeres de gran influencia, los rituales con sangre virgen impregnaban las decisiones de muchos que vivían en el mundo de la política y el entretenimiento… La elite que manipulaba al mundo era la misma que había hecho todo lo posible para engendrarlo.
En cuanto su sangre absorbió y purificó al hombre, habiendo completado el proceso, Phantom no dudó en soltarlo cuanto antes, ahora sabía que esa enfermedad había sido un castigo producto de sus propias acciones, y él había retirado el castigo de alguien que realmente se lo merecía por todo el mal que le había causado a otros, no podía evitar sentirse sucio, ligeramente salpicado por toda la suciedad que el hombre cargaba en su corazón, probablemente había sido contagiado por esa malicia que había presenciado con los ojos de un niño que aún creía en la bondad absoluta de los humanos.
Él retrocedió mientras se tomaba de la cabeza, aún incapaz de procesar todo lo que había visto, los horrores que el placer de la carne producía en seres tan malvados, la impotencia de ver como otros sufrían sin que él pudiera hacer nada y, más decepcionante que nada, ver como aquellos que podían hacer algo elegían voltear la mirada hacia otro lado solo por un poco de dinero, era algo detestable para Phantom quien no pudo evitar verlos con un gran desprecio, asqueado por aquellos acontecimientos.
Sullivan notó esta reacción después de haber tenido contacto con el hombre, no era algo propio del chico repudiar a alguien de esa manera, se preguntó qué pudo haber visto para retroceder de esa manera mientras se frotaba la cabeza con tanta inquietud, pero inmediatamente dejó de importarle lo que hubiera visto allí, todo lo que importaba era que Phantom lo necesitaba para superar el horror de su propio descubrimiento mientras se encaminaba hacia él con esa aura de desprecio que lo envolvía.
No obstante, antes de que Sullivan pudiera recibirlo para brindarle consuelo, Ruby se interpuso en medio de ambos y abrazó a Phantom, lo recibió con la misma gentileza que aparentaba mientras su sonrisa se acentuaba en su hermoso rostro, conviviendo con el chico que no pudo siquiera corresponder tras haber presenciado dichos horrores.
El doctor observó como ella lo consolaba, y admitía que en cualquier otra circunstancia con cualquier otra persona podría haber sido considerado algo muy hermoso por la unión que demostraban, pero sabía que eso no era más que una excusa por parte de la niña para cumplir sus caprichos, aunque desconocía cuales eran sus intenciones, pero solo con ver su sonrisa y la forma en que le devolvía la mirada podía suponer que no era nada bueno como siempre.
-Ya empiezas a ver por qué no nos merecen, ¿Verdad, hermano mayor? -el susurro de su voz contra su oído no fue agradable, no era un consuelo que solo él podía escuchar y mucho menos un recordatorio de que solo ellos podían entenderse-
Phantom ni siquiera quiso estar con ella, apartó a Ruby y él decidió caminar para alejarse hasta una pared donde se apoyó y permaneció allí ocultando su rostro ante la impotencia que le produjo ver aquellas imágenes de antes de que llegara, era demasiado tarde para siquiera llegar a hacer algo por personas que ya no estaban, personas que realmente merecían su ayuda.
Sullivan quiso darle un momento a solas para que procesara lo que fuera que había visto, ya tendría su momento para conversar y ayudarlo a superar la adversidad, mientras Ruby permanecía un tanto inquieta porque había preferido apartarla que seguir a su lado, el sentimiento no era rabia en absoluto, por alguna razón no le había molestado que la apartara de esa forma tan brusca y en su lugar le produjo, por primera vez en su vida, un rastro de tristeza sincera.
Teniendo que procesar todo lo que había visto, Phantom dejó a sus acompañantes a solas con el hombre que lentamente comenzaba a recuperarse, y conforme se iba levantando para sentarse en su cama los pensamientos de todas las cosas que podría hacer se iban aclarando con una malicia bien oculta, algo bastante despreciable para el niño que se limitó a escucharlos.
- ¿Como se siente, señor M? -inquirió Crane con la misma confianza de su trabajo y el mismo desinterés por Phantom de siempre, inclinándose ligeramente hacia el paciente que fue desconectando los cables unidos a su cuerpo-
Las manos huesudas y el rostro moribundo del hombre se desvanecieron, como el espejismo de un castigo finalmente aliviado, esos espacios vacíos se vieron sanados gracias al cuidado de Phantom, y los hoyuelos remarcados por oscuridad recuperaron el color de la vida mientras los minutos pasaban con su cuerpo recuperándose de los males que había padecido como si no hubiera sido más que un mal sueño.
El hombre se sentó en su cama lentamente y su expresión mejoraba hasta recuperar la misma alegría jovial y falsa que todos los empresarios poseían, era algo indescriptible ver cómo se recuperaba en cuestión de minutos de algo que les había arrebatado la vida a tantas personas alrededor el mundo, tal y como si nada de eso hubiera sucedido.
