El fantasma carmesí 8 #5
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Entre tantas cosas que pasaban por su mente consideraba la posibilidad de que Crane estuviera intentando cubrir un vacío en su corazón al obedecer a Ruby incondicionalmente, conocía su historia y lo que había sucedido con su madre, además de todo aquello que las enfermedades le habían arrebatado en su vida, tal vez para él servirle a la niña era como si pudiera hacer algo por todas esas ocasiones en las que deseó tener el poder de cambiar algo… Vivir a través de alguien que podía hacer más que todos ellos era algo que aliviaría el corazón de Crane, algo que le permitiría sentirse útil, sentir que era él quien tenía el poder, aunque en el fondo sabía que jamás podría superar sus propias debilidades.

El viaje careció de tranquilidad para Phantom, hubo varios interludios de oscuridad en que no era consciente de lo que sucedía, como si hubiera caído presa del sueño, y todo lo que podía escuchar era la pequeña risa de Ruby que se acercaba cada vez más y experimentaba con su cuerpo, probaba el alcance de todas sus habilidades para ver qué tanto podía lograr cuando se lo proponía, tras su sonrisa descubría un pequeño vistazo a su verdadero rostro maligno, y tras despertar solo encontraba a esa pequeña niña que seguía atrapándolo entre sus brazos como si deseara tenerlo para siempre con ella.

Estaba algo decepcionado porque no podía ver nada del exterior, su viaje se limitaba a esas cuatro esquinas dentro del camión, pobladas de oscuridad y atrapado por un abrazo posesivo, la única gran diferencia era la turbulencia del camino como una prueba de que realmente estaban en movimiento, de que el mundo seguía girando y ellos se movían con él en su infinita marcha misteriosa.

Afuera, el mundo probablemente observaba el camión y su contenido como lo que eran, nada más que productos para satisfacer las necesidades de sus clientes, solo lo que ellos pretendían que fueran sin importar cuanto desearan convertirse en algo más, aunque a Ruby no parecía molestarle porque ella sí podía satisfacer sus deseos, para Phantom era un recordatorio de que no podía ser un niño de verdad.

Pasadas muchas horas que se hicieron interminables para el niño carmesí, con los primeros rayos del sol iluminando sobre una tierra hueca, Phantom fue recibido por las sacudidas de Ruby, ella parecía más emocionada de lo normal con una sonrisa de oreja a oreja que revelaba sus dientes como navajas, estaban un poco manchados de sangre, pero eso resultaba normal cuando se trataba de ella.

El chico acarició las nuevas marcas de su cuello, las marcas de unos colmillos que lo marcaron y nunca se desvanecieron a pesar de que se concentrara en intentarlo, simplemente dejó salir un largo suspiro al reconocer que seguía siendo el juguete y alimento principal de su hermana, no era algo nuevo a pesar de que el dolor de ser propiedad de los demás seguía presente.

-Hemos llegado, hermano mayor, ¿Puedes escuchar los latidos del hombre en su mansión? -destacó Ruby mientras lamía la sangre en sus labios-

Phantom quedó perplejo ante su pregunta, pero como si realmente supiera a lo que se refería él intentó escuchar cualquier detalle que hubiera pasado por alto, intentó concentrarse en lo que pudiera haber a su alrededor, y con solo un pequeño instante pudo captar un sonido particular que lentamente comenzó a multiplicarse de manera que lo que originalmente consideró el aleteo de una mosca se convirtió en todo un enjambre revoloteando a su alrededor.

Escuchó las voces angustiadas de los adultos, las risas de los niños, el aire rompiéndose por el vuelo de las aves y luego la sangre corriendo por dentro de los cuerpos humanos, y pudo poseerlos infinitas veces para presenciar todo a través de sus ojos, obteniendo así una visión del exterior.

-Sí, puedo escucharlo.

-confesó Phantom al cerrar sus ojos por un instante, pudiendo contemplar con una especie de tercer ojo todo lo que había fuera del camión, todos los corazones que palpitaban sangre caliente en un clima frío, y más allá había una mansión donde los habitantes de ese lugar vivían con miedo, porque un hombre yacía siempre en cama con unos latidos más bajos de lo normal-.

