El fantasma carmesí 7 #6
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Vio a Ruby con mucho desprecio, e irónicamente se odiaba por sentirlo, aún había una parte de él que intentaba justificar cada uno de sus actos, se decía que ella no podía tener la culpa de ser de esa manera, debía haber algo que pudiera explicar su comportamiento y obsesión con él, pero conforme miraba sus ojos carentes de empatía para adentrarse en su alma iba descubriendo que en realidad no había nada más que un abismo, no era como mirarse al espejo que hallaba la imitación del alma humana, en ella solo había desprecio y egoísmo.

“Otra parte me dice que yo soy el que está mal, me susurra desde la distancia que debería ceder a todas mis tentaciones y convertirme en lo que todos quieren que sea, tal vez sea más feliz y amado si tan solo decido no volver a vivir por mí mismo”

se dijo al desentrañar entre sus propios sentimientos, apartando todo el desprecio que había estado acumulando, ignorando esos pensamientos tan dañinos sobre lastimar a los demás, considerando que lo mejor que podía hacer era obedecer para no sufrir, callar para no dañar y llorar en silencio para consolar… Era lo único a lo que podía aspirar una criatura como él, diseñada para ser servirles a los malvados.

Dejó salir un gran suspiro, el rojo volvió a ser verde y la electricidad dejó de castigarlo, su piel sanó rápidamente sin dejar rastro de las enormes descargas que consiguieron quemar su piel y fracturar sus huesos, los músculos se regeneraron y su figura esquelética recuperó la carne; él simplemente dirigió la mirada a Ruby y le hizo saber que obedecería, ella quedó complacida al verlo tan cabizbaja dispuesto a hacer todo lo que fuera necesario para apartar el dolor, estaba tan dispuesto a volver con Sullivan que haría todo lo que ella le pidiera, incluso si eso significaba cerrar los ojos en la noche.

Aún con todos esos sentimientos de ira e impotencia Phantom seguía sin sentirse mejor que nadie, no se sentía bien con saber que con un solo movimiento podría acabar con la vida de muchos, era una sensación demasiado ingrata, quería tanto la aprobación de otros que sentía que lo mejor que podía hacer cuando experimentaban con él o sacaban algo de su sangre era quedarse quieto, sentía que era mejor aceptar su vida como una marioneta que sueña con la vida.

-Lo siento, no debí reclamarte por nada, en realidad fue una razón muy tonta, Ruby.

-confesó cabizbaja, permitiendo que ella colocara una mano sobre su cabeza para sacudir su cabello rojo-

-Bien, así está mucho mejor, tú pidiéndome disculpas.

-agregó Ruby mientras deslizaba esa misma mano hasta su mentón, ayudándolo a levantar la mirada para hallar sus ojos-.

Oye, anímate, tendremos otra noche de películas como tanto nos gusta, soñaremos despiertos con esos mundos tan coloridos.

Phantom no negaba que esa propuesta se le hacía tan atractiva como para olvidar lo que había sucedido, obviamente no podría hacerlo, pero ver que al menos podían hacer algo que le gustaba le ayudaría a conciliar un poco la malicia de aquellos pensamientos infundidos por la niña carmesí, era la mejor manera de alejarse de sus propios sentimientos que tanto daño le hacían.

El resentimiento, la ira y la tristeza se desvanecerían conforme las películas sobre mundos de ensueño le permitieran alejarse de su realidad, podría disociar solo un poco más e ignorar que la niña entre sus brazos seguía cubierta en sangre mientras digería los restos de carne, al menos por un poco más de tiempo hasta que algún cambio le permitiera creer que existiría algo más en su vida.

Sullivan miraba las cámaras de la habitación de Phantom para vigilar toda su interacción, era como un padre cuidando de su pequeño en su primer día de escuela con todos esos niños que nunca tuvieron restricción alguna, solo era una hoja en blanco intentando no mancharse en un mundo de colores cada vez más oscuros, sabía perfectamente que era la victima de Ruby al notar su rostro desalentado por todo lo que había aprendido hasta ese momento, estaba tan adaptado a los deseos de la niña perversa que era inevitable no llegar a sentir compasión por aquel que solo quería sentir algo de amor genuino; el hombre no pudo evitar sentirse culpable porque la última vez que se vieron le había hecho sentir que no era amado, le había hecho creer que merecía ser golpeado por el más mínimo error, y eso entristecía profundamente al hombre que anhelaba volver a hablar con Phantom más que nada en ese momento.

