6 #2
-confesó Ruby, con esa misma sonrisa de siempre, incapaz de empatizar con los demás-.
No lastimaré a los que sean importantes para el hermano mayor, a menos que lo merezcan.
Y de ese modo ambos tuvieron algo con lo cual estar de acuerdo, por lo menos así Phantom podría tratar de justificar lo que había presenciado, siendo algo que nunca podría olvidar por la brutalidad que había demostrado con una fuerza supernatural, entonces se dijo a sí mismo que muy seguramente poseía la misma fuerza que ella, sin duda eran criaturas sumamente interesantes y ni siquiera había rozado la superficie de todas sus habilidades por limitarse a sí mismo; temía tanto lastimar, ser lo que la voz de la bocina decía que era, que se impedía hacer algo más que no fuera lamentarse y sentir preocupación por algo que estaba en su naturaleza desde el día de su creación.
Ruby lo abrazó y dejó caer la cabeza en el pecho de Phantom, se sintió aliviada de saber que eran uno después de todo, estaba segura de que llegaría el día en que podría compartirle sus secretos y finalmente tener el conocimiento de su origen, porque ella era la única de todos que realmente sabía la verdad, de quien venían y cuánto tiempo de vida tendrían, tenía muchas respuestas a preguntas que nadie se atrevería a hacerle.
En cuanto envolvió al chico entre sus brazos sintió el deseo de quedarse allí para siempre, quería tanto quedarse a su lado, pero mientras más permanecía cerca de él podía compartir sus recuerdos y ver todo lo que esos científicos tan crueles le habían hecho, podía sentir todo el odio y resentimiento que se había guardado para sí mismo.
Ruby se compadeció de él y prometió que se vengaría de todos los que lo habían lastimado, haría lo que fuera necesario para quitarle ese collar eléctrico para que fuera tan libre como ella lo permitiera, y con una sonrisa maquiavélica selló ese contrato mientras se lamía los labios para saborear la sangre que residía en ellos.
Al otro lado de las cámaras había una decena de hombres anonadados por lo que habían presenciado, no podían creer lo que veían en aquellas criaturas, el demonio con forma de niña se quedó en los brazos de la única criatura compasiva que había en esos laboratorios.
Sullivan no podía considerar todavía el efecto psicológico que tan horroroso espectáculo tendría sobre Phantom, aún tenía mucho que procesarlo después de lo que había contemplado, además de que algunos de los susurros de Ruby eran todavía un misterio por la distancia de los micrófonos, aunque sin duda debían tratarse de las cosas más horribles que podían concebir.
-Todo esto es un error… -murmuró Sullivan, retrocediendo ante lo que habían presenciado con una horrorosa capacidad para el detalle-
-No, son nuestras plegarias hechas realidad.
-respondió Crane, sin poder desviar la mirada la criatura con forma de niña que le devolvía la mirada desde esa habitación a través de las cámaras; no sabía cómo, pero tenía la certeza de que realmente lo estaba mirando a él, sabía quién era y que estaba allí-
Sullivan desconfió plenamente de Crane, no podía entender, por más que intentara ver todo a través de la visión capitalista y victimista de Crane, no podía ver qué beneficios podrían sacar de dos criaturas tan opuestas entre sí con comportamientos tan volátiles; siempre tuvo la sospecha de que Phantom tenía el poder suficiente para escapar del piso inferior cuando quisiera, era su propia sumisión la que le impedía hacer algo para lograrlo, solo varios metros de profundidad lo separaban de ellos, solo siete metros impedían que él pudiera ascender y acabar con todas las personas del lugar, pero tras presenciar el horroroso espectáculo de Ruby halló la certeza de que siempre estuvo en lo correcto… Sin embargo, tanto él como todos los científicos comenzaron a sentir miedo, porque la niña no era igual al primer sujeto, no era sumisa ni tímida, era una criatura consciente de todo aquello que la rodeaba, era consciente de su poder y solo sus misteriosas intenciones le impedían hacerles algo.
Sin embargo, Crane no tuvo miedo pues para él era sumamente atractivo hallar los ojos carmesíes de la niña que le devolvía la mirada y que con sus gestos lo llamaban, su nombre hacía eco dentro de su mente, podía jurar que ella lo estaba llamando a través de la cámara y esas visiones que tenía de su rostro angelical no eran solo producto de un deseo carnal inapropiado; era la epifanía de un mejor futuro que podría conocer al lado de esa criatura que había encarnado todos sus deseos más perversos… Él no tuvo miedo porque sintió una conexión con Ruby, según creía, la misma clase de conexión que Sullivan había tenido con Phantom, pero se creía superior a ellos porque en la niña de cabello rojo sangre había algo especial, algo que superaría a todos los humanos, algo que le ayudaría a nunca volver a sentir miedo.
Llegada la noche Phantom y Ruby tuvieron que despedirse, cada uno estaría en su propia habitación a partir de ese momento, aunque esta última se marchó a regañadientes nunca dejó de mirar hacia atrás para encontrar el tímido rostro de su hermano que intentaba sonreír para hacerle saber que todo estaría bien, solo se separarían por una noche.
Poco después el chico se hallaba mirando sus películas de siempre, la fascinación por los colores y la estética casi le hacían olvidar lo que había presenciado esa mañana en la sala de juegos, cuando cerraba los ojos aún podía ver esos rostros que no tuvieron la culpa de nacer todavía suplicando en silencio por piedad, y por encima de ellos un demonio con su forma atacándolos sin piedad alguna para probar que eran superiores, pero ¿Por qué todo había sucedido de esa manera? ¿Por qué no tuvo el valor de pararse frente a Ruby y defenderlos? En su intensa necesidad de justificarla se decía que ella tenía razón y seguramente podía ver algo que él aún no podía.
A pesar de que aún acariciaba el juguete ensangrentado entre sus manos, e imaginaba ese rostro lamentable que lo consideraba un amigo, seguía pensando que Ruby no era mala, seguía considerando que probablemente era más inteligente que él y no podía tener las mismas visiones que ella… Estaba intentando justificar lo que había hecho, aunque en el fondo tenía mucho miedo y le preocupaba enormemente compartir sangre con una criatura tan cruel como ella, era algo que le producía tristeza y la sangre en su cabeza volvía a emanar, todo mientras presenciaba los hermosos colores de las películas para divagar en esos recortes del mundo exterior.
De pronto, alguien tocó a la puerta, aún en medio de la profunda oscuridad del laboratorio apenas interrumpida por el resplandor de su televisor, pudo distinguir el lento e infernal golpeteo de la puerta, algo que ni los científicos o los drones se molestaban en hacer antes de cruzar a su habitación.