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El collar de Phantom pasó de verde a amarillo, a pesar de mantenerse inexpresivo y ligeramente perdido por la tristeza que Sullivan le contagiaba, pero supo controlarse a tiempo gracias a la descarga eléctrica que le negaba sus propias lágrimas, tuvo que arrugar la nariz para impedirse llorar mientras escuchaba a Sullivan; el hombre estaba tan inmerso en sus recuerdos que ni siquiera parecía notar a Phantom, para él era más que solo volver a hablar con su paciente, para él era una forma de finalmente dejar ir esas horas de tristeza en que no tuvo a nadie con quien hablar más que su propio reflejo, era una mejor forma de sobrellevar su propio dolor en lugar de ir a emborracharse en las peores tabernas de la ciudad con la esperanza de morir en una cloaca.
-Hace diez años tuvimos una de las más grandes pandemias de la historia, un virus pulmonar conocido como Covid-19, irónicamente no era tan grave como el cáncer, pero igualmente consiguió arrebatarles la vida a millones de personas… entre ellas mi esposa y mi hija.
-para ese momento él tenía que sostener un pañuelo contra sus mejillas para disipar las lágrimas que se deslizaban con una lentitud demasiado dolorosa, teniendo que alejarlas del calor de su corazón porque sentía que podría morir en ese momento-.
Las perdí hace ya más de diez años y aún siento su ausencia todas las noches, eran la única razón por la que salía de casa, la única razón para hacer cosas diferentes a la maldición de mi rutina, pero desde que ellas se fueron ya no he tenido razones para continuar.
Parecía que se había desahogado lo suficiente, Phantom pudo notar que su expresión lentamente recobraba una calma engañosa, pero realmente solo estaba pensando en el suceso que le había llevado de vuelta a soñar con esos momentos tan tristes, pensaba en lo que podría haber hecho diferente de haber tenido la oportunidad.
Había gastado todo su dinero, había vendido todo lo que tenía, había visitado hasta los mejores médicos del país para que atendieran a su familia, pero ningún hombre o mujer pudo hacer algo, ninguna de las vacunas producidas pudo ayudarlas, y mientras algunas personas se levantaban de sus camas, curadas de ese virus como si de una simple fiebre se tratase, ellas solo iban empeorando hasta perder todo color, como haber contemplado un paraíso corrompido, sus hermosos rostros como porcelanas lo miraron una última vez para sonreír como siempre lo hacían y despedirse en silencio.
“Era verano cuando se enfermaron, cálido y amigable, podíamos escuchar la risa de los niños y las fiestas de los vecinos, podíamos acariciar a nuestra mascota y esperar al fin de semana para jugar todo el día; era invierno cuando murieron, todo estaba congelado, los días parecían interminables, ni el aleteo de las aves podía sobrevivir a la tempestad, y sus expresiones se quedaron congeladas por siempre con la tristeza que aún me invade”
pensó Sullivan, dejando escapar un suspiro de tristeza, como si quisiera aceptar la pérdida, pero seguía aferrándose a su propia impotencia que no podía hacer nada por sí mismo, deseando profundamente que él también se hubiera contagiado para marcharse con ellas.
Algunas veces le irritaba que lo interrumpieran en su oficina, se molestaba porque realmente no quería salir, aunque ellas sí quisieran, y en esos momentos de obstinación se decía a sí mismo que quería un momento de paz, tiempo después el deseo se le cumplió y nunca volvió a escuchar sus voces entrando a su habitación para interrumpirlo.
No pudo imaginar que iba a llegar el día en que nunca volvería a saber de ellas, no volvería a saber lo que se sentía caminar a su lado mientras se tomaban de las manos, y eso era lo más doloroso para él, porque vivía con el arrepentimiento de que no les había dicho cuanto las amaba, no les había dicho que eran su más grande orgullo, ahora nunca tendría la oportunidad para decírselos.
-Phantom.
-llamó silenciosamente, como un alma en pena que temer ser percibida por los vivos-
-Qué… ¿Qué puedo hacer por usted, señor Sullivan? -preguntó Phantom con sinceridad, anhelando buscar la ayuda necesaria para que el corazón de su querido tutor volviera a latir con normalidad-
Sullivan pensó detenidamente en la pregunta que le haría, pero estaba tan seguro de ella que reuniría la fuerza necesaria para decirla en voz alta, porque significaba admitir que el milagro del día anterior lo había afectado, lo había llevado a sufrir de otro tipo de pesadillas en que revivía esas trágicas horas en el hospital donde las vio partir por última vez, a jugar por siempre en un hermoso campo donde no tendrían que volver a sufrir por nada y esperaba a que algún día ellas pudieran ir a buscarlo para que les hiciera compañía.
