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Entonces ella susurró algo muy extraño, una tentación indiscutible que todos los humanos tenía en algún momento de sus vidas, algo que para Crane era una oportunidad perfecta para cambiar su propio destino y buscar la manera de vivir tanto como quisiera:
- ¿Quiere que le muestre como será su muerte, señor Crane?
El director se aclaró la garganta e hizo su mejor esfuerzo para mantener su sonrisa confiada antes de responder.
- ¿Significa que puedes ver el futuro? -preguntó, y luego vio como ella asintió con bastante calma, y eso solo le produjo otra pregunta-: ¿Y saberlo me ayudaría a prevenir mi propia muerte?
-Eso solo dependerá de usted, señor Crane.
Dicho eso el directo no dudó en asentir, estaba tan obsesionado con la idea de prolongar su propia vida por cualquier medio, de eludir la fatalidad de la muerte como la conocía desde ese fatídico cuatro de julio, que no le importaba sufrir las consecuencias del conocimiento que todos los humanos tenían prohibido obtener.
El hombre tomó la mano del pequeño demonio que lo sedujo con su figura y sus saberes, demostrando cuan fácil era cometer un pecado cuando no tenía nada que perder, cediendo a la tentación de la maldad que esa criatura le estaba ofreciendo para atestiguar el principio del fin, y Crane sujetó con firmeza la palma de la criatura que por un pequeño vistazo de reojo habría jurado que poseía un rostro maligno, un rostro deforme que le recordaba a una araña.
Al tomar su palma su mente divagó, la habitación blanca interrumpida por la figura carmesí se desvaneció para dar paso a un recuerdo, o mejor dicho, a una visión de los días porvenir; observó una mansión maldita en que la sangre y los cuerpos adornaban las paredes de una fiesta convertida en una masacre, había algo siniestro, a donde fuera que mirase hallaba rostros con ojos carmesíes como los de Ruby, luego contempló un enorme bosque plagado de soldados y un niño intentando acabar con el sufrimiento de una pobre amalgama de dolor que le suplicaba liberarla… Finalmente, tuvo una visión de Genexis Sciences como nunca lo había visto.
Los científicos habían sido mutilados, criaturas horrendas devoraban sus cuerpos, y al percibir la figura espectral de Crane vagando en aquellas visiones intentaron atraparlo, todo cuanto le rodeaba le recordaba que los experimentos que realizaban eran una bomba de tiempo hasta que algo despiadado sucediera, estaban lidiando con criaturas y eventos que sucumbirían en la mayor tragedia científica que ni siquiera podría imaginar, ¿Acaso moriría devorado por una de las bestias ciegas que no podían ver el fuego a su alrededor? No, su destino sería mucho peor de lo que imaginaba y Ruby no tuvo decoro al mostrarle con lujo de detalle cómo sería.
Estaba en su oficina, el fuego se esparcía por doquier, no era tan grave como para impedirle escapar, pero había algo en su rostro que le hacía saber que no valía la pena intentarlo, su gesto era frío y sin esperanza alguna, y con sus últimas fuerzas recargó un revólver con una última bala, con el arma dentro de su boca no hizo falta ver más para saber que fue su propia mano la que apretó el gatillo.
Entonces despertó, como si no fuera más que un mal sueño, y volvió a la realidad para hallarse de frente a Ruby quien seguía dibujando inocentemente cosas para nada inocentes, y esta lo recibió con la misma sonrisa que tenía antes de desvanecerse entre sus propios pensamientos, realmente era como si ella nunca hubiera ofrecido sus habilidades para ver el futuro, simplemente actuaba como la niña ordinaria que aparentaba ser, aunque en el fondo fuera una criatura abominable.
-Parece asustado, señor director, ¿Vio algo que no le gustó?
Crane no podía dejar de asombrarse, su rostro eufórico por el horror de la visión le hizo ver a Ruby cuan frágil era su mente humana, era una persona sumamente perturbada que se había autoflagelado toda la vida por un suceso que nunca estuvo en sus manos, y su mera existencia fue el empujón que necesitaba para actuar de esa manera, y la niña carmesí solo pudo describirlo de una manera: había encontrado un propósito genuino, había comprendido lo que era sentirse vivo una vez más después de tantos años perdido en un mar de oscuridad, la visión que le había otorgado, en lugar de aterrarlo había reprogramado todos sus pensamientos para forjarlo como la marioneta perfecta.
No, él no estaba aterrado, estaba sumamente maravillado por lo que había conocido gracias a Ruby, había sido atrapado en su red como una pequeña mosca, y la araña carmesí le mostró una sonrisa porque no quería devorarlo, aunque su apetito y sus colmillos dijeran lo contrario, para ella había más utilidad en el hombre que muestra su devoción, sobre todo porque al otorgarle esa visión había estimulado la sangre en su cerebro de modo que sus pensamientos girarían en torno a ella, no habría manera de salvarse a menos que ella lo permitiera… y no tenía ninguna intención de hacerlo.
