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En ese instante, por su deseo de ser alguien más para no tener que volver a lamentarse ser lo que era, pudo descubrir uno de sus poderes: tenía la capacidad de percibir lo que estaba más allá de lo evidente, podía ver con claridad todo aquello que era invisible para el ojo humano, y con esa habilidad en mente pudo conectar con otra habitación que yacía muy lejos de la sala de operación, se hallaba en la misma sala donde acostumbraba reunirse con Sullivan para sus sesiones de estudio, no estaba presente en cuerpo físico, pero pudo sentir todo con claridad como si lo estuviera.
Sullivan estuvo allí, pero quien estaba sentado frente a él al otro lado de la mesa no era Phantom, sino Ruby, la niña cabeceaba y aguardaba con una sonrisa durante su sesión con el doctor que intentó conectar de la misma manera que lo había hecho con el chico la primera vez.
Él no pudo evitar sentirse reemplazado, una emoción bastante posesiva comenzó a apoderarse de su mente al ver como Ruby parecía tomar su lugar, dio pie a un sentimiento que nunca había tenido antes, pero su mente permanecía lo suficientemente enfocada como para solo escuchar atentamente lo que estaban hablando en lugar de permitir que sus impulsos lo invadieran.
-Yo lo conozco, lo vi a través de los ojos del hermano mayor, usted es el falso padre, a quien él ve como su creador.
-confesó Ruby con la misma sonrisa de siempre, incomodando a Sullivan-.
El padre es dios en los ojos de un niño sin amor, usted es lo más parecido a un ser benevolente, aunque es un fracaso hasta para sí mismo.
-Esas… son palabras muy fuertes para una niña.
-confesó Sullivan, sumamente intrigado y atemorizado al ver que Ruby, a diferencia de Phantom, no tenía la más mínima intención de interactuar con los juguetes ni los libros-
- ¿Y quién le dijo que esta es mi forma o que esa es la forma del hermano mayor? El hombre da forma y nombre a lo incomprensible, pero no pueden etiquetar lo que no pueden controlar.
-dicho eso ella levantó su mano y enseñó como podía cambiar su cuerpo de forma que sus dedos se convirtieron en garras-.
No puede hacer nada por mí, doctor Sullivan, así como no pudo hacer nada por su familia.
Las palabras hirieron a Sullivan, su odio incrementó y sintió un profundo desprecio por Ruby, pues la niña no dudaba en atacarlo en su punto más débil para orillarlo a hacer algo de lo que se arrepentiría, solo quería probar que incluso el hombre más bondadoso de esos laboratorios podía ser tan cruel y brusco como los demás, a sabiendas de que era alguien a quien Phantom seguía mirando como un ser bondadoso en medio de un mar de oscuridad.
No obstante, el doctor supo controlarse e intentó despejar su propio resentimiento para mantener la sesión con Ruby, era la única forma de llegar a alguna conclusión y entender un poco más como actuaba la mente de una criatura como ella sin aparente apego a nada que no fuera con su propio hermano.
-Si no te molesta que cambiemos de tema, señorita, ¿Podrías decirme por qué sientes tanto apego por Phantom? -mencionó Sullivan con una sonrisa diferente que intentaba ocultar sus verdaderos sentimientos-.
Cualquiera podría pensar que se conocen desde hace muchos años, pero solo llevas aquí unos cuantos días, no es suficiente para sentir cariño por alguien.
-No vale la pena contarlo.
- ¿Cree que no lo entendería? -agregó Sullivan sintiéndose sumamente interesado al comprender que Ruby eludía cualquier mención de su relación con Phantom o de cualquier indicio de su verdadero origen.
Entonces Sullivan observó como ella desvió la cabeza para mirar hacia la cámara a través de la cual el director Crane los observaba, miró dentro de sus ojos e indagó en los deseos perversos que se intensificaban cuando la miraban a ella-
-No lo entendería porque usted no es uno de los ángeles de dios.
Las palabras dejaron boquiabierto a Sullivan, un intenso escalofrío lo recorrió de pies a cabeza, el miedo se propagó por todo el laboratorio hasta alcanzar los pisos superiores donde los científicos se estremecieron ante las palabras, era una afirmación bastante aterradora al ver como Ruby comenzó a manipular las grabaciones de las cámaras para eliminar rastro de esos segundos perdidos, borrando las pruebas de lo que había dicho para dejarlo como una simple suposición que dejaría intrigados a todos los presentes.
Dicho eso la niña señaló con uno de sus dedos convertido en garra directamente al doctor, causando pánico en su rostro que parecía envejecer muchos años en solo unos segundos a causa de todo el horror que esa oración le había provocado, sabía que Ruby era consciente de lo que le había provocado, le había hecho pasar por un momento sumamente horrible solo por compartir lo que ellos se negaban a recordar, lo que para ella era una verdad sincera.
-Usted no se preocupe, doctor, usted es víctima del amor del hermano mayor, se ha convertido en su único lazo con la humanidad, y mientras usted no me estorbe no le quitaré su falso padre, no me conviene que él pierda la cordura, no todavía.