Mientras tanto, Crane vigilaba las mismas cámaras para sentirse más cerca de Ruby, quería creer que volvía a estar a su lado para compartir las visiones, quería volver a su lado para satisfacer la enfermiza necesidad humana de convertirse en algo más que solo carne y hueso, era un deseo que solo su pequeña ángel podía concederle; estaban muy lejos de parecerse, sus sentimientos por ambos niños diferían uno de otro, porque la paz no era para todos, la búsqueda de propósito y la tranquilidad de una vida ya no eran suficientes para las personas, algunos simplemente querían poder para cubrir un sentimiento de debilidad que los había dominado en algún momento de sus vidas.

“Ver películas es lo único que consigue calmarlo”

se dijo a sí mismo el doctor, contemplando aquel rostro que no podía consolar, y solo con alzar su mano para acariciar la pantalla podía engañarse con que estaba a su lado, era la única forma de sentir que hacía algo además de quedarse sentado a ver como sufría por culpa de su propia debilidad, porque no quería ser un arma y mucho menos un caníbal a diferencia de la niña, lo único que quería era ser un niño de verdad.

Miraron películas por toda la tarde y toda la noche, sin levantar sospechas en absoluto tras haberse quedado envueltos en un abrazo inquietante, pues Phantom no sabía si haría algo por lo impredecible que podía ser, mientras que Ruby genuinamente estaba disfrutando de esa noche de películas, además de que con el favoritismo de Crane había conseguido algunos bocadillos y bebidas que podía disfrutar con su hermano, algo que él nunca pudo obtener; irónicamente, cuando conseguía ignorar todo lo que había sucedido y lo que sentía por todo lo conocido, podía llegar a disfrutar de la presencia de Ruby, al menos para ese momento en que se abrazaban mutuamente mientras miraban una película, era algo que nunca había hecho con nadie más y su sola compañía al verla hacía que todo valiera la pena.

Comieron lo que ella obtenía del director, bebieron soda y miraron por varias horas todo lo que Phantom quisiera, en medio de un cuarto a oscuras, en unos laboratorios sumidos en la más profunda y perversa de las noches, estar en un lugar donde poder mirar películas en calma era algo que le permitía gozar un poco de su propia vida, al menos por un instante ya no recordaba nada acerca del canibalismo y mucho menos de las torturas a las que era sometido por los científicos… En cierto sentido era satisfactorio y le hacía muy feliz, estar allí con Ruby a su lado era una de las pocas alegrías que le quedaban.

“El sonido de la cadena me distrae; veo naves espaciales en el televisor, vaqueros que pelean contra los maleantes y viajeros del tiempo con patinetas futuristas, pero el sonido de las cadenas sigue allí, un extraño mecanismo se enciende y arrastra las almas en pena de los devorados.

Los colores son vibrantes, las composiciones extravagantes y estimulan mi mente con escenarios mágicos, que película más hermosa es el laberinto del fauno, con una joven soñadora rodeada por monstruos con forma humana y criaturas fantásticas; pero el sonido de las cadenas sigue presente, tambaleándose en mi mente junto a las cuchillas que se encienden”

pensaba Phantom conforme contemplaba la pantalla, pero por alguna razón había un ruido ajeno que nunca había escuchado, una secuencia amarga de dolor que le hacía pensar en un calabozo, un sonido espectral como ese, cada vez más cerca y más abominable, solo le hacía pensar en lo peor.

Y como en un sueño del que quería despertar, esa habitación a oscuras donde estuvo mirando películas con Ruby se desvaneció, fue consumido por la penumbra absoluta hasta que no hubo nada más que soledad infinita, el deseo de existir se hizo presente, como si tuviera la certeza de que ya no había nada para él salvo pesar en ese mundo que le fue arrebatado de un momento a otro.

Phantom se preguntó dónde estaba y qué era ese lugar, se preguntó por qué el sonido de las cadenas y las maquinarias eran lo único que perduraba, pero la respuesta llegó a él de un modo mucho más escalofriante del que esperaba cuando la voz de su hermana se hizo presente desde algún lugar de entre las sombras, hablando consigo misma mientras él no podía hacer nada más que escuchar.

“La sangre es venenosa, no, están todos equivocados, puede ser más que eso; puede dar vida a la tierra muerta, puede revivir estas ratas que han estado muertas por varios días, nos convertimos en algo más que solo el siguiente paso de la evolución… Nuestros cuerpos no pueden sanar si nos atacamos, positivo y positivo dan negativo, debo ser precavida, debo adaptarlo a mis anhelos, si le doy buenos sueños actuará mejor para mí”

recitaba la voz, aunque todo era confuso al mismo tiempo parecía familiar para Phantom, había algo en la calma con la que se expresaba que en realidad le hacía sentirse muy intranquilo, era como sentir que una criatura de muchas extremidades lo estuviera recorriendo mientras él aún permanecía en la oscuridad sin poder ver nada más que no fuera su propia silueta deformada.