-Si quiere evitar ese destino, y quiere seguir sintiendo esos pequeños masajes en su cerebro, también me obedecerá, ¿Verdad?
Crane asintió repetidas veces, con una expresión de devoción para probar que no dudaba de ella y mucho menos de sus palabras, el miedo lo conducía a sentir una clase de placer absoluto por considerar que al servirle a Ruby conseguiría su favor, obtendría alguna clase de aprecio que le permitiría vivir más allá de lo que esa ingrata visión le había mostrado, podría sobrevivir e incluso, si no estaba equivocado, obtendría la longevidad que anhelaba más allá del yugo de las enfermedades y las limitaciones humanas.
“Ahora la hija se vuelve dios a los ojos de su padre, se vuelve la única certeza de que ha hecho algo bien en su miserable vida y busca cumplir mis caprichos para sentirse realizado”
pensó Ruby, con la misma expresión sombría que la caracterizaba, viendo en Crane una herramienta para sus propósitos, sabiendo que en algún lugar escondían a sus herederos, las personas envueltas en crisálidas que al emerger le servirían.
Al volver al piso superior una expresión de calma adornaba el rostro del director, había algo detrás de toda la malicia conocida que le hizo pensar cosas muy extrañas, sabía en gran parte que era un error obedecer ciegamente a una criatura a la que ni siquiera conocía en su totalidad, pero toda esa conversación había conseguido seducirlo, la superficie de todos sus secretos y habilidades consiguió atrapar su corazón de un modo que nunca habría imaginado; los científicos estaban algo consternados por verlo de esa manera, pues al bajar seguía manteniendo la misma sonrisa llena de confianza de siempre, pero al regresar algo había cambiado, parecía sumamente conmovido como si estuviera guardando un enorme secreto.
Sullivan estaba en la oficina del director, recibió a Crane con el mismo desgaste de siempre, sin muchos deseos de levantarse para saludarlo con propiedad, estaba escribiendo su propio reporte sobre lo que había entendido al analizar a Ruby a partir de su encuentro y todo lo que había captado a través de las cámaras, además de compararla con Phantom, pero solo con ver el rostro de Crane fue suficiente para perder la concentración en su trabajo: el hombre parecía salido del éxtasis, su aura ya no parecía tan profesional como la de una persona de negocios, ya no parecía el director de un proyecto científico, era más como un niño al que se le ha cumplido un capricho.
No sabía de su encuentro con Ruby, ni los otros científicos lo sabían, las cámaras no habían captado nada, ese tiempo se había perdido y solo quedaba estática, ninguno se había atrevido a considerar que la misma niña carmesí se había encargado de que no quedara ningún registro de lo que había sucedido… Era tal y como ambos habían querido, su encuentro se convertiría en su secreto, se quedarían por siempre con el silencio, y el director aceptó su condición, así como aceptaría todo lo que quería por voluntad propia, provocando que Ruby se animara al ver cuanto la aceptaba incondicionalmente.
- ¿Se encuentra bien, director? -cuestionó Sullivan-
Y Crane le devolvió la mirada, sabiendo perfectamente que no le contaría absolutamente nada ni siquiera al hombre que ya había convivido tiempo suficiente con uno de los niños, no confiaba en que pudiera entender la profundidad del lazo que había forjado con Ruby, algo mucho más complejo de lo que él tenía con el primer sujeto que solo quería llenar un vacío en su corazón, en cambio, Ruby quería hacer algo mucho más grande con su existencia, estaba seguro de que ella quería lograr algo en el mundo, solo que su plan todavía cobraba forma y debía prepararse como solo ella sabía que podía.
Autoconvenciéndose de que Ruby era el siguiente paso de la evolución, Crane miró a Sullivan y negó lentamente con la cabeza, el hombre que había perdido su familia al igual que él no podría entenderlo, nadie podría, solo la niña que había entrado a su corazón como si fuera su hogar podría saber cuan compleja era su vida y podría descifrar los científicos que también resultaban demasiado confusos para él; Crane encendió la computadora de su escritorio y comenzó con su trabajo como siempre, con la compañía de Sullivan que continuaba con su reporte, pero su mente siempre divagaba en torno a la figura de Ruby, escuchando su voz susurrando su nombre, llamándolo desde la distancia como si estuviera justo detrás de él, pues ya no podía sacarle a esa araña carmesí de su cabeza, no podía dejar de soñar despierto con volver a sus brazos.