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Bajo el tenue resplandor de su televisor pudo ver de reojo lo que en un principio pensó que era una araña, pues todas sus extremidades eran largas y diabólicas, la figura tenía características parasitarias, tanto que ni siquiera podía entrar por la puerta para acercarse a Phantom, y agradeció que así fuera porque le aterraba pensar que podía hacerle lo que quisiera porque él todavía era muy débil para hacer algo al respecto.
Cuando miró de frente a la puerta la figura arácnida había desaparecido, en su lugar solo quedaba la pequeña silueta de la niña carmesí que parecía tener pequeños espasmos mientras le devolvía la mirada con la misma sonrisa de siempre, en medio de la oscuridad del laboratorio lucía más pálida de lo normal y mucho más sombría, sin sentir miedo por caminar en esos pasillos liminales tan tarde por la noche, porque era un sentimiento que esa criatura no conocía.
Phantom no pudo evitar preguntarse por qué había visto una araña en cuanto la puerta se abrió, ¿De dónde había salido esa figura que captó de reojo en el espacio en que ahora aguardaba una niña de rostro espectral? Por alguna razón no se sentía a salvo, a pesar de que era más pequeña y decía amarlo.
-Ruby, ¿Como pudiste abrir la puerta? ¿Qué haces despierta tan tarde? -él estaba más impresionado por el simple hecho de verla allí de pie, porque era consciente de que las puertas solo se podían abrir porque los científicos así lo querían y no porque ellos tuvieran potestad, verla allí ya era demasiado extraño para Phantom-.
No creo que deberías estar aquí, podrían enojarse con nosotros.
Ruby alargó la sonrisa en su rostro, enseñando sus caninos de tamaño normal, ya no poseían esa característica vampírica que había usado para acabar con los niños defectuosos, antes de responder quería asegurarse de que no había nada que temer, algo en lo que fracasaba rotundamente al notar el profundo terror en el rostro de Phantom por el simple hecho de que su naturaleza aún le resultaba demasiado extraña para desarrollar su propia conclusión.
-No puedo dormir, quiero estar contigo.
-confesó antes de dar un paso al frente-.
¿Puedo quedarme, hermano mayor?
-Claro, pequeña, puedes quedarte.
-respondió, soltando un gran suspiro en un intento de aliviarse por lo que estaba sintiendo en ese momento, era inevitable que le tuviera miedo porque ella era muy peculiar.
Al darle permiso en voz alta Ruby no dudó en entrar a la habitación y sentarse a su lado en la cama, dejando caer la cabeza en su regazo sin vergüenza alguna para mirar directamente al televisor al mismo tiempo que él lo hacía-. Oye, realmente sientes mucha confianza.
Ruby permaneció inmóvil, sin decir ninguna palabra, mientras miraba la película que Phantom estaba viendo, era una vieja película de crimen y romance llamada Ángeles caídos, los colores de un mundo exterior también conseguían maravillar a Ruby por razones diferentes a las de Phantom; para él era una ventana hacia un mundo alegre, un mundo donde las posibilidades podían ser infinitas y se convertían en distintas visiones de lo que podía llegar a vivir si algún día conseguía escapar, le alegraba pensar que así como esos personajes las personas también podían ser maravillosas, tenían la capacidad de sentir bondad sin importar cuantas tragedias ocurrieran.
Sin embargo, para Ruby era un recordatorio de lo insensibles que podían ser las personas, era una ventana hacia una caja de joyas infestada de cucarachas, algo hermoso contaminado por criaturas que no merecía nada más que dolor, era un pensamiento que le dibujaba una sonrisa mientras miraba la película junto a su hermano.
Para el final de la cinta el protagonista manejaba una motocicleta con su novia detrás de él, aunque a Ruby realmente no le importaba su relación, para ella era como ver a dos criaturas únicas viajando por las insensibles calles de un mundo que jamás podría comprenderlos, eran criaturas despreciadas que siempre se tendrían el uno al otro.
Un gran suspiro salió de sus labios al ver esa última escena, la primera película que miraba en su vida era un profundo recordatorio de que realmente era única en el mundo, jamás volvería a existir una niña como ella, así como su hermano era el único que realmente podría comprenderla en el gran vacío de la existencia a la que se dirigían todos a la vez.
Phantom pudo notar que ella sentía algo, no sabía si estaba conmovida o si estaba entusiasmada por la película, pero sin duda había algo en su corazón con el final de la cinta y su rostro la delataba, pensó que era la primera vez que actuaba como una niña ordinaria sin provocarle miedo.
El chico no dudó en acariciar suavemente su cabeza, agradeciendo tener compañía por primera vez al ver una de sus películas preferidas, con eso pudo soltar un suspiro de alivio y alegría, a pesar de que el collar en su cuello recobrara el tenue color amarillo y una pequeña descarga recorriera su cuerpo, teniendo que calmarse para no sufrir nuevamente por ello, algo que rápidamente captó la atención de Ruby desde su regazo.