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pensó Phantom mientras recibía la calidez de esa sensación, abrazando los límites de esa supuesta libertad mientras Sullivan lo observaba con la misma alegría, considerando que se trataba del primer alivio genuino que podía conocer después de tanto tiempo encerrado, nunca había visto a nadie disfrutar de la luz del modo en que el chico lo hacía… El sentimiento era suficiente para provocarle lagrimas que se contuvo mientras esperaba por él, quería que tuviera el tiempo suficiente para disfrutarlo porque no sabía cuándo volvería a estar encerrado.
-Hermano mayor, ¿Ya terminaste? Los simios nos miran demasiado y no me gusta para nada.
-confesó Ruby, mirando con desprecio a la servidumbre que los esperaba en la entrada de la mansión, dedicándoles su mirada maligna antes de volver con Phantom-
Sullivan arqueó las cejas con molestia por el comentario de la niña, tan imprudente a pesar de que ella tampoco conocía la luz del sol, pero a ella no le importaban las sensaciones que le transmitía a diferencia del chico que disfrutaba por primera vez de algo que nadie le podía dar.
Mientras tanto, siendo tan sumido como siempre, Phantom asintió cabizbajo y bajó del camión para caminar a su lado, aún miraba a Sullivan con cierta intranquilidad, incapaz de hablarle, y el hombre sabía que dependía de él lograr que el niño volviera a confiar en su palabra, aunque no sabía cómo romper el hielo al estar tan acostumbrado a hundirse en el silencio y la indiferencia, probablemente tendría que buscar el momento y las palabras sin que Ruby estuviera presente para interrumpirlo con su malicia tan característica.
“Tienes razón, lo siento”
confesó Phantom, aunque no era sincero ni con él mismo.
No tenía razón para disculparse, no había razón para sentirse mal, sin embargo, Phantom estaba acostumbrado a sentir que hacía las cosas mal, que no había instante en que no tuviera que pedir perdón antes de que le hicieran daño por haber fallado, estaba demasiado herido como para creer que otros tenían la culpa por ser malvados y hacerle creer que él era quien estaba equivocado.
Sullivan los vio partir poco después de que Crane arribara en una limusina vistiendo un traje elegante para la ocasión, y Ruby tomó la mano de Phantom mientras avanzaban hasta la mansión en compañía de ambos adultos, robándose las miradas de la servidumbre por su apariencia tan peculiar sumado al color de sus cabellos, con aspecto de ángeles y cuerpos de niños, consiguieron atrapar su interés.
La mansión era grande, espaciosa y moderna, llena de tecnología hasta en los aspectos más sencillos, las luces se encendían ante su paso mientras el sirviente principal, un hombre mayor de mostacho blanco, los guiaba a través de los corredores hasta la habitación principal donde el paciente aguardaba postrado en cama; Phantom era el único que se maravillaba con todo lo que le rodeaba, estaba acostumbrado a la tecnología, pero hallar un lugar tan diferente de los eternos pasillos blancos era sumamente atractivo para él, era una experiencia única con todo lo que le causaba curiosidad, aquellos jarrones coloridos de culturas occidentales y aquellos cuadros de pintores europeos conseguían fascinarlo, todo era como un museo.
El niño no pudo evitar detenerse para observar una pintura religiosa, era curioso porque era la primera vez que veía a esa figura de túnica blanca, en el cuadro la figura se inclinaba para curar a un ciego con sus manos, era un hombre de aspecto gentil, y todos aquellos que lo rodeaban lo miraban con regocijo por sus capacidades para curar ese mal.
Phantom lo miró con detenimiento y pensó que no tenía sentido porque lo alababan, lo abrazaban y seguían a todas partes, también curaba a los enfermos: ¿Por qué todos lo querían, pero no a él?
-Supongo que las personas nunca estarán listas para un milagro, nunca serán merecedores de una segunda bendición.
-susurró Ruby en su oído, sabiendo perfectamente lo que pensaba en ese momento-
Invadido hasta en sus momentos más privados, Phantom se limitó a asentir mientras avanzaban hasta alcanzar aquella habitación en la que su destino les esperaba, Phantom avanzó en compañía de los adultos y de su hermana cruel hasta alcanzar lo que parecía una sala del trono; el sirviente abrió las puertas de par en par para dar un vistazo a la enorme recamara que daba un vistazo al hombre postrado en una cama digna de un rey, estaba conectado a decenas de cables que forzaban una transfusión de sangre y otros líquidos que retenían la enfermedad que avanzaba por su cuerpo.
Era el dueño de muchas empresas de tecnología y el dueño de la red social más grande del presente, era alguien con mucha influencia, quizás no tanta como las personas que estaban detrás del proyecto fundado en las entrañas de Genexis Sciences, pero sí lo suficientemente poderoso como para contratar los servicios de Phantom, quien para ese momento solo era conocido por la elite mundial.
El niño quedó perplejo porque un hombre con esas características padecía de algo tan grave, el contraste con la señora Potter se hizo muy evidente, saber que existían tantas personas en el mundo con distintas enfermedades y distintos grados de letalidad le formó un nudo en la garganta, era una escena bastante desagradable para la vista saber que las personas con más energía y vitalidad podían caer atrapados en sus propias camas como gacelas bajo las garras de una fiera.
-Por favor, recuerden las instrucciones, el señor no quiere que se refieran a él por su verdadero nombre, esto será ultra confidencial.