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-recordó el sirviente antes de dejarles entrar-
-Su señor no está en posición de poner condiciones, si él realmente quiere salvar su vida se apegará a nuestros términos.
-retractó Crane sin despegar sus ojos del sirviente, pero un pequeño golpecito de Ruby hizo que el hombre reaccionara y recordara sus decisiones-.
Pero, supongo que tiene razón, no queremos que su nombre sea pronunciado aquí.
Dicho eso, el sirviente entonces les permitió el paso a ambos hombres acompañados por los dos niños, y antes de marcharse les dedicó una mirada llena de extravagancia al descubrir el hermoso color de sus ojos que no dejaban de fascinarlo como a todos los demás, la peculiaridad de su presencia era comparable a la de un par de ángeles en la tierra por la perfección de sus facciones al punto en que eran demasiado hermosos, y con cada día que pasaban esa belleza incrementaba por el dominio de sus habilidades al punto en que eran capaces de hipnotizar a aquellos con mentes más frágiles solo con verlos a los ojos, una ventaja que Ruby aprovecharía.
Una vez en la habitación Phantom se dedicó a meditar brevemente mientras avanzaban hasta la cama, siendo Crane quien encabezaba al grupo para presentarse nuevamente con el paciente, habiendo entablado conversaciones por cartas hasta antes de ese día; los pensamientos del chico giraban en torno a todas esas personas con enfermedades terminales o demasiado avanzadas para ser tratadas, ¿Podría curarlos a todos algún día? También se preguntaba si habría un límite, si llegaría el día en que no podría curar algo que estaba más allá de su poder aún desconocido, las dudas sembradas le hicieron creer que tal vez podría fallar y no conseguiría ayudarlo como realmente esperaban.
Sullivan lo ayudó al reconocer esas dudas, palmeó suavemente su cabeza, y al mirar al hombre este le mostró una sonrisa, le hacía sentirse mejor, al igual que lo hizo antes de tratar a la señora Potter, y Phantom también le devolvió su tierna sonrisa en agradecimiento por cuidar de él… Pensó que tal vez había esperanza de que no lo odiara como le había hecho creer, de que ya no lo volvería a juzgar por no haber estado para él o para todos los que alguna vez necesitaron de un milagro, no era su culpa no haber sido planeado antes: había llegado al mundo cuando más se le necesitaba, debía aceptarlo para comenzar a aceptarse a sí mismo.
-Fue un placer hacer negocios con usted, señor M.
-confesó Crane tras acabar su pequeña conversación con el hombre en la cama, entonces el director les regresó la mirada a ambos hermanos esperando que se acercaran para cumplir con su parte del trato-.
¿Quién tendrá el honor de curarlo?
-Creo que el hermano mayor es el único al que le importa, así que él debería hacerlo por ambos.
-confesó Ruby con la misma sonrisa, indiferente a la agonía del hombre-
No es como si él fuera a negarse, rehusarse a curarlo era como rehusarse a seguir sus propios principios, pero a Phantom le disgustó mucho saber que incluso en esos momentos tan delicados Ruby seguía mostrándose tan indiferente a todo lo que la rodeaba, no le importaba realmente curar las enfermedades porque no había ningún beneficio para ella.
“Realmente no le importaba siquiera considerar la posibilidad de que alguien pudiera amar y extrañar a esa persona”
los pensamientos de Phantom lo llevaban a la conclusión de que realmente no importaba lo que hicieran, Ruby seguiría siendo la misma niña insensible que no veía valor en los humanos, sin importar cuan complejas pudieran ser sus vidas.
En cambio, su hermano mayor no era así, pues él estaba dispuesto a ver más allá de un rostro enfermo y una mano huesuda, estaba dispuesto a pensar en las personas que no tenían sus mismas capacidades como seres sensibles al igual que él, no podía simplemente suponer que no lo merecían… No era justo para ellos ser juzgados como lo juzgaban a él.
El chico, al igual que la primera vez con la señora Potter, se preguntó qué clase de vida tendría su paciente, se preguntó si estaría desesperado por sanar de esa enfermedad para volver con sus seres queridos, había tanto por conocer de las personas que no descartaba la posibilidad de que detrás de ese rostro moribundo existiera el deseo de reencontrarse con aquellos a los que había perdido, la sola posibilidad de conocer una historia y saber lo que haría con su segunda oportunidad lo entusiasmaba bastante.
Una vez al lado del hombre, una persona caucásica cuya respiración se dificultaba a cada instante, el chico le dedicó una sonrisa bastante gentil para hacerle saber que no tendría nada que temer, para él no volvería a existir un instante de dolor, Phantom se aseguraría de curarlo para que volviera a disfrutar de la vida.
-Hola, señor, es un gusto conocerlo.
-dicho eso, él inclinó levemente la cabeza al presentarse-.
Mi nombre es Phantom, y me aseguraré de ayudarlo, no tiene nada que temer, se lo prometo.
