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-Por supuesto, pequeña, todo lo que pidas.
-los sentenció con esas palabras, confirmó el deseo de su protegida y selló el trato con el demonio en forma de niña con un gentil apretón de manos mientras le devolvía la mirada a ese hermoso rostro que conservaba la misma sonrisa maquiavélica como prueba de su enorme satisfacción-
>Sullivan será su acompañante en la mayoría de estos encuentros, atenderá sus necesidades, un grupo de científicos y yo estaremos presentes cuando ustedes tengan que curar a los pacientes.
Ruby asintió y entonces miró directamente al doctor, la misma expresión de su rostro generaba terror en el hombre, no podía tolerarlo igual que Phantom y mucho menos sentir placer como Crane, sentía que era la única persona racional que quedaba en un mundo de locos, el único ser humano rodeado por criaturas inhumanas… El sentimiento que Ruby inspiraba no era melancolía a diferencia del niño, en ella solo podía descubrir todas las perversidades de las que eran capaces las personas, todos los maltratos e injusticias, todos los pecados nacidos desde aquel fatídico 6 de agosto en que la primera bomba atómica fue arrojada, cada pequeño fragmento de dolor que componía la mentalidad humana en que la maldad era la única certeza se podía ver reflejado en aquellos ojos carmesíes carentes de amor y empatía.
Phantom pudo percibir esto, pudo leer en el anciano rostro del doctor las fábulas del dolor pasado mezclándose con la angustia del presente por descubrir a Ruby como una fiera a punto de arrojarse sobre él para devorarlo, y en la profundidad del amor que sentía por el doctor no dudó en apretar la mano de su hermana para someterla e impedir que siguiera intimidando al hombre, llamando la atención de la niña al dedicarle una mirada despreciable esbozando aquel sentimiento posesivo que le hacía entender que no podía hacer nada con Sullivan a menos que el mismo Phantom estuviera de acuerdo con ella.
Ruby pensó que era una reacción muy interesante, aunque también muy molesta, descubrir que su hermano dejaba esa careta de timidez y ya no parecía tan indefenso cuando alguien amenazaba a Sullivan, le hacía desear que estuvieran solos para desquitarse con él.
-Mañana los estaremos alistando para su primer paciente, saldrán de las instalaciones por primera vez, ¿No es emocionante? -confesó Crane con esa misma sonrisa de siempre-
-Oh, emocionante, sin duda alguna.
-repitió Ruby mientras volvía a desviar su mirada cargada de malicia hacia Phantom-
“Esto será tan divertido, tan emocionante en verdad, es como Crane dijo que sería, me aseguraré de que sea de esta manera, como yo quiero que sea”
pensó Ruby en cuanto se deslizaban por aquellos pasillos junto a Phantom, moviéndose por la espesura pálida del piso en el que se hallaban.
El niño aún no podía creer que realmente estuviera a solo unos pasos de salir de las instalaciones por primera vez en su vida, era algo que no podía sacar de su mente sin importar cuanto lo intentara, uno de sus sueños estaba por volverse realidad y ni siquiera sabía cómo reaccionar al respecto, realmente era algo tan hermoso que incluso le hacía olvidar lo amenazante que se había visto Ruby durante esa pequeña negociación.
Tristemente no pudo hablar mucho con Sullivan, el deber hacía que tomaran distancia, aunque ninguno quería hacerlo realmente, era bastante triste para ambos que a pesar de todas sus diferencias eran prisioneros de una misma jaula invisible, encadenados por collares con luces resplandecientes.
Phantom sabía lo que era sentirse atrapado por algo así, sabía lo que era ser un animal para todos aquellos que lo rodeaban, pero el collar de Sullivan era algo mucho más complejo, algo mucho más profundo en que el corazón humano era esa celda personal en la que no podía hacer más que esperar a que se apiadaran de él… Sus deseos no importaban, ambos tenían a alguien a su lado que decidía y hablaba por ellos; Crane y Ruby eran iguales, seres despreciables que se justificaban con excusas vagas, eligiendo en ellos como debían vivir sus vidas y tomar sus decisiones.
Phantom caminaba de la mano con Ruby, guardaba silencio al igual que ella, y no prestaba atención a su camino por pensar demasiado en cómo sería salir de las instalaciones ahora que tenía un propósito, probablemente había nacido para curar a las personas, quizás finalmente tendría otra oportunidad para demostrar que podía ser más que un arma, podría hacer sentir orgulloso a Sullivan si realmente iba a hacerles compañía como habían acordado… Pensó si acaso sería su oportunidad para descubrir qué era lo que sentía por él, podría saber si el padre podría amarlo tanto como él lo amaba, era algo que Phantom consideraba una y otra vez mientras avanzaban.