No sabía que podíamos hacer esto.

-Podemos hacer muchas cosas con la sangre, mucho más de lo que estos simios creen.

-confesó Ruby, murmurando-.

Pero bueno, soy feliz de que estés descubriendo todo, cuando ya controles todos tus poderes como yo entonces podremos dejar de depender de estas criaturas.

El chico estuvo a punto de cuestionarle a qué se refería, intentaría conocer sus verdaderas intenciones con él y los laboratorios, sabía que probablemente escucharía algo siniestro pero no sabía qué tan lejos podría llegar cuando lo confesara, sin embargo, el solo pensamiento de saber que había malicia detrás de ese rostro tan hermoso que siempre le sonreía era suficiente para sentir el peso de su ignorancia; el sentimiento de desconcierto y pavor entremezclados fueron suficientes para que su collar pasara a color amarillo, forzándolo a guardar silencio y quedarse sentado a merced de Ruby, permitiendo que ella colocara una mano sobre su cabeza como si de un cachorro se tratase.

Pensó que ese collar seguía limitándolo, tal vez seguiría descubriendo más de sí mismo y sus poderes, pero siempre que ese collar lo controlara y limitara sus sentimientos sería incapaz de explorar todas sus capacidades, era algo que poblaba su cabeza ante la posibilidad de rebelarse y pelear contra la niña, impidiéndole pensar en defenderse de sus abusos disfrazados de cariño y aprecio como había sido el día anterior, entendiendo que esos pequeños momentos de consuelo no eran más que la fachada de Ruby para acercarse a él.

“Incluso le pertenezco a ella, a alguien igual a mí”

pensó Phantom mientras le devolvía la mirada y pensaba en cuanto despreciaba no sentir el más mínimo aspecto de libertad en su vida, aunque estuviera rodeado de otros como él.

De improvisto la puerta del camión se abrió dejando entrar la luz de un extraño cuerpo brillante en el cielo, algo demasiado grande y poderoso que conseguía lastimar los ojos de Phantom, la silueta de Sullivan los recibió en pós de la luz que entraba e interrumpía la oscuridad de los pensamientos del chico; Ruby rápidamente salió a la luz y se perdió, pero él no pudo hacer lo mismo porque sus ojos seguían sin acostumbrarse al resplandor de lo que poco después recordó que se trataba del sol, aquel astro que solo había conocido en los libros y cuentos como una enorme esfera amarilla.

Muy lentamente, al igual que un animal en cautiverio, comenzó a moverse para salir del camión, Sullivan notó esto con bastante desagrado porque sabía que era la misma situación de un prisionero que llevaba años sin ver el mundo exterior, era algo que le preocupaba enormemente al ver como se arrastraba para salir del camión… Pero, ese pensamiento tan triste que se compadecía del chico lentamente se fue desvaneciendo al ver su reacción cuando finalmente consiguió bajarse del camión.

“Se ve tan saludable bajo la luz, se ve mucho mejor cuando tiene libertad”

pensó, aunque sabía que esa libertad aún tenía límites, pero ver la reacción de Phantom al sentir la luz sobre su cuerpo y el aire contra su rostro, cerrando los ojos para concentrarse en las sensaciones, fue suficiente para sentir un poco de alivio por él.

Se sentó en el borde del camión, miró al cielo y cerró sus ojos permitiendo que la luz lo cubriera, un sentimiento indescriptible lo invadió cuando la fresca brisa del otoño acarició su rostro, su cabello carmesí brillaba con el sol y demostró con un profundo suspiro la alegría de ese instante… Phantom pensó en cuan hermoso era el mundo de esa manera, sin necesidad de mirarlo realmente, solo con sentir todo aquello que lo rodeaba era suficiente para sentir felicidad, y fue gracias a eso que ya no le importó pensar en nada más, una gran melancolía por algo que nunca había conocido se apoderó de él y ni siquiera sabía si era correcto sentirse así, probablemente lo mejor que podía hacer era quedarse en silencio mientras el mundo lo recibía por primera vez.

“Se siente… bien”