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A mí me dicen que nací para salvar al mundo, me dicen que nací para ayudar y ser lo que la tierra necesita para sanar.
Phantom no pudo evitar sentirse comparado, después de todo Ruby era una niña preciosa, saber que le estaban ofreciendo mensajes opuestos a lo que él estaba acostumbrado era extraño en un principio, pero no lo fue por mucho tiempo al sentir que realmente tenían propósitos muy diferentes… Eso le hizo sentirse mal consigo mismo, algo cabizbaja simplemente permitió que ella lo guiara, sin notar que esa sonrisa tan dulce en un rostro tan hermoso poseía cierto matiz maquiavélico al ver cómo se despreciaba a sí mismo en silencio, era algo que Ruby no dudó en catalogar como un buen paso a su gloriosa hermandad.
Ella lo llevó hasta la sala donde Phantom se entretenía, donde todos los niños reposaban a la espera de su inevitable final, por alguna razón actuaba y caminaba como si ya conociera cada habitación, sabía perfectamente a donde ir y nunca parecía dudar de su propio conocimiento a diferencia del muchacho.
Una vez allí, habiendo divisado todos los juguetes, instrumentos y crayones en manos de unos adefesios con apariencia de niños, una expresión fría e impiadosa se dibujó en el rostro de Ruby, ella no toleraba ver a todos esos homúnculos arrastrándose tan miserablemente para quitarse sus juguetes y golpearse entre ellos, no toleraba ver como Phantom parecía compadecerse como si fueran iguales.
-Estas criaturas son imperfectas.
Fue un comentario bastante sorprendente para una niña como ella, su dulce gesto había desaparecido para ser reemplazado por un semblante sombrío, carente de todo sentimiento infantil que aparentaba, incluso dejó de tomar la mano de Phantom para presenciar a aquellos seres que tachaba de repugnantes e inferiores.
Los científicos que vigilaban esa habitación se echaron hacia atrás ante las palabras de Ruby, no esperaban que su reacción fuera tan indiferente y oscura al punto de considerarlos horrendos, a diferencia de Phantom que seguía inclinándose cuando uno de ellos estaba a punto de perder la vida para acompañarlo en sus últimos segundos de vida, eran polos opuestos mientras una de esas criaturas podridas se acercaba a Ruby.
Un pequeño niño con un solo brazo, quien no había podido desarrollar extremidades tan fuertes, se acercó con un juguete en su mano, era una pequeña figura de un robot que se convertía en auto, con su expresión inocente y carente de malicia se acercó a los hermanos para ofrecerles el juguete como una muestra primitiva de paz entre ellos; Phantom tomó el juguete con gentileza y le agradeció con una sonrisa mientras le devolvía la mirada a Ruby para conocer su reacción, pero todo lo que descubrió fue un gesto frívolo que despreciaba al niño imperfecto que había osado acercarse, lo veía como un insecto, como algo que ni siquiera podía considerar que tuviera algún parecido con ella o con Phantom.
-Ella es Ruby, también es tu amiga.
-confesó Phantom para que ambos se conocieran, esperando que la niña también sintiera la misma compasión que él sabiendo que ambos podían ver el hermoso resplandor que la sangre tenía ante sus ojos-
“Amiga”
repitió torpemente el niño, sonriendo para Ruby con una emoción genuina por conocer a un ser tan perfecto y hermoso como Phantom, sintiendo que estaba frente a alguien merecedor de todo su amor incondicional, como todos aquellos que lo rodeaban según consideraba su mente defectuosa, era una criatura a la que debía rendir su gratitud.
De improvisto, Ruby se inclinó a su altura y tomó suavemente sus hombros, su rostro volvía a poseer una sonrisa extraña de emociones indescifrables, era algo que ni Phantom podía entender al ver dentro de su corazón, pues ella seguía siendo una extraña con intenciones que, hasta ese momento, le eran desconocidas… Tanto él como el pobre niño frente a ellos le devolvieron la sonrisa, pensaron inocentemente que ella realmente había sentido la misma conexión que Phantom, había visto el valor de la vida incluso en aquellos que no tenían las mismas capacidades, su rostro de ángel consiguió engañarlos a todos a la vez; el primer sujeto, el niño imperfecto y los científicos del piso superior fueron engañados, y despertados de su ilusión cuando divisaron los colmillos de Ruby revelarse en esa sonrisa malvada.
Ella se abalanzó sobre él, con el aspecto de una vampiresa en todo su esplendor, Ruby clavó sus colmillos en el inocente y no dudó en despedazar su cuello, devorándolo como si de un bocadillo se tratase.
La sangre se desparramó, los gritos ensordecieron a los otros niños imperfectos, el dolor se propagó por toda la sala provocado por aquella niña de rostro demencial que se apaciguaba al sentir la sangre que entraba por su boca, deslizándose como una fuente carmesí que complacía su propios deseos malvados, y esa misma sensación le permitió aterrorizar a los científicos que estaban a punto de alertar a los drones para atraparla, sin embargo, Crane se los impidió al ver con bastante dedicación a las cámaras.