Y finalmente lo expresó, dejando de lado sus pensamientos como psicólogo para volver a pensar como humano, plantando en Phantom, aunque no lo sabía, la semilla de la culpa:
-Si tú hubieras nacido antes, si tú hubieras existido desde antes, habrías podido salvar a mi familia, ¿Verdad?
Phantom guardó silencio por un momento antes de responder, cabizbaja y aceptando parte de una culpa que no le correspondía, pensando que quizás no importaba cuanto lo intentara siempre habría personas que vivirían sus vidas con tristeza porque no siempre podía estar presente, no siempre podría ayudarlos a todos porque hubo muchos que sufrieron porque él nunca estuvo para ellos.
-Sí, señor, yo habría podido salvar a su familia.
-esas palabras resonaron dentro de su propia cabeza, no porque fueran desconocidas para él, sino porque sentía culpa de haber llegado tan tarde al mundo, sentía culpa de no ser lo suficientemente fuerte como para ayudar a las personas que ya no estaban.
Muchas personas alrededor del mundo seguían perdiendo a sus familias, seguían quedándose con un profundo sentimiento de soledad tras haber sido asolados por las enfermedades que para él no eran más que una mala broma, ¿Por qué no pudo hacer más? Se cuestionó a sí mismo-
Sullivan se cubrió el rostro con una mano, intentando frenar inútilmente las lágrimas que seguían surcando sus mejillas arrugadas, pensó en todo el sufrimiento que pudo ahorrarse de haber tenido ese poder en sus manos, pensó en cuanto podría haber logrado si tan solo una criatura como Phantom hubiera estado presente en esas terribles noches donde podía sentir el dolor de su familia.
- ¿Por qué no pudiste estar allí?
En el fondo ambos sabían que era una reclamación injusta y sin sentido para una criatura como él que ni siquiera había pedido nacer en primer lugar, no era su culpa que las circunstancias que condicionaron su creación no estuvieran presentes en el pasado, era una pequeña criatura que como todos buscaba su lugar en el mundo mientras todos los demás intentaban buscar una razón para el dolor, como Sullivan, buscaban en el cielo una respuesta a todo el dolor; sin embargo, por más inútil que pareciera reclamarle al niño, incluso él se sintió culpable por no haber estado presente para todos los enfermos que lo necesitaran, se lamentó por ser lo que era sin poder hacer nada para reparar el daño que otros habían provocado, se lamentaba no tener el poder de arreglar un corazón roto como el de Sullivan.
El único sonido que interrumpía el amargo silencio de la habitación eran los sollozos de Sullivan que seguía lamentando algo que había sucedido hacía mucho tiempo, se lamentaba que su verdadera familia hubiera perecido en tan tristes circunstancias que le recordaban sus límites como ser humano, que le recordaban que no podía hacer nada ni con todo el dinero o educación del mundo pues no era más que una pequeña criatura bastante frágil en la inmensidad del universo, y lo único que le quedaba para recordar una minúscula porción de la felicidad que sintió con ellas era el niño sentado frente a él, un niño falso que ansiaba ser de verdad.
-Señor Sullivan… -intentó consolar el niño al estirar su mano enguantada y tomar la mano del doctor con gentileza, pero él la apartó para que Phantom no lo tocara-
-No, no puedo hacer esto hoy, lo siento, hoy te quedarás solo, niño.
-confesó Sullivan, levantándose de inmediato para marcharse-
- ¡No, señor Sullivan, por favor no se vaya, puedo ayudarlo!
Phantom empezó a rogar mientras se bajaba de la silla, resistiendo las constantes descargas eléctricas del collar que comenzaban a calcinar su cuello en constante regeneración, provocando un ciclo de dolor continuo sobre un cuerpo que sanaba rápidamente antes de caer víctima de su propio sufrimiento, era su propio deseo de estar junto a Sullivan el que le inspiraba a moverse a pesar de lo que estaba sintiendo, era un deseo superior a cualquier dolor que los científicos le estuvieran provocando.
- ¡Phantom, suéltame de inmediato! -ordenó Sullivan en cuanto el niño se aferró a su pierna, demostrando al mismo tiempo su fuerza superior-
- ¡Por favor, quédese conmigo, sé que no pude salvar a su familia, pero no me odie por eso, se lo ruego!
Sullivan seguía forcejeando con esa criatura que se negaba a soltarlo, insistiendo con una fuerza sobrehumana que usaba para que se quedara con él, pero el doctor no pudo ver más allá de su propio dolor a pesar de que los ojos llorosos de Phantom, el cual lloraba sangre a diferencia de los humanos, demostraban cuanto necesitaba de su presencia para sentirse querido en medio de un huracán de indiferencia y soledad, pero él no quería ver eso, no le importaba verlo, todo lo que quería era alejarse de ese eterno recordatorio de que en algún lugar hubo seres que pudieron salvar a su familia, seres que si no fueran tan insensibles podrían haberle dado una segunda oportunidad a su esposa e hija.