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Corta los puntos, une lo que no debería, es tan divertido desarmarte como un juguete, adoro nuestro tiempo de calidad juntos, hermano mayor”
una voz se oía en la distancia, y Phantom realmente no podía escucharlo, él no estaba presente donde aquella forma espectral se presentaba como una visión difuminada por el olvido de su mente fracturada.
No era fácil recordar, desde la llegada de Ruby algunos días se hacían más cortos que otros, parecía que despertaba tan solo para volver a dormir, vivía sin ningún consuelo y ya no recordaba mucho que interactuara tanto con Sullivan, solo podía ver los horrores del laboratorio y aquellos científicos que junto a los drones seguían profanando su cuerpo para extraer grandes litros de su sangre, ya no les importaba romperlo porque sabían que volvería a sanar, para ellos lo que importaba era siempre obtener más muestras que seguirían usando con intenciones perversas.
“No somos los únicos, allá arriba atrapados en crisálidas hay gusanos que esperan nuestro llamado, espero que puedan liberarse muy pronto para que nos escuchen, no son iguales a nosotros, pero al menos nos obedecerán”
confesó la misma voz desde la distancia, hablándole a un muerto que deseaba sentir la vida por primera vez, y esa misteriosa presencia se burló de su estado en un lugar a oscuras donde nadie podría verlos, haciendo con él todo lo que pudiera complacer sus enfermizos caprichos, y aunque su mente permanecía apagada reproduciendo el mismo recuerdo infinitas veces para esa pobre victima seguía siendo el momento más feliz de todos.
Al amanecer del nuevo día, después de una noche de películas, a Phantom se le hizo extraño despertar sin Ruby, ya estaba acostumbrado a que ella entrara sin permiso para dormir a su lado cuando menos lo esperaba, simplemente había desaparecido después de abrir los ojos para hallarse completamente solo en la misma habitación de siempre con el eco dentro de su cabeza que intensificaba sus propias angustias como si se viera atrapado en el vacío blanco.
Cuando intentó levantarse sintió algo extraño, un hecho curioso para su detestable existencia carente de alegría: había dolor, estaba acostumbrado a los cortes y los golpes, a los maltratos y las amputaciones, nada de eso representaba algún peligro porque sanaba con una velocidad excepcional a causa de su regeneración, pero cuando quiso moverse en esa ocasión el dolor persistía y se extendía por todo su cuerpo, a pesar del tiempo que había pasado el rastro de algo perverso regía sus extremidades, pues había notado que la zona de sus brazos que conectaba a sus hombros poseían cicatrices bastante pronunciadas, al igual que sus piernas, en medio de sus rodillas y tobillos habían marcas alargadas que le recordaban a las que dejaban las cuchillas antes de sanar… pero aquellas marcas que ahora poseía no desaparecían, las cicatrices permanecían en su piel.
Lo más aterrador era admitir que antes de dormir, cuando miraba las películas con su hermana, esas marcas no estaban allí, era como si hubieran aparecido de la noche a la mañana durante ese breve lapso de oscuridad en la que todo lo que quedaba era un misterio insólito al cerrar sus ojos y volverse vulnerable al exterior exponiendo su cuerpo lleno de metamorfosis a todos los peligros, algo que nunca pensó que sucedería era que comenzaría a sentir miedo porque ya ni siquiera estaba seguro de lo que pasaba con él cuando se iba a dormir, ni siquiera sabía lo que le hacían, pero solo una cruda y enigmática certeza llegaba a su mente al hallar tan desdichadas cicatrices:
-Puedo ser herido.
-concluyó Phantom al acariciar esas cicatrices, y por primera vez en su vida descubrió el miedo a la muerte, sintió lo que era ser un mortal como todos aquellos que lo rodeaban.
Se cuestionó si acaso Ruby lidiase con ese sentimiento o si ya hubiera hecho ese descubrimiento, mientras estuviera a solas viviría con una profunda reflexión sobre lo que sería de su vida ahora que tenía el conocimiento mas no la respuesta acerca de qué hacía falta para matarlo, era algo que comenzaría a ver como la esperanza para descansar y al mismo tiempo como el miedo a morir y descubrir que existía un más allá-
Ruby se hallaba sola en la misma habitación blanca donde Sullivan se reunía con los sujetos de pruebas para realizar sus análisis, y mientras esperaba el encuentro que le causaba un gran desinterés ella pasaba el rato dibujando con varios crayones, usaba varias hojas de papel para impregnar su imaginación donde veía una hermosa casa con un hombre sentado en una silla y un par de niños haciéndole compañía, estaba visualizando lo que para ella sería una vida perfecta, y habría sido algo adorable ver como actuaba como una niña normal que disfrutaba del dibujo si no fuera porque en el resto de las hojas dibujaba cosas macabras como gente muerta o animales destripados, todo mientras tarareaba una melodía.
