El fantasma carmesí 7
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-Yo podría quitarte ese collar con nuestros poderes.

-confesó la niña con una sonrisa traviesa-

- ¿Podemos hacerlo? -cuestionó con entusiasmo e intriga-.

¿Podrías enseñarme?

Ruby lo miró directamente mientras meneaba la cabeza, siempre con la misma sonrisa y sin desviar la mirada, parecía complacida por el simple hecho de ver como el color verde volvía a ser amarillo y producía otra descarga eléctrica en el cuerpo de su hermano, había cierto placer culposo solo con verle estremecerse por solo expresar sus emociones.

Phantom parecía decepcionado e intrigado, no podía entender por qué Ruby parecía tan complacida con su dolor, no entendía como decía quererlo y aun así disfrutar de los espasmos en su cuerpo como si fuera alguna clase de animal que merecía ser castigado, no hubo necesidad de palabras para dejarle saber cuánto le dolía seguir sufriendo por ese collar, no había momento del día en que no sintiera dolor y tuvo esperanzas con ella.

-Creo que te ves bien con el collar, como un perrito faldero.

-confesó Ruby, extendiendo sus manos para acariciar sus mejillas-.

No me pongas esos ojos, te ves tan tierno suplicando en silencio para que te lo quite, pero el dolor es el placer más sincero, si amas el dolor será más fácil seguir con vida.

Phantom no podía creer lo que escuchaba, por la forma en que ella se expresaba estaba seguro de que Ruby sentía alguna clase de afición al masoquismo, no quería pensar en ella de esa manera porque solo le producía mayor preocupación… Pensaba que solo estaba actuando por lo que estaba acostumbrada a vivir en los laboratorios de los que había venido, así como él estaba acostumbrado a ser tímido y sumiso por las cosas que le habían hecho desde el primer día, no quería culparla por algo que probablemente estaba fuera de sus manos.

-Te haré una promesa, si me dejas quedarme contigo todas las noches y hacer lo que yo quiera, te quitaré el collar… -dicho eso se sentó en la cama y lo abrazó con gentileza, dejando su boca muy cerca de su oído para agregar con un pequeño susurro-: y, además, nos liberaré a ambos para que hagamos lo que yo quiera en este mundo, ¿Está bien?

La sola idea de quitarse ese collar era suficiente para convencer a Phantom, no podía ni imaginar cómo sería su vida sin ese amargo aparato en su cuello, Ruby sabía aprovecharse de su anhelo al descubrir que no tenía control total sobre sus poderes como para hacerlo él mismo, esa era la ventaja que ella tenía sobre él para controlarlo a su antojo, más al saber que tenía muchos planes.

Verlo asentir a su petición era más que suficiente para mostrar una sonrisa de satisfacción, las piezas encajaban tal y como Ruby esperaba que lo hicieran, ya tenía la obediencia de Phantom garantizada, era obvio que haría lo que fuera mientras tuviera ese collar en su cuello, y más sabiendo que era lo más cercano que tenía a una familia, haría lo que fuera por complacerla porque era completamente sumiso.

Ruby le recordó el final de la película, eran solo dos ángeles contra todo el infierno, eran todo lo que tenían para superar las adversidades del mundo exterior, una vez juntos no había nada que los pudiera separar, ella se aseguraría de que nada lo hiciera.

Si había algo que quería cumplir era viajar con él por una gran ciudad durante la noche, quería conocer las luces mientras Phantom la protegía como todo buen hermano mayor y la cargaba en su espalda porque eso era lo que haría si realmente la amaba, le dijo que serían como esos ángeles caídos por toda la eternidad, y si seguía sus órdenes no solo lo liberaría de sus cadenas, sino que le diría la verdad que más anhelaba Phantom:

“Te diré de donde vinimos y cuál es nuestro propósito en la tierra”

confesó en un susurro seductor, con el mismo tono que usaría un demonio con un pobre humano sin esperanzas, tentando con el conocimiento prohibido a una mente dañada que anhelaba respuestas, y la más grande de sus preguntas era saber si alguna vez alguien pudo amarlo en verdad… Esa necesidad de amor, ese corazón roto por la última interacción con Sullivan, le hacía el candidato perfecto para ser seducido con facilidad por los susurros de la niña de ojos carmesíes.

Esa noche Phantom se recostó en su cama como siempre, pero hubo un gran cambio para él cuando Ruby se quedó a su lado, sosteniéndolo con sus manos en un abrazo bastante posesivo mientras descansaba, no le permitía levantarse en absoluto, aunque para ella era un acto de amor el querer quedarse con él para soñar juntos que eran como esos ángeles que emprendían el viaje por un mundo desconcertante, un mundo que podía pertenecerles y no habría nadie que pudiera detenerlos.

Los sueños se vieron interrumpidos por la voz de la bocina que descargaba sus frustraciones en Phantom, le decía cuan malvado y cruel sería, repetía que solo lastimaría y dañaría a todos con los que se cruzara, eran ideas perturbadoras que, como siempre, le arrebataban el sueño al preocuparse por pensar demasiado todo lo que ella le decía.

