El fantasma carmesí 8 #3
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Phantom se quedó sin palabras ante esa revelación, no esperaba que algo así pudiera hacer enfadar a Ruby, era una situación muy peculiar en la que sus acciones lastimaban a su hermana, a pesar de que no le hacía nada y nunca tuvo intenciones… No podía entenderlo verdaderamente, no podía entender cómo es que algo así podía herir a Ruby si ella ni siquiera estuvo presente cuando era el único en ese laboratorio sufriendo los maltratos y experimentos de los científicos, y mucho menos podía entender por qué le dolía que él se negara a contratacar y a demostrar su superioridad como ella lo hacía, ¿Realmente era amor lo que sentía por él? A pesar de lo contradictoria de su naturaleza, cuan posesiva y maltratadora podía llegar a ser, ¿Había amor genuino detrás de esas acciones?

Cada vez que lo pensaba su confusión incrementaba, no podía llegar a una conclusión racional porque Ruby era un ser extraño y confuso hasta para sí misma, era como si al amarlo se amara a sí misma por ser el único que la igualaba, pero incluso si Phantom jamás podía llegar a saber lo que ella escondía en su corazón intentó no pensar demasiado en ello porque al final seguirían siendo lo único que tenían, seguirían viviendo como hermanos sin poder entenderse completamente uno al otro.

Ruby sonrió al percibir esos sentimientos en Phantom, y antes de que el nuevo día comenzara y las expectativas por ese gran cambio los dominaran, la niña quedó satisfecha por llegar al corazón de su hermano y lograr que él empatizara con ella tal y como pretendía hacerlo.

Ruby lo abrazó con fuerza sin dejarlo escapar, apoyando suavemente la cabeza en su pecho mientras se encargaba de disipar sus lágrimas por ella, limpiando su hermoso rostro de toda imperfección, apoyándola para convertirse nuevamente en la personificación de la belleza y el mal, aunque ella se jactaba en silencio de ser una niña inocente cuyas intenciones eran crear un mundo perfecto solo para ellos, un mundo donde pudieran ser los únicos en un universo sin seres humanos.

En poco tiempo los drones vinieron por ellos, Phantom y Ruby fueron escoltados hasta los baños donde fueron se retiraron sus ropas, tenían cuerpos bien esculpidos, sin imperfecciones salvo por Phantom que tenía algunas cicatrices producto de los usos que Ruby le daba, y aunque él estaba avergonzado por ello la niña se encargó de acercarse para abrazarlo bajo la regadera, sin vergüenza alguna por sus cuerpos desnudos.

-No te preocupes, hermano mayor, tus cicatrices no te hacen menos, sigues siendo perfecto para mí.

-confesó mientras lo ayudaba a bañarse-

- ¡Ruby! ¡Estamos en las duchas! -regañó Phantom con rubor en sus mejillas a causa de la situación tan desvergonzada en la que ella los ponía-.

¡Ve a tu propia regadera!

- ¿Por qué? No hay que avergonzarse cuando tenemos cuerpos perfectos, al menos estas formas que adoptamos resultan atractivas para los humanos, deberías sentirte orgulloso.

-corrigió ella, sin mostrar nunca otras intenciones que no fueran tomar una ducha con Phantom-

Él no podía negar que en efecto tenían cuerpos bien moldeados, no había forma en que pudiera disgustarle en absoluto, al menos podía concederle el beneficio de que ella se limitaba a ayudarlo a lavar su espalda y otras zonas inaccesibles, en cierto sentido era algo alentador sentir nuevamente otras manos sobre su piel, era un alivio bastante grande saber que Ruby no tenía ese mismo miedo que los científicos sí poseían y por ello le permitió seguir avanzando mientras correspondía su sonrisa, era más fácil hacerlo después del momento que habían compartido tras despertar.

Luego le devolvió el favor al limpiar sus hombros y espalda, le ayudó a disipar la sangre restante de su cuerpo para recuperar su pulcritud natural, y ella le mostró una sonrisa sincera tras haberse ayudado mutuamente bajo la regadera; esa expresión, ese cambio en su forma de actuar tan gentil, hacía que Phantom la mirase con otros ojos y su rubor se expandiera, era una especie de cariño e intimidad que nunca había compartido, sin saberlo había despertado un grado de madurez que nunca pensó conocer dentro de los laboratorios, era algo nuevo y esperaba poder explorar esa nueva sensación a la vez que le devolvía la sonrisa a la pequeña Ruby.

Tras ese instante de intimidad los drones volvieron a ellos, pero esta vez llevaban consigo ropa diferente, las batas para pacientes que tenían ya estaban demasiado desgastadas y sucias para seguir usándolas, en cambio les trajeron un par de camisas blancas y pantalones holgados del mismo color, cubrían de una mejor manera sus cuerpos y les permitían una gran comodidad.