En cierto momento Ruby lo guio hasta su habitación en lugar de la suya, aprovecharía que el chico parecía más distraído de lo normal como para oponerse, por lo que ella decidió que tomaría esa oportunidad para sincerarse con él sobre cierto tema que le impedía pensar con claridad… Era algo que quería discutir en un lugar mucho más privado a sabiendas de que había destruido las cámaras de su cuarto, nadie les molestaría mientras ella intentaba sonreír a pesar de que en su interior sentía mucha ira, deseosa de hacer algo más que seguir vagando y experimentando dentro de esas instalaciones aburridas.
Una vez en su cuarto se giró sobre sí misma y cerró la puerta con suma gentileza, entonces volvió a encarar a Phantom quien apenas se percató de que no estaban en su cuarto, sino en uno diferente, un lugar plagado de arañazos, cuatro paredes cerradas con bastantes manchas de sangre y restos de carne, además del traje aislante de uno de los científicos despedazado por un animal salvaje hasta volverlo harapos.
-Ya entiendo por qué te gusta tanto dormir en mi habitación… -confesó Phantom antes de ser interrumpido por un golpe en su rostro-
Aquel golpe fue algo letal, lo que para ellos no fue más que una bofetada que consiguió derribar al muchacho, para un humano normal habría sido una sentencia de muerte que podría llegar a desprender su mandíbula, sin embargo, su propia resistencia le permitió a Phantom resignarse a caer en el suelo mientras retrocedía y le devolvía la mirada a la cruel expresión de Ruby que lo observaba con desaprobación.
Su pequeña y tierna mano se había convertido en una garra recubierta de costras filosas, parecía una bestia con aquella palma cubierta de sangre que mantenía en la misma posición tras haberlo golpeado sin ningún remordimiento, observando con total desprecio el rostro de su hermano.
“Parece decepcionada, ¿Qué habré hecho para enojarla?”
se cuestionó el muchacho mientras retrocedía, curándose del moretón dejado por ella, aun buscando maneras de justificar su comportamiento.
Entonces Ruby acercó su garra para lamer la sangre que había extraído del rostro de Phantom, el sabor le hizo estremecerse como si fuera poseída por el éxtasis que solo ellos conocían, era tal y como si la sangre actuara como una droga para ella, estimulando con profundidad lo que ningún otro placer podría lograr en su cuerpo en constante cambio.
En cuanto volvió a mirar al chico recostado frente a ella, se inclinó a su altura y sujetó su cabello sin cuidado alguno con la misma garra, forzándolo a mirarla mientras el collar en su cuello volvía a brillar de color amarillo como prueba del miedo que sentía en ese momento, y fue así como la niña supo que estaba teniendo el efecto buscado gracias a la tímida personalidad de Phantom.
-Hermano mayor, empiezo a creer que te gusta que yo te haga estas cosas, si es así solo tienes que pedírmelo y yo con gusto te castigaré si eso te complace.
Al confesarlo ella lo hacía con una voz seca, sin mostrar muchas emociones a diferencia de antes, parecía irritada y en cierto sentido cansada, queriendo demostrarle algo importante a Phantom como para no tener ningún decoro en actuar de esa manera.
-No tienes la menor idea de cuánto te quiero, hermano mayor, pero sigues desafiándome y no puedo entenderlo… ¿Por qué te aferras tanto al doctor Sullivan como para querer defenderlo? ¿Realmente crees que amarlo te hace más humano? Estoy segura de que si supieras cuanto nos odian las personas, cuanto nos temen por no ser lo que ellos quieren, dejarías de querer ayudarlos, ¿O es que acaso realmente crees que merecen nuestros dones? -las palabras de Ruby penetraban en su frágil corazón-.
Por favor, hermano mayor, esta será la última vez que te lo advierta, la próxima vez podría hacer algo desagradable si vuelves a llevarme la contraria o siquiera mostrar indicios de hacerlo.
Ruby estaba haciendo que a Phantom se le dificultara respirar, él pensó que seguramente lo hacía como una forma de castigarlo además de provocarle dolor físico y emocional con sus palabras, se aseguraba de que no volviera a olvidar que tenía poder sobre él en todos los sentidos posibles, podía hacer lo que quisiera con su cuerpo cuando a ella le placiera, y por si eso no fuera poco se aseguró de presionar en su pecho con sus garras para deslizar lentamente sus uñas, abriendo una herida para dejar una marca que le ayudaría a recordar ese día, y tras eso utilizó palabras frívolas para ayudarle a entender algo más:
-Hermano mayor, tienes una piel y un rostro tan hermosos, tú no eres un ser humano, por eso eres tan perfecto en todo sentido.
Sería una pena tener que lastimarte y dejarte cicatrices en tu rostro perfecto, después de todo, descubrí que nosotros somos los únicos que realmente podemos lastimarnos y dejar marcas en nuestros cuerpos, así que no lo olvides: somos lo único que puede dejar cicatrices en nuestros cuerpos, somos la única cosa que podría matarnos, y para serte sincera, no quisiera tener que marcar un cuerpo tan bonito como el tuyo, a menos que tú quieras que te marque como lo que eres, como algo de mi propiedad.