A Ruby no parecía molestarle, ella seguía sonriendo mientras mantenía los ojos cerrados y pensaba en todas las cosas que podría hacer con su hermano, pensaba demasiado en todo lo que harían y que jamás se separarían, las palabras de las bocinas no significaban nada para Ruby siempre que pudiera quedarse al lado de Phantom.

Por más contradictorio que pareciera, su compañía era lo único que parecía consolarlo, la presencia de Ruby hacía de su noche mucho menos amarga de lo que ya estaba acostumbrado, mucho más después de lo que había sucedido con Sullivan y a quien no había visto después de que le alzó la mano… Estaba tan seguro de que el doctor lo odiaba que no le preocupaba ser la mascota de una niña que creía que eran hermanos, era mejor que seguir vagando con una silenciosa soledad, era mejor aceptar que, aunque ella lo viera más como una mascota a la cual premiar, prefería tener a alguien a su lado que volver a sentirse despreciado.

En el amanecer del nuevo día, antes de que los drones volvieran a llevarlo a sus experimentos, Phantom había despertado junto a Ruby cuando ella se sentó en su regazo para mirarlo a los ojos hasta que decidiera abrirlos, la niña parecía sumamente emocionada y desvergonzada por estar encima de él… E irónicamente Phantom le mostró una sonrisa por despertar y hallar un rostro que lo quería, aunque fuera de una forma tan inapropiada y posesiva, se sentía alegre de ser querido por alguien similar a él.

- ¿Como dormiste, hermano mayor? ¿Soñaste conmigo?

Phantom estaba avergonzado de admitirlo, porque estaba seguro de haber soñado con ella, pero no recordaba del todo sobre qué trataba el sueño, probablemente era algo negativo sobre todo lo que le había dicho el día anterior.

Lo que no sabía era que Ruby tenía control sobre sus noches, le producía los pensamientos y sueños que ella quería con tal de estimular las ideas que más le convenían, era algo que no admitiría porque sería absurdo intentar explicarle el alcance de sus poderes si aún no los conocía del todo, tampoco le convenía que él aprendiera a controlarlos y ya no dependiera de ella para nada.

-Pobre de ti, ¿Estás tan avergonzado de soñar conmigo? El hermano mayor es tan fácil de molestar.

-confesó, pellizcando sus mejillas-.

Ahora hazme un favor.

- ¿Qué necesitas?

Dicho eso ella lo miró con profundidad, mostrando un gesto sombrío antes de agregar, con una voz más insensible:

-Intenta no ser un debilucho, y mátalos en cuanto ellos te hagan algo, son humanos patéticos después de todo.

Las palabras le robaron el aliento a Phantom quien entendió rápidamente a qué se refería, pero no sentía que tuviera la fuerza necesaria para hacer algo al respecto, sabía que ella lo decía por los drones que estaban a punto de venir y tomarlo a la fuerza a una de las tantas cámaras de experimentación donde harían con su cuerpo todo lo que quisieran, y estaba seguro de que Ruby sufriría el mismo destino, pero su dominio sobre sus poderes y la falta de un collar de adiestramiento le hacían pensar que ella no hacía algo no porque no pudiera, sino porque tenía otros planes.

En cuanto los drones vinieron, y tomaron el joven cuerpo del chico a la fuerza, él suplicó por su ayuda en todo momento, le pedía a la niña que decía amarlo que lo rescatara, pero ella, en su compleja visión del mundo, le susurró mientras se recostaba en la cama que lo amaba tanto como para dejarle conocer la realidad del mundo y cuan patéticos eran los humanos al intentar controlarlos, le dijo que lo amaba tanto como para dejarlo sufrir porque solo quien conoce el peor de los sufrimientos podía conocer la más sincera de las alegrías.

“Ahora no sé realmente si tenga algo por lo que vivir, estoy seguro de que Sullivan ya no me quiere, nunca lo hizo, estoy seguro de que siempre seré visto como un arma, siempre seré visto como el pequeño monstruo que no pidió nacer en absoluto”

pensó Phantom, sollozando en silencio cuando los científicos volvieron a cortar sus extremidades, pidiendo sin voz con la cual hablar por alguien sincero, alguien que pudiera tomar su mano mientras la carne y la sangre caían, quería alguien que estuviera a su lado incluso si él no tenía mucho que ofrecer.

Sus lágrimas seguían siendo rojas, otra prueba de que solo era una criatura artificial que soñaba con ser humana, era una criatura que rogaba por tener un poco de compasión y alegría incluso si sabía que realmente no lo merecía, lamentando por ser lo que era, por no haber tenido la oportunidad de elegir ser una persona normal viviendo en una tierra normal… Todo ese odio y resentimiento apenas superados por una profunda tristeza le impedían desarrollar sus poderes, estaba tan convencido por un sentimiento antinatural de querer ser bueno que se negaba a lastimar a los científicos que lo operaban, a pesar de que podía escuchar la voz de su hermana que le pedía hacer cosas malas, se negaba a ser tan despiadado como ella y esperaba que cambiara de opinión y viniera a salvarlo.