Había tenido una noche bastante ocupada realizando sus propios experimentos, descubriendo que tan avanzado era su propio cuerpo y todo lo que podía hacer al igual que Phantom, enterándose así de que podría salir de allí en cualquier momento, pero antes de hacerlo debía asegurarse de que tendría por siempre la compañía del chico carmesí, de nada le serviría la eternidad si no podía tener a su juguete preferido a su lado, estaba segura de que podría consentirlo y darle un mejor trato si estaba dispuesto a obedecerla y verla como su única compañía.
En cierto momento de soledad, Ruby recibió la inesperada visita del director del proyecto que los vio nacer, Crane había descendido al piso inferior donde las criaturas carmesí residían, ignorando las advertencias de los científicos que podían ver lo peligroso que era interactuar con la niña que no temía en ceder a sus impulsos, pero el director los había ignorado porque ya no podía tolerar que ella siguiera invadiendo sus pensamientos día y noche desde la primera vez que le devolvió la mirada a las cámaras como si supiera que él la estaba observando con profundo interés.
Ruby levantó la cabeza cuando la puerta se abrió revelando el rostro de aquel hombre seguro de sí mismo que conservaba su sonrisa, le recordaba a la boca de un lobo, ella le devolvió el mismo gesto siniestro de siempre mientras lo observaba acercarse conforme lo recordaba; aquel hombre estaba a cargo, estaba más cerca de los ángeles de lo que él mismo podría saber, tenía todo el poder e influencia que ella esperaba tener algún día sobre Phantom y los demás, en cierto sentido, aunque no fuera más que un pequeño humano indefenso, ella sentía una admiración enfermiza por todas las características que Crane poseía, las mismas que el doctor despreciaba.
Crane se sentó frente a Ruby del mismo modo que Sullivan se sentó frente a Phantom, un reflejo enfermizo de su relación se vio en ese mismo instante en que el director mantuvo esa falsa sonrisa de confianza, viendo como su miedo se veía superado enormemente por su fascinación, demostrando cierto apego por la niña de ojos carmesíes que nunca dejó de regresarle la mirada y encorvar la cabeza al igual que un cachorro curioso, y pudo desentrañar sus sentimientos para descubrir que no era ningún niño que aún lloraba la muerte de su madre, esa imagen que había compartido con Sullivan, y sabía que lo había hecho porque ella podía ver dentro de sus memorias, hacía mucho que se había marchitado para convertirse en un ser despreciable y manipulador.
Ese parentesco le hizo pensar que quizás él era su verdadero padre, era quien le había dado la vida con un mandato y no con un milagro, había concebido a la niña con todo el desprecio que un humano podía sentir por otro, y así nació Ruby como la segunda portadora carmesí, la verdadera descendiente de los pecados de la humanidad.
-Yo te he visto en mis sueños, te he visto jugando con muñecos de nieve teñidos de rojo mientras me invitabas a unirme a ti, eres mucho mejor que el otro sujeto de pruebas, ¿Verdad, Ruby?
-Excepto que no eran muñecos de nieve, eran los cadáveres de toda la humanidad.
-corrigió la niña mientras entregaba uno de sus dibujos, era la escena retratada tal cual según lo que Crane había soñado, la exactitud que tenía el dibujo con su sueño era sumamente aterradora tanto como para arrebatarle el aire, pero ese mismo acto hacía que sus ojos brillaran con asombro-.
Y el otro sujeto es el hermano mayor, tenga cuidado con sus palabras.
Crane carcajeó levemente, pero de inmediato notó que ella lo decía en serio, no había ningún rastro de humor en su expresión y la sonrisa perversa se había desvanecido para dejar un gesto frío, demostraba estar ofendida por esa comparación con Phantom, para ella no había forma de tolerar que se expresaran de un modo tan nefasto de él, sin importar lo que ella hiciera o dijera de Phantom, no existía tolerancia alguna hacia aquellos que osaran ofenderlo porque seguía viéndolo como un ser superior al igual que ella.
No dudó en considerar que Ruby era sumamente curiosa a su manera perversa, se disculpó por ofender a Phantom y ella naturalmente recobró su sonrisa, era algo que simplemente hacía crecer el interés de Crane por como conseguía conectar con ella a diferencia del chico, era algo que no le preocupaba en lo más mínimo porque era satisfactorio recordar cómo había despedazado a los niños imperfectos con facilidad como si no fuera más que muñecos de porcelana para ella.
-Pero sin duda eres diferente, tú no viste valor en esos niños a diferencia de tu hermano, te deshiciste de ellos porque reconoces que ustedes dos son mejores que los demás, sabes de lo que son capaces y me arriesgo a creer que tú sí eres consciente del alcance de tus poderes.
Ruby inclinó la cabeza hacia un lado mientras seguía mirándolo con dedicación, ayudándolo a perderse en el hermoso mar carmesí de sus ojos, y Crane no dudó en creer que ella sabía perfectamente lo que hacía, sabía el efecto que tenía sobre él y deducía las cosas que pasaban por su mente cuando le devolvía la mirada a la niña de ojos rojos.