Phantom se mostró agradecido por tener ropa nueva después de tanto tiempo desde que había sido creado, al ponérsela se sintió abrazado por la tela, mientras que Ruby permanecía indiferente a pesar de la nueva ropa; ambos vistieron las prendas y entonces se prepararon para salir nuevamente al pasillo y, por primera vez, al elevador hacia los pisos superiores.

- ¿No estás emocionado? Vamos a conocer el mundo exterior.

-anunció Ruby al tomar su mano-.

No te alejes de mí, no dejaré que te lastimen, hermano mayor.

- ¿Lo prometes?

Ruby le mostró la misma sonrisa amable de antes.

-Lo prometo, será una experiencia inolvidable, como para morirse.

Phantom dejó salir un profundo suspiro, asintió y le devolvió la sonrisa antes de dar ese primer paso mientras tomaba su mano, avanzando hacia el ascensor que comenzó a llevarlos al siguiente piso donde todos los científicos residían a la espera de su encuentro directo con ambos sujetos de prueba, la mayoría esbozando el mismo sentimiento perturbado e intrigante de siempre sin poder olvidar lo que Phantom les había hecho a los primeros hombres con los que tuvo contacto, era un recuerdo muy amargo que jamás podrían sacar de sus mentes por la brutalidad del evento.

No obstante, había cierta facción de los científicos que se debatían acerca de cuál de los hermanos podría ser peor: si aquel que intentaba con todas sus fuerzas parecerse a los humanos o aquella que no le importaba ser vista como una bestia, ambos tenían las mismas capacidades, pero sus intenciones variaban por su forma de comprender la vida, aunque al final eran dos caras de una misma moneda.

Crane y Sullivan permanecían cerca de la puerta, para ese punto hasta el mismo doctor reconocía que tenía cierta influencia sobre Phantom y que este no dejaría que lo lastimaran, sin embargo, saber que estaría en presencia de Ruby era más que suficiente para disparar su miedo, temblaba un poco al respecto mientras aguardaba frente al elevador.

- ¿Está seguro de esto, director? Solo con Phantom sería suficiente, no es necesario llevarnos a ambos.

-destacó Sullivan, mirando a Crane a pesar de que este mantenía la mirada anclada en aquellas puertas a punto de abrirse-

No sabía si había una palabra en concreto para describir la forma en que Crane actuaba mientras aguardaba por Ruby, entre tantas opciones Sullivan podría haber escogido unas cuantas que se ajustaban mucho a la forma en que sus ojos vagaban en aquellas puertas; hipnotizado, ilusionado, curioso y depravado eran algunas opciones que podían encajar perfectamente con la forma en que Crane actuaba, como si la última noche sus sueños hubieran sido invadidos por una pesadilla creciente, Sullivan no descartó que también hubiera sido obra de la niña que el director estuviera perdiendo ese carácter seguro de sí mismo que confiaba en sus propias decisiones… Y en el momento en que lo escuchó hablar pudo detectar cierta sumisión en su voz, incluso peor que la que Phantom solía usar.

-Es lo que Ruby desea… -fue su única respuesta mientras cabeceaba ante las puertas que comenzaron a abrirse de par en par, revelando a aquellos niños de ojos carmesíes expresando distintas emociones-

Phantom presenció con bastante temor por todos esos rostros que se enfocaron sobre ellos, no pudo evitar hiperventilar ligeramente con todos esos científicos a su alrededor, era como verse invadido por seres de otro mundo, ¿De dónde habían salido todas esas criaturas que no dejaban de mirarlo? Nunca imaginó que podría haber tantas personas por encima de él, la última vez que vio a tantas personas a su alrededor fue el día de su nacimiento, cuando por primera y única vez todos parecían felices por verlo abrir los ojos, y tanto tiempo después aquellas personas fantasmales le causaban pánico porque ni siquiera estaba acostumbrado a verlos sin sus trajes cubiertos.

Ruby se aseguró de calmarlo con la suavidad de su palma sobre la suya, seguía sosteniendo su mano mientras le sonreía y se aseguraba de calmarlo con su compañía mientras avanzaban hasta Sullivan y Crane a la vez, ignorando a su paso a todos esos científicos que no hacían más que alimentar la superioridad de la niña, esbozando una expresión amarga hacia todos aquellos que sentían terror solo con verlos caminar; el hermano mayor se sentía atacado, presa de sus sentimientos frente a los humanos, pero la pequeña que lo llevaba de la mano sabía perfectamente el efecto que tenían en los demás, conocía perfectamente el alcance de sus habilidades y para ella fue como caminar por una carnicería con todos los tipos de carnes dispuestos a elección de su paladar.

Una vez frente al doctor y el director, Ruby saludó con un pequeño gesto de su mano mientras Crane encorvaba la cabeza casi por instinto, mientras el chico pelirrojo se limitaba a mantenerse cabizbaja frente a Sullivan, todavía dolido por su último encuentro mientras el tiempo avanzaba entre ellos y se permitía ser arrastrado por su marcha imparable.

-Muy bien, ¿Están listos para ir al mundo real? -cuestionó Sullivan, intentando lograr que Phantom volviera a dirigirle la palabra como antes-