En cuanto se levantó para estirar sus brazos y piernas, habiendo superado la idea de que iba a morir postrado en esa cama, el hombre le ofreció una mano a Crane para estrecharla después de que hubieran presenciado un milagro comprado; dijo que había sido la mejor inversión de su vida y que lo recomendaría con cualquier otro hombre poderoso que necesitara de su ayuda, ahora realmente podía decir con toda seguridad de que no había algo que el dinero no pudiera comprar, después de todo, ellos acababan de salvarle la vida y le dieron una segunda oportunidad, algo que muy pocos, resaltando a los pobres, podían tener.
En agradecimiento los invitó a todos a una cena esa misma noche, cuatro sillas elegantes de cuero rojo dispuestas para cuatro invitados, aunque solo uno de ellos se sentía indeseado y que no valía la pena estar allí.
La comida también era elegante, los sirvientes permanecían en cada esquina y cada puerta a la espera de que sus servicios fueran solicitados, parecían lechuzas que no paraban de mirar con profundo interés a los niños peculiares, con actitudes tan diferentes uno de otro, aunque solo uno portaba un collar que a veces brillaba en verde y otras veces en amarillo, lo único que compartían era el color de sus ojos, de sus cabellos y que vestían como pacientes de un hospital.
- ¿Y qué hará con esta segunda oportunidad, señor M? -inquirió Sullivan, mostrando un poco de interés mientras comía-
Era una pregunta interesante, y Phantom quería escuchar la respuesta, pensó genuinamente que el malestar de dicha enfermedad que lo había dejado postrado en cama tanto tiempo podría haberlo inspirado a cambiar sus decisiones, todos esos recuerdos no tenían que definir el resto de su vida, sus acciones pasadas no tenían que guiar el curso de su vida, esperaba de todo corazón una respuesta que le quitara el mal sabor de boca de todas las cosas que le hizo a los niños, a las mujeres, y todo eso que se podía permitir solo porque era un hombre millonario.
El niño levantó la mirada del plato de comida que seguía sin tocar para escuchar las palabras del hombre, no obstante, ese mismo entusiasmo se vio apuñalado al engañarlo como el inocente que era, demostrándole una vez más que era difícil seguir vivo y mantener sus esperanzas en las demás personas al mismo tiempo tras escuchar esa respuesta cuyas implicaciones solo él podía comprender:
-Volveré a aceptar las invitaciones a las fiestas privadas.
-Realmente es un hombre que se aferra a sus pasiones.
-confesó Crane con la misma sonrisa hipócrita-
- ¿Qué puedo decir? Me gusta mucho la carne que ofrecen en esas fiestas.
Phantom quedó perplejo, nada había cambiado, sin necesidad de tocarlo podía ver sus pensamientos, y las imágenes que pasaban por su cabeza eran más aterradoras que la anterior, mostrando la depravación que albergaba aquel hombre sin escrúpulos, que con su mirada lo desnudaba tanto a él como a Ruby, entendiendo así que si pudiera les haría lo mismo a ellos por el simple hecho de ser más jóvenes que él.
Mientras la cena continuaba, ignorando las conversaciones triviales de los hombres, Phantom miró con detenimiento la forma en que masticaban la comida: era tan vulgar, tan sucio, la carne triturada bajo los dientes le recordaba todo de lo que eran capaces las personas, no porque tuvieran algún poder a diferencia de él, sino porque su influencia sobre otros era tal que podían cometer cualquier pecado y salir impunes a los castigos, el sonido de cada masticada se hizo eco en su mente, y pudo ver con detalle cada pequeña migaja que salía disparada mientras hablaban… Eran repugnantes, no tenían ninguna intención de esconderlo, sus intenciones eran tan oscuras y desagradables como la forma en que comían, incluso Ruby comía de esa manera tan vulgar, y aún con la boca llena le devolvió una sonrisa a Phantom porque sabía exactamente lo que pasaba por su mente.
Se sintió acorralado, como la carne en sus dientes, masticado y saboreado para su deleite, complaciendo sus deseos depravados, curando a quien no lo merecía y despojando de su castigo a los malvados; entonces miró su plato de comida, el que seguía sin tocar porque había perdido el apetito, y pensó en aquellos a los que había lastimado indirectamente al salvarle la vida a un hombre malo, el pensamiento le arrebataba cualquier deseo de comer, y mientras los hombres le insistían que probara la carne en la mesa él se limitó a mostrar una sonrisa inquieta para asegurarles que no tenía hambre.
-Mejor come, muchacho, es carne de calidad.
-insistió el hombre, sin quitar la mirada de Phantom, y no lo haría hasta ver que comiera lo mismo que él, hasta ver que disfrutaba de su ofrenda-