El fantasma carmesí 7 #7
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Intentó abrir los ojos, y en el proceso fue descubriendo que a donde fuera que mirase solo había cadáveres, algunos servían de alimento y otros de experimento, habían sido amputados y otros deformados, no había otra forma de describirlo: poseían partes de animales, extremidades más largas o cortas que otras, formaciones poco convencionales que se alejaban mucho del aspecto humano, era como si la creación en sí misma se estuviera cuestionando y decidiera probar otros resultados, mutaciones infernales y características que solo podrían entrar en una pesadilla, era algo que aterraba a Phantom quien finalmente pudo ver que no podía moverse porque él tampoco tenía brazos ni piernas, sus extremidades habían sido amputadas y estas no se regeneraban aunque se esforzara.

- ¿Q-Qué? ¡¿Por qué no me puedo curar?! -clamó con pánico, porque por primera vez en su vida se sentía impotente ante sus propias heridas, temía profundamente porque no sabía lo que ocurría ni dónde estaba, no sabía por qué sus extremidades ya no se podían curar, no podía hacer nada más que retorcerse como el pequeño montículo en que se había convertido-

Se sacudió con violencia, solo era un torso con cabeza que lloraba sangre, y no se atrevía a pensar en nada más que no fuera en la impotencia de esa situación tan escalofriante, rodeado de gente muerta con malformaciones experimentales, provocando que su cerebro no funcionara correctamente por aquello que descubría con una visión tan tosca y deformada de la realidad.

“Aquí hay monstruos”

se dijo a sí mismo el niño capaz de controlar las enfermedades y alterar el genoma, sufriendo profundamente por el terror de no saber lo que había en la oscuridad.

Podía escuchar el sonido de las cadenas desde algún lugar, el chapoteo del agua y lo que pensó que eran los pasos de una criatura extraña, no había manera en que Phantom pudiera volver a sentirse tranquilo después de haber despertado de esa manera, todo lo que podía hacer era seguir retorciéndose como el torso viviente que era hasta que algo pudiera cambiar.

“Así que despertaste del sueño, apuesto a que te arrepientes ahora mismo, apuesto a que quieres regresar y que esto no sea más que una pesadilla… Apuesto a que deseas morir, ¿No es así?”

susurró una voz espectral que nunca antes había escuchado, una voz que nunca imaginó ser capaz de comprender por la horrida profundidad con la que podía hablar, era tal y como si pudiera hablarle directamente a su alma influyendo de la peor manera posible, y aquella entidad se presentó ante él descendiendo por la pared húmeda donde el rocío de la sangre maloliente lo insultaba con un sonido gutural.

Una araña con manos por patas y un cuerpo infantil malformado descendió por las paredes, con un rostro alargado que siempre parecía sonreír por debajo de un centenar de ojos que lo miraban, una criatura inefable que solo podía ser el producto de las pesadillas de las mentes más enfermas se arrastraba por todas partes observando el infame torso que se retorcía con terror.

Phantom intentó gritar, pero la criatura le había robado la voz, lo había despojado del sonido con un solo movimiento de sus extrañas patas carnosas, demostrando que tenía poder sobre él y se jactaba de sus intentos, mientras descendía iba abriendo la boca para revelar una hilera infinita de colmillos que lo aterrorizaban, le prometía devorarlo en silencio, y no hizo falta de una voz para mostrar que estaba gritando en su propio pecho ahogado.

La araña se posicionó sobre él, era más grande y horrida de cerca probando ser una criatura salida del averno, una bestia sin precedentes que ni siquiera los humanos podrían tolerar por su forma tan detestable, hecha de huesos y carne, siendo una criatura que solo él podría soportar al tenerla tan cerca antes de que su voz espectral volviera a susurrar:

“Tu mente se hace cada vez más fuerte, pero aún puedo darte dulces sueños, no me vuelvas a interrumpir mientras trabajo contigo”

Y una de sus patas cubiertas de mechones rojos y trozos de carne tocó su frente, Phantom se sumió en un estado similar al sueño, dominado con profundidad por un sentimiento inapropiado de cansancio a pesar de no haber hecho nada, era como si lo poco que quedara de su cuerpo fuera consumido por un peso invisible.

Pronto los sueños lo dominaron, su mente quedó plagada de una calma impropia mientras el terror se hacía cada vez más lejano, quedando tan solo como un mal recuerdo, sin que pudiera hacer nada al respecto se desvaneció en la oscuridad con el rostro malicioso de la araña como la última visión que tendría de ese mundo de pesadillas, si es que acaso era una pesadilla y no algo más tenebroso.

Muchos pensamientos lo invadieron, pensamientos acerca de la fatalidad de su propia existencia, de cuan extraña era la naturaleza de todas las cosas que lo rodeaban, y sintió muchas cosas que jamás había sentido en su cuerpo, era como si estuviera cambiando sin desearlo, probando cosas sin intentarlo, y un enigmático hedor quedó impregnado en su nariz conforme sobrevivía en silencio al misterio de todas las cosas que sucedían cuando cerraba los ojos y se entregaba a la oscuridad eterna.