Y la mano huesuda se levantó de su regazo para moverse hasta el niño de ojos carmesíes, Phantom seguía presente esperando su saludo, confiando en que sería una ocasión bastante amigable en que conocería una vez más un sentimiento de bondad y gratitud, pues el hombre sabía perfectamente que era su única oportunidad de recuperar la movilidad, tener un rostro amigable y una mano gentil que sujetar era algo que no todos podían tener cuando estaban en su misma situación.
Sin embargo, esa misma mano huesuda fue a parar al cuello de Phantom, intentaba estrujarlo, pero la enfermedad le había arrebatado todas sus fuerzas de modo que lo único que consiguió fue brindarle una amarga caricia, con su tez pálida como el recordatorio de que nada en la tierra podría salvarlo.
El acto de desesperación y rabia que exhalaba su expresión rebosante de cansancio fue suficiente para que Phantom entendiera que al hombre no le importaba que se presentara, ni siquiera le importaba su naturaleza o las posibles secuelas que dejaría su encuentro, todo lo que le importaba era la posibilidad de que lo salvara del yugo de su enfermedad para ya no tener que soportar ni por un segundo más el peso de ese mal en su interior.
-No me importa una mierda como te llames, cúrame ahora mismo, no quiero saber nada de tu vida, maldito niño.
-gruñó el hombre mientras sostenía el cuello de Phantom sin ninguna clase de poder-
Su actitud y palabras consiguieron irritar tanto a Sullivan como a Ruby, aunque esta última seguía ocultándose detrás de su sonrisa maliciosa al observar el intercambio entre su hermano y aquel hombre despreciable, pues sabía que no le convenía actuar en ese momento para castigar al simio por haberse atrevido a insultarlo, para ella era mejor callar y dejar que el tiempo pasara, se dijo a sí misma que ya tendría oportunidad de castigarlo por su insolencia; en cambio, Sullivan apretó los puños y su rostro esbozó una mueca de rabia, no podía tolerar que trataran así a Phantom, claro que entendía que lo único que le preocupaba al hombre era ganar la batalla contra la enfermedad, pero no había justificación para el modo en que trataba al niño, mucho menos tras conocer la infame reputación de dicho empresario.
La sonrisa de Phantom se desvaneció tras escucharlo, entonces se limitó a asentir mientras apartaba su mano moribunda y se acercaba aún más al hombre, sentía que estaba preparado para curarlo, no quiso culparlo por el modo en que lo trató porque sabía que la desesperación podía hacer que las personas actuaran con mucha más agresividad de lo normal, no era su culpar sentir miedo después de todo por lo que había pasado, lo mejor que podía hacer para ayudarlo era quedarse callado y continuar; dejó salir un largo suspiro, cerró los ojos por un momento y recordó las palabras de Sullivan para recobrar la confianza necesaria para realizar ese procedimiento.
Colocó ambas manos sobre el pecho del hombre y cerró los ojos para concentrarse en su enfermedad, podía verla deslizándose en su interior como una víbora, había algo oscuro danzando por todo su sistema que contaminaba su sangre volviéndola sucia, haciéndola insalubre hasta para él mismo; la víbora era vanidosa, empezaba desde la parte baja de su pelvis y se extendía por todo su cuerpo, quería deshacerse de sus extremidades para luego reclamarlas para sí misma, era algo sumamente aterrador porque no era algo hereditario y mucho menos algo que pudo contraer a causa de una mala alimentación, mucho menos se debía a una cruda casualidad producto del destino.
Cuando estuvo en contacto con su cuerpo no pudo evitar ver dentro de sus recuerdos, había algo que le intrigaba demasiado, como un pasillo lleno de puertas donde las luces de las habitaciones morían bajo la profunda oscuridad que había en su corazón, y Phantom se acercó para abrir cada una de esas puertas y ver el interior de sus recuerdos; pensaba que hallaría algo parecido a la señora Potter, algún familiar o ser amado esperando milagrosamente a que él pudiera regresar con ellos y así recobrar la alegría que dicha enfermedad les había arrebatado, pensaba si acaso podría redescubrir lo que significaba ser humano cuando alguien como esa persona ocultaba sus verdaderos sentimientos.
No obstante, lo único que halló en los recuerdos del hombre fue todo lo que contrario, todo ese anhelo por ver el bien en los pasillos fue sepultado por la malicia de la que era capaz un ser humano con poder sobre las masas; podía escuchar los gritos de los niños, ver en sus memorias las agresivas caricias sobre los cuerpos que estaban allí para satisfacerlo, los ritos vulgares de la elite que se hacían pasar por fiestas escandalosas llenas de lujuria y angustia, convirtiendo lo que parecía una vida normal en algo indeseable, porque incluso si existían rumores acerca de su cercanía con la oscuridad de los más poderosos nunca hubo un instante en que realmente fuera a pagar por sus pecados.