- ¡¿Qué hace?! ¡Está matando a esos niños, deténganla! -exclamó Sullivan al acercarse al panel de vigilancia como los demás-
-El diablo está en los detalles, doctor.
Ella dijo que eran seres imperfectos, se está deshaciendo de cada uno de ellos en lugar de dejar que mueran en agonía, si me lo pregunta, les está mostrando más piedad que el primer sujeto al dejarlos sufrir tantos días, dejen que siga su trabajo para ver a donde quiere llegar.
-contestó Crane, sin siquiera mirarlo a los ojos, profundamente maravillado por las acciones de Ruby, a quien veía mejor a diferencia del primer sujeto-
Ruby seguía despedazando y atacando a los niños dañados, Phantom estaba profundamente horrorizado, no podía creer la perversidad que albergaba un rostro tan hermoso, y, sin embargo, al ver toda esa sangre derramada había una parte de él, una que poseía su propia voz, que susurraba para que se alimentara de ella.
Supo controlar sus propios instintos a diferencia de Ruby, quien no dudó en convertir a todos esos niños en sacos de carne, hasta en la muerte eran horrendos para ella, lucían como pobres alimañas que soñaban con ser humanos, no merecían portar su sangre según se decía a sí misma, solo podían existir dos seres perfectos.
Con su mentón manchado de sangre tras alimentarse de ellos, Ruby miró a las cámaras de la habitación y les mostró una sonrisa a todos esos científicos, sabía quiénes eran los que estaban allí, sabía cuántos eran y lo que sentían al mirarla, y con esa certeza en mente no dudó en hablar una vez más con la misma voz profunda e insensible que la caracterizaba:
-No vuelvan a intentar replicarnos, solo somos dos.
Para ese punto Crane estaba más que satisfecho, era extraño porque el resto de científicos en el panel de control y Sullivan estaban aterrorizados por la muestra de violencia y superioridad que Ruby había demostrado, no entendían qué era lo que el director podría haber visto en ese desfile de brutalidad como para mostrar esa sonrisa complacida tras haber conectado mejor con la niña que con Phantom, tanto como para preferir referirse a ella por su nombre y al niño seguir llamándolo sujeto de pruebas.
Ella regresó sus pasos hacia el chico que permanecía de pie contemplando el río de sangre que corría por sus pies, observando a todos esos niños imperfectos con los que solía convivir ahora convertidos en cadáveres irreconocibles, observando como los juguetes inocentes ahora estaban manchados de una forma tan pronunciada como un reflejo de la inocencia que murió ese día junto a todas esas criaturas que no tuvieron la culpa de nada.
Phantom temió que ella pudiera hacerle lo mismo, era una criatura completamente impredecible, y por lo que podía ver también tenía más control de sus habilidades a diferencia de él, pues ella no usaba guantes y aun así podía tomarlo sin tener ningún efecto, además de que podía alterar la forma de sus caninos para volverlos colmillos o para que regresaran a la normalidad.
Sin embargo, ella simplemente tomó sus mejillas con delicadeza, a pesar de que dejaba las marcas de su mano con la sangre, y le mostró una sonrisa tierna mientras la devolvía la mirada.
-Tranquilo, hermano mayor, ahora solo somos tú y yo, no te morderé a menos que tú quieras… Nunca te lastimaría físicamente a menos que lo merecieras de verdad.
-confesó la niña mientras acariciaba sus mejillas y le sonreía, completamente feliz de tenerlo entre sus manos, teniéndolo más como un pequeño animal temeroso al que quería calmar con sus murmullos-.
Ellos no volverán a tomar tus cosas, todo esto es tuyo, lo hice por ti, lo sabes, ¿Verdad, hermano mayor?
El miedo se convirtió en confusión al escucharla hablar, realmente se expresaba con un cariño extraño, atado al pensamiento de que ella podía ser realmente impredecible, quería conocerla mejor para saber por qué era de esa manera, ¿Y si Ruby no podía controlar sus impulsos a diferencia de Phantom? ¿Y si había pasado por mucho más que él? Intentaba buscar una explicación a su extraño comportamiento, estaba tan seguro de querer justificar a esa chica que decía ser su hermana menor que se negaba a mirar más allá de la sangre en su rostro, estaba seguro de que podría encariñarse y amarla si tan solo se negaba a ver la realidad.
Ruby pudo descifrar esos sentimientos al mirar directamente en sus ojos, sintió que su adoración se intensificaba, y su anhelo de permanecer a su lado no decrecía por nada, quería estar todo el tiempo que fuera posible junto a su hermano para convertir esa soledad y tristeza que percibía en su rostro en un amor tan puro como el que sentía por él, quizás así podrían sentir lo mismo uno por el otro en menos tiempo del que esperaba.
-Por supuesto, Ruby, estaremos juntos… Pero, no lastimes a nadie más, ¿Está bien? Nadie nos separará.
-pidió Phantom mientras la sangre hacía brillar sus mejillas ante el tacto de la niña-
-Si eso es lo que el hermano mayor quiere, eso es lo que haré.