Tuvo sueños sobre una mansión, sobre un bosque embrujado, sueños donde la araña le hacía compañía y reemplazaba a las personas que había conocido, solo ella estuvo presente en cada uno, escondida y revelada ante sus ojos, ella se aseguraba de invadir sus sueños hasta que fuera lo único en lo que podía pensar.

Entonces volvió a abrir los ojos, sin pensamientos previos a su despertar, y se hallaba nuevamente en su habitación, con el televisor encendido con los créditos de la última película que recordaba haber visto con Ruby, aunque no recordaba realmente haberla visto por completo, pero tal parecía que todo seguía con normalidad: el televisor seguía brillando como el faro en medio de la penumbra de su cuarto, la niña yacía dormida mientras lo envolvía con sus brazos, había tomado una ducha para quitarse la sangre de encima, y no había nada en derredor que le hiciera pensar a Phantom que había salido de la habitación en algún momento… Todo era igual que siempre, y tenía sus extremidades nuevamente, todo parecía indicar que había sido una pesadilla.

Dejó salir un largo suspiro de alivio mientras volvía a recostarse en la cama, recibiendo el gentil abrazo de Ruby que volvía a reacomodarse para darle espacio junto a ella, y concluyó que solo había tenido una pesadilla, nada de eso podía ser real, la araña y los cadáveres solo fueron producto de sus malos pensamientos, él estaba a salvo y nada podría lastimarlo… al menos eso fue lo que se dijo hasta que se percató de que aún percibía el mismo hedor nauseabundo que se había impregnado en su nariz, era el mismo y no había forma de que fuera una simple coincidencia por algún olor que se le pareciera.

Sin embargo, al no saber qué hacer al respecto o con quien compartirlo en medio de la noche, decidió guardar silencio mientras su mirada perdida en el techo intentaba descifrar lo que había sucedido; miró sus propias manos enguantadas para luego acariciar sus brazos, era una sensación bastante real, no había forma de que siguiera soñando con algo tan horrible, pero conforme exploraba su piel iba descubriendo nuevas cicatrices que antes no estaban allí, marcas de cortes que parecían haber sido hechos tiempo atrás, pero no se desvanecían y quedaban como figuras eternas que le recordarían sus peores momentos de impotencia.

Poco después pudo percibir una nueva sensación que lo recorría por dentro, un deseo indescriptible que le hacía querer convertirse en alguien diferente, era algo que se deslizaba a donde fuera que él mirara, y ese deseo le hacía entender que de alguna manera podría tener cualquier metamorfosis que deseara; su piel generó pelaje, sus dientes se alargaron y se convirtieron en colmillos al pensar en un lobo como en los cuentos, tenía una nueva forma que le hacía pensar que acababa de descubrir una nueva habilidad: era capaz de mutar cuanto deseara de su propio cuerpo, ser algo diferente y hacer más de lo que ya podía.

Luego pensó una vez más en que quería ser un niño de verdad, igual que Pinocho, dejar de mentirle a los demás y a sí mismo al decir que no le molestaba su propia vida, y el pensamiento lo condujo a una figura que era capaz de moldear dentro de sus pensamientos como un muñeco de arcilla, le dio forma y nombre al punto en que su mente pudo visualizarse a sí mismo como siempre era, entonces su cuerpo volvió a cambiar hasta retomar una vez más su forma humana, solo con pensarlo y desearlo se obedecía a sí mismo, pudiendo adaptar incluso su propio genoma para convertirse en cualquier organismo vivo.

El descubrimiento le ayudó a sobrellevar un poco el amargo recuerdo de lo sucedido, pero ni así podía dejar de temblar, todas las cosas que giraban a su alrededor le hacían pensar que nunca sería libre ni de sí mismo, sus pensamientos siempre girarían en torno a la idea de que alguien más sujetaba su correa, había alguien detrás de él que lo usaba como fuera; no importaba quien o qué, la mano de dios siempre lo tendría atado, la mano que todo lo podía y lo forzaba a hacer o vivir cosas que no comprendía, y sin importar si podía cambiar su propio genoma para convertirse en quien deseara, siempre sería un niño sin boca que quería gritar.

-No te muevas tanto, hermano mayor, quiero dormir.

-suspiró Ruby, aun con sus brazos envolviéndolo y con los ojos cerrados, nuevamente reacomodándose a su lado-

-Lo siento, pequeña.

-respondió, controlando sus sentimientos para volver a descansar, entonces se dijo que no valía la pena seguir preocupándose por lo que fuera que haya sido aquel suceso; pesadilla o realidad, porque al final ni siquiera tenía poder sobre eso-

Entonces cerró sus ojos y permitió que los sueños volvieran a su mente, cediendo su cuerpo al misterio que precedía a la noche mientras Ruby se aferraba fuertemente con un sentimiento posesivo, completamente aferrada a su hermano mayor hasta creer que eran uno solo.