Esa segunda afirmación hizo que la piel de Sullivan empalideciera, ahora estaba más seguro que nunca de que se hallaba frente a un ser inenarrable, jamás podría entender qué era lo que quería ni mucho menos si Phantom estaría involucrado, todo lo que sabía era que Ruby escondía una naturaleza mucho más maquiavélica que solo un monstruo podía poseer, era una criatura caníbal que usaba el cuarto de juegos como un comedor para alimentarse de los restos de aquellos niños indeseados, aquella niña era en realidad una bestia sedienta que no dudaba en ceder a sus propios impulsos, una criatura inefable cuya verdadera forma quedaba a la imaginación más perversa de todas.
-Si el hermano mayor lo ve como un padre, tal vez yo debería empezar a verlo como uno, ¿Cree que pueda merecer mi amor para salvarse, doctor? -cuestionó Ruby con la misma sonrisa alargada que la definía-
Sullivan ya no podía tolerar sus comentarios, extraños y manipuladores al mismo tiempo, sin vergüenza alguna ni sentimiento verdadero, solo era una criatura cruel sin emociones que veía a los demás como herramientas para sus propios placeres, una bestia indomable que, por alguna razón, prefería mantenerse atada a sus cadenas, aunque en el fondo todos sabían que podía liberarse cuando quisiera.
No hubo necesidad de tener otras interacciones para saber que era una criatura con aires de superioridad que no veía valor en la vida, lo había demostrado al asesinar a esos niños y al tratar a Phantom más como un perro faldero que como un hermano, no sabía si realmente había una especie de amor enfermizo en sus intenciones o si todo era una fachada para algo más siniestro, hasta el más mínimo detalle, pero lo que sí sabía era que el chico representaba algo más para ella que solo un arma.
Phantom pudo presenciar todo eso, y en cuanto decidió que ya era suficiente tras ver que Sullivan abandonó la habitación, dejando a la niña a solas, su mente volvió a abstraerse para regresar a su cuerpo físico… Tenía un gran alivio en su corazón al comprender que Sullivan no se había marchado, solo estaban separados, pero incluso así tendrían la oportunidad de reencontrarse incluso si no se sentía listo para eso, ¿Acaso desearía lo mismo que él? ¿Pensaría en él antes de dormir tanto como el niño lo pensaba? No había manera de saberlo, pero solo podía tener esperanzas de que algún día podría decirle cuanto lo quería; el día iba a llegar, se decía a sí mismo cuando los científicos le ordenaron levantarse de la mesa, pero a pesar de recuperar su alegría intentó mantener un gesto calmado y estoico para no recibir otra descarga.
Una vez en su habitación, con la compañía de una niña siniestra que le contaba curiosidades de las viudas negras, los arácnidos preferidos de Ruby, la mente de Phantom quedó divagando en su propios sentimientos; por un lado tenía la ausencia de una figura paterna que lo amaba, pero que le resultaba imposible decírselo porque ni siquiera se quería a sí mismo, por el otro tenía la amarga soledad de esos pasillos blancos apenas interrumpido por una niña que solo quería poseerlo, y aun así Phantom nunca dejó de velar por el bienestar de aquellos que lo rodeaban, nunca dejó de justificar el dolor por el que le hacían pasar porque sabía que no tenía nada además de ellos… Eran lo único que él tenía para sentir que todo lo demás valía la pena.
El chico intentaba mantenerse siempre en calma, no sabía cómo podría ser cuando ya no tuviera el collar, si es que eso llegaba a suceder, ¿Sería inexpresivo? ¿La vida lo habría adiestrado a no mostrar sus emociones? Phantom pensó que eso era una locura, no había manera en que las experiencias de toda una vida le arrebatasen a una persona la capacidad de compartir sus sentimientos… Lo que no sabía era que eso sucedía todos los días en todas partes, había muchos en el mundo exterior que no acostumbraban a compartir como se sentían, muchos que tuvieron su propio collar eléctrico que les decía que sentir era peligroso, sentir haría que sufrieran, y por eso las personas vivían encerradas en sus propias prisiones donde se negaban a compartir algo con los demás, igual que Sullivan.
Esa noche volvió a mirar otra película con Ruby, de pronto se percató de que esas dos horas eran el único momento del día en que sentía calma absoluta; no había tristeza por Sullivan ni dolor por los científicos que lo usaban, no sentía miedo por la niña que guardaba su malicia para tomarse el tiempo de disfrutar de las películas, era el único instante en que había algo de silencio en la ruidosa vida de Phantom… Era la calma que deseaba poder sentir todos los días, la misma que le arrebataba un profundo suspiro mientras sentía como la niña se recostaba en su regazo porque se sentía cómoda a su lado, era la única oportunidad que tenía para sentirse como un niño normal, por más extraño que fuera.
“No, si separo estas extremidades sería un problema, es mejor